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EL CINE, ¿DEL AYER?

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SHEILA NODA ALONSO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Tiempo atrás, el cine era una de las opciones imprescindibles en vacaciones, para salidas de enamorados o familiares. Hoy, el encanto del proyector se pierde con intensidad y la cuenta regresiva para iniciar la película se hace más extensa y agonizante.

Despertar el interés cinematográfico de la población solo se logra actualmente con el Festival del Cine Francés, el Festival de Cine Pobre y el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el más relevante en cuanto a producciones audiovisuales, entre otros.

Una de las motivaciones a este último es la “única oportunidad de ver propuestas cubanas”, según un estudio del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos.

El informe también demostró que muchas personas dejan de asistir a las salas, más que por desinterés, por el deterioro de los locales y las dificultades en cuanto a transporte, pues en la periferia de la capital existen pocas salas o están en peligro de derrumbe. En otras provincias escasean aún más, Artemisa, por ejemplo, no dispone de un espacio para la programación de cinemateca.

A esto se suma la competencia generada por otras alternativas de consumo: las llamadas “redes informales”, el “paquete semanal” y la compra y alquiler, en menor medida, de DVD. A través de ellas se accede con facilidad a muchas creaciones audiovisuales cubanas y extranjeras.

Otra problemática es la poca cultura cinematográfica de la población, determinada por la falta de promoción y seguimiento de las propuestas fílmicas por parte de los medios de prensa.

Desde la invención del cinematógrafo, muchos adelantos tecnológicos se han desarrollado. Así en nuestros días, la invención y empleo de la tecnología 3D, 4D y resolución 4k utilizada en el cine digital, son muestra de ello. En Cuba no se producen películas con estas técnicas y los filmes en 3D se proyectan desde hace pocos años en los cines, luego de que fueran impulsados por los cuentapropistas.

Una encuesta nacional sobre consumo cultural, realizada por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, demuestra que la asistencia a los cines es una de las actividades que con menos frecuencia realiza la población. Fuera del tiempo de festivales, las salas permanecen con propuestas que en pocas ocasiones satisfacen las expectativas de los presentes. Se proyectan filmes transmitidos por la televisión, estrenados hace tiempo o que abarcan temas distantes de la realidad de los cubanos; de ahí que no llamen su atención.

A las creaciones cubanas les toca rescatar la magia de la pantalla grande, incentivar el interés de los jóvenes, para que nuestros cines no se conviertan en estructuras vacías que esperan al próximo festival para que sus butacas recuerden el calor humano.

Es una tarea difícil, más si consideramos que la presencia de filmes foráneos es inevitable. Los nuestros últimamente se han caracterizado –no todos– por presentar tramas banales, con abundantes clichés tomados de las realizaciones de Hollywood, y guiones donde el erotismo y la sensualidad han sido sustituidos por el nudismo, como si con eso lograran captar la atención del público.

Las producciones que tienen a niños como protagonistas (lo que no significa que sean para niños), son las que gozan de mayor aceptación en los distintos públicos, por los valores que transmiten y la presencia de un guion capaz de conmover hasta los más incrédulos. Un ejemplo es Conducta que en 2014 obtuvo, entre otros, el Premio Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

El director y guionista, Juan Pin Vilar, con motivo del pasado Festival de Cine Pobre, dijo: “El cine cubano de hoy tiene una intención enunciativa, los jóvenes piensan que basta con decir algo y dejan de contar una historia. No obstante, a veces por las condiciones de producción no queda más alternativa que hacer lo que se puede”.



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