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ENTRE CASA Y TERRAZAS

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Marcia Leiseca Hernández, mujer de la clandestinidad, amiga de Haydée Santamaría, asesora sociocultural de Las Terrazas y vicepresidenta de Casa de las Américas. Dama de pocas palabras, pero de gran saber.

NAIMY HERRERA PEREIRA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: ROBERTO CHILE.

Es una menuda señora que a sus 79 años se muestra tan jovial  como una adolescente. Sus sagaces ojos dejan ver que hay más  historias de las contadas, a lo mejor porque le tocan allá dentro, en  el lado izquierdo del pecho. La marca la sobriedad. Acercarse a las  cámaras y dar entrevistas pueden ponerla "al borde de una crisis",  aunque ha tenido que hacerlo por ser la asesora sociocultural de la localidad Las Terrazas, hoy reserva de la biosfera, y vicepresidenta de Casa de las Américas.

Hoy es viernes y el sol ha alcanzado el centro del cielo. Llego al emblemático edificio ubicado en la esquina de G y 3ra, atravieso la recepción, subo las anchas escaleras en busca de mi objetivo. Me  llama la atención el aire hogareño que se respira en su oficina de Casa de las Américas: varias plantas adornan la entrada, en lugar de un buró encuentro una mesa circular sobre la que descansa el ordenador portátil y muchos papeles, organizados, pero muchos. Un pequeño librero, un  televisor y dos sillones complementan el decorado de la habitación.

Marcia Leiseca fue amiga de la heroína del Moncada, Haydée Santamaría: "La conocí en el año 1957 y en esa época portaba el nombre clandestino de María". Respira profundo, continúa: "El contacto con ella cambió el rumbo de mi vida”. El acercamiento a Haydée hace que se vincule al Movimiento 26 de Julio, donde llevó su existencia al límite, quizás por eso se aferra tanto a los recuerdos y los comparte con recelo.

Ahora se reclina en el asiento, pierde la mirada como si evocara lo  ya vivido: “Tengo dos proyectos en mi vida que he podido ver nacer y desarrollarse: uno es Casa de las Américas y el otro Las Terrazas."

Comenzó a trabajar en Casa desde su instauración el 28 de abril de 1959, con solo 22 años: "Viví momentos decisivos del centro como la creación del premio Casa de las Américas, el Festival de Teatro, el concurso de composición, las publicaciones y el surgimiento del Fondo Editorial con importantes colecciones.  

"Siempre quise formar parte de un proyecto más vinculado a las  demandas y necesidades del pueblo, pues Casa era un mundo relacionado con la cultura y las ideas." Siete años  más tarde, en1966, fue en busca de lo que llama su “proyecto  romántico”, un plan de reforestación en Sierra del Rosario, Artemisa. Allí vivió durante cinco años en tiendas de campaña junto a la persona de quien se enamoró y luego compartiría momentos de felicidad, Osmany Cienfuegos, arquitecto y promotor de la idea.

Su voz es fina como el cristal, pero cuando se refiere a Las Terrazas y todas sus aventuras se nota la pasión, por lo que no puede evitar emocionarse.

"Me ocupé fundamentalmente de todos los aspectos sociales, creé un proyecto para elevar el nivel cultural de los hombres y  mujeres que participan en la tarea, en su mayoría jóvenes y pobres, pero con ganas de hacer y aprender. Trabajábamos todo el día, incluso en la noche sentíamos el ajetreo de los tractores en las lomas”.

Las faenas diarias se  hacían bajo muchos peligros, pues en varias ocasiones hubo accidentes fatales. En una ocasión, el operario de uno de los tractores a la hora de maniobrar le temió al irregular terreno que lo desafiaba. Marcia, decidida, cogió el timón y subió pendiente arriba, demostrando que para ella no había tarea imposible.

“Allí toqué lo que era la extrema pobreza, la toqué con mis manos, me di cuenta lo que era, la compartí, la viví y colaboré a su  transformación."
La conversación fue corta, no quise robarle más tiempo. El teléfono  había sonado varias veces y los recados no cesaban.

Pie de foto: Marcia Leiseca, fundadora de Las Terrazas, hoy reserva de la biosfera.



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