Facebook Twitter Google +1     Admin

UNA GITANA CUBANA

20170417145948-rocio.jpg

El óleo sobre madera ilustra el retrato de una mujer que destaca la fortaleza del género en un contexto en el que era discriminado y desvalorizado por los hombres.

ROCÍO ISELL FERIA GINARTE,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Foto: Tomada de Internet.

En una época en que el paisaje cubano y el folclorismo se adueñaban del mercado del arte, la Gitana Tropical llegó para emanciparse como una nueva propuesta visual que marcaría la diferencia. Hizo del arte un fenómeno autóctono, con un nuevo lenguaje acompañado de una simbología, un significado, para ir más allá de las representaciones cotidianas que le antecedieron.

Recién llegada de París, su lugar de nacimiento, el cuadro fue expuesto por primera vez en el Salón de Pintores y Escultores de Cuba, en 1929. El cubano Víctor Manuel García Valdés fue premiado por la asociación por la autoría de este primer clásico del modernismo pictórico en la historia del arte de la Isla.

Este movimiento se caracterizó por hacer de las artes plásticas una manifestación libre y emprendedora. Su estilo era diferente a los predominantes en la época perteneciente al Academicismo (finales del siglo XIX y principios del XX), que poseían, por el contrario, gran calidad técnica y estética, pero poca libertad creativa.

En el Modernismo, Gitana Tropical fue una creación única, pues no hace alusión a temas cotidianos, sino que representa una figura llena de significado: muestra al sexo femenino como sinónimo de poesía, espiritualidad y belleza, además, es el símbolo utilizado para comunicar que la nacionalidad cubana es precisamente el resultado de la mezcla de otras culturas a lo largo de la historia.

Esta pieza es, entonces, un modo de crítica a la situación artística del momento, rompe con sus esquemas y define una nueva época de crecimiento para la cultura cubana, en la que lo novedoso serviría de apoyo a los ideales de las generaciones venideras.

El cuadro, con una dimensión de 46,5 centímetros de largo por 38 centímetros de ancho, muestra a la joven de ojos negros, cabellos oscuros, tez mestiza y labios prominentes, en representación de la típica mulata cubana. Sin embargo, sus rasgos provienen de otras etnias, como diría el autor: “Es una mestiza, una mulata, pero le puse ojos rasgados de india del Perú, de México...”. Al fondo de la pieza se contempla el paisaje.

Al concebir la obra, el autor logra características que hacen de ella un elemento representativo de América. Por ese motivo se conoce como “la Gioconda americana”, nombrada también así por la fascinación que ha despertado en miles de espectadores, al igual que su homóloga de origen italiano.

La técnica utilizada por Víctor Manuel estuvo inspirada en los trabajos del pintor parisiense del postimpresionismo, Eugene Henri Paul Gauguin, lograda a partir del colorido, la rusticidad y los tonos llamativos.

El rostro de la fémina se entrega tierno, nostálgico y hermoso. A la vez, brinda al espectador la sensualidad siempre presente en la mujer latina, que según la obra del autor casi monotemática, no se diferencia mucho a la de las gitanas.

Al poner a la mujer en el plano central resalta la fortaleza del género en un contexto en el que era discriminado y desvalorizado por los hombres, quienes en su mayoría, las veían como objetos sexuales y empleadas domésticas.

Su mirada penetrante llega a transmitir una vida de trabajo, sufrimiento y opresión. La expresión facial acerca al sacrificio hacia la familia y la vida propia. Las ropas cubren su busto como símbolo de la necesidad de protección.

La Gitana Tropical de Víctor Manuel no es solo un lienzo de vanguardia, ni el esbozo de una mujer de rasgos diversos que entre pinceladas, planos de colores grisáceos-azules, fuertes líneas y contornos definen temple y hermosura: esta es una obra que marcó pauta en la historia del arte.

Marcelo Pogolotti en su libro Cuba contada a través de sus intelectuales, afirma que la gitana de Víctor Manuel, es y será siempre la primera fémina vista con los ojos de Cuba, despojada de artilugios y prendas, solo folclórica.

Ante ustedes entonces -y como parte de la Colección de Arte Cubano-, el primer intento de un pintor nuestro por defender y autenticar al sexo femenino en su más natural entorno. La obra que abriría las puertas a este discurso como un hecho trascendente dentro de las artes visuales. La obra puente entre los años treinta y los ochenta en el país, dando entrada a importantes artistas tales como Belquis Ayón, Tania Bruguera, Sandra Ramos, quienes encontraron en ella la génesis de lo que hoy defienden y conocemos como el arte de género.

Pie de foto: La pieza Gitana Tropical, del pintor Víctor Manuel García,  forma parte de la Colección de Arte Cubano.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris