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UNA ETAPA PARA VIVIR

UNA ETAPA PARA VIVIR

ALEJANDRO ROJAS ESPINOSA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Universidad pronto dejará de ser un sueño para convertirse en la realidad. Otro año escolar empieza, pero los que entramos por primera vez en las casas de altos estudios sabemos que todo cambiará.

Madurar, crecer y estudiar, tres conceptos que permanecen en la mente de los universitarios, pero es más que eso. El primer año en la Universidad nos depara situaciones inimaginables.

La educación cambia, la forma de vestir cambia, los amigos cambian, sin embargo, nosotros debemos ser los mismos. Siempre que logremos eso, un objetivo ha sido cumplido.

Estudiar no será igual, ahora poco importa lo que nuestra mente pueda guardar y repetir, lo más importante es lo que seamos capaces de crear; aplicar contenidos, la nueva bandera de marcha.

Una tarea importante durante el año más difícil, según criterios de otros estudiantes, es la adaptación a las nuevas libertades, las decisiones tomadas nos definirán; por eso, nada puede apartarnos de la meta.

Las tentaciones crecen junto con los descubrimientos que hagamos, y por eso la cordura tiene que estar de nuestro lado, no debemos cambiar el futuro por caprichos.

Y los profesores, benditos profesores que nos dejarán pensar, no todos son fáciles, pero ninguno está para acabar con nosotros, al contrario, están para enmendar las lagunas que la educación precedente nos legó.

La época que probablemente nunca olvidemos está llena de diversión también, hay que aprovecharla; las salidas en grupo, las fiestas de las facultades, las charlas educativas, todo eso tributa a nuestra formación, pues una vez que nos enfrentemos a disímiles situaciones ganaremos en confianza, y estaremos cursando la escuela que solo dejaremos con la muerte: la escuela de la vida.

Los trabajos que pasaremos parecerán apocalípticos, más esos son los que nos preparan para vivir, que nunca nadie ha dicho que sea fácil.

Estar lejos de los padres, aún cuando permanezcamos en la misma casa, dormir en los asientos, aún cuando tengamos nuestra cama, tomar café, estudiar de madrugada, comer en horarios variados, eso y mucho más será la rutina que llevaremos, pero no importa, siempre que al final del día podamos decir: aprendí algo, soy mejor persona, tengo un propósito para levantarme mañana.

Madurar, crecer y estudiar, ahora la vida no es solo eso: divertirnos, pelear por lo que nos interesa, defendernos con razones, tomar nuestras decisiones, esa es la nueva etapa que empezamos mañana. El primer año de la Universidad es la oportunidad de comenzar de nuevo.


 

ACCIDENTES DE TRÁFICO: LOS NÚMEROS ALERTAN

ACCIDENTES DE TRÁFICO: LOS NÚMEROS ALERTAN

ANH NGUYEN HAI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada día, en los medios de comunicación aparecen noticias acerca de los accidentes del tránsito que suceden en todo el mundo. De forma alarmante, sus características son en ascenso más serias y éstas se muestran en el aumento de las víctimas.

En años recientes, el aumento de los muertos por accidentes de tráfico aumenta incontrolablemente, se convierten en un problema que alertan las sociedades de todos los países. Aunque los gobiernos y las organizaciones internacionales presentan muchas medidas para evitar esta situación, sin embargo, no se ganan efectos significativos.

El primer fallecimiento por accidente de tráfico se marca en el documento de Organización Mundial de Salud (OMS) que sucedió en Londres en 1896. Aunque la autoridad local anunció que nunca más sucederían los accidentes, con la revolución de la industria y el desarrollo de la tecnología creada para los vehículos, las muertes sorpresas se convierten en peligro para el ser humano.

De acuerdo con el informe de OMS, a principios de 2013, cada año hay más de 1,24 millones de muertos y 50 millones de heridos por el siniestro. Especialmente suceden entre las edades de 14 a 45 años y la mayoría de ella son hombres. La organización también informó que en América hay 134 000 personas que pierden sus vidas por accidentes de tráfico, cifra que ocupa más del 10 por cientos del total.

También en esta región, Cuba, aunque la cantidad de los vehículos no es excesiva, pero según la estadística de Oficina Nacional de Estadística e Información, en el 2012 se reportaron 11 604 casos, entre ellos, 4,945 casos que ocurrieron en el área de la ciudad de La Habana, la capital de la nación.
Lee Jong Wook, director gerente de Organización Mundial de la Salud, expresó: “Los números de accidentes de tráfico actualmente están alertados. Si esta realidad no cambia, hasta 2020 la cantidad de fallecimientos y heridos en el mundo aumentará en más de 60%”

Hay tres principales razones que causan los accidentes de tráfico actualmente: conducir los coches después de ingerir alcohol, no controlar la velocidad y no cerrar el cinturón de seguridad. Todas ellas debieran estar presentes en la conciencia de las personas.

Cada individuo tiene suficiente conocimiento para aprender específicamente que se establecen las leyes con el fin de garantizar su seguridad en cuanto a participar en el tráfico, pero aún así las obvia. Cada día, los errores vitales que se marcan son sobre la velocidad, pasar los semáforos, etcétera.

Incluso, en algunos países asiáticos, la mayoría de la población tiene la concepción según la cual el accidente de tráfico sucede a causa de la decisión del destino. Ellos no piensan que es posible evitar esa realidad lamentable.

En segundo lugar, los problemas de instalaciones, los trabajos de tráficos incompletos, la baja calidad de las calles, etcétera. Una muestra es Vietnam, cada día, hay cuantiosas calles que se cavan para reparar y a la vez de renovar, también provoca la obstrucción del tráfico. Además, las luminarias que no se encienden por la noche crean dificultades para los choferes, o en algunas bifurcaciones, hay una gran cantidad de semáforos y el conductor del vehículo no sabe seguir la correcta.

En Cuba, en una parte del Malecón desde calle G hasta el Paseo, las luces a veces se encuestan apagadas, mientras los vehículos que corren en esta vía siempre lo hacen a alta velocidad.

La calidad de los vehículos, por algunos beneficios individuales, los dueños de las compañías de transporte aceptan usar los viejos, los cuales tienen mala calidad. No solo hace que aumente el riesgo de accidentes de tráfico, sino también contamina el medio ambiente por sus gases de combustión.

Los accidentes de tráfico y sus pérdidas causan preocupación y problemas urgentes de toda la sociedad tanto en el plano de los daños físicos como las secuelas sicológicas, además de las pérdidas materiales.

Para evitar esta realidad lamentable es necesario que se organicen las actividades con el objeto de ampliar la conciencia de las personas acera de evitar los siniestros y contribuir a la seguridad del tráfico para todos, desde los niños hasta los adultos mayores.

Además, los medios de comunicación desempeñan un papel importante en el trabajo de dar a conocer los problemas del tráfico para crear una cultura en la comunidad y aumentar la conciencia de los seres humanos.

CUBA: CIMA DEL AJEDREZ LATINOAMERICANO

CUBA: CIMA DEL AJEDREZ LATINOAMERICANO

ROBERTO MÁRQUEZ LÓPEZ DE VIVIGO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todavía recuerdo alegremente la inesperada victoria del Gran Maestro (GM) Leinier Domínguez en el Grand Prix de Salónica, Grecia, en este mes. El torneo categoría XXI y con promedio de 2 753 puntos Elo, reservaba su trono casi siempre a la tradicional élite del ajedrez mundial.

Pues sí, un cubano derrotó a los grandes Topalov, Caruana, Ivanchuk, Kasimdzhanov, Svidler, Morozevich. Domínguez alcanzó ocho de 11 puntos posibles.

Después del evento, el Ídolo de Güines se ubicaba en el puesto 13 del ranking de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) con 2 757 puntos, el mejor de un jugador latinoamericano desde el establecimiento de la calificación Elo en 1970.

Al repasar los primeros 20 trebejistas de la lista universal, es común encontrarse a rusos, indios, ucranianos, chinos, estadounidenses, entre otros representantes de naciones desarrolladas. Leinier es el único ajedrecista de Latinoamérica, África u Oceanía entre los primeros 50 del ranking. Es decir, los demás lugares corresponden a europeos y asiáticos.

Pero, ¿qué hay detrás de ese gran resultado de Cuba que rompe con el dominio de los países del primer mundo? ¿El logro fue casual?

Para responder las preguntas me remitiré al GM Reynaldo Vera, miembro del Consejo de entrenadores de la FIDE, quien define cuatro pilares del movimiento ajedrecístico cubano.

El primero es cómo el juego ciencia se ha convertido en parte de la cultura, basado en sus antecedentes históricos, la figura de Capablanca, el esfuerzo del estado a partir de 1959 y la actividad de los propios GM y Maestros Internacionales (MI).

En segundo lugar, la masificación que tiene el ajedrez en respuesta a esa cultura. La tercera clave es la efectividad de las escuelas deportivas en el desarrollo de los talentos que conjuntamente continúan sus estudios académicos.

Por último, la presencia de un líder para cada generación: Capablanca (antes de 1959), Eleazar Jiménez (época del 60), Silvino García (años 70), Jesús Nogueiras (décadas del 80 y 90), Lázaro Bruzón y Leinier Domínguez (siglo XXI).

Entonces, se impone explicar los pilares expuestos por Reynaldo Vera para demostrar cómo los triunfos actuales del ajedrez cubano no son fruto del destino.

Según el artículo Masividad y éxitos del Ajedrez en Cuba, de Vera, oficiales españoles en San Salvador de Bayamo fueron los primeros en dar jaques mates en La Mayor de Las Antillas en 1518. También, próceres como Carlos Manuel de Céspedes y José Martí practicaron el juego ciencia.

Además, la primera revista especializada en ajedrez de Latinoamérica se publicó en 1861 en Cuba, y a fines de ese siglo La Habana organizó dos campeonatos del mundo entre Wilhelm Steinitz y Mijaíl Tchigorin.

Ya en 1921 la Isla tuvo un líder ajedrecístico. Ese año José Raúl Capablanca fue Campeón Mundial y se convirtió en el ídolo de las generaciones de trebejistas cubanos. El Mozart del Ajedrez obtuvo durante su carrera 302 victorias, 246 empates y 35 derrotas.

Después de Capablanca, el ajedrez cubano continuaría cosechando figuras que serían íconos: Eleazar Jiménez, quien entabló con Bobby Fischer tres veces en cuatro partidas; el primer GM de nuestro país, Silvino García; y el GM Walter Arencibia, primer cubano campeón mundial juvenil (sub 20). Los actuales Leinier Domínguez y Lázaro Bruzón han alcanzado 2 700 puntos Elo y juegan con la élite mundial.

La masificación del juego ciencia fue prioridad para el estado cubano a partir de 1959. El Che decía que el ajedrez tenía que ser masivo, y para ello en 1961 se creó la Comisión Nacional de este deporte.

Luego de 52 años, existen en Cuba una Escuela de Iniciación Deportiva Escolar y una Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético en todas las provincias del país. En esas facultades docentes se desarrollan los mejores trebejistas.

Además, La Habana cuenta con el Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez, donde pequeños genios logran un crecimiento mayor y más rápido desde edades tempranas. El centro surgió para la investigación y la promoción del deporte.
 
Los 11 320 tableros de la simultánea gigante realizada en la capital de la Isla en 2002 mostraron al mundo miles de manos que movieron ejércitos de peones y reyes, lo que reafirmó la masividad del juego ciencia en Cuba.

Hoy, el curso televisivo de ajedrez lleva 10 años y los  tabloides como apoyo a esas clases continúan publicándose a precios asequibles.

Los resultados internacionales en el juego ciencia son cada vez más frecuentes. Al ascenso de Leinier en el ranking de ajedrez se suman los mejores lugares de América Latina, por equipos, en la historia de la Olimpiadas de Ajedrez (en ambos sexos) y en las Copas del Mundo de Ajedrez; el lugar 19 por países con 21 GM y 45 MI, primero de América Latina.

¿ESCLAVOS DEL PENSAMIENTO AJENO?

¿ESCLAVOS DEL PENSAMIENTO AJENO?

BEATRIZ LOBAINA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace años la educación viene afrontando una problemática que no merece tantas palabras como se le ha escrito, porque agradecida no es. Ella tiene la facilidad para embullar a cientos de personas que no perciben las verdaderas consecuencias, a pesar de tener visión “20-20”. Me refiero al conocidísimo fraude académico.

Este fenómeno no solo se circunscribe a la enseñanza media, desde hace tiempo es un método aplicado por los alumnos de cualquier nivel docente con el fin de dar una imagen positiva y alcanzar buenas notas. 

El fraude académico constituye una vía facilista y de poca ética que generalmente corrompe y envicia a quien lo ejerce, la persona que recurre a él es esclavo del pensamiento ajeno, y en ocasiones, exigiendo una respuesta, desempeña el papel del “tirano déspota”.

Como todo problema, va de menos a más, de pequeños detalles a circunstancias incómodas, pero con consecuencias nefastas, desde amonestar al alumno y anularle el examen, hasta la expulsión de la carrera, en el caso de la educación superior.

Las maneras de incurrir en esta indisciplina no han cambiado, decir algo o dejar que miren lo que escribimos en un examen, llevar anotaciones escondidas, plagiar información, comprar y vender pruebas. Entonces, ¿dónde está la honestidad y la moral de cada quien?

Es una realidad que en los niveles básicos de enseñanza las medidas contra los “practicantes” del fraude carecen de rigor, ¿habrá que llegar a la Universidad para combatir con mano dura este mal? Desde las primeras edades hay que instar al estudio y fomentar el análisis lógico, no se puede adaptar al niño a copiar textualmente de un libro, ni a mirar para el lado en una prueba.

Es difícil hallarle la solución a la “epidemia” que se propaga por instantes. ¿Lo inmediato?: reflexionar al respecto y luego valorar la posibilidad de que desde los primeros grados escolares las sanciones sean más fuertes.

Al final, como dijo el destacado poeta canadiense Desruisseaux: “Los involucrados no solo se engañan a sí mismos, sino también a la educación verdadera. Se roban no solo el conocimiento general, sino también la experiencia de cómo aprender, negando la posibilidad de obtener un título verídico”.

El que no tiene decisión y conocimientos propios es sumiso de las ideas de otro. No hay fraude mayor o menor, todo razonamiento que no salga de uno está dentro del mismo círculo de la poca ética y la simulación. A un lado dejemos la “esclavitud” y “tiranía” y llevemos en nosotros la libertad del razonamiento personal. 

¿HASTA CUÁNDO SON LOS QUINCE?

¿HASTA CUÁNDO SON LOS QUINCE?

THU TRAN LE ANH,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Existe en los países latinoamericanos desde hace varias generaciones una tradición muy especial: “Los quince”. Esta es la celebración del decimoquinto cumpleaños de una adolescente.

“Fiesta de quinceañera”, “fiesta de quince” o simplemente “mis quince”, son algunos de los nombres de esta fiesta que marca el inicio de la madurez en la vida de las mujeres. Se organiza de una forma totalmente diferente, y mucho más especial que otros cumpleaños.

En Cuba, generalmente, “la fiesta de quince” llega a ser un momento de costumbre, de tradición. Es uno de los días más importantes en la vida de una muchacha. Cuando los padres desean celebrar este aniversario a sus hijas, casi siempre necesitan ahorrar dinero durante un año o muchos más. 

Como todo país caribeño, la música es una parte que no puede faltar. Así, se compone la coreografía de un baile para que la quinceañera pueda lucir toda su belleza, refiere Katia Pérez, joven cubana que hace poco tiempo cumplió 15 años. En ese momento, ella es acompañada por sus mejores amigos, y juntos bailan un vals. La muchacha danza con un chico seleccionado, al que se le conoce como “galán”.

Como parte de la celebración, a la quinceañera se le compran ropas y zapatos nuevos. Pero la costumbre más general es la de las fotos y los videos. En el álbum de los quince, la joven parece una actriz o modelo, pues todas las imágenes son para destacar la hermosura de su rostro, su pelo y de todos sus atributos.

Generalmente, esta fecha marca la primera vez para darle forma a las cejas, maquillarse y teñirse el cabello. “Es por eso que toda muchacha espera con ansias la llegada de sus quince, pues a partir de ese momento podrá comportarse como una mujer”, recuerda Patricia González, estudiante universitaria de 19 años.

Pero no todas las muchachas deciden celebrar este cumpleaños de la misma manera y con la misma intensidad. Hay muchas que se rehúsan a la idea de una fiesta suntuosa, pues la consideran como un gasto innecesario, y en su lugar prefieren irse de vacaciones con su familia y sus amigos a una playa o a un hotel.

Otras, en cambio, sueñan con ese momento para reunir en un salón a todos sus queridos compañeros y disfrutar con ellos de la música, las bebidas y el buffet. 

“Sin embargo, con fiestas o sin ellas, lo que no puede faltar en toda celebración de los quince años es el recuerdo que va a perdurar a través del tiempo, o sea, el libro de las fotos”, explican María y Orlando, padres de la quinceañera Katia Valdés.

Las imágenes no pueden faltar, las que se exhiben en preciosos trajes de colores, llenos de brillos y lentejuelas, con un aro que le proporcione volumen al vestido. Además, son muy usuales las fotos en ropa más informal y en traje de baño.

Ahora bien, la fiesta de los quince no se celebra igual en todos los países del mundo. Como refiere la página web especializada en estas celebraciones, Redcubana.com, en México, por ejemplo, si la quinceañera profesa fe en la religión católica, la festividad comienza con una Misa de Acción de Gracias. Después de la misa los familiares y los amigos de la joven le entregan los regalos de la fiesta y la quinceañera deja su ramo en el altar de la Virgen María.

República Dominicana, por su parte, es costumbre que las quinceañeras y las parejas acompañantes realicen varias coreografías, que pueden incluir ritmos como merengue, pop y salsa. Además, suele participar un artista o banda musical en la fiesta.

También refiere el sitio digital Taringa.com, que otras naciones de Suramérica, como Argentina, existe una costumbre muy peculiar conocida como la ceremonia de las velas. Esta consiste en que la quinceañera entrega quince velas a las personas más importantes de su vida. Se considera que cada vela simboliza los años vividos por esa muchacha, y antes de la entrega se pronuncia un discurso de agradecimiento.

En otro sentido, llama la atención ver que esta festividad no se realiza en otros continentes. En los países asiáticos, como Vietnam no existe la costumbre de festejar a las muchachas a ninguna edad. La fiesta más tradicional es la del primer año de vida.

Otra curiosidad sobre la celebración de los quince es que en todos los lugares donde se celebra este acontecimiento, la rutina es exclusiva para las muchachas. Para los varones la llegada a la edad de quince años no representa un gran suceso. Aunque a veces algunas familias sí deciden hacerle un regalo especial.

La edad de quince años también puede significar muchas veces el inicio de la vida amorosa de las jóvenes. Si hasta ese momento la adolescente ha sentido temor de presentar en su casa ante sus padres y familiares algún novio, después de que llega a los quince años tiene la excusa perfecta para decidir expresarse al respecto.

Sin duda, la llegada a los quince años es un suceso de gran importancia en la vida de toda mujer. Esta fecha significa el inicio de sucesos que van desde maquillarse y cambiar algunos aspectos físicos, hasta la forma de conducirse y expresarse.

Los quince quedan grabados en la memoria de las mujeres como un recuerdo especial. Luego vendrán otros de igual relevancia como la boda y la graduación universitaria.

MÁS QUE EL FIN… LOS MEDIOS

MÁS QUE EL FIN… LOS MEDIOS

CLAUDIA GONZÁLEZ CORRALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El período de exámenes prácticamente abre sus puertas a los universitarios. Ya se siente la presión. El tiempo no parece alcanzar para el estudio de los tan densos contenidos. Unos se dedican a buscar hasta el más discutido segundo para “barrer” los temas recibidos en el semestre. Otros, permanecen como detenidos en el tiempo y, a la hora de examinar, hacen uso de su “imaginación” y emprenden el camino más “fácil” que conduce al ¿éxito? estudiantil: el fraude académico.

Este “recurso” no es un “aporte” de las nuevas generaciones. Su origen no se encuentra bien definido, pero ya desde 1923, en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, el líder revolucionario Julio Antonio Mella se pronunciaba por la supresión de dicha práctica en las aulas.

Desde ese entonces los ataques contra la plaga académica se han multiplicado, pero esta, como el ave fénix, lejos de perecer,  resurge de sus cenizas con un sinfín de modalidades y nuevas técnicas: copiar o “soplar” un examen, llevar un “chivo”, alterar o inventar resultados en una investigación, comprar o vender pruebas. Prácticamente, por la diversidad de estilos, el fraude se ha convertido en una especie de “arte”. 

Las nuevas tecnologías no contribuyen a frenar el desfalco de  conocimientos. El supuesto (porque no toda la información es verídica) instrumento pedagógico para el intercambio cultural y la confluencia de saberes —Internet— ha encendido la llama de la era del “corta y pega”, y no pocos han resultado atraídos por su “fulgor”.

Concordamos en que, aunque sea de manera ilícita, a veces se puede llegar a ser un profesional mediante el fraude, pero, ¿qué calidad de formación tendrá el adiestrado? ¿Estará en condiciones de ejercer su función? Si ganó su título a expensas de otro, ¿cómo logrará ser útil?

Si analizamos bien qué significa ser fraudulento, solo podemos pensar en un individuo inseguro de sí mismo, incapaz de alcanzar lo que se propone en la vida por sus propios medios y en alguien que, antes de engañar a la sociedad, se traiciona a sí mismo.

Cuando nos valemos de los conocimientos de otros para obtener un reconocimiento social, olvidamos que el crecimiento particular requiere de entrega y dedicación, que debemos luchar por lo que deseamos y poner en ello todas nuestras fuerzas.

El fraude quebranta principios básicos asociados a la honestidad, la moral y la ética;  genera costos de orden emocional y académico, y pone en riesgo el desempeño de los profesionales en formación.

Este flagelo no es un peldaño inexorable, bastaría con reducir la densidad de los estudiantes o incrementar la de los profesores en el momento de realizar el examen. Sin embargo, el fraude es un problema de conciencia, de moral, de actitud, y la manera más sana de enfrentarlo es mediante el establecimiento de un código de honor.

Mahatma Gandhi, pensador indio, sentenció: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado”. Por eso, más que el fin, repercuten los medios.

LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

DAVID GALLO SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La especie humana como raza superior a cualquier otra por poseer la extraordinaria capacidad de pensar, durante millones de años de evolución ha transformado aspectos en su vida, casi siempre con el objetivo de mejorarla. Dicha capacidad la ha conducido a crear una civilización en la que viven personas civilizadas, con amplias posibilidades de ser considerablemente organizados.

En nuestro país, el ideal de organización tiene forma física, por increíble que parezca. Pero creo desde hace un tiempo que al nacer no le detectaron una serie de problemas médicos, por lo que ahora presenta desfiguraciones en todo su cuerpo. Las tan recurrentes colas, esas que donde sea asoman su cabeza y sin saber cómo, comienzan a mutar alargando su cuerpo hasta cien veces el tamaño inicial y haciendo su fin invisible ante el ojo humano.

En más de una ocasión hemos dicho: “Vivimos en el país de las colas”. Para buscar el pan, comprar papas en el agro, entrar al cine y disfrutar de una película con los amigos. Para cobrar el esperado salario del mes, comer en un restaurante, tomar un refresco en una cafetería, consultar con el médico de la familia, entrar a un centro recreativo, adquirir un medicamento en la farmacia, para lo que sea, hacemos colas. 

En la capital existe una muy particular y posiblemente sea la más popular de todas, en la cual nos aventuramos a rotar, con sofocante lentitud, solo porque el resultado es tentador y refrescante: la del Coppelia. ¡Que levante la mano quien no haya pasado por ella!

Y qué podría decir de las más comunes y diarias, ganadoras del “colasnómetro” del año, las de la guagua, o su fantasma. Digo fantasma porque parece que hemos experimentado un retroceso histórico y terrenal, donde haciéndonos pasar por Espartaco y sus hombres, solo logran montar en los ómnibus los más feroces y fuertes.

Por desgracia, el turno para los organizados queda al final de la batalla, pero, peor es que la amabilidad, la caballerosidad y el respeto, ya no montan de primero, y si se ponen impertinentes, los dejan fuera.

Las llamamos colas, pero podrían ser filas, hileras o líneas, el nombre resulta lo de menos. Lo molesto y doloroso es permanecer durante agotadores minutos y hasta horas en ellas, casi siempre de pie y bajo el sol, pretendiendo comportarnos organizadamente para que el turno de cada quien llegue cuando corresponda.

La indignación cobra su mayor nivel cuando nos percatamos de esos indolentes recién llegados, que pisotean las acciones de los demás “colándose” con una tranquilidad asombrosa, a la cara de todos, en la primera grieta que aparezca.

Al ritmo que vamos, se hará costumbre pisotearnos por entrar primeros a donde sea, como seres incivilizados. Si ocurriese eso, sería una derrota para quienes creen en el orden y el bien llevar, por lo que se hace necesario enfrentar los males que impiden la organización en las colas y cuestionarnos aquello de que todo es un problema de apreciación, pues entonces sería cierto aquello de que los últimos son los primeros.

CON DOS QUE SE QUIERAN… ¿BASTA?

CON DOS QUE SE QUIERAN… ¿BASTA?

RAYMON DARIEL RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

No sé de ningún niño o niña que no sueñe con algún día casarse. Entre globos, flores, anillos, trajes blancos, amigos y fiesta, se imaginan la ceremonia que posiblemente cambie sus vidas y los conviertan en hombres y mujeres de familia cuando encuentren la “persona indicada”.

Con los años, a la niña, ahora más crecida, le gusta otra mujer para que comparta su vida, y el niño, ya todo un hombre, se enamoró de otro hombre. Entonces los globos se explotan, las flores se marchitan, la idea del traje se aleja y hasta algunos amigos, o los que parecían serlo, desaparecen. Ya no hay fiesta; en nuestro país todavía no es posible una boda como la que sueñan estos dos cubanos.

Entonces llega la pregunta: ¿por qué los heterosexuales sí y los homosexuales no? ¿Eso no es desigualdad, discriminación? Cuba es un territorio con una larga tradición homofóbica, inicialmente con la metrópolis española; después, la influencia yanqui de la primera mitad del siglo XX, y por último, la represión a los gays en los incipientes años de la Revolución.

El matrimonio es un acuerdo legal socialmente reconocido que asegura los deberes y derechos de los involucrados entre sí y del resto de la sociedad para con sus integrantes, como parte del desarrollo de la sociedad moderna, cada vez más laica y liberal.

Catorce países en el mundo, la mitad de ellos en Europa, cuentan con leyes que autorizan el casamiento homosexual, todos a partir del comienzo del nuevo milenio. Muchas otras regiones permiten uniones civiles de personas del mismo sexo, aunque no se denominan matrimonios, entre ellos, Alemania, Irlanda, Israel, la República Checa, Colombia y Reino Unido.

No se trata de izquierdas, ni de derechas; ni de religiones o partidos; se trata de la forma de pensar de cada nación, o la de sus dirigentes; se trata de los prejuicios y el miedo a lo “diferente” que habita en el interior de muchos de nosotros.

Los más retrógrados piensan que dos personas del mismo sexo no tienen por qué casarse si pueden vivir juntos como pareja sin que nadie se los impida; como si fuera suficiente solo poseer derechos básicos, tal como limosnas que se le dan al mendigo para que esté conforme.

La cuestión es muy sencilla: los homosexuales se casan por la misma razón que los heterosexuales; ya sea por amor, para formar una familia, por  conveniencia, por intereses económicos, o por puro embullo.

El tema del matrimonio gay en la Isla está estancado entre comisiones parlamentarias. La Federación de Mujeres Cubanas, el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y la Unión de Juristas de Cuba, entre otras instituciones, están abogando por un Anteproyecto de Ley que modifique al actual Código de Familia, que data de 1975, cuya modernización traería beneficios para toda la población.

Al respecto, Mariela Castro Espín, sexóloga y directora del Cenesex, en una entrevista al diario Juventud Rebelde señaló que espera “que los expertos se ajusten a la realidad de la sociedad actual y piensen en la nación que aspiramos construir: un país en el cual se valoren, sin distingos, los esfuerzos e intereses de esas personas y sus diversas formas de ejercer la ciudadanía”.

En la Isla, “la Revolución ha logrado establecer una política exitosa en materia de educación sexual y debilitar los cimientos de una cultura patriarcal… pero aún impera una sociedad machista”, concluyó Castro Espín.

Todos debemos intentar dialogar de la mejor forma posible y ayudar a propiciar los cambios de mentalidad que una parte de los ciudadanos del país necesitan. La otra gran parte de la sociedad está lista para aceptar los cambios positivos en este sentido que muchos esperan. Siempre habrá quienes se opongan sin razón, pero tendrán que acostumbrarse a la modernidad.

El día que finalmente suceda, porque el desarrollo es inevitable en todos los sentidos de la vida, muchos se casarán y muchos no, en dependencia de los intereses de cada persona y de sus planes personales. ¿Matrimonio, gaymonio o lesbimonio? El nombre no interesa, lo importante es tener la opción de elegir; debe ser un derecho de los homosexuales como parte de la humanidad. 

A veces se necesita de leyes y códigos para poder realizar un sueño o, mejor dicho, para poder sentirnos más libres. Cada persona debe tener la facultad de llevar al altar a su “persona indicada”, sin importar su orientación sexual o cualquier otra diferencia para que, finalmente, con dos que se quieran, baste.