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¿UNA INSTITUCIÓN OBSOLETA?

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TU CU THI THANH,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El hermano de mi amiga y su novia viven juntos. Él dijo que no iba a casarse hasta que tenga una vivienda propia, pero su hermana me compartió: “Se casen o no, es igual, ya viven como marido y mujer”.

Entonces, ¿las definiciones “novios” y “esposos” son diferentes por la forma, o por el contenido? Nadie puede negar que, en muchos casos, la tradición del matrimonio en Cuba se ha perdido y su significado se reduce aceleradamente. ¿Es el vínculo marital solo un “invento” del Estado y de la Ley?

Mientras en la latitud Este, el casamiento es un gran sueño para las mujeres, en varios países de Occidente las féminas tienden a pensar que es una sentencia de muerte para el amor y la libertad. Ellas son cada vez más independientes de los hombres y ese es uno de los motivos para mantenerse solteras o en uniones libres.

Para quienes provienen de la cultura asiática, con tradiciones más severas, la vida de los enamorados cubanos es una sorpresa, y todavía más al saber que tienen el consentimiento de los padres. ¿Este fenómeno se origina de las costumbres de la familia? ¿De los impactos y cambios objetivos de la sociedad? ¿O de las ideas frescas de la juventud?

En la Isla, unir lazos nupciales se ha convertido para algunos en un papel inanimado. La mayoría considera que casarse es un paso complejo e innecesario. Otros lo conciben como un pasaje para salir del país. En ocasiones, se enlazan solo para poder comprar una casa legalmente.

A algunos les importa poco el certificado conyugal. ¿Un anillo de compromiso en el anular de la mano izquierda puede sustituir el diploma sagrado de la sociedad?

El acta de matrimonio marca que el afecto no solo es la historia de dos individuos, sino también es la relación entre dos familias y es un compromiso social. No es una cuerda para amarrar a ninguno, al contrario, perfecciona el valor personal en lo más hondo de la mentalidad, ayuda a fomentar una responsabilidad.

Muchas personas tienen miedo de no poder cumplir la Ley divina: “Lo que Dios une, nadie lo separa”. El hombre huye de las responsabilidades que implica crear una familia. La mujer evita embarazarse y “enredarse” con hijos. A veces, tienen la inseguridad de que su pareja sea compañera sentimental a largo plazo, solo pretenden “probar y practicar”. Así, nadie les rompe o priva de su puesta.

Por otro lado, existe una parte de la población, con un gran deseo de casarse, pero se le dificulta lograr una ceremonia. Los problemas económicos atentan contra el valor conyugal.

Según las reglas de la Ley, el matrimonio se conserva en la medida que se mantienen los motivos que lo originaron: el amor, el deseo de formar una familia, tener hijos y educarlos, ayudarse en el respeto. Es de primordial importancia que entre las parejas exista una buena comunicación.

Ya sea con un certificado legal o no, lo importante es respetar el amor como un sentimiento sagrado, así como la unión que de este se deriva, para emprender juntos el camino hacia una vida feliz. Aceptando así las transformaciones de la nueva sociedad, tal vez no será el matrimonio una institución obsoleta.



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