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AIRE DE PARRANDAS

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NAIMY HERRERA PEREIRA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Amanece a mitad de la noche. Los pinceles de fuegos artificiales  dibujan destellos de colores. La conga despabila las cinturas. En la frontera, el gallo de la loma exhibe su cresta roja al gavilán sansarico que vuela bajito en busca de su presa. Muñecones, faroles y banderas anuncian la carroza. Los barrios se enlazan, echan descargas: la parranda llegó.

Como es costumbre, cuando el año regala sus últimos soplos, Yaguajay respira parrandeo donde no faltan las discusiones y alguna que otra persona queriendo arrastrarte a su bando, porque el suyo es siempre el ganador.

Estas fiestas de pueblo llegaron a Yaguajay por los comerciantes chinos que venían de Remedios. Al principio consistieron solo en adornar la Calle Real para vender más, pero en 1901, por la magnitud y organización que habían alcanzado, se declararon oficiales.

El gran día es el 24 de diciembre, pero desde semanas antes los vecinos discuten la invencibilidad de su barrio, se declaran partidarios de Sansarincq o La Loma, visten ropa roja o azul y tararean las canciones según sea el bando.

Los trabajos se hacen en el más absoluto secreto para evitar que el contrario se entere y tome la iniciativa. El aire fresco de parrandas se mezcla con el misterio y mueve las energías de los equipos de artesanos, carpinteros, decoradores, estibadores, electricistas. A pocas horas de la fiesta aún hay retoques que dar.

Ya está cayendo la tarde. Los presidentes de Gayos y Gavilanes puntualizan los últimos detalles como si comandasen un ejército. Las calles están llenas de niños, adultos y ancianos. Todos bailan, se enamoran, beben piña colada, la oferta habitual de esta fiesta, pero nadie pasa la raya imaginaria que divide a los dos bandos.

La noche trae el frío de diciembre y el olor a las naves de trabajo, a engrudo y pintura, a yeso fresco y madera húmeda. Las obras de arte surgen para brillar durante una madrugada y luego se sumergen en la memoria.

La mayoría de los temas escogidos para los trabajos de carroza provienen de la literatura universal y en ellos predomina la fantasía. En esta ocasión, el trabajo de carroza de La loma está inspirado en  el mar y las sirenas. Sansarincq escogió el Olimpo y sus dioses.

Cada carroza es un elemento clave, determinante para el orgullo del vecindario. La dedicación puesta en el terminado de las carrozas dice mucho de lo que es capaz la unidad de ideas populares. Por ello no es extraño ver sumarse niños, jóvenes y amas de casa a la lista de artesanos que diseñan y confeccionan las carrozas.

Voladores, fuegos artificiales, luces, congas y alabanzas a uno y otro bando ensordecen el comienzo de la pasión. Así será toda la noche y la madrugada, hasta el amanecer del 25 de diciembre, cuando ambos barrios se declaren ganadores y recorran las calles entre el olor a explosivo, la alegría y el enigmático aire de siempre.

Tras la última noche de jolgorio, Yagajuay amanece. Vuelve todo a la tranquilidad, pero aparente, porque en cada barrio, Gavilanes y Gayos ya comienzan a preparar las parrandas del año próximo.



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