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Isla al Sur

FELICIDADES

FELICIDADES

Le deseo que usted tenga un feliz fin de año. Gracias por todo lo que nos enseñó. Un beso bien grande, su alumna, Yanet González.

Querida profe, le mando muchas felicidades y que el próximo año,  sea muy bueno para usted, además que venga sin dolores de ningún tipo, feliz Navidad. Ahhh..., la felicitación es también por el Día del Maestro, a usted y a su esposo. Besos miles. Gretel Hernández.

Le deseo todas las cosas buenas y mucha alegría. Anet Martínez.

 

UN ABRAZO

UN ABRAZO

Un abrazo de su alumna, no solo aprendiz de periodista, sino de profesora, con un paradigma en usted muy alto en ambos casos,

Cristina Escobar

Profe: Espero que ya no esté bravita con nosotros, estábamos tan concentrados en la prueba que no reaccionamos, ¿cómo no nos van a gustar sus clases si son una fiesta?

Su alumna Ibis Frade

RAZONES PARA UN RECONOCIMIENTO

RAZONES PARA UN RECONOCIMIENTO

El periodista Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, mereció el Premio Espacio del gremio de comunicadores por la Obra de la Vida.

WENDY MARTÍNEZ ZUFERRI,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Carácter afable, laboriosidad y actitud serena son rasgos que explican la sencillez con que Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, asumió el otorgamiento del Premio Espacio por la Obra de la Vida, conferido recientemente por la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS) en la sede de la institución.

La asociación otorga cada año el Premio Espacio a publicistas, propagandistas y relacionistas públicos. Julio García es periodista. El motivo principal de la excepción es su contribución a la fundación de la ACCS  mientras ocupaba el cargo de  presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Pero  esa no es la única razón.

La carrera de Comunicación Social fue creada sólo un año después de que  fuera nombrado Decano y desde entonces, brinda como pedagogo todo el apoyo posible a ese perfil, labor que agradecen todos los que luchan por lograr la legitimación de la profesión comunicacional.

Aunque percibe la alta estima en que lo tienen sus alumnos y compañeros, no ve en ello un criterio de elección. En todo caso, espera que sea producto de su esfuerzo porque periodistas y comunicadores trabajen unidos y teniendo siempre en cuenta las condiciones del país en que viven.

A pesar de poseer  distinciones tan relevantes como la condición de Cuadro Destacado del Ministerio de la Enseñanza Superior y la Réplica del Machete de Máximo Gómez, mucho valora la ofrecida por la ACCS.

"La Comunicación Social aún no tiene suficiente divulgación", dice. Lo corrobora el hecho de que apenas algunos estudiantes de 4to. y 5to. años conocen de la entrega del premio, aunque es innegable que la modestia del homenajeado ha desempeñado un papel clave.

Junto a Julio García fueron homenajeados José Duarte Comas, Fabián Delgado y Rebeca Galán Caballero, comunicadores de la larga trayectoria y miembros fundadores de la ACCS.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico

Tipo de lead: De retrato

Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adicional

Valores Noticia: Protagonismo de una figura pública, Interés humano, Cercanía.

UN SIGLO DE LUCES BRASILEÑO

UN SIGLO DE LUCES BRASILEÑO

Cumpleaños 100 de Oscar Niemeyer.

MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

¿Acaso Oscar Niemeyer descubrió el elixir de la vida? Definitivamente el brasileño bebió de la mágica pócima que tanto buscan los alquimistas.

Sin embargo, no es el cumplimiento de sus cien años, este 15 de diciembre, lo que garantizará su inmortalidad, sino las obras maestras que ha creado con su labor arquitectónica; las cuales constituyen huellas de su paso por el mundo y le aseguran la vida eterna en la Tierra antes de ascender al paraíso bíblico.

Niemeyer, junto a Lucio Costa, es el autor de gran parte de los predios públicos de la ciudad de Brasilia, entre los que se destacan el Palacio de la Alvorada, el Congreso Nacional y el Palacio de Planalto. Aunque su obra está esparcida por todo Brasil y por los más diversos lugares del mundo.

Entre las condecoraciones que ha recibido se encuentran el Pritzker Architecture Prize (premio más importante que pudiera recibir un arquitecto), el premio Príncipe de Asturias y el título Doctor Honoris Causa por las universidades de Sao Paulo y Minas Gerais.

Ni piedras filosofales ni elixires de la vida, para vencer al tiempo  sólo hay que amar lo que hacemos. Pues cuando el amor se mezcla con el talento y el esfuerzo, de allí siempre sale algo grande, algo que trascenderá las barreras del tiempo. Y si no se impregna en la historia, lo hará en los corazones de las personas, y grabar en este último formato, es lo más difícil de todo.

 

 

EL TATUAJE, ¿UN TABÚ EN CUBA?

EL TATUAJE, ¿UN TABÚ EN CUBA?

Uno de las modas más criticadas en nuestro país encuentra un espacio de  exposición al público.

ANA LIDIA GARCÍA HERNÁNDEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

"El tatuaje también es arte y, sin embargo, aún constituye un tabú en Cuba", expresó el artista de la plástica Pedro Armando Oliva Rodríguez en su exposición fotográfica individual de tatuajes, inaugurada recientemente en el Balneario Universitario El Coral.

La muestra es un intento  de abrir caminos al tattoo en nuestro país con la presentación de once fotografías en las que se incluyen trece obras de temas muy diversos, comentó el autor.

Imágenes del Che, objetos decorativos, banderas cubanas, escenas de la mitología, pasajes de la religión y recreación de obras de la plástica son los principales tópicos ofrecidos al público en esta exposición auspiciada por la Casa de la Cultura del municipio capitalino de Playa.

Varias de estas representaciones de tinta vegetal muestran una alta dificultad en el proceso de creación debido a su geometría, a su realismo con trazos negros en algunos casos y de manera general por el hecho de utilizar la piel humana como lienzo.

"Muchos subvaloran el trabajo de un tatuador y, sin embargo, su precisión debe ser mayor que la de cualquier otro artista de la plástica debido a que, de equivocarse, no puede deshacerse del ‘lienzo", refirió Oliva Rodríguez.

Los cazadores primitivos fueron los primeros en utilizar el tatuaje, siglos después se asoció a la  marina y a los presos en la cultura occidental; no obstante, en sociedades como la asiática, la africana y la de Oceanía, está relacionado con su desarrollo histórico- cultural, es parte de su idiosincrasia y no constituye un prejuicio para nadie.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo

Tipo de lead: De cita directa

Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional

“SI ALGO SÉ DE MI OFICIO ES PORQUE HE VIVIDO”

“SI ALGO SÉ DE MI OFICIO ES PORQUE HE VIVIDO”

El periodista Luis Sexto, en un aula de Periodismo.

IBIS FRADE BRITO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Soy un mal entrevistador, nunca he estado contento con las entrevistas que he hecho. La mayoría no han sido a grandes personalidades, me he movido en un rango de periodismo cotidiano, porque me interesa más saber cómo piensa un carbonero de la Ciénaga de Zapata que cómo piensa un ministro. Entrevistar a alguien relevante es bastante fácil, el verdadero mérito está en arrancarle una entrevista a una persona humilde.

En 1974 yo atendía la sección de deportes -sí, porque he estado haciendo de todo en el periodismo- y llegó a La Habana el equipo de pelota León de México. Me llamó el director del periódico y me dijo: "Luis Sexto, a ti te toca entrevistar a su entrenador". 

Llegué al estadio, di con el hombre, y no estaba ni por la mitad de la entrevista cuando, no sé si por aburrimiento o para burlarse de mí, el entrevistado dio un vuelco tremendo a la conversación, y sin ton ni son, me preguntó por los ácidos... esos que tienen un nombre bien raro y largo, desoxi... ¡Desoxirribonucleicos!   

Me quedé en blanco, pero fue cuestión de segundos; me vino a la mente que había leído en una revista de la antigua Unión Soviética un artículo sobre el tema. Se refería a una niña que empezó a hablar en una lengua desconocida, y después de ser examinada por médicos, lingüistas y un buen número de místicos, se descubrió que hablaba en un dialecto hindú. Pero, ¿cómo una niña que no conocía la India sabía este dialecto? Un tío abuelo suyo estuvo en un lugar donde se utilizaba esa lengua y la aprendió. Por herencia genética, y gracias a los ácidos desoxirribonucleicos, le había transmitido el conocimiento a su sobrina-nieta. 

Le solté aquello a mi entrevistado, y menos mal que quedó satisfecho y no preguntó otra vez sobre el tema, porque yo no sabía nada más. Pude salvar mi entrevista y salir airoso de una pregunta capciosa.

Muchas veces nuestros entrevistados nos ponen a prueba si sienten que llegamos desinformados, sin saber lo suficiente o nada de lo que estamos preguntando. Eso no puede permitírselo nunca un periodista, por eso la preparación previa es tan importante. ¿Cómo vamos a pretender arrancarle los secretos de la personalidad a nuestro entrevistado si ni siquiera sabemos dónde nació?

Los periodistas no podemos conocer todo, debemos saber cómo manejar un dato y convertirlo en un enorme dato, ahí radica una de las claves de nuestra profesión. Periodista es aquel que sabe moverse con pericia entre las cosas que ignora. Estar enterado del mayor número de temas posibles es necesario, diría que imprescindible, además de por vocación, porque lo puede salvar a uno de un aprieto; lo he comprobado varias veces.

La cultura que tenga el reportero puede determinar el éxito o el fracaso de una entrevista, y no me refiero solamente a la cultura que obtenemos con los libros o con los conocimientos teóricos, no;  si algo sé de mi oficio es porque he vivido, las experiencias acumuladas ayudan mucho en esta profesión. 

Cuando hacemos una entrevista, tenemos delante una incógnita y en nosotros está la tarea de develarla. Las entrevistas se gestan, se conquistan; no todo el mundo es digno de que se le haga una.

Creo que nadie está obligado a concederle una entrevista a un periodista, y en muchas ocasiones el trabajo que pasa el reportero para conseguirla puede ser un atractivo para captar el interés del lector hacia el trabajo.

Más de una vez he recurrido a este recurso. Me viene a la memoria una entrevista particularmente difícil: la que le hice al ingeniero Presilla. Ese hombre ayudó al Che a poner en funcionamiento una fábrica procesadora de níquel en Moa, abandonada al triunfo de la Revolución por los inversionistas extranjeros que tenían a cargo la obra. El Che, con esa visión suya tan clara, se percató de cuánto se podía aumentar la producción de níquel si se ponía a funcionar la fábrica, pues la de Nicaro ya estaba casi obsoleta y producía muy poco.

El ingeniero Presilla echó a andar aquella fábrica prácticamente solo. Ni que decirlo, se convirtió en un héroe para todos, hasta una película se hizo sobre la hazaña. Pero era un héroe renuente a la publicidad y a las entrevistas. 

Pasó el tiempo y la gloria también. Presilla se jubiló y nuevos problemas de difícil solución surgieron. Los soviéticos construyeron una fábrica que ni ellos mismos podían echar a andar y Marcos Portal, entonces ministro de Economía, convocó a una reunión a los entendidos en el tema para juntos encontrar una solución al asunto.

A muchos se les dio voz y voto, hubo propuestas de imposible realización, pero nadie se fijó en el viejo ingeniero retirado que alzaba la mano para pedir la palabra. Cuando la causa parecía perdida, todos estaban desesperados, y hasta tal vez por cansancio lo dejaron hablar, pidió trabajar con su viejo equipo. Se hizo el milagro, Presilla estabilizó los hornos y la fábrica echó a andar sin contratiempos.

Me enteré del suceso, pero como nunca fui periodista de coordinar la noticia me fui a Moa a conquistar a Presilla. Aparecí en la fábrica sin aviso. Di con Presilla cuando salía del comedor y le dije: ingeniero, yo soy de la revista Bohemia y necesito entrevistarlo. Como si le hubiese dicho una ofensa me respondió con una voz de trueno: "Entrevistarme a mí, que va, ustedes los periodistas nada más hablan de historias antiguas". Después de mucho insistir me dijo que estuviera en su casa, al otro día, a las siete de la mañana.

Cuando terminé de hablar con Presilla se me acercó un trabajador y me dijo: "Usted lo ve así, periodista, pero ese tipo lo que se hace el duro; ah, y fíjese, le gusta el ron".

Al otro día, el hombre salió a la hora acordada, pero se sorprendió de encontrarme allí, me dijo con fastidio que no podía atenderme en ese momento porque los sábados era el día que tenía para trabajar la tierra, y que solo estaría de vuelta en la casa a la una y media. 

No me desanimé, me senté en el carro a esperar pacientemente, y a media mañana me había ganado la confianza de su esposa Herminia, quien me hizo la historia de Presilla y me proporcionó información que desconocía. 

El hombre llegó en hora y solo atinó a decir cuando me vio en el portal de su casa esperando: "¿Y usted que hace aquí?". Entró dando un portazo y al rato salió limpio y perfumado, vestido con su ropa de domingo: "Bueno, ¿me dirá  ahora que quiere?", preguntó desconfiado. Con la mayor naturalidad del mundo saqué una botella de ron y le respondí: entrevistarlo.

Se me abrieron todas las puertas, estuvimos hablando más de tres horas y descubrí que aquel hombre tenía tres doctorados en prestigiosas universidades extranjeras, leía las obras de Shakespeare en sus originales en inglés. Cuando empezamos a hablar boberías le dije que ya había terminado la entrevista, que podíamos seguir conversando como amigos. Se puso muy serio y me dijo: "Usted me ha hecho la mejor entrevista de mi vida, le he dicho lo que nunca le he dicho a nadie, ahora lo que hace falta es que me sea fiel". Ojalá lo haya logrado. 

Los periodistas debemos tener mucho cuidado al transcribir las entrevistas, porque en ocasiones falseamos a los entrevistados y los ponemos a hablar como ellos no hablan. Nunca debemos violar el principio de ser fiel a lo que dice y a cómo lo dice la persona que entrevistamos, es muy importante tener en cuenta sus ademanes y tonos de voz, para así captar el mensaje en toda su dimensión.

En el oficio, también he sufrido mis decepciones. A mi me tocó entrevistar a Nicolás Rodríguez, el penúltimo mambí de nuestras guerras independentistas. Como un año antes le habían hecho una entrevista, yo la leo para prepararme y no hacer las mismas preguntas.

Por el espíritu de esa entrevista, la impresión que me llevo de Nicolás es la de un hombre fuerte y vigoroso, que a sus ciento y tantos años de edad, es capaz todavía de montarse en su caballo y dar una carga al machete. La realidad estaba muy distante de esta descripción, el hombre que encontré estaba tirado en un camastro, hablaba al límite de sus fuerzas con palabras muy confusas y había que tener el oído muy fino para escucharlas.  

Es cierto que el periodista debe versionar lo que le dice su entrevistado, porque el lenguaje oral es diferente al escrito, pero no por eso debe alterar la realidad o falsearla. Siempre busco insertar en mis versiones una frase textual que indique el tono y el lenguaje de mi entrevistado. Copio mirándole a la cara para estar atento a expresiones que a veces dicen más que las palabras, aunque lo que pongo en el papel solo podamos entenderlo, a los dos días de haberlo escrito, Dios y yo, y pasado un mes solo Dios.         

En el tiempo que estuve trabajando en Bohemia salía a buscar la noticia a la calle. Un día llegué a San Cristóbal, en Pinar del Río, y me paré en un parque a preguntarle a cuanta persona pasara por ahí si él conocía a alguien que mereciera que la revista Bohemia lo entrevistara. La gente me miraba como si estuviese loco y se reía; hasta que uno me dijo que sí, que él conocía a un hombre que había hecho la licenciatura de Ciencias Sociales en la Unión Soviética y que aunque era el director de una secundaria básica en el campo, al comienzo del periodo especial pidió un pedazo de tierra para cultivarla y en ese momento era uno de los cafetaleros más importantes de la zona. Se llamaba Clemente Vigoa y tenía su casa en lo último de la Sierra del Rosario. Hacia allá me fui buscando mi entrevista y la conseguí.

Camino de regreso, el río que horas antes habíamos cruzado con facilidad ahora estaba crecido y llevaba un torrente de agua muy fuerte. El guajiro que me servía de guía me dice que todavía es posible cruzarlo y nos lanzamos a hacerlo. Pero en el trayecto se me trabó el pie, e inexperto al fin, me puse de frente a la corriente para sacarlo. El golpe con la corriente me sacó el pie y todo el cuerpo y yo, entre el pánico y la sorpresa, le grité al guía: Guajiro, me voy. Y si estoy aquí hoy se lo debo a ese guajiro que me tendió la mano y con sus dedos de garfio me haló a la orilla. Por suerte pude vivir para contarla y en ese trabajo utilicé la pericia para enganchar al lector.

Insistir es lo único que no debe darle vergüenza a los periodistas, pues estamos hechos para insistir y correr riesgos. Ni en situaciones extremas y dolorosas podemos parar de trabajar. El periodista triunfa cuando logra penetrar en el corazón del entrevistado y de quienes lo leen.

Ficha técnica:

Tipo de título: De cita textual.

Clasificación por su forma: Monólogo testimonial.

Clasificación por el contenido: De personalidad.

Tipo de entrada: De anécdota (o anecdótica)

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.

LO QUE NOS QUEDA DE LA ROSA…

LO QUE NOS QUEDA DE LA ROSA…

CYNTHIA ÁLVAREZ,

estudiante de segundo año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Contradictoriamente a la frase con que termina la novela El nombre de la Rosa, escrita por Umberto Eco y llevada al cine por Jean-Jacques Annaud en 1986,  pudiéramos decir los que con ella nos hemos deleitado, que de la rosa nos queda mucho más que el nombre.

Recordamos la fascinante historia en la que se reconstruye con detalle la vida cotidiana en una abadía famosa por su impresionante biblioteca con estrictas normas de acceso y donde sus protagonistas, Adso de Melk  y Guillermo de Baskerville, investigan una serie de asesinatos que siguen la pauta de un pasaje del Apocalipsis.

Esta obra  desarrollada en la Baja Edad Media es un fiel reflejo de cómo todo tipo de actividad estaba mediatizada por el predominio de la fe sobre la razón, contribuyendo a la existencia de cierta parálisis intelectual.

La Iglesia como protagonista de acciones y mecanismos para la persuasión, regía la vida social y política de la época. Era sin duda un fuerte monopolio de la comunicación que usaba un estilo simple, de fácil comprensión y reproducción, para llegar a las masas analfabetas. La difusión de mensajes a las clases populares se basaba en la transmisión oral y la representación gráfica, fundamentalmente.

Esta es una época, tal y como se muestra en la novela, donde el pensamiento de las clases laicas se basaba en cánones implantados por la Iglesia; estas no tenían libertad de comunicar. Cualquier idea contraria a la del templo podía considerarse herejía. Para castigar estas ideas contrarias a las establecidas la Iglesia creó la Inquisición que se alzaba contra la imposición de ideas propias y se dedicó supuestamente, al saneamiento de la cultura. Además, quien defendiese a los herejes también lo condenaban como tal.

En el pasado, Guillermo de Baskerville había tenido problemas por haber absuelto a un hombre cuyo único delito había sido traducir un libro del griego, lo cual contradecía las sagradas escrituras.

Esta censura del conocimiento que emprendió la Iglesia se mostró en el ocultamiento de libros supuestamente prohibidos que iban en contra del dogma establecido. En la obra toda la trama se desenvuelve alrededor del libro de Aristóteles en el cual este defiende la risa. Probablemente una de las frases más impresionantes sea la que el benedictino Jorge plantea que las personas no pueden conocer de los beneficios de la risa, porque con esta "no hay temor y sin temor no hay fe; sin temor al diablo no  se necesita a Dios". Para la Iglesia era inconcebible aprobar que las personas pensaran diferente y permitir que otras ideas pusieran en peligro su hegemonía.

En El Nombre de la Rosa se muestra cómo las causas de las muertes, el envenenamiento provocado por los polvos que estaban en  las páginas del libro de Aristóteles, es otro de los mensajes de cómo los conocimientos que ponían en duda a la Iglesia podían representar la muerte para algunos.

Según explica el teórico de la comunicación Manuel Vázquez Montalbán, esta es una época donde existía una "precariedad instrumental para enfrentarse al conocimiento". Los sacerdotes, actores importantes de la comunicación, dominaban los soportes y el conocimiento de la escritura, la persuasión, la posibilidad y capacidad de informar y conformar, así como el conocimiento cultural. No obstante, solo accedían a temas que no contradijesen las doctrinas eclesiásticas. Además, eran los religiosos los que acumulaban y adaptaban la sabiduría antigua, siendo los responsables del subdesarrollo cultural de las clases populares.

Los monjes también copiaban y traducían libros. Los copistas monásticos realizaban su tarea en una habitación llamada scriptórium (escritorio). Seguramente, los soportes fundamentales empleados por los copistas de la película para plasmar sus textos fueron la vitela y el pergamino, materiales usados exclusivamente por los monjes.

La novela muestra entre los religiosos a los benedictinos, como quienes debían cumplir compromisos esenciales como la obediencia, la pobreza y el trabajo. Su labor intelectual fue bastante destacada, por cuanto diariamente consagraban dos horas a leer y escribir, siendo la base del saber medieval. Mientras, presenta a los franciscanos como predicadores  del ideal de pobreza y humildad.

Otro aspecto relevante de la obra es su funcionamiento a través de símbolos, tal como se evidencia en el personaje de Jorge, el benedictino más viejo de la abadía (dicen que Umberto Eco se inspiró en Jorge Luis Borges para su creación), que era ciego, conservador y cerrado a nuevas ideas, reflejo de la decadente Iglesia. Su ceguera trasmite el mensaje de cuán aislada se encontraba la iglesia de la situación del pueblo, y simboliza el apego irracional a la farsa en la escena final, por parte de esa institución, en la que la locura lo lleva a comerse las hojas de los libros. La Iglesia rechazaba todo uso de la razón, la búsqueda del conocimiento con el fin de mantener su poderío en la época.

Otro de los símbolos es la biblioteca-laberinto como forma de inaccesibilidad al saber.

También la muerte se ve simbolizada a lo largo de la historia.  Sobresale en la ambientación, los cuervos, la arquitectura, los silencios, las torturas, con lo que se busca infundir sufrimiento y miedo.

Pero probablemente el símbolo más enigmático sea el del propio título de la novela. La rosa está cargada de significados míticos, poéticos, estéticos, políticos, económicos y religiosos. Algunos son partidarios de que la rosa se asemeja a un laberinto por lo curvo de sus pétalos, otros y el que más interesante me parece, es el de interpretar la frase final del libro: De la rosa no nos queda sino el nombre, siendo la "rosa" una alusión a todo el acervo cultural y riqueza espiritual contenida en la biblioteca de la abadía que pereció para siempre en el incendio, quedando solo su recuerdo.  No obstante, la rosa aparece constantemente generando confusión y manteniéndonos en la búsqueda de su verdadero significado.

Otro tema que trata la obra es el trato de la mujer en la Edad Media. Las féminas eran reprimidas y desmeritadas. Dos extremos diferentes sobresalen; el de la Virgen María, símbolo de pureza, y en oposición el de la campesina, acusada de hereje, incitadora al pecado. En la época, la mujer era vista cómo mero animal reproductor que permitía el mantenimiento de la especie. En el filme se culpa a la joven de las muertes a partir de la escasa evidencia de haberla encontrado robando gatos negros y gallinas muertas (símbolo de brujería) para alimentarse.

En una ocasión el propio Baskerville, indudablemente alejado de los prejuicios de la Iglesia, confiesa no conocer el amor de una mujer, y solo el culto al conocimiento, e interpreta que el chico ha confundido el amor que decía profesar por la campesina, con lujuria.

Además, de todas las características anteriores la novela contiene también valor histórico, puesto que refleja las características económicas, políticas y sociales del Medioevo, época en la que la Iglesia tenía el poder y los campesinos vivían en extrema pobreza, estos últimos eran explotados mediante el diezmo.

Pero quizás lo más apasionante de El nombre de la Rosa sea que durante el transcurso de la película el espectador descubre al mismo tiempo que Guillermo y Adso los misterios que se esconden tras las paredes de la abadía. En todo momento el público se sorprende pendiente de una historia que lo cautiva, llenándolo de preguntas y a partir de una ilación de hechos sorpresivos que le proporcionan entretenimiento, conmoción, y lo más importante, conocimientos.

La adaptación cinematográfica estuvo bien lograda a mi parecer, teniendo en cuenta lo complejo de llevar al séptimo arte una novela con tantas referencias filosóficas y literarias y en la que originalmente Umberto Eco reproducía muchas frases al latín.

Además, se percibe una excepcional verosimilitud con la época, lograda a partir de la ambientación, vestuario y escenografía, todas en fiel correspondencia con la novela. El director logra también la ambientación adecuada a partir del uso de citas en latín y la reconstrucción de la vida en el monasterio.

Y por si fuera poco, la originalidad de la novela no termina ahí. Sus personajes Adso de Melk y Guillermo de Baskerville son comparados con Watson y Sherlock Colmes, respectivamente, demostrando lo acertado de una historia hasta cierto punto detectivesca.

Bibliografía:                                 

Portal, Raysa: "Comunicación y sociedad. Selección de lecturas". Signos y símbolos. Félix Varela. Cuba, La Habana, 2003.

Vázquez Montalbán, Manuel: "Historia y comunicación social". Felix Varela, Cuba, 2002.

LA HABANA Y SUS MAMPARAS

LA HABANA Y SUS MAMPARAS

JUSTO PLANAS CABREJA,

estudiante de cuarto año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Nuestra capital, una vez, fue ciudad de mamparas. Los colegios situaban a su entrada un Santiago Apóstol dibujado con vidrio, o acaso exhibían la letras JHC que significan Padre, Hijo y Espíritu Santo. Mientras, las tabernas de la ciudad tenían pequeñas mamparas hechas para que el transeúnte pudiera apreciar la también recortadísima falda de una mujer de la calle, como se decía en aquellos tiempos, y más que su falda el caminante disfrutaba de sus piernas coronadas con una provocadora liga.

La mampara mostraba al visitante en qué calle se encontraba, quiénes eran los dueños de la casa y hasta cómo había que tratarlos.

Sus formas eran infinitas: se transfiguraban en flores, paisajes disímiles, o figuras geométricas. Algunas incitaban a la risa: un marinero ebrio, la mulata que danza, el asno que se niega a caminar.

Gracias a las mamparas el pregón callejero atravesaba las casas de lado a lado. Y el vecino curioso bien se aprovechaba de esta facilidad. No había que tener el oído muy atento para conocer las intimidades de una familia, porque saltaban de mampara en mampara hasta la casa contigua.

Valgan entonces estas mamparas para que usted conozca esta historia.