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TACONES PARA JAVIER

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Las acciones educativas a favor de la diversidad de género tienen un enfoque integral en la sociedad cubana; sin embargo, la homofobia es una realidad que aún lacera.

ELIANA LABARCA HARRIS,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

“Yo sé quién soy”, admite tras la incandescencia de una luz en medio de la noche. A sus 27 años, ceder ante “la diferencia”, le ha concedido a Javier un encuentro con la Eva que lleva dentro.

¿Dónde terminó el hombre que dio paso a la mujer? “No me considero una mujer, tampoco me siento atrapado en un cuerpo ajeno. Soy un hombre con actitudes femeninas, con la necesidad de reflejar ante el espejo la imagen de una mujer”.  

Desde los nueve años, Javier percibió la notable discrepancia entre el comportamiento de los niños y su manera de actuar. El hostigamiento escolar y filial era constante: “Cuando pequeño nunca fui el mataperros o el pistolero  que deseó mi padre, me gustaban las joyas, los vestidos, las muñecas. No estaba consciente de mis preferencias, pero sí sabía que algo pasaba”, afirma mientras cierra las piernas con  pudor, juega con los rizos de su larga cabellera y continúa tras el rastro de cada pregunta.

“A los 19 sentí que había llegado el momento, nunca he tenido antifaz, acepté mi homosexualidad ante la familia y resultó un fracaso total. En ocasiones trasnoché en parques porque no me permitían entrar a la casa”, agita las manos y comienza un desigual sonido de pulseras, como si cada una de ellas testificara su declaración. “Recibí insultos: asqueroso, depravado, indecente. Si bien la sombra del suicido me asechó en múltiples ocasiones, la muerte era la más fácil de las escapatorias, tenía que luchar”, recuerda.

Desde el 2014, el joven es atendido por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), institución docente e investigativa que –según su portal web– aborda con un enfoque integral el estudio de la sexualidad. La inconformidad fisonómica no ha significado frustración para su persona. Para él, el cambio de sexo no es una opción: “Aunque en mis planes más cercanos no esté procrear, sí deseo tener hijos”.

Hace cinco años que Javier  decidió terminar su vida como veterinario. Desde entonces, la búsqueda de empleo ha sido todo un desafío: “Ni para limpiar pisos, que supone ser el más sencillo de los oficios, me aceptaban, cumplía con los requerimientos; pero al trabajo había que ir bien machito”. Actualmente labora como inspector sanitario en el sector de la Salud.

Para Javier ser homosexual implica, con frecuencia, trato discriminado: “He sido víctima de acoso moral y sexual, en ocasiones he dado parte del asunto a la policía y no han respondido como autoridad, pues antes que homosexual, soy un ser humano. El acoso laboral, si bien con menores agravantes, también nos perjudica”.

A pesar de las campañas realizadas a favor de los derechos sociales de la comunidad LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transgénero), la bandera de la diversidad está izada con hilos de prejuicios y aunque el porcentaje es menor con respecto a otras naciones, la homofobia  lacera a la Cuba de estos tiempos: “La sociedad reprime lo diferente, lo que no comprende”, comenta Javier.

-¿Si volvieras a nacer, desearías ser mujer?

-Lo dejaría al azar.

Nota: *El verdadero nombre del entrevistado ha sido cambiado a petición de este.



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