Blogia

Isla al Sur

MEMORIAS DE CUBA SOCIALISTA

MEMORIAS DE CUBA SOCIALISTA

JESÚS ADONIS MARTÍNEZ PEÑA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿De dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?: he aquí los cabos sueltos del misterio humano. Extremos opuestos velados por una misma oscuridad; los indicios definitivos del “ser o no ser” shakespeareano o, tal vez, la impugnación de tal disyuntiva, aún demasiado fácil, y el alumbramiento de la esencia del hombre-paradoja, esclavo y señor de un ser y no ser perpetuo. Las estaciones última y primera nos están vedadas, pero… ¡tremendo empacho trascendentalista! ¡Basta ya de juzgar a Shakespeare y de tanta otra impudicia que olvida al Mono, pariente mío desde las clases de Ciencias de la Primaria! 

Lo dice otro inglés, Darwin: yo vengo del Mono, por las rutas de mi madre y de mi padre. Pero aquí también falta un eslabón, así que elijo otra ciencia para rastrearme: la memoria, sin Magdalena, ni Proust para escribirla. ¡Lo siento!

Esgrimo la cuerda del pasado, que habitualmente se pierde al pie de un juguete antiguo o alguna voz familiar. Desando. Me detengo en un lugar especial. Mi pueblo. Regreso desde mi pueblo, ¡me gusta llamarle así! He venido, re-andando, hasta aquí. Escribo.

Por supuesto, ni Combray, ni Yoknapatawpha, ni Santa María, ni Macondo. CPA Cuba Socialista, en el “Camino del Cuajaní”: eran los pintorescos apelativos del asentamiento extra-urbano a donde las estrecheces en casa de mis abuelos nos habían confinado a mi madre, mi padrastro –de estreno por aquellos días - y a mí. El hijo del asfalto hueco y las tejas coloradas de la ciudad de Pinar del Río -protagonista eterna de cierto cuento de hadas- desembarcaba, a los cinco años, en el único pueblo que tuvo alguna vez.

“Mamá, ¿ya yo soy un guajirito?”, señalando algunos arañazos en las rodillas, tras la primera escalada a una mata de mango y dos o tres yerbazales transitados; y mi madre llorando. Aquello fue una desfloración.

El camino era largo, pero mi pueblo solo abarcaba una pequeña extensión, algunas decenas de casas en filas a cada lado de la carretera; detrás, “los quimbos”, viviendas de madera, planchas de cinc y piso de tierra pulimentada, donde negros y blancos vivían la inercia de los noventa tocando su tambor -¿o ponían un bafle?-, dándose buches, sonriendo, procreando y buscando cada amanecer el sustento de los suyos. Lo demás era la bodega, el Consultorio Médico, el Círculo Social y la campiña de Cuba Socialista.

En mi pueblo todo era único, no porque abundaran las maravillas, sino porque faltaba el espacio para segundas cosas. Si había más de uno, era porque había muchísimos: árboles, perros con guasazas, gallinas, pollitos, aunque no tantos huevos… ni tantas gallinas, pensándolo bien. Para nosotros, los chiquillos, nada venía en pares, excepto los zapatos y las medias.

Había, por ejemplo, una loma, en la que volé de mi carriola y casi pierdo mis dos únicos dientes de aquella época. Una vega, y era la del viejo Secundino; allí jugábamos a la pelota con bolas de trapo, hasta que el viejo aparecía por el left field, gesticulando y escupiendo amarillo por el tabaco, y nos perseguía porque le pisoteábamos el pasto de sus tres vacas flacas; era una vega inmensa. También había una laguna, “una cochinada”, como decía mi madre –que una vez también dijo “Marianado”-, en la que un día fui buzo por accidente: era espléndido bambolear los pies a dos metros del agua, pero aquel gajo estaba flojo. 

La bodega era un animal mitológico, lleno de colas, en ocasiones para un solo producto. “No quiero colao en la cola del pescao”, advertía una pared, pero allí nunca vendieron pescado, así que… El Consultorio, memorable por las zafras de los diez millones… de penicilina que me enganchaban en las nalgas cada vez que tosía dos veces. Ya sé que exagero, pero para mí aquello de inyectarme era un grave problema de salud.

“La institución cultural por excelencia” del pueblo, era el Círculo, que a mí siempre me pareció cuadrado, por lo que, creo, soy el verdadero descubridor de la cuadratura del círculo, al menos, del Círculo Social. Las noches allí eran memorables, decían, porque iban todas las jovencitas muy arregladas, a bailar con la música grabada, a ver películas o a oír a los improvisadores, entre quienes brillaba Yasser, un precoz repentista al que, por cierto, le caí a trompadas una tarde en que “los grandes” nos enguantaron las manos para que boxeáramos. Nunca visité nuestro Coliseo, hasta que no fui un poco más grande, porque yo era buen gladiador, pero no “cantaba nada”, lo admito.

Sin embargo, llegado el momento, allí vi Manos torpes y, a la semana siguiente, Mis manos son más ágiles que el viento, una saga que me tuvo disparando dardos con una cerbatana –mi boca era la rápida- para cualquier lado, hasta que rompí no recuerdo qué cosa y enseguida me rompieron a mí la cerbatana en las canillas. También vi, por primera vez, una telépata de verdad -porque nadie memoriza tantos números de identificación, ni tantos nombres con Y-. Una noche, un mago durmió a su ayudante y la acostó perpendicularmente sobre un cómodo escobillón enhiesto en medio del escenario, sin apoyo visible: era una hermosa composición de Mujer con escoba, una imagen que nada me barrerá de la memoria.

Era “lo real maravilloso” de Cuba Socialista, allá en los noventa: noches cuajadas de mechones de “luz brillante” en cada portal y las estrellas mirando atónitas; “botellas” para ir a la escuela, a un ómnibus ausente de distancia; el agua de pozo, “libre de gérmenes patógenos”; “almácigos copudos”, como los de Martí, pero atravesados por la cerca pirle del patio; coros de ranas en las cunetas; niños manejando tractores, caballos; lentos viejos en bicicleta, a los que se podía adelantar con apurar un poco el paso…

La Habana es otra cosa. Cada mañana, me despierta un claxon o algún frenazo histérico en la avenida, que se alarga, gris, bajo el balcón de mi presente.  

 


 

JULIO ACANDA: “LA HISTORIA NECESITA SER CONTADA”

JULIO ACANDA: “LA HISTORIA NECESITA SER CONTADA”

El periodista y realizador de series históricas habla de las tres tendencias que observa en el abordaje de la historia por la prensa cubana y señala los aspectos que considera idóneos para lograr un periodismo a la altura de la de la historia de la Isla.

LUIS MIGUEL CABRERA VÁZQUEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La historia de Cuba, tan joven, sorprende por la riqueza que ha alcanzado en poco más de cinco siglos. Está llena de heroicidades que inspiran leyendas, acontecimientos que se convierten en mitos y hombres de carne y hueso cuya grandeza pudiera ganarles un espacio en el Olimpo.

Sin embargo, desaciertos ocasionales en su enseñanza la condenan por momentos a la inamovilidad, cuando en realidad nunca se ha dejado de investigar. La historia que damos por sentada pudiera engrosarse con matices hasta el momento desconocidos o tornarse picante con oportunos cuestionamientos.

Esas posibilidades exigen de nuestro periodismo presentar la historia con la dinámica inherente a ella y hacer de un trabajo de perfil histórico una entrega amena que no solo aporte conocimientos, sino que siembre la duda y las ansias de conocer más.

Pero, ¿cumplen nuestros medios con esas demandas? El reportero cubano Julio Acanda García identifica tres tendencias en ese tipo de abordaje periodístico.

“Una se caracteriza por la repetición de un hecho o figura con los mismos cánones con que se imparte una clase y no como una novedad periodística. A mi entender, esa es ineficaz, obsoleta y fuera de contexto. Es un periodismo que lleva a publicar las mismas crónicas durante años, un periodismo fácil, histórico entre comillas porque hace referencias a la historia, pero no es aportador.

Se refiere Acanda al periodismo rechazado precisamente por la carencia de emotividad, por no despertar la atención ni los sentimientos en su público. Ese periodismo superficial muestra a los héroes puros, los hechos sin contexto y a la historia simple y sin sentido.

“Hay otra tendencia que busca aquellos detalles atrayentes, graciosos, novedosos, poco conocidos de personajes y hechos. Esto hace que se lea fácil, porque resulta agradable y, además, lleva a que la persona profundice un conocimiento que se le da de manera superficial”, apunta Acanda.

Ese estilo incentiva el interés por la historia y sobre todo atrae, que debe ser la primera regla a tener en cuenta cuando se trata el pasado lejano en nuestra prensa. Sin embargo, “va a la anécdota y no al análisis. Será la manera en que se presente lo que determine si es un periodismo serio, profundo, o si se queda en esa anécdota banal para leer un domingo en la casa como una distracción más”. 

Sin mencionar el término “periodismo retrospectivo”, Acanda habla ahora sobre la tendencia que considera indudablemente valiosa, y que marca un estadio superior al periodismo histórico. Se trata de “ese periodismo de investigación rigurosa, que busca diferentes fuentes, opiniones diversas, sean o no las aceptadas por la historiografía oficial”, destaca.

“Es el más escaso y el que más debiera promoverse, por la riqueza de visión, de opinión, sus contradicciones, y algo muy importante: las inquietudes que deja, la capacidad imprescindible de no dejar cerrado nada. Presentar la historia como algo en evolución, en investigación, en movimiento, que puede variar.

Y continúa, “esa posibilidad de cambiar las conclusiones que deja es muy ventajoso. Además, ¿sabes lo interesante que resulta tener en cuenta no solo fuentes establecidas, sino la leyenda, los mitos, la memoria popular, lo que la gente ha construido a través de los años? Creo que con eso tienes asegurada la audiencia.

También Acanda se refiere a esa característica del periodismo retrospectivo de reactualizar la historia a partir de la investigación y el cuestionamiento de sucesos ya dados por hechos. Muchas veces la historia es contradictoria a lo que se dice durante años y es preciso presentarla así.

Se necesita un periodismo que la desentrañe y se atreva también a sacar a la luz aquellos elementos que por ser negativos no atentan contra el personaje o el hecho, siempre que se aborden de manera acertada. Si pretendemos mostrar solo la parte supuestamente “buena” de un hombre o de un acontecimiento, se corre el riesgo de quedar en ridículo.

Acanda apunta al respecto: “Es absurdo intentar esterilizar al héroe, lo aséptico lleva a la burla, en el mejor de los casos, porque también puedes ser ignorado. Primero hay que entender y luego explicar que por muy grande que fuera, hablamos de un ser humano con defectos y deslices, cuya grandeza radica en la superación de esas fallas. Eso es algo que nuestra prensa no acaba de entender”.

¿Cómo lograr “enganchar” al público con el tema histórico que pretendemos abordar? La clave está en contar la historia en todas sus dimensiones y comunicar con un lenguaje pulido la trascendencia del hecho en su contexto, con elementos que logren acercarlo a la persona. Acanda no vacila ante la interrogante ¿cómo captar la atención de la audiencia?

“He notado que despierto el interés cuando presento algo con un acercamiento humano. Llevar a esas personas a la humanidad de la circunstancia es lo que hace a la gente asumirla como real, cercana, posible, alcanzable y, por tanto, interesante”, explica.

Otra receta que no falla es la fantasía; para aplicarla correctamente es preciso establecer un equilibrio entre esta y la historia. Los límites, asegura Acanda, “están en el momento en que se traspase la verdad, pero que haya fabulación siempre resulta interesante”.

No cabe duda de que la preparación del periodista es imprescindible para desarrollar cualquier trabajo en la prensa. Al respecto, las opiniones son diversas, algunos reporteros consideran que el periodismo histórico –o en su dimensión superior, el periodismo retrospectivo- requiere de especialización. Mientras, otros subrayan como imprescindible cultivarse de manera autodidacta en estos temas. También existe el criterio de que es muy útil haberse formado como historiador.

Para Julio Acanda, “lo principal no es estudiar la historia, sino la sensibilidad para poder estudiarla. Se puede leer cualquier tema, el mejor libro, pero sin sensibilidad para entenderlo y trasmitirlo el profesional está desarmado. Hay que ser capaz de presentar esa historia lo mismo al adolescente que a un obrero de 80 años, pero sobre todo, tener en mente que el ser humano vive de historia, y el periodista tiene como arma fundamental saber contarla”.

VÍA PARA TODOS

VÍA PARA TODOS

La población impedida física cubana continúa enfrentándose a las barreras arquitectónicas

ANAYS ALMENARES ÁVILA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A pesar de que varias instituciones prestan atención a los discapacitados y realizan en conjunto con el Ministerio de la Construcción (MICONS) numerosos proyectos para mejorar la integración social de los discapacitados, aún existe un alto número de barreras en el país, asegura Alfredo García Rojas, presidente municipal de la  Asociación de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM) de Habana del Este y encargado de la accesibilidad a nivel nacional.

«En los últimos años ha sido más fácil caminar por las aceras. A algunas les han hecho una rampita en las esquinas, pero son pocas todavía. Para nosotros sigue siendo muy difícil andar por la ciudad», afirma Jorge Suárez Carmaja mientras transita con su silla de ruedas por la avenida 23, del Vedado.

Son considerados barreras aquellos obstáculos del medio físico que dificultan e impiden a cualquier persona, con independencia de sus capacidades y/o limitaciones, la libertad de locomoción, la estancia, la orientación o la realización de cualquier otra actividad social o individual con autonomía y seguridad.

«Muchos no saben que los huecos en las vías, las alcantarillas destapadas, la basura en las aceras y las puertas y ventanas abiertas hacia fuera dificultan nuestro movimiento», dice Caridad López Treto, una joven con discapacidad visual y vecina del Cerro.

Según García Rojas, encargado de la accesibilidad a nivel nacional, es necesario un trabajo de concientización, ya que muchas de las barreras las impone la misma población cuando incumple las leyes existentes.

«Hace unos días caí con mi silla de ruedas en un hueco inmenso de la calle y para salir necesité la ayuda de un muchacho. Esa no fue la primera vez que me pasa, pero no sé a dónde acudir. La gente se olvida de nuestras discapacidades y no piensa en nosotros para tapar los baches», admite Saima Rodríguez Mesa, del municipio de Habana Vieja.

Además de enfrentarse a situaciones así, los limitados físicos requieren de soportes especiales que les de paso a todas las edificaciones y a sus áreas continuas, para lo que es necesario ampliar las dimensiones de las puertas a un mínimo de 90 centímetros de ancho, aumentar el radio de giro para las sillas de ruedas, y  disminuir el alto de los teléfonos públicos, mostradores y baños.

«Cuba tiene creada una Comisión Nacional de Atención a Discapacitados, por parte del Consejo de Estado y los órganos del Poder Popular, que trabajan junto a la ACLIFIM, la Asociación de Sordos e Hipoacúsicos (ANSOC) y la de Ciegos (ANCI) el tema de la accesibilidad», declara el Arquitecto José Cortiña Temes, especialista en Dirección de Normalización del MICONS.

«Hemos logrado establecer resoluciones sobre las nuevas construcciones para que incluyan en sus planes los requisitos obligatorios referentes a los discapacitados», agrega el especialista.

En 2004 se presentó la “Norma de Accesibilidad al medio físico, al transporte y a las comunicaciones”, que abarca todas las aristas de la sociedad, con el fin de suprimir todo tipo de barrera.

Sin embargo, Alfredo García Rojas, como encargado del tema en el país, asegura que las reglas no son respetadas en su totalidad, pues se finalizan los inmuebles sin cumplir los requerimientos. «Se han malogrado o frustrado muchos proyectos de obras, ya que algunas brigadas son irresponsables y no responden a nuestras necesidades», alega.

«Muchas veces, en busca de una “solución” para la accesibilidad, el trabajo queda mal hecho y lo dan por terminado de todos modos. Para los incumplimientos, aunque son ilegalidades, no existe un cuerpo de inspección que sancionen a los que transgreden», añade José Cortiña Temes.

Otra de las condiciones imprescindibles para la integración de los minusválidos sin barreras, es el hogar, que debe ser en primer piso, con puertas anchas, rampas y fijadores en los baños.

Con este objetivo, la  Resolución No. 5/2000 del Instituto Nacional de la Vivienda establece que alrededor del 2 por ciento de las casas rehabilitadas o de nueva construcción en cada provincia cumplan los requisitos establecidos en las normas de accesibilidad vigentes, de acuerdo con el sitio Web de la ACLIFIM.

Pero eso tampoco se logra eficazmente; según cuenta Lourdes Morejón Santos, procedente de Centro Habana, por la condición de hemipléjica su apartamento debía estar equipado para moverse en él por sí sola, mas no cuenta con ninguna facilidad de sostén y para llegar a él tiene que subir un par de escalones sin rampas.

«A cada sede municipal de la ACLIFIM del país se le debe asignar una vivienda al año, y a la nacional tres residencias para los casos más afectados, todas en un primer piso; sin embargo, esto no se consigue, pues fue en el pasado febrero que adquirimos las otorgadas en 2009 y 2010», explica García Rojas.

«Hace tres años me otorgaron una vivienda en planta baja porque no puedo subir escaleras, y luego de mucho tiempo de espera, nos notifican que el apartamento es en segundo piso. Ahora cada día es toda una faena para toda mi familia subirme hasta mi casa», expresó Adalberto Morejón Pérez, vecino del Cotorro.

En entrevista concedida a Granma en 2004, Roberto Moro y Blanca Nieves García, especialistas de la Dirección Provincial de Planificación Física, apuntaron que en la capital aún persisten deficiencias en la adquisición de los suministros por no estar incluidos en los presupuestos previstos en la inversión, además de la improvisación de ajustes indeseados que provocan daños a la imagen urbana.

García Rojas señala también que los fondos designados para las edificaciones son muy restringidos y no alcanzan para satisfacer las exigencias de la población minusválida. Por esta razón, explica, en 2010 no se logró eliminar la mayoría de las 172 barreras más importantes en la capital, planificadas para ese año.

Con el fin de que las normas y resoluciones sean cumplidas por los organismos y la población, para dar fin a los impedimentos de movilidad de los limitados y que estos puedan integrarse más a la sociedad sin obstáculos, varias instituciones persisten en búsqueda de alternativas para lograrlo.

«Vamos a proponer un anteproyecto de ley de accesibilidad a una de las comisiones de la Asamblea del Poder Popular, que se basa en los artículos 41, 42 y 43 de la Constitución de la República, que hablan de los derechos y deberes de los ciudadanos, de la discriminación y de la aptitud de todos para trabajar según sus méritos y capacidades, respectivamente», aseveró José Cortiña Temes.

Ficha técnica:

Tema: Barreras arquitectónicas.

Propósito: Analizar las causas, consecuencias y afectaciones de los problemas de accesibilidad al medio físico por parte de los discapacitados.

Objetivos colaterales: Reconocer los proyectos de organismos como la ACLIFIM, la ANCI, la ANSOC y el MICONS a favor de eliminar las barreras. Proponer un interés social a disminuir estos impedimentos. Abogar por un apoyo a que se cumplan los requerimientos de este sector.

Fuentes:
Documentales:
Sin barreras en el camino. Lourdes Pérez Navarro. Periódico Granma, 25 de febrero de 2004. En: http://www.aclifim.sld.cu/ Consultado: 4 de abril de 2011.
 
No documentales:
Ingeniero Alfredo García Rojas, presidente municipal de la Asociación de Limitados Físico-Motores de Habana del Este y encargado nacional de la accesibilidad.

Doctor Arquitecto José Cortiña Temes, especialista en Dirección de Normalización del MICONS.

Transeúntes de las calles 23.

Habitantes de los municipios, Centro Habana, Habana Vieja y Cotorro.

Tipos de juicios:

Analíticos: En las opiniones de discapacitados y a lo largo de todo el trabajo.

De valor: En las opiniones de los limitados y de los especialistas.

Sintéticos: El Director de Arquitectura José Cortiña Temes expresa que propondrá un anteproyecto de ley de accesibilidad a una de las comisiones de la asamblea del Poder Popular, que se basa en los artículos 41, 42 y 43 de la Constitución de la República, que hablan de los derechos y deberes de los ciudadanos, de la discriminación y de la capacidad de todos los ciudadanos a trabajar según sus méritos y capacidades, respectivamente.

Disyuntivos: En lo planteado en las resoluciones y las opiniones de los afectados.

Tipo de título: Genérico.

Tipo de lead: De Contraste.

Hecho: Presencia continúa de barreras arquitectónicas en el país.

Antecedentes: Falta de divulgación de la situación que enfrenta la población limitada física. En entrevista concedida a Granma en 2004, Roberto Moro y Blanca Nieves García, especialistas de la Dirección Provincial de Planificación Física, apuntan que en la capital aún persisten deficiencias en la adquisición de los suministros por no estar incluidos en los presupuestos previstos en la inversión, y en la improvisación de ajustes indeseados que se provocan daños a la imagen urbana.

Contexto: Las calles, aceras y edificaciones de Cuba tienen muchos impedimentos que dificultan el movimiento a los discapacitados. Las nuevas obras de construcción incumplen los requisitos necesarios para este sector. Cada día se hace más difícil para los minusválidos integrarse a la sociedad.

Proyección: Se propondrá un anteproyecto de ley de accesibilidad  a una de las comisiones de la Asamblea del Poder Popular, para dar cumplimiento a los artículos 41, 42 y 43 de la Constitución de la República.           

                

AVENTURARSE MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

AVENTURARSE MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

Tema: ¿Qué posibilidades ofrece el estilo interpretativo en el tratamiento retrospectivo?

YARISLEIDYS DOMINGUEZ GONZALEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con el propósito de desarrollar una investigación sobre las posibilidades que ofrece el estilo interpretativo en el tratamiento retrospectivo, comenzaré por sugerir dos definiciones relacionadas con el tema abordado. Las mismas son: interpretación y periodismo retrospectivo.

En términos semánticos, interpretación es la acción de explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos. Permite concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.

Esta actividad es propia y fundamental de varios campos de acción, de los cuales no está  excluido el Periodismo. Por tal motivo, es prudente reflejar la visión periodística acerca del significado de la interpretación de Luis Machado Ordetx, citado en el artículo Periodistas, profusos historiadores del instante, donde expone:

“Interpretar es el hecho de que un acontecimiento, ya dado e independiente del periodista, puede ser analizado y expresado o como se le suele nombrar, traducido, a una nueva forma de expresión, siéndole fiel al contenido original que se interpreta”.

En tanto el periodismo retrospectivo es el tratamiento dado a  la información que viene del pasado, ahora proporcionándonos nuevas luces, y que puede ofrecerse al destinatario en cualquiera de las formas del periodismo, es decir, los géneros.

El periodismo retrospectivo tiene como objetivo principal responder dos preguntas esenciales: ¿por qué ocurrió? y ¿cómo ocurrió?  Esto lo logra mediante el recuento de los hechos, pero visto desde otras perspectivas. Para ello requiere de la contextualización (es poner todos los hechos pasados, el ambiente en que se desarrolló y sus protagonistas, en relación con el presente que se está trabajando), explicación (permite clarificar lo ocurrido, darle su adecuada significación y recorrer hacia atrás en el tiempo, en busca de elementos  que están  o se desean  ilustrar hoy), proyección (indica al lector la posible evolución de los acontecimientos sobre la base de lo que actualmente ocurre) y organización de los sucesos (sitúa todo lo anterior en relación, tanto en el plano de reflexión como en la exposición de los hechos). Esas posibilidades las brinda el estilo interpretativo.

“Actualmente están relacionadas dos palabras que a primera instancia se anteponen, intentando denominar una modalidad dentro del oficio de los reporteros: periodismo retrospectivo. Lo que demuestra que a pesar de las diferencias existentes entre Historia, que por definición y naturaleza asociativa, es pasado, calma, lo viejo, lo que ya fue; mientras que Periodismo se refiere a todo lo contrario, a actualidad e inmediatez, ambos oficios poseen un punto en común, el ejercicio de su profesión, tanto al historiador como al periodista los inspira responder la pregunta de qué sucedió”, opina Luis Raúl Vázquez Muñoz, reportero del periódico Juventud Rebelde, en su artículo Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse.

En ese trabajo declara, además: “En  la práctica, los dos ejercen una vocación de cronista, después de perseguir la comprensión de los hechos. Antes de someterlos a juicio; ambos se mueven bajo reglas éticas y, a la hora de actuar, tanto el uno como el otro se preocupan de manera enfermiza por la veracidad del dato”. 

Por su parte, el Máster en Ciencias de la Comunicación y Jefe de la Disciplina Periodismo Digital en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Miguel Ernesto Gómez Masjuán, coincidiendo con el criterio del periodista Luis Raúl Vázquez Muñoz.

“La interpretación es una herramienta fundamental para realizar periodismo retrospectivo. Sin ella no pudiera el periodista tomar  una serie de informaciones del pasado, relacionadas con un hecho dado, para reconstruir ese momento vivido y traerlo a la realidad del presente. Eso  precisamente es periodismo retrospectivo” acota.

Para Antonio Moltó, director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, según su enfoque con respecto al tema,  el estilo interpretativo brinda la posibilidad de sugerir (decir entre líneas), entregar una información dotada de sentido y dirección y un hilo conductor del acontecimiento  tratado, dando cabida al público para que arribe a conclusiones propias y no impuestas por el periodista.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, reconoce la complejidad de la labor y destaca que se requiere de competencia cultural, gran capacidad investigativa e interpretativa y, sobre todo, un extraordinario manejo de las fuentes, para no correr el  riesgo de equivocarse y desvirtuar toda la información: “Es por ello que me parece fundamental la contraposición de fuentes para no ir por la única versión de los hechos y  poder manejar mejor sus contextos”.

El periodista Luis Raúl Vázquez Muñoz coincide con lo antes expuesto al declarar, para este trabajo, que permite romper la claridad y  linealidad de entender el periodismo, e ir más allá de la simple formulación de los hechos para entrar en cuestiones sustanciales.

Sobre el tema,  comenta Julio Batista: “El periodismo retrospectivo permite hacer trabajos con mejor terminación que la simple noticia. La principal posibilidad que brinda el periodismo histórico –tal como concibo la retrospección-, es la de entretener, ganar al público mientras este va aprendiendo. Está demostrado que cuando las personas no se sienten atraídas por lo que escuchan o leen, muchas veces esa información pasa inadvertida. En otras ocasiones es el recurso ideal para captar la atención de las personas cuando una noticia no tiene el peso suficiente, o no es muy conocida, ahí está el reto, en convertir cualquier cosa del pasado en algo que la gente agradezca”.

Para lograr este tipo de periodismo retrospectivo que propone Julio Batista se necesita de varios recursos como, por ejemplo, la descripción para poder ubicar a las personas en la realidad que se está construyendo, pero  existen dos elementos imprescindibles: la argumentación y la interpretación.

“La argumentación se logra con la utilización de fuentes vivas y  documentales, que se consultan para poder complementar la interpretación. En cambio la interpretación muestra diferentes versiones y enfoques sobre el tema cuestionado. Dicha interpretación debe ser comprometida y responsable y tiene que poseer sentido común y brindar la oportunidad al público de que emita su propia interpretación. Es decir, debe darle su espacio al receptor para que la comunicación no sea unidireccional”, apunta Moltó.

Como ya se había expuesto anteriormente, se pretende hacer un periodismo retrospectivo que responda a los intereses de la sociedad y a los del periodismo en sí, y para conseguirlo el periodista debe aplicar en sus trabajos todos los recursos existentes a fin con la modalidad y  todas las técnicas necesarias  para  poder ofrecer al destinatario diversos puntos de vistas sobre un suceso que un día tuvo interés social y que al transcurrir de los años es trascendental.

BIBLIOGRAFIA:

Vázquez,  Luis Raúl: Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse. En: http://www.periodismohistorico.net/

articles/tribuna/145.htm. Consultado el: 20- 4-2011.

Machado Ordetx, Luís: Periodistas, profusos historiadores del instante. En: http://cubanosdekilates.blogia.com/

2009/021401-periodistas-profusos-historiadores-del-instante.php. Consultado el: 20-4-2011.

Periodistas consultados:
 
Antonio Moltó, director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
 
Julio Batista, Premio Nacional de Periodismo José Martí. Periodista de Radio Rebelde.
 
Luis Raúl  Vázquez, corresponsal del periódico Juventud Rebelde.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.                     

 

 

LA IMAGEN CONSTANTE

LA IMAGEN CONSTANTE

El doctor en Ciencias de la Comunicación, Jorge Rodríguez Bermúdez, presenta sobre la cartelística cubana, un título abarcador y desperjuiciado.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ                

El libro del cartel cubano, abordado el tema en su integralidad y sin parcelas de auspicio, venía reclamando desde hace mucho un texto analítico, creativo y desprejuiciado, sobre todo, si tenemos en cuenta la riqueza que a lo largo de la pasada centuria ha tenido su desarrollo en el decursar histórico de la nación.

Y he aquí que el doctor en Ciencias de la Comunicación y profesor de Arte y Comunicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Jorge Rodríguez Bermúdez, pone al lector, especialista o neófito, ante la perspectiva del juicio con su volumen, La imagen constante. El cartel cubano del siglo XX, editado por Letras Cubanas bajo la atenta mirada de Teresa Blanco y con una tirada de más de 2 500 ejemplares, de los cuales habrá disponibilidad en bibliotecas públicas.

-¿Propuesta del texto?

Cuatro acercamientos fundamentales: la evolución del cartel, cometido durante la República, presencia en la Revolución y, finalmente, su crisis”.

-Durante los primeros años revolucionarios

el cartel cumplió una destacada función social

y comunicativa. ¿Puede hoy decirse lo mismo?

Fue un protagonista en fijar y divulgar mensajes en esos años, hasta la erosión del código visual representativo de nuestro cartelismo de vanguardia, hecho que ocurre a mitad de la década de los 80 del pasado siglo.

A partir de la propia dinámica de los estilos artísticos y el desarrollo tecnológico operados en Cuba y el mundo, es comprensible que un código de vanguardia no permanezca más de 10-15 años. Otro elemento para su caducidad es la preferencia del público por la imagen televisiva y de video a color como medios preferentes de su sistema comunicativo.

Se suma que el cartel, a partir de la propia fuente propiciadora, no es capaz de romper el paradigma que lo había entronizado y que es el código de vanguardia de los años 60-70, el cual marcó un hito en su época.

-Además de abordar el cartel en instituciones

que lo elevaron a clásico como el Instituto

Cubano de Arte e Industria Cinematográfica,

qué otras indagaciones presenta.

Algunas que nunca, o poco, han sido abordadas en artículos o libros como son el cartel en el Consejo Nacional de Cultura, el Instituto Cubano del Libro y el antiguo Instituto Nacional de la Industria Turística, donde tuvo una presencia importante. También, el cartel alternativo de la década de los 90, el cual procede generalmente de jóvenes diseñadores de manera espontánea, sin respaldo estatal.

-¿Bien o mal avizora el

futuro del cartel cubano?

Cada medio tiene su momento dado en circunstancias históricas, políticas, sociales y comunicativas irrepetibles. El cartel nuestro encontró ese instante justo al triunfo de la Revolución debido a la dinámica y la inmediatez del mensaje a generalizar y de ahí el devenir como uno de los medios visuales emblemáticos del proceso revolucionario.

Surgirá otro momento, pues lo cierto es que siempre ha habido un cartelismo de vanguardia hasta finales del siglo XX. El cartel alternativo de los 90 es el continuador de ese código de vanguardia gestado entre los años 60-70, partiendo del hecho paradójico de que continuismo es ruptura, no es imitación, no es seguir haciendo lo que hace dos decenios atrás, sino sacar las mejores experiencias de ese legado y recrearlas y adecuarlas a las nuevas exigencias estético-comunicativas.

-Entonces, ¿queda salvado?

Definitivamente pienso que en Cuba el cartel puede continuar teniendo una presencia importante en nuestra cultura visual, pues tenemos una tradición muy fuerte en el medio como para no perderlo en el presente siglo.

 

«EL PASADO HISTÓRICO SIGUE ALUMBRÁNDONOS EL PRESENTE»

«EL PASADO HISTÓRICO SIGUE ALUMBRÁNDONOS EL PRESENTE»

Luis Toledo Sande, redactor de la revista Bohemia, comparte sus consideraciones en torno a la narración retrospectiva y su presencia en la prensa nacional cubana.

LÁZARO JORGE CARRASCO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Escribir sobre el pasado puede hacer a un periodista correr el riesgo de que la narración resulte poco atractiva, interesante. Y puede también, como confiesa Luis Toledo Sande, redactor de la revista Bohemia, tropezar con algún editor al que no le parezca portador de relevancia el tema que se pretende rescatar y actualizar periodísticamente.

En el pasado, sin embargo, reside la fuerza y el sostén para el futuro. Y a pesar de las dificultades que el periodismo retrospectivo pueda poner en el camino del reportero, se hace imprescindible en la prensa nacional el tratamiento de lo que fuimos, para conocer mejor quiénes somos y hacia dónde  nos emcaminamos.

-¿Qué definición plantearía usted para el periodismo retrospectivo?

La palabra retrospectiva se opone a la palabra perspectiva. Es decir, esta frase plantea una mirada hacia el pasado. El periodismo retrospectivo se relaciona con la presencia del pasado en la prensa diaria.

En este sentido, yo creo que todo es presente y todo es futuro. Como norma, nadie va al pasado para quedarse en él. Los que van al pasado buscan que les diga algo útil para su tiempo. Porque el pasado siempre está presente, y lo que fue, está en lo que es.

Nadie regresa a lo que no le interesa. Cuando una persona retoma un tema, acontecimiento o asunto en general del pasado es porque allí hay cosas que alimentan su pensamiento, o le advierten sobre lo que no se debe hacer, le da lecciones sobre cómo se pensó en un momento determinado y a partir de ahí puede entonces reflexionar sobre los resortes para pensar su propio tiempo.

En definitiva: el periodismo retrospectivo, que hurga en el pasado, tiene siempre un interés marcadísimo en el presente. Y no solo el periodismo. Cuando leemos, por ejemplo, textos antiguos como la Ilíada o la Odisea, disfrutamos el placer estético de los hechos contados, también extraemos claves para comprender lo que sucede o no en nuestros días. ¿Por que iría uno a un poema de amor de hace 20 siglos atrás? Porque encuentra allí lo que perdura. El sentimiento del amor en otro tiempo que puede conducirnos, quizás, hacia el futuro.

-¿Cómo hacer de un relato retrospectivo un producto comunicativo interesante?

Primeramente, el acontecimiento en que uno se va a fijar debe ser interesante y debe resultar útil reparar en él. De ahí parto. El que Honoré de Balzac conversara con su cocinera puede no resultar un acontecimiento interesante. Pero el conocer que Balzac leía a su cocinera sus novelas y manuscritos para conocer si estos eran comprendidos, y que apoyado en esos criterios terminaba de escribir, es un asunto diferente.

Va a resultar esencial la inteligencia, la orientación y las intenciones con que se aborden los acontecimientos del pasado, las figuras, los textos, las creencias o las ideas, para poder extraer de ellos una utilidad en nuestro tiempo.

-Qué tipo de temática debería ser retomada periodísticamente.

Las que tengan algo que aportar. Puede ser placer. La humanidad también necesita del placer estético. El ser humano necesita disfrutar de la belleza. Esa puede ser una cualidad que merezca retomar un tema. Otra puede ser que el asunto a tratar aporte algo a los valores que defendemos, a los proyectos que sustentemos. De otra forma no tiene sentido.

Porque uno podría ir al pasado para auto regocijarse, pero ello implicaría estar solo en la biblioteca o acostado en la cama, riendo o llorando con los sucesos del pasado. Sin embargo, si uno se cree con el derecho de convidar a otros a dedicar tiempo de sus vidas a leer lo que uno lee y escribe, debe ser porque considera que puede resultar útil a un grupo determinado de personas. De otra manera, sería un acto de egoísmo intelectual, de egolatría.

-Una de las reservas que tienen los investigadores respecto al llamado periodismo retrospectivo es el riesgo de la «falacia o distorsión retrospectiva» a la hora de narrar sobre un tema que ocurrió hace mucho tiempo atrás. ¿Cómo evitar estas aberraciones?

Lo único que está libre de aberraciones, desde ese punto de vista, es la ciencia y ficción, en la que uno imagina el futuro como quiere imaginarlo. Por lo tanto, esto constituye un acto de imaginación solamente. Ahora bien, la aberración interpretativa, la falacia, lo que puede haber de deformación en algo que uno escriba sobre un acontecimiento no es necesariamente mayor en el periodismo que mira el pasado que en el periodismo que hurga en el presente.

Todo periodismo es un acto de interpretación. Por tanto, yo puedo ser tan parcial, tan equivocado, tan sabio, tan lúcido, tan torpe cuando valoro y me acerco a un acontecimiento del pasado como cuando observo lo que ocurre a mi alrededor. Esto nos remite a un término muy vapuleado, expuesto a muchas circunstancias: la manipulación. Toda interpretación es un acto de manipulación. Ahora, ésta no es necesariamente buena ni mala. Cuando un cirujano realiza una intervención quirúrgica manipula los instrumentos de trabajo, y el propio organismo humano. Todo depende de que los manipule bien o mal, con mayor o menor acierto, más o menos científicamente.

Sucede algo parecido, por ejemplo, al hacer una antología e incluir un texto de José Antonio Saco y no otro, o uno del Conde de Pozos Dulces y no otro. Esto constituye un acto de manipulación también, desde el momento en que se toman los textos valorados como considerables, y cuya evaluación incluye un punto de vista. Lo importante es la manera de manipular: bien o mal, con honradez e inteligencia o sin ellas. Porque finalmente a lo que no se puede rehuir es al hecho de manipular, ya sea de una manera o de otra. Igualmente, la perspectiva que alguien tiene sobre un asunto puede ser sabia, mientras que para otros puede ser considerada un acto de torpeza o inmoralidad, un acto de manipulación dolosa, y viceversa.

-La prensa nacional y el periodismo retrospectivo…

Mi trabajo particular, por ejemplo, en una revista como Bohemia, en la revista Casa de las Américas, o en el Anuario del Centro de Estudios Martianos, me dice que indudablemente sí hay interés. Ahora: ¿ese interés es todo lo amplio que debía ser o tiene en la prensa toda la representación que debía poseer? Ese es ya otro asunto. Estas tres publicaciones que mencioné comparten ostensiblemente la preocupación por el abordaje del pasado.

Sería interesante realizar un balance estadístico en la prensa diaria para investigar el estudio o las miradas hacia nuestro pasado histórico, que sigue alumbrándonos el presente. Y para conocer qué grado de inteligencia, precisión y acierto tiene el modo en que representamos ese pasado. En nuestras publicaciones aparecen textos sobre el pasado de Cuba. Pero me inclino a creer que no en la medida en que debían. De hecho, la prensa nacional no es suficiente aún para abordar acontecimientos de hoy, la vida contemporánea cubana.

Si no ha logrado eso, que es en definitiva para lo que está llamada, es muy difícil que consiga dar al pasado histórico de la humanidad, no solo al nuestro, la atención que podría proporcionar. Y esto no recae solamente sobre los hombros de quienes escriben. Cuando se habla de la prensa y sus aciertos es necesario tener en cuenta también a quienes la diseñan, a quienes la dirigen y a quienes la orientan. Ninguno de ellos puede culpar al otro, porque la prensa es responsabilidad de todos.

-¿Recuerda de manera especial algún trabajo de este tipo en la prensa cubana? ¿Alguno memorable?

Más que textos en particular recuerdo grandes temas. Uno de ellos es el de nuestras guerras de independencia. Nuestros héroes de las guerras independentistas suelen tener una buena presencia en los medios nacionales de comunicación.

Aquí quiero señalar la necesidad de rectificar las falsedades interpretativas que han ocurrido con una temática particular: el concepto de República y de historia republicana de Cuba. Hemos relegado este concepto a un pedazo de nuestra historia, el inaugurado el 20 de mayo de 1902 e interrumpido felizmente el 31 de diciembre de 1953. Llamamos «la República» a ese período como si nuestra República solo se limitara ahí, que es decir a lo neocolonial, a la tiranía, a la tortura, al latifundio, a los desalojos campesinos. De esta manera, renunciamos a que Cuba nació como República en Armas en 1869 y que continúa siéndolo. Nuestra prensa debía tener claros esos asuntos.

Otro tema relevante es la suerte descomunal que tienen algunas figuras de la historia de Cuba en el contexto de los trabajos retrospectivos. Enrique José Varona, por ejemplo. No me opongo a que tenga tal suerte ni pretendo que descienda de la altura valorativa en la que se le ha colocado, pero el Varona de los últimos años de su vida, ese que fue glorificado por Mella, Villena, Roa y que se opuso a la forma de república de su tiempo, nos ha hecho olvidar al Varona que no respondió afirmativamente a la propuesta martiana de colaborar con el periódico Patria. Esto demuestra que las figuras históricas suelen ser mucho más complejas de lo que a menudo hemos creído.

-Según su juicio, ¿cuáles deben ser las principales armas de que se valga un periodista ocupado de narrar sobre un tema del pasado?

Lo primero es creer en lo que se hace. Y esto es aplicable a todo tipo de periodismo y de obra humana en general. Además, se debe contar con ciertas herramientas ineludibles: voluntad de investigación, honradez interpretativa y capacidad de discernimiento para saber qué es más o menos importante y  perdurable. Y, desde luego, se necesita una voluntad inagotable de perfeccionamiento e insatisfacción con lo hecho, lo cual permitirá que el periodista no crea que haya llegado a la última luz, a toda la luz. Es necesario estar siempre abierto al asombro, al descubrimiento, a la renovación.


 

EL ARTE DE CREAR SOLO CON EL BLANCO

EL ARTE DE CREAR SOLO CON EL BLANCO

JUSTO PLANAS CABREJA,
Periodista del semanario Trabajadores.
Cortesía para Isla al Sur.

El director Carlos Díaz anunció que con el estreno de Arte, su carrera cruzaría senderos de creación más serenos. Sin embargo, la Compañía Teatro El Público, bajo su dirección, no ha renunciado con la puesta de la obra a los habituales exotismos, extremismos, cubanismos y otros ismos; así como al lenguaje evocador (nunca impositivo) y al puñetazo sobre la actualidad cubana (incluso con una Celestina que amontona siglos).

Un sofá blanco al centro de un escenario blanco, los actores vestidos de blanco, los detalles también son blancos; en medio de todo, la música de Björk, fría, serena, desgarrante, también parece blanca. Y si parece que he repetido mucho la palabra, tengan paciencia que esta es una obra hecha para todos los colores, para todos los gustos. El tema lo anuncia un cuadro blanco: la intolerancia.

La selección de la obra como Arte, de Yasmina Reza, aunque goza de gran prestigio en Europa, podría limitar el acceso del gran público cubano. El texto se sustenta siempre sobre el debate intelectual; los personajes tienen psicologías abruptas; el conflicto no sincroniza con el interés de la mayoría. La historia muestra las interioridades de un mundo mediano burgués que dista de nuestra realidad. En cambio, la compañía incrementó las capacidades de asiento al triple de la obra anterior, La Ramera Respetuosa. Y no hubo butaca sin espectador. Una hora antes de que comenzara la función, los fieles y los curiosos del público ya esperaban en la puerta del Trianón.

Sergio (Georbis Martínez) compra un cuadro completamente blanco -paga una fortuna-, hecho que a Marcos molesta tremendamente y a Iván (Wilfredo Serrano) le da lo mismo, él tiene sus propias preocupaciones. La ocasión se vuelve propicia para que cada personaje muestre su visión de un tema tan amplio como lo es la vida; y la amistad de estos tres hombres, como en toda buena pieza, da un giro sobre sí misma para continuar en apariencias como siempre.

El humor fue uno de los mayores atractivos. El nombre de una galería, de un pintor, de un psicólogo, que trocó en el original, no solo logró convertirse en un guiño que despierta tormentas de risa; estos recursos crearon sentimientos de referencia nacional, de complicidad entre la compañía y el público. Estas pocas palabras establecen, además, segundas lecturas que tocan heridas de la situación cubana, como es el caso del homosexualismo, la inflación… una buena parte del diálogo queda a cargo de los actores.

El peso de Arte lo llevan los actores. La escenografía y el vestuario, a cargo de Roberto Ramos, por la propia historia de la obra, restringe la imaginación del diseñador. No obstante, ¡hay que ver cuánto se puede hacer con la tonalidad blanca!: la ropa de Marcos, por ejemplo, quiere ser sobria, es tímida.

El Sergio, de Georbis Martínez, muestra una peligrosa seguridad. El rostro y las manos son la mejor arma de este actor, no así la entonación. Logra transmitir una picardía infantil nunca explícita verbalmente pero que da la hondura psicológica necesaria para comprender algunas conductas.

Osvaldo Doimeadiós esta vez gana de las pocas risas el elogio de la mesura. Es difícil para un actor que puede disponer de la hilaridad del público –como bien ha demostrado-, contener su arte entre chistes amargos y agrias ironías. A cambio, logró un personaje coherente, reprimido, excepto en los momentos más ardientes. Sin embargo, su último monólogo en la obra rompe con la armonía del personaje y de la puesta, para acercarse al tono que identificara su Santa Cecilia, con esta misma compañía.

El espectador llega a comprender el sentimiento de Marcos y Sergio hacia Iván. Walfrido Serrano construye un personaje inofensivo, aniñado, siempre gracioso. Aprovecha los objetos de la escena para mostrar su indecisión. Su cuerpo hace una química tan perfecta con esta que, aunque los rasgos de Iván se definen perfectamente, no existen palabras que los describan mejor que su propia conducta.

El director, a través de la metatextualidad, logra una sincronía entre el cuadro y la puesta en escena, donde los personajes son a la pintura como el público a la obra. Las significaciones de esta última evolucionan, como vasos comunicantes, a la par de las del cuadro. Y como después de todo la imagen es blanca (o después de mucho), cada persona que asiste a la obra crea su propio mensaje.

 

ESCRIBIR PARA EL FUTURO

ESCRIBIR PARA EL FUTURO

Tema: ¿Qué mensaje nos transmite el historiador francés Fernand Braudel, al afirmar que la revisión de la prensa es un ejercicio encantador, casi mágico, en que se pasa revista a un calidoscopio de situaciones y personajes?

KARLIENYS CALZADILLA PADILLA,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los primeros periodistas no estudiaron en academias, ni recibieron clases de Teoría de la Comunicación, ni realizaron prácticas laborales en los medios. Los primigenios de nuestra profesión eran habitantes del pueblo y protagonistas de los acontecimientos que sucedían en “el reino de este mundo”, quienes dominaban el arte de la palabra y poseían, a su vez, algunas ventajas económicas que les facilitaba imprimir y distribuir sus artículos.

Investigaciones realizadas arrojan que la génesis del oficio pudiera ser el Acta Diurna, en el siglo I a.n.e, presentada por Julio César en el Foro Romano. Sin embargo, el periodismo como tal, hay quienes aseveran que nació en Inglaterra en el siglo VIII, aunque no fue hasta el siglo XV, con el inicio de la imprenta, que se comienza a hablar concretamente de la profesión. Aún existe la discusión sobre la publicación del primer periódico. Algunos plantean que el debutante fue el Nurenberg Zeitung, publicado en Alemania en 1457. Otros, en cambio, corroboran que la primacía la tuvo el Daily Courrant (1792) en Inglaterra, fecha esta que se acerca más al concepto moderno de una profesión que no rebasa los 300 años.

En el siglo XIX, el periodismo revolucionó debido a los grandes avances tecnológicos que se produjeron, tanto en las comunicaciones como en el transporte. Es, en esa época, cuando aparecieron en los medios las distintas secciones informativas.

Una centuria más tarde, los adelantos en las telecomunicaciones convirtieron a la información en un elemento imprescindible de uso social y, por tanto, quienes la transmitían alcanzaron un reconocimiento entre las masas.

Según Fernando Andrade Ruiz, profesor de la Universidad Católica Boliviana, “la persona que maneja información y la distribuye socialmente termina adquiriendo alguna dosis de poder. Los informantes saben que de la forma como el periodista procese la información dependerá la manera como el público se entere de ella. Esto deviene en poder, no absoluto, pero tampoco despreciable.”

Es por ello que en la actualidad, la prensa ocupa un lugar cimero en la recopilación y almacenamiento de datos. Hoy, el buen periodista es quien encuentra una buena historia. El mejor, en cambio, deambula como una polilla traviesa, entre esos tomos cubiertos por el polvo que guardan en sus páginas el por qué de cada fenómeno y dan cuenta de una época, de una sociedad, de un contexto y entorno político, económico, social e ideológico.

Al respecto, Javier del Rey, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que al profesional de la prensa “se le supone amplia formación porque su tema es, en definitiva, hurgar en la sociedad, distinguir entre medios y fines, priorizar, y conseguir racionalidad en el tratamiento de los temas socialmente relevantes”.

Para José Luis López, periodista del diario Juventud Rebelde, “cuando vamos a redactar un trabajo es imprescindible investigar, recolectar un poquito de aquí y otro de allá para, detalle a detalle, armar ese rompecabezas que, desde el mismo instante de su publicación, se convertirá en un importante registro histórico. Nosotros construimos una época, y es nuestra responsabilidad velar porque las futuras generaciones conozcan los acontecimientos de esta etapa, como mismo ha hecho cada generación de reporteros en su tiempo”.

Según el periodista uruguayo, Darío Klein, “la publicación de una historia de investigación es un acontecimiento en sí misma y normalmente introduce, agrega o revive un tema en la agenda mediática. De esta manera, no hace más que enriquecer el debate público, agregándole temas y argumentos”.

Por ello, el historiador francés Fernand Braudel, asume que una historia profunda “no la descubrimos nosotros, sino que únicamente la ponemos en evidencia. (…) La historia es el cuento de nunca acabar, siempre está haciéndose, superándose.

John Stuart Mill, por su parte, considera que “revelar al mundo algo que le interesa profundamente y que hasta entonces ignoraba, demostrarle que ha sido engañado en algún punto vital para sus intereses temporales o espirituales, es el mayor servicio que un ser humano puede prestar a sus semejantes”.

“Nuestra función primera es informar, dotar a la sociedad, a los hombres, de aquellos conocimientos que ellos, vinculados o no a determinados sucesos que ocurrieron, necesitan conocer. La prensa como registro histórico deviene de su función primera”, asegura Iraida Calzadilla Rodríguez, periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

¿Es, por tanto, el periodista un historiador? Para Paul Johnson, profesional de la prensa de Inglaterra, ambas profesiones tienen un mismo objetivo: “Buscan la verdad, investigan sobre hechos importantes y la manera en que se ordenan. No se puede determinar con exactitud dónde termina el trabajo del historiador y dónde comienza el del periodista.

“(…) Muchos se centran en buscar la verdad independientemente de otras consideraciones. En cierto modo se podría comparar con el trabajo que realizan los científicos. Según Einstein se debía partir de una hipótesis y luego tratar de demostrar que es correcta mediante pruebas que la corroboren. Si no, debe abandonarla o modificarla. Pero estas normas resultan bastante difíciles, por lo que se deben de cumplir de forma rigurosa y buscar la verdad, suprimiendo nuestros deseos instintivos humanos”, recomienda Johnson.

Sin embargo, desde la aparición en la década de los 60 del pasado siglo de Internet, se originó un espacio para la publicación de información y/o contenidos comunicativos con diferentes características. La web, poco a poco, se convirtió en una herramienta muy usada por los medios masivos de comunicación, los cuales hoy la utilizan para poner en línea sus noticias.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, reconoce que, pese a los beneficios de la Red de Redes, la situación para los profesionales de la prensa se torna más difícil: “Las nuevas tecnologías constituyen un reto para el periodismo, pues ya no somos los únicos emisores. Hay muchos más canales de comunicación, a través de los cuales la sociedad tiene más vías para investigar. Ello no significa que estemos más informados, porque aún no se han diseñado herramientas a través de las cuales podamos distinguir, dentro de esa sobreabundancia de contenido, aquello que es válido”.

A propósito, el reportero estadounidense Philip Meyer sostiene que “hubo un tiempo en que todo lo que hacía falta era amor a la verdad, vigor físico y cierta gracia literaria. Todavía el periodista necesita esos recursos, pero ya han dejado de ser suficientes. El mundo se ha vuelto tan complicado, el incremento de información disponible tan ingente, que el periodista tiene que ser alguien que investiga y no sólo que transmite, un organizador y no sólo un intérprete, así como alguien que reúne y hace accesibles los hechos”.

Ricardo Ronquillo, subdirector de Juventud Rebelde, asegura que “hoy existe la teoría de la confiabilidad. No podemos estar satisfechos con la información que encontremos. Tenemos que ampliar y validar esos datos para asegurarnos de su certeza. Nuestros medios de prensa son fuentes documentales de información, y tenemos que estar bien seguros de lo que ahí publicamos.

“Pero el lector tampoco puede conformarse, y cuando realice una investigación y consulte nuestros archivos, debe comprobar y ampliar esa información que le ofrecemos”, ratifica Ronquillo.

Si para Fernand Braudel, “la revisión de la prensa es un ejercicio encantador, casi mágico, en que se pasa revista a un calidoscopio de situaciones y personajes”, el periodismo, por tanto, no es solo una actividad para el presente, sino un ejercicio que congela la historia de una época y la revive constantemente. Es, al decir de Fernando Andrade, “una de las formas más directas y útiles de registro histórico, lo que le dota de una delicada responsabilidad social”.

Bibliografía:

Andrade Ruiz, Fernando: El periodismo como pasión. En: http://www2.metodista.br/

unesco/PCLA/revista14/res%20livros%2014-3.htm. Consultado: 3 de mayo de 2011.

Braudel, Fernand: La dinámica del Capitalismo. En: Archivo personal.

Calzadilla Rodríguez, Iraida. Notas de clases. Curso académico 2010-2011. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.

Klein, Darío: El papel del periodismo de investigación en la sociedad democrática. En: http://www.razonypalabra.org.mx/

anteriores/n22/22_dklein.html. Consultado: 25 de abril de 2011.

S/A: Breve historia del Periodismo. En: http://periodismomundial.grilk.com/

hdelpmundial.htm. Consultado: 25 de abril de 2011.

S/A: La necesidad de estar informados. En: http://aula2.el-mundo.es/

aula/noticia.php/2001/01/12/aula979229549.html. Consultado: 28 de abril de 2011.

Periodistas consultados:

Ricardo Ronquillo, periodista del diario Juventud Rebelde.

José Luis López, periodista del diario Juventud Rebelde.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.