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PARRILLA TELEVISIVA SIN PLATO FUERTE

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ERNESTO EIMIL REIGOSA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Estamos ante una de las edades de oro de la televisión. De la televisión anglosajona, al menos. Pasará el tiempo y cuando relatemos a nuestra progenie cuán suculenta era la oferta de la pantalla chica anglosajona hoy día, de seguro no faltarán los que aderecen la narración con las historias de franquicias como Juego de Tronos, Breaking Bad, Vikingos, Downton Abbey y compañía.

Mientras las series extranjeras están alcanzando las más altas cotas de calidad, el telespectador criollo sufre con una parrilla televisiva que adolece de muchas cosas. Por ejemplo, el histórico espacio de las Aventuras de las 7 y 30 de la noche. Salvando el tema económico, la falta de recursos y el ya trillado, pero no menos cierto, argumento del bloqueo, las producciones nacionales están dejando mucho que desear, con programas que a veces parecen insultar la inteligencia del televidente.

Se imponen varias preguntas: ¿Cómo es posible que las series foráneas posean tanto talento en todos los frentes: narración, actores, dirección, etc.? ¿Es que acaso en Cuba no hay talento? ¿Por qué muchos, por no decir todos, los programas de la televisión cubana presentan fallos técnicos o tienen un acabado incompleto? ¿Dónde aprendieron los guionistas de allá? ¿Es que en el ISA (Instituto Superior de Arte) no están egresando buenos realizadores? No puedo responder todas estas preguntas, en mi mano no están las respuestas.

Analicemos primero lo de fuera. ¿Por qué son tan buenas esas series? Marcos Ordóñez, periodista, escritor y crítico cinematográfico español, lo deja claro: “Las comedias te parten el pecho de risa, las de suspense y aventura te disparan la adrenalina, las peripecias vitales de los protagonistas te sacuden el corazón, te hacen decir: Sí, sí y mil veces sí, así es la vida y así es la muerte, así nos enamoramos, nos engañamos, caemos y volvemos a levantarnos”, verdades como templos, si me preguntan a mí.

Ahora, no porque algún título lleve el sello “Made in USA” quiere decir que es oro puro. Hay de todo, como en cualquier parte. Muchas son banales, superfluas, falsas…descalificativos a gusto del consumidor. Con tal de vender, siguen explotando la misma idea que se vuelve ridícula y llega un punto en que lo único posible es sentir pena.

Vamos ahora a lo nacional. Obviando la mencionada falta de recursos, las realizaciones cubanas parecen perder calidad a pasos agigantados. No hay aventuras para los jóvenes, los programas humorísticos han disminuido en calidad y cantidad, los infantiles causan trauma y las novelas tienen una fotografía descuidada y unas actuaciones marcadas por la falta de profesionalidad.

Lo bueno es que aún hay esperanza. Cuba fue pionera en Iberoamérica en el género de la novela radiofónica, que luego evolucionó a la televisiva. Seriados de antes del triunfo revolucionario, como “La tremenda corte”, “Chan Li Po” o “La serpiente roja”, lo demuestran. Aunque también después del 59 con “San Nicolás del Peladero” o “Detrás de la fachada”. No nos vayamos tan lejos. Período especial. Mayor crisis económica de nuestra historia reciente. Es emitida en horario estelar “Shiralad”, aventura que debió haber hecho escuela.

En palabras del director de cine y teatro, Eduardo Eimil Mederos, lo que necesitan los seriales cubanos de hoy, y que de sobra tienen los extranjeros, son “Verdad” y “Riesgo”. Verdad, porque las emociones mostradas tendrían que ser auténticas, no reproducciones simplistas carentes de profundidad; y Riesgo, pues deberían atreverse a ser originales y no meras copias de fórmulas conocidas. Mientras estos dos preceptos no guíen los pasos de los realizadores televisivos cubanos, seguiremos a dieta de blanda televisiva, añorando un plato fuerte que ahora se nos antoja tan idílico.



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