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A pesar de los programas desarrollados para mejorar el transporte público en La Habana, continúan los problemas en este sector por el déficit de vehículos en relación con la demanda de los pasajeros.

AYMELIS ALFARO CAMACHO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Con el objetivo de mejorar el traslado de los ciudadanos, la Empresa Provincial de Transporte de La Habana (EPTH) introduce, anualmente, 90 ómnibus en la provincia. A pesar de este plan, los problemas continúan por el déficit de vehículos en correspondencia con la creciente demanda de la población.

Carlos Alberto González, subdirector de la EPTH, comenta: “En los últimos cinco años se ha producido un incremento de 400 autobuses en la ciudad. Las nuevas guaguas, en su mayoría, han sustituido las antiguas que se encontraban en mal estado por el  tiempo de explotación”.

La Empresa Nacional de Transporte Urbano, según datos del balance anual del 2015, solo cumplió del programa trazado en el año anterior, el 98 por ciento en todo el territorio cubano, pero en La Habana la desproporción aumenta, porque la cifra de vehículos solo abastece al 25 por ciento de los habitantes.

A pesar de esta diferencia, fueron realizados, como promedio, 7 000 viajes diarios, en los que se transportaron más de 201 000 pasajeros, indicador alcanzado por primera vez desde el inicio del Período Especial.

Al respecto, Reinier Campo, jefe del Departamento de Desarrollo de la Dirección General de este sector, expone: “Nuestro objetivo es cumplir con el traslado de 1 200 000 pasajeros los días laborables. Para ello se prevé un plan de reparación capital de varios ómnibus y la incorporación del transporte escolar en el servicio público”.

Entre los municipios capitalinos más afectados se encuentran Playa, Guanabacoa y Habana del Este. Para mejorar la situación en dichos lugares, en enero del 2016, se reforzaron las rutas de Guanabo y los recorridos de los autobuses P6 y P8.

Ramón Suárez Morales, vecino de Boyeros, plantea que aún continúan fallas en la organización establecida para el tránsito de las guaguas: “La ruta más afectada en mi municipio es la 174, por la demora y los incumplimientos en las paradas que generalmente presenta”.

Por su parte, Marel Lizarde, uno de los choferes de este trayecto, expone que las infracciones ocurren porque los carros no abastecen la cifra de las personas, quienes tampoco respetan el orden y se atropellan para subir al ómnibus.

Sobre esto, Jesús Abreu, jefe de Operaciones de la EPTH, señala que en las terminales equipadas con sistemas de posicionamiento global (GPS) ha disminuido el número de incidencias, pero las violaciones en las paradas son necesarias en algunos casos por la carencia de autobuses.

La estudiante de Arquitectura, Eliachin Phuong, manifiesta que le resulta difícil trasportarse a su Facultad, puesto que vive en un municipio alejado de esta. “Considero que los viernes, cuando salen de pase los alumnos de provincia, deben reforzar los recorridos del PC, P9 y P5”, concluye.

Actualmente, un total de 27 rutas se encuentran afectadas en zonas periféricas de la ciudad como Cojímar y Guanabacoa. Esto es ocasionado, sobre todo, por el mal estado de las calles, refiere Lidia Rodríguez, jefa de la UEB Terminal Bahía.

Asimismo, argumenta que los carros se ven dañados por las gomas recapadas que, aunque sean un método factible para ahorrar recursos, son poco resistentes al calor y a los numerosos baches.

Los ciudadanos José de León y Elizabeth Estrada consideran que los carros se deterioran también por el maltrato social de los pasajeros, quienes escriben las paredes de los vehículos y rompen las ventanillas al intentar subirse a la fuerza.

Otra de las indisciplinas es el incumplimiento en el pago por el viaje. El chofer de la ruta 195, Omar Jinés, indica que en numerosos casos introducen billetes rotos, piedras y otros objetos. “Por esta razón hemos decidido recoger el dinero en nuestras manos, así no nos engañan”, expresa.

Hasta el momento, el sistema de cobro por alcancía es el más seguro y económico para el Estado. Según estudios de la EPTH realizados el pasado año, recurrir a otros mecanismos de pago, como los boletines, sería  vulnerable a falsificaciones, por lo que el método actual es el más factible. Es responsabilidad del pasajero cambiar su dinero.

Capitalinos como Pilar del Carmen, vecina del municipio Guanabacoa, manifiesta que la reducción en el parque automotor obliga a las personas a coger taxis ruteros por un valor de cinco pesos en moneda nacional o, en el más urgente de los casos, una máquina particular por diez o veinte pesos. “Como a estos precios todos no tenemos acceso, deben aumentar las mejoras”, exige.

Estos avances, anhelados no solo por los habaneros sino por el pueblo cubano en general, serían contiguos si no existiera ese muro que nos limita: el bloqueo económico de Estados Unidos contra la Isla.

En este sentido, Iván Ricardo Chacón, director de relaciones internacionales del Ministerio del Transporte, agrega en una entrevista on-line, publicada en el periódico Trabajadores el pasado 5 de mayo (2016): “Establecemos convenios con Rusia y China pero nuestra posición geográfica prolonga la llegada de los carros. Las afectaciones del bloqueo calculadas para este sector, desde abril de 2014 hasta marzo de 2015, ascienden a 520,5 millones de moneda total”.

Pie de fotos: 1-El transporte público abastece solo al 25 por ciento de la población; 2-Las violaciones de las paradas son una de las indisciplinas más frecuentes practicadas por los choferes (Fotos tomadas de cubadebate.cu).



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