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¿EL ANTI-RIHANNA?

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Reflejo de una creadora en metamorfosis que se arriesga a probar otras dimensiones de su arte desde la seguridad que plantea ser mundialmente conocida.

AMANDA DE URRUTIA SÁNCHEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

ANTI es el más reciente álbum de estudio de la cantante de origen barbadense Rihanna. Su edición estándar comprende 13 títulos y cuenta con la colaboración vocal del rapero estadounidense Drake y de SZA, artista que hace su debut internacional con este disco.

La producción fue lanzada el 28 de enero de 2016 a través de las discográficas Westbury Road y RocNation y el público pudo acceder a ella por medio de descarga digital y gratuita desde la plataforma musical Tidal, gracias a que Samsung ya había adquirido un millón de copias. Un día después se abrieron las compras en línea y el 5 de febrero de 2016 apareció en formato físico en tiendas alrededor del mundo, según el sitio www.rihannanow.com.

Este trabajo discográfico sorprende por el deslinde con sus siete antecesores. La popular cantante apuesta por estilos y géneros sin precedentes en su quehacer musical asentado principalmente en pop y R&B (rhythm and blues, género de música popular afroamericana que surgió a partir del blues, el jazz y el góspel, según se referencia en el sitio www.grammys.com). Paradójicamente este nuevo sonido se siente verdadero, parecería que está descubriendo su autenticidad o que decidió finalmente mostrar sus colores.

Por tanto, no es la típica lista de hits a la que se encuentran acostumbrados sus seguidores. Las letras de las canciones están despojadas de la tradicional intención de la intérprete de “pegar” estribillos, con excepción del dúo con Drake: Work, que tiene un corte más comercial. Las melodías desentendidas de cadencias repetitivas se alejan de lo funcional en centros nocturnos para encontrar su momento después de la fiesta, en un ambiente más íntimo. Además, en esta entrega, Rihanna explora otros segmentos de su voz, lo que resulta en un sonido particularmente convincente.

En ANTI, la estrella “norteamericanizada” se muestra heterogénea (algo inusual en ella), pero no de manera delicada, al contrario, los sencillos son un torbellino desenfrenado y errático de palabras, instrumentos, efectos y notas. La sutileza se arraiga en el hecho de que el álbum carece de una estructura estable, comenzando por la particularidad de tener temas de poco más de dos minutos como Consideration (con SZA) y Yeah I said it hasta Same ol´ mistakes, de seis minutos y 37 segundos.

El disco no parece tener tampoco un espacio temporal específico en términos de tendencia, en él conviven temas que se inclinan más a lo contemporáneo como Needed Me y Kiss it better, con los títulos Love on the brain y Higher que saben a antaño por el elaborado trabajo vocal y los background protagonizados por violines y pianos. Pero incluso los dos últimos rompen con el esquema de épocas pasadas con el lenguaje cotidiano, si no vulgar, que sí se mantiene en todo el álbum.

Ni siquiera sigue una línea recta en cuanto a géneros, aunque predomina el R&B y el pop, coquetea con el reggae electrónico (mismas características del reggae tradicional, pero con los sonidos de los instrumentos simulados electrónicamente y con efectos igualmente producidos por un ordenador) y con el dancehall (género similar al reggae, pero con tiempos más rápidos), estos inesperado en la barbadense y en cualquier realizador de su perfil para más señas.

Después del mayor período de inactividad discográfica de su carrera (tres años e igual número de meses desde el lanzamiento de su anterior álbum Unapologetic), Rihanna y su música parecen entrar en una etapa caracterizada por la libertad estilística y el gusto personal. Esa autonomía fue permitida por el hecho de que en esta ocasión, la artista fue su propia productora ejecutiva, aunque en ese frente estuvo acompañada por Jeff Bhasker, Boi-1da, DJ Mustard, HitBoy, Brian Kennedy, Timbaland y No I.D, entre los más destacados.

Quizás esa abrupta independencia artística actúo también en su contra, pues a pesar de que la presenta entrega contenga grandes interpretaciones vocales y creo es su mejor más genuina obra, la desesperación por expresar tanto a la vez la privó de lograr un contenido más inteligentemente elaborado, más profundo.

En fin, ANTI es el reflejo de una creadora en metamorfosis que se arriesga a probar otras dimensiones de su arte desde la seguridad, claro está, que plantea ser mundialmente conocida, pero que no deja de ser una posición atrevida y transgresora que imprime a quien la escucha una intuitiva sensación de confianza.

Aunque el disco no ha gozado de una aceptación popular mayoritaria, cosa esperada por las características “anti-tendencias” del mismo, considero que la intérprete dio el primer paso hacia un producto más hondo de su arte. Un cambio que no agradecen los que prefieren la música rítmica, pero sin sentido, pero que seguro aprecian sus fans con gustos musicales más amplios.

Pie de foto: Portada de la más reciente entrega discográfica de Rihanna, “ANTI”.



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