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POLIMITAS EN LA CAPITAL

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Expertos de La Quinta de los Molinos, en La Habana, trabajan en la preservación de esta especie endémica en peligro de extinción.

Texto y foto:
GABRIELA TAMARIT GUERRERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con el afán de preservar la Polymita picta, especie de molusco endémico de la región oriental en peligro de extinción, La Quinta de los Molinos, centro para el desarrollo de la educación ambiental en La Habana, por primera en vez en Cuba destina un laboratorio a su reproducción.

“Una expedición realizada en octubre del pasado año al Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en Guantánamo, extrajo 24 ejemplares de su hábitat natural, con el objetivo de que a través de talleres educativos se haga conciencia en la población habanera del peligro que sufren”, informó el biólogo Roberto Rodríguez, jefe de la investigación.

La labor consiste en mantener a la especie en condiciones similares a su clima en temperatura y humedad, lo que contribuye a su reproducción. Poseen tierra para que desoven y ramas de árboles frutales para que se alimenten, requieren de riego diario para evitar que se sequen y queden atrapadas en su propia concha; es por ello que el proyecto es único en su forma reproductiva, explicó la agrónoma Yoandra Pantoja, técnica principal del cuarto de cría.

Tras obtener los primeros descendientes en el cruce de polimitas, el laboratorio devolvió a su hábitat 24 individuos, de forma que no se afectaran las poblaciones existentes en Baracoa y Maisí. Sin embargo, la Máster Norvis Hernández, especialista principal del Parque Alejandro de Humboldt, defiende la idea de mantener a las especies en el lugar donde pertenecen y tiene las condiciones precisas para su desarrollo natural.

“Para su subsistencia, la idea de reproducirlas es un buen comienzo, pero se deben velar los métodos de traslocación y reintroducción, de un estudio del entorno y de un equipo multidisciplinario para asegurar con éxito el programa”, expone Hernández.

De la picta, una de las seis del género Polymita, posee el laboratorio 90 ejemplares, los cuales están divididos en dos subespecies, iolimbata y roceolimbata. La diferencia entre ellos radica en el color debajo de su concha, que puede ser negro azulado para los primeros y rosado para los segundos, explicó Pantoja.

Estos moluscos terrestres hermafroditas tienen un ciclo de vida de 15 meses aproximadamente y respiran de forma directa por un saco aéreo. Cumplen una gran función al ingerir líquenes y hongos de los tallos de los arboles, aunque también sirven de alimentos a aves.

Como causas fundamentales de su desaparición está la pérdida del ecosistema y el comercio ilegal, esto último debido a que por la gran variedad cromática de sus conchas tienen gran demanda como piezas decorativas para objetos artesanales. En el libro Las polimitas, del malacólogo (estudioso de los caracoles) José Espinosa, se hace un llamado a la conservación de la especie, amenazada por la acción del hombre.

La lista de especies del Anexo Único de la Resolución 160 del 2011, aprobada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, incluye a la polimitas como órdenes de especial significación para la biodiversidad en el país.

Pie de foto: En el laboratorio, Yoandra Irina Pantoja dedica gran atención al cuidado de las polimitas.



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