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TIRAR LA CASA POR LA VENTANILLA DEL CARRO

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ARLETTE VASALLO GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Durante la filmación de Rápido y Furioso en La Habana, un cubano se le acercó al protagonista Vin Diesel, y le preguntó cuánto costaba su asombroso carro. Diesel, presumiendo, contestó que era un Lamborghini Huracán y costaba unos 170 000 dólares. Ante esto, el cubano expresó, sin reparos, que era una bagatela, pues aquí en Cuba, un Peugeot cuesta por lo menos 265 000 dólares.

Este comentario, publicado en el sitio Cubadebate, nos recuerda que casi tres años han pasado desde que el 31 de diciembre del 2013 fuera publicado el Decreto No. 320 con las nuevas regulaciones para la transmisión de la propiedad de vehículos de motor.

El decreto expresaba “la necesidad de atemperar esta normativa al contexto de la situación actual de la economía del país, aconsejable para eliminar restricciones y autorizaciones administrativas y posibilitar la adquisición (…) a precios minoristas semejantes a los que reconoce el mercado entre personas naturales”.

Antes de la medida, una parte de la población integrada por médicos, deportistas, agricultores, diplomáticos, entre otros, eran estimulados con las “cartas”, pero con esta normativa, el compromiso hecho por el Estado perdía validez. La compra para todas las personas naturales sería a los nuevos “precios minoristas”.

La regulación también anexó una lista de los nuevos precios referenciales para la venta entre particulares, según los años en uso de explotación y así evitar el engaño al fisco. Hasta cinco años el importe podía ascender a los 204 000 CUC, y más de 15 años, 51 000 CUC.

Los carros provienen de Transtur, empresa arrendadora para el turismo. Luego de cumplido sus años de explotación, los compra Cimex por el precio de costo y les aplica un nuevo valor que favorece la especulación y la inflación de esta mercancía.

Un funcionario de Cimex, quien pidió el anonimato, expresó que actualmente no se ofertan autos nuevos, pero los de uso son vendidos a la población en agencias estatales con el precio de tienda multiplicado por 15, rebasando así el precio promedio de una propiedad inmobiliaria en la Isla.

Después de años de explotación, los vehículos pierden sensiblemente su valor y con su renta han saldado el costo de compra y aportan nuevas ganancias, pero aun así se les otorga un valor monetario sobrevalorado.

Si los precios de las agencias estatales disminuyeran y alcanzaran un valor más equilibrado, obligaría al mercado entre privados a ajustarse. Pero para asombro de muchos, se venden.

En la División de Transporte Automotor del Cimex los más vendidos son el Audi A-4, en 72 000; el Audi A-6, en 90 000; los BMW, en 100 000; el Hyuandi H1, en 110 000; y el Accent, en 45 000.

Sin embargo, ¿podrá el cubano común algún día comprar un carro cuando el salario promedio en Cuba es poco más de 400 pesos? Esa es una buena pregunta. Lo cierto es que Cuba se ha convertido en el mercado automovilístico más caro del mundo.

Fuentes oficiales afirman que el país, debido a la larga crisis económica imperante, no está en condiciones de estimular un incremento de vehículos particulares, pues carece de infraestructura vial, de combustible y de piezas de repuesto.

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba acordó priorizar el desarrollo del transporte público, al destinarle por ley, el 75 por ciento de los ingresos en el mercado automotor, estos ascienden a los dos millones de CUC anuales, aproximadamente.

Para aligerar esta demanda se ensamblan actualmente en el país los ómnibus Diana y se adquieren otros vehículos de transporte colectivo como primera prioridad. Por lo visto y por un largo tiempo, ni Lamborghini ni Peugeot, sino Diana.



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