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LOS ACORDES DE LA VIDA

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Radamés Upierre Rodríguez es un vendedor habanero que ha compartido escenario con disímiles figuras de la música cubana. 

Texto y foto:

ROCÍO ISELL FERIA GINARTE,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Un amigo de La Habana, Luis Zayas, me habló de él y no dudé en averiguar su historia. Trabaja en Bar Bohemio, cuida del lugar en las noches y en el día vende dulces y a veces toca la guitarra o lee un libro.

El bar recién comenzaba su faena diaria. Las rejas aún cerradas y los trabajadores reunidos contabilizaban, quizás, las ventas del día anterior. Me impedían el paso al interior de la construcción de estilo colonial con cortinas de color naranja llamativo y una alta escalera.

Di mil vueltas para encontrar una entrada. Imposible. A mi encuentro salió entonces un señor de alta estatura, piel morena, ojos vivos y ojerosos: “¿Quieres pasar?”, dijo y me indicó una pequeña puerta al costado del lugar. “Gracias“, comenté.

Recorrí las escaleras con toda prisa. Ya en la puerta, casi a gritos, di los buenos días para captar la atención de los que sentados alrededor de una mesa contaban, hablaban, escribían. Busco a Radamés, dije. Una señora señaló con un gesto apresurado al hombre que amablemente me había mostrado el sitio.

Entre la melodía de su guitarra y los versos de una canción me recibió: ”La belleza de tu alma cubre el velo en mi esperanza, donde entran tus palabras y se mueven con constancia…”. Se presentó entonces como Radamés Upierre Rodríguez, nacido el 4 de marzo de 1957, en el Vedado: “Guitarrista, cantante y compositor. ¡Ah! Y dulcero”.

El olor de las magdalenas y el pan de ajo inundaba el lugar, un garaje al lado del bar con un estante repleto de, según el vendedor, los dulces más exquisitos de todo La Habana. Aquí vive y trabaja Radamés.

Sus padres, Genoveva y Heriberto, disfrutaban mucho de la ópera, de ahí su nombre en honor a un guerrero egipcio de la obra Aída, “con sonido de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Antonio Ghislanzoni”, cuenta el teatrólogo Reinaldo Castañeda Gómez.

“Hice que mi mamá y mi papá me llevaran a ver Fantasía aproximadamente quince veces”, comenta refiriéndose a un animado de Walt Disney Animation Studios que, según Internet Movie Database (www.imdb.com), está destinado a acompañar las animaciones con un concierto de música clásica tocado por la orquesta Filadelfia, bajo la dirección de Leopold Stokowski.

Cursó sus estudios primarios en la escuela Osmani Arenado y asistió a la secundaria Antonio Guiteras. En esa etapa, a pesar de no estar directamente vinculado al ámbito musical, progresó artísticamente, pues su casa le sirvió de academia.

Creció inspirado en los grandes clásicos: Beethoven, Mozart, Tchaikovski. Su madre pianista y su padre clarinetista despertaron en él enorme amor por este arte, fueron sus primeros maestros.

De niño era travieso, distraído e inteligente; aunque no muy interesado por las materias que recibía: “Mi mamá me levantaba muy temprano para oír la radio, a veces no iba al colegio para quedarme escuchando a Stevie Wonder, ¡eso sí me gustaba! Él fue uno de los patrones de los cantantes cubanos”.

Luego de terminar el servicio militar comenzó a estudiar guitarra en la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA). A los dos años, casi al arribo de la graduación, abandonó los estudios para empezar a trabajar en el grupo de aficionados Z7, integrado por trabajadores del Ministerio de la Construcción, bajo la dirección de Eddy Trembler.

También en ese año tocó en Sonido X, que como explica el libro El Rock en Cuba, de Humberto Manduley, surgió en La Habana a fines de los años sesenta bajo la dirección del guitarrista rítmico Luciano “Chany” Rodríguez y tuvo una enorme inestabilidad en sus filas, sobre todo, en la etapa de los años setenta.

Por sus puestos pasaron en distintos momentos artistas como Omar Pitaluga, Julio César Perera, Jorge Luis Valdés Chicoy y Ulises Seijó; los bateristas Pepe Rodríguez, Rodney Vincench, Mauricio López, Luis Orestes Pagé y Horacio Hernández; los bajistas Abdel Gallegos, Manuel Trujillo, y Longino Valiente; los cantantes Frank Javier Armenteros, Miguel Ángel Maya y Diony Arce, entre otros.

“Mi vida la he dedicado por completo a hacer la música que me gusta y en aquel momento me encantaba el rock, era la forma que teníamos de expresarnos, rebelde y vivaz como lo hacen los jóvenes. Fue una etapa preciosa en la que para poder tocar mejor el instrumento tenías que pasarte horas escuchando la radio y así copiar los acordes”.

–Buenas, ¿tiene galletas de mantequilla? Lo interrumpió un pequeño. Radamés se levanta, le alcanza los dulces y le pasa la mano por la cabeza sacudiéndole el pelo. En eso llega la abuela del niño, Nélida Rosselló. Ella sonríe al vendedor, le da un cordial saludo a la vez que le entrega un dólar. Entonces me mira y hace que me presente. Pasados pocos minutos, se despide. Adiós, te dejo en buena compañía.

En el año 1880 consolidó su carrera como guitarrista tocando para la banda Los Magnéticos que había surgido en agosto de 1968 en Bauta (La Habana), aparte de una formación embrionaria nombrada Los Cuervos. Ecured recoge que la alineación original incluía a José Antonio Acosta (bajo), Rolando Moré (voz), Vladimir Karell (teclados), Manolito (Guitarra) y Ángel (batería), aunque su formato varió pronto.

“Acosta y yo nos enamoramos desde el punto de vista profesional, a él le gustó mucho mi trabajo y a mí el suyo. Era una persona buenísima y un increíble bajista, por lo que aprendí muchas cosas estando en el grupo, lo necesitaba. En aquel momento yo no era compositor y empezaba a dar mis primeros pasos después de cambiar la guitarra de rock and roll a la de fusión”.

Los Barbas fue la siguiente agrupación de la que formó parte Radamés Upierre en 1983. El artículo “Cuba y sus géneros” (www.musica.cult.cu) muestra que fue fundada en 1967. Actuó con regularidad y fue de las pocas profesionales en esa época. Entre sus piezas más conocidas están On bembe on bamba, El valle de los escarabajos y Es tiempo de terminar. Tuvo múltiples cambios de integrantes. Entre sus músicos se conocen a José Luis Pérez Cartaya, Alfonso Fleitas, Mario Moro, Miguel Díaz y Beatriz Márquez.

Ya es mediodía, a Radamés le sudan la frente, la nariz y las manos. Atiende otros tres clientes: un señor mayor, una muchacha y su perro y un joven matrimonio que no separa sus manos entrelazadas ni al recibir el cargamento de marquesitas.

Suspira, piensa probablemente en amores pasados. Se le nota entonces algo de soledad en la mirada. Siempre ha sido un hombre enamorado de la vida. Dice haber estado casado muchas veces y no tener hijos: “Novias no, esposas que son más comprometidas”. Cree ciegamente en la lealtad y no tolera las mentiras. Ahora está solo, su fiel compañera: una guitarra por la que se ha dejado domar, es zurdo.

El grupo Éxodo fue como el momento cumbre su carrera, en este cultivó el Jazz, el Funk y el Rock. Estuvo encargado de su dirección, protagonizó así su debut como sexteto en noviembre de 1991 en la capital. Sus músicos eran Israel López en el bajo, Eleuterio Silva en la batería; Pedro Mayor, en los teclados y Dayani Lozano como cantante.

Dos de sus piezas son Mareas sobre costas lejanas y Resplandor. Poco a poco cambiaron sus integrantes y se incorporaron Mayra Yanes (voz) y Félix Lorenzo (bajo), también tuvo como invitado a Henán López-Nussa (piano). En 1995 Éxodo se disolvió y Radamés se apartó de la música.

Yurién Heredia, musicóloga, explica que el Periodo Especial fue una etapa difícil para los músicos cubanos: “Tener una agrupación era tan complicado como mantener una familia. Los artistas comenzaron a dedicarse a otros negocios o a irse del país atraídos por contratos de compañías extranjeras. Muchos grupos se desintegraron por la falta de condiciones para tocar, grabar y llevar a cabo sus representaciones”.

El músico vendió su casa para poder mantener su carrera, compró los artefactos que necesitaba: una computadora, un estéreo, un teclado y una guitarra. En el 2009 presentó la maqueta del proyecto musical al sello discográfico Egrem, mas le era necesario grabar en un estudio profesional para que su trabajo fuera evaluado.

“Las necesidades diarias me han consumido, poco a poco he tenido que abandonar mi mayor sueño, paso el tiempo estudiando y enseñando lo que hago a todo el que cree en mí. Ahora estudio la Técnica del Slap, me la enseñó el bajista Diego Valdés, en 1988, y la mezclo con la percusión en la guitarra”.

Ama leer, estudiar la Historia de la Filosofía, la Biblia. “Habla mucho y sabe de todo. Es una de las mejores y más inteligentes personas que he conocido”, dice Frankchau Graverán Leyva, uno de sus amigos y compañero de trabajo.

Gerardo Alfonso, David Torrens, Beatriz Márquez, Pepe Masa, Eddie Peñalver, Henán López-Nussa y el grupo Habana Abierta son algunos de los músicos que han compartido escenario con Radamés Upierre Rodríguez. Formó parte por menos tiempo de bandas como Alicia y los tres más uno, Cauce y Todos estrellas. Además de servir de intérprete junto a otros creadores de la pieza que le daría sonido al documental Cuba, una sola escuela.

Toma un sorbo de café, lo bebe despacio. Pone la tasa en la mesa. Coge en una mano un cigarrillo y en la otra una caja de cerillas. Fuma mientras busca en un libro un poema de Óscar Wilde. “A este le puse melodía”, dice en lo que mira su guitarra. La sujeta como quien posee un tesoro, lleva su mano izquierda al brazo del instrumento y la otra al cajón. En el ir y venir de las notas siente como si no fuera un hombre, solamente música.

Pies de foto: Radamés Upierre Rodríguez, guitarrista, cantante y compositor.



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