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SIMPLEMENTE COMPANIONI

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Después de los 70 —dicen algunos— debe andarse con cuidado porque «todo te cae arriba» y «la memoria patina». Para este profesor e historiador de la Estomatología desde hace cincuenta años, la edad no ha sido un obstáculo.

JUNIOR HERNÁNDEZ CASTRO,
Estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Fotos: Cortesía del entrevistado.

Cuando Félix Companioni llegó a La Habana tenía 23 años. Ahora tiene 75, y en unas horas serán 76. El veterano profesor ríe como un niño, y afirma que la edad no importa, mientras se tenga el corazón joven, la mente clara y las ganas de ser útil: «Chico, ¡si yo gozo de mis 25 años! Bueno, tres veces 25, más uno».

La tarde-noche del 16 de abril (2016) ha sido movida. Falta poco para el cumpleaños, y los invitados van llegando a su casa en Diez de Octubre. Un señor canoso reposa sobre un sillón. Es el hermano de crianza, Manuel Pérez Mercón, «Loli», quien ha recorrido media Cuba solo para asistir a la fiesta. «Yo vengo en abril a festejar su cumpleaños, y él viaja en agosto hasta Las Villas, a celebrar el mío», asegura. Dice «Candín» —apodo de la niñez de Companioni— que cuando regresa de la visita, trae el carro tan lleno de mangos que tiene jugo para tomar durante el resto del año.

Hablar con Loli es como viajar en el tiempo, es revivir los antiguos pasajes de la niñez y la adolescencia, etapas tan lejanas del presente, como distantes están hoy Félix Companioni y su pueblo natal: San Juan de los Remedios.

Travesía temporal

Félix Alberto Companioni Landín nació en el poblado de Remedios, antigua provincia de Las Villas, en un bohío con piso de tierra y techo de yaguas. Era el mayor de cinco hermanos, y desde pequeño le apasionaba estudiar: «La maestra me permitía entrar a la escuela, aunque yo no llevaba zapatos. El aprendizaje, para mí, era algo primordial», confiesa.

Trabajó como pescador y vendedor de frutas. Fue zapatero y aprendió de su padrino el arte de la jardinería. Instigado por su tutor —la madre había fallecido y abandonó la casa del padre— se inscribió en un curso de enfermería, y prestó servicios en Niquero y Mayarí Arriba. De la estancia en Granma, recuerda particularmente los días del ciclón Flora: «La cosa se puso negra, y la cerveza más nunca bajó de precio».

Arribó a la capital y logró matricular en la Escuela de Odontología. «En aquellos momentos —explica— la duración de muchos planes en la Educación Superior se redujo. De esta forma, se logró aumentar la cantidad de egresados, que luego reemplazaron a quienes habían abandonado el país tras la Revolución».

Su nombre aparece en el Libro de Graduados de 1967, junto a otros dos coterráneos: Moisés Máximo Fragoso Bauta y Eloísa Lidia Valdés Sánchez. Félix explica que, como necesitaban educadores en aquella etapa, comenzó a trabajar en el Instituto de Ciencias Básicas y Clínicas «Victoria de Girón».

Hizo el doctorado en Ciencias Médicas y retornó a la Facultad de Estomatología de La Habana junto a su esposa, la doctora Yolanda Bachá Rigal, con quien lleva 37 años de casado. Aunque estuvo comprometido en dos ocasiones antes de conocer a «Yola», todo parece indicar que a la tercera va la vencida. «¡Este sí es el último!», asegura, refiriéndose al matrimonio.

En 1984 fue nombrado Profesor Titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana (UCMH), y durante los años 90, cuando «estaba duro el mambo», ejerció de Decano en la Facultad de Estomatología y Presidente del Tribunal Permanente de Grado Científico en Ciencias Básicas y Biomédicas.

Los colegas lo llaman profe en señal de respeto; los más allegados amigos le dicen Compa. Bernardo Núñez Homero, docente de la Facultad, lo define como una leyenda viva: «Yo le digo a mis estudiantes que nunca dejen de preguntarle, de platicarle, porque estando a junto a él, siempre tendrán la oportunidad de aprender algo nuevo».

La obra de una vida

«Quien habla de Companioni no puede omitir la palabra historia. Esa es su adicción», cuenta Yolanda, la esposa. Félix dedicó varios años a investigar los orígenes de la odontología, y publicó el libro Contribución a la Historia de la Estomatología Cubana, en el 2000, que obtuvo el Premio Anual de Salud Pública. En el prólogo, Candín afirma: «Es el fruto de un autor dedicado a la docencia y la investigación (…); quien es un neófito, pero sí, con mucho interés por conocer los orígenes de nuestra profesión».

Dos años después viajó a Sudamérica, donde trabajó como Decano de la recién fundada Facultad de Estomatología de la Universidad Aquino-Bolivia. En diciembre de 2004, le fue otorgado el grado de Profesor Honoris Causa por dicha entidad. «Es un honor para nosotros, sus alumnos, recibir conferencias del único estomatólogo cubano galardonado con tal distinción», expresó Gabriela Alonso Gutiérrez.

Regresó a Cuba, y en 2005 obtuvo el grado de Doctor en Ciencias. Condecorado con el título de Investigador de Mérito por la UCMH, recibió nuevamente el Premio Anual de Salud Pública en 2014; esta vez, por el libro Anatomía aplicada a la Estomatología. El doctor Joaquín Urbizo Vélez, profesor de Patología de la UCMH, calificó al texto como «una herramienta de gran utilidad tanto para estudiantes de pregrado como de posgrado».

El 22 de diciembre de 2015, Félix Companioni recibió la categoría especial de Profesor de Mérito de la UCMH, «en reconocimiento a los relevantes valores docentes y científicos acumulados durante su fructífera vida profesional». Junto a él, se encontraban Yolanda, la esposa; y Alberto Eduardo, uno de los hijos, quien ha seguido los pasos del veterano educador.

El fin de una velada

La noche cae, y todos brindan a la salud de Félix Companioni. Están Yolanda, la esposa; Alberto Eduardo, su hijo; Alicia Torralba Vázquez, su nuera; y Loli, el hermano. Llegaron también los profesores Bernardo Núñez Homero e Hilda Peguero Morejón; Joaquín García Salabarría, director del Hospital Cira García; e Ileana Grau León, Decana de la Facultad. Su nieto de 15 meses, Alejandrito, corretea por la terraza, mientras es perseguido por la madre. «Ese es la candela», dice Félix.

Sentado junto a él está Homero Morán Gómez, uno de sus amigos pescadores. Candín le llama El Brujo, porque dice que cuando nadie pesca, él regresa con el bote cargado. Homero niega su condición sobrenatural, y afirma que Félix es mejor pescador. Asegura, además, que pronto se quitará el apodo, porque, desde hace tiempo, «los pejes están perdidos». Ambos sonríen y se dan palmadas en el hombro.

«Compa es un tipo querido y admirado por todos, hasta los colegas le llaman maestro. Creo que quien menos lo respeta de los que están aquí soy yo», comenta el viejo navegante, mientras una carcajada escapa de su boca.

Ya es de noche y algunos se marchan. Companioni los despide. Ha tenido la dicha de envejecer entre seres queridos. «De mis cinco hijos, cuatro han seguido mis pasos en el área de las Ciencias Médicas. Vamos a ver qué dicen mis nietos. Soy feliz, porque la familia siempre ha sido mi baluarte».

En menos de 48 horas volverá a los salones de la Facultad, a instruir a sus alumnos, y a custodiar uno de los mayores tesoros: el Museo de la Estomatología. Allí ha recopilado cientos de textos, fotografías, instrumentos y otras reliquias de la odontología cubana. «Cuando llegué, hasta las vitrinas se habían llevado. Poco a poco, y con la ayuda de muchos compañeros, he podido rescatar parte de la memoria de nuestra profesión», cuenta.

Aunque es calificado en ocasiones como historiador, no cree que sea un título acertado: «Me llaman así, pero no me considero como tal. Solo soy un apasionado de la historia».

La hora del retiro

Algunos sepreguntan hasta cuándo piensa seguir trabajando. Yoanis  Fernández Calderón, estudiante de Estomatología, piensa que «el profe» debería cuidar más de su salud y disfrutar la paz del hogar. Yolanda, la esposa, prefiere que Félix esté entretenido en la Academia: «Se siente inquieto cuando no está haciendo nada, es mejor que continúe en lo que le gusta: enseñar, investigar y leer».

Companioni se sienta frente al escritorio, en el museo, y desde allí lo ve todo, lo siente todo, lo oye todo. Recibe la visita de estudiantes, ex alumnos, colegas y cualquier curioso que entra, interesado en algún objeto de la valiosa exposición. Se prepara para impartir las conferencias y es seducido por el sabor del café.

—Profe, entre tantas investigaciones, conferencias, viajes, libros y familia, ¿cómo logra administrar el tiempo?

Durmiendo cuatro o cinco horas. Eso de las ocho horas no es para mí.

—Si naciera de nuevo, ¿volvería a elegir Estomatología?

Mira, yo no nací con un extractor de muelas en las manos. La odontología fue la carrera a la que pude acceder en aquellos momentos. Ahora la amo, pero mi sueño era ser cirujano.

—Imagino que piensa retirarse en algún momento…

Sí, ¡cómo no! En unos 24 años más, cuando llegue a los 100. O quizá un poco más tarde: el día en que me muera.

Pie de fotos: 1-El profesor Companioni ha sido uno de los artífices de la restauración del Museo de la Facultad de Estomatología, perteneciente a la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana; 2-En diciembre de 2015, Félix Companioni recibió la categoría de Profesor de Mérito de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, por su destacada labor en la docencia.
    




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