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CUANDO LOS PRIMEROS PASOS RESULTAN PREMATUROS

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MERLYN BARROSO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.    

Karla nunca se graduó de abogada (su sueño desde pequeña), no fue a las fiestas de la mayoría de sus compañeros de aula ni pudo tomarse más refrescos sentada en el Malecón mientras caía la tarde. Su vida se redujo a la casa, a esperar a su joven marido, a ser una mantenida de sus padres y a la educación que tanto le costó brindarle al hijo.

Con casi 15 años dio a luz a Carlitos, un niño hermoso, pero que hoy presenta retardo en el aprendizaje, quizás por la breve edad con que lo tuvo su madre, una adolescente inexperta que, con el aviso de unos cuantos vómitos, un fuerte sueño cada mediodía y el lento ensanchamiento de su cuerpo se puso alerta frente al ya irremediable embarazo.

Actualmente esta es una situación repetida en los hogares cubanos. Cifras del Anuario Estadístico de Salud 2014 indican que la tasa de fecundidad en Cuba en mujeres menores de 20 años era entonces de 51,6 casos por cada mil embarazadas, más del 15 por ciento de la total del país.

Según investigaciones de la Organización Mundial de la Salud, 16 millones de adolescentes de edades comprendidas entre los 15 y 19 dan a luz cada año, representando el 11 por ciento de los nacimientos a nivel mundial.

El miedo a ser rechazadas por la sociedad, la incomprensión de la familia, el no reconocimiento del niño por parte del padre, el tener que renunciar a la educación y al esparcimiento propio de esta etapa de la vida reduce la autoestima de quienes por error o irresponsabilidad dieron vida a bebés muchas veces con malformaciones congénitas o trastornos psicológicos.

Afirman los expertos que la edad comprendida entre los 20 y 35 años es la más apropiada para dar a luz, pues en la adolescencia no se está preparada ni física ni mentalmente para ello y pasada la edad corren riesgos tanto la madre como el bebé.

Si no cuidamos la salud y atentamos contra nuestro porvenir, entonces, cómo pretendemos velar por un niño que requiere de tanto tiempo y dedicación contínua.

Con los disímiles métodos anticonceptivos existentes en nuestros días y diversas vías para documentarnos para una mayor protección y conocimiento, por qué llegar, entonces, al embarazo, y otras tantas veces acudir al aborto como una esquiva al problema, si constituye otra manera de poner en peligro la vida.

En nuestro país se realizan diversas campañas para la prevención del embarazo precoz y las enfermedades de transmisión sexual, guiadas por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y otras organizaciones creadas para ello. Audiovisuales, proyectos educacionales y boletines informativos son algunas de las acciones que desarrollan.

Pensemos también en la familia que, si con suerte acepta el embarazo, tendrá doble tarea: adjudicarse el rol de padres cuando realmente son abuelos, pues los hijos no están aptos para ocuparse ni económica ni psicológicamente de los recién nacidos.

¿Habrá sido suficiente jugar a las casitas unos años antes para asumir la responsabilidad de brindar amor, seguridad, alimentación, cuidado y educación a un ser humano?

Pensemos que no solo es la salud la que ponemos en juego, es, además, la estabilidad económico-social de una nueva familia que en ocasiones solo conforman madre e hijo, siendo este un pequeño que comenzará a gatear al lado de una joven que apenas da sus primeros pasos.



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