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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

EL QUIJOTE VS. PROFESORA CON ASMA

EL QUIJOTE VS. PROFESORA CON ASMA

LESLIE ALONSO FIGUEROA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde el preescolar comprendemos que las calificaciones son la vía de pasar al próximo grado o matricular en la nueva enseñanza. Pero después que transitan los años y nos hacemos maduros, somos capaces de valorar de subjetivas esas notas, que se rigen por la hegemónica "clave", o las otorgan asmáticas profesoras.

Quizá crea que le estoy dando rodeos al asunto, pero son  tantos los malos recuerdos que remueven con rapidez mis amargas sensaciones de doce grado que me cuesta trabajo compartir esta historia.

En una de esas pruebas, que tienen prevista para su  revisión una hegemónica "clave", redacté un texto sobre una reliquia familiar, una de las primeras publicaciones de El Quijote, que mi abuela heredó y conservó durante todos sus años de vida con esmero. Un ser incomprensible creyó que no era un buen tema, que era de esos textos que cuando uno lo leía le faltaba el aire, y no por ausencia de signos de puntuación.

Resulta que aquella revisión de examen se tornó muy parecida a la batalla de El Quijote con los molinos de viento, descrita en mi redacción; tuve que distorsionar la realidad de esos minutos para poder colgar los guantes y darme por vencida, era una discusión condenada al fracaso.

El poder de los que calificaron, su grado científico y prestigio universitario fue demasiado para doblegar sus injustas decisiones frente a una novata de las letras que recién comenzaba a explorar este mundo con una reliquia que no había sido concebida en las posibles variantes de ajuste al tema.
La persona de la que aprendí a escribir de ese loco cuerdo que era este personaje cervantino, junto a sus magistrales clases de Gramática y comprensión textual, supo demostrarme que la vida es injusta, pero no ingrata y todo lo que sucede conviene, dicho popular que oía a diario y nunca supe valorar su significado.

Ha pasado casi un año y estudio Periodismo. Esa mujer que por un momento tronchó mi futuro lee en sus clases en la Universidad de Matanzas los trabajos que publico en el semanario Trabajadores y se sentó en un pupitre idéntico al mío, para recibir un curso de Pragmalingüística.

No sé si me recordará, si la conciencia la remuerde, o el Quijote de mi texto reivindicó su manera de actuar, pero aquel mal rato se traduce en cientos de historias que vivo a diario, donde alguien viene a desmentir tu imaginación, a echarte a perder el día, a anular tus horas de sacrificio.

Zumbado, un cronista por excelencia, me enseñó en uno de sus relatos que el sol de Cuba se puede exportar, en latas de conserva, como la carne rusa. Por eso, todo lo sugerente para mí es grande, hasta mi Quijote de 200 años que no insufló aire para aquella señora con asma.

DIFUSOS CONTORNOS DE LA AMISTAD

DIFUSOS CONTORNOS DE LA AMISTAD

JANELLE PUMARIEGA SANTANA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Quizás puedas conocer gente en el barrio, en la discoteca, en la playa o en alguna que otra salida, pero es la escuela el medio por excelencia para hacer amistades. Con tus compañeros de aula pasas la mayor parte del tiempo. Con ellos compartes día a día alegrías, tristezas, logros y decepciones. Y cuando, al comenzar tu etapa laboral, echas un vistazo al pasado, sus rostros te sorprenden marcando los recuerdos de tu período de estudiante, para muchos, el más bonito de la vida.

Son hermosos la amistad y el compañerismo. Es sencillamente muy gratificante ver a un grupo de muchachos unidos, ayudándose bajo toda circunstancia. Pero, ¿existen límites para estos valores?

Jorge estaba sentado detrás de Rafael en la prueba final de Matemática. Los dos eran muy buenos amigos. Jorge no sabía cómo resolver la pregunta número 3 y pidió a Rafael que le escribiera el resultado en la regla y se lo pasara. Rafael se lo pensó un par de veces: tenía hecho todo el examen y estaba seguro de sus respuestas. ¿Valdría la pena arriesgarse?

Convino que sí, porque Jorge era su amigo y él debía ayudarlo siempre. Así que copió la solución en la regla y comenzó a esperar el momento oportuno para dársela.

Pero sucedió que el momento oportuno nunca llegó, porque la profesora vio la regla con los resultados escritos y le retiró el examen a Rafael.

Hay muchos casos similares a esta historia. De seguro has presenciado –o vivido, en la peor de las situaciones –alguna experiencia por el estilo. ¿Estás de acuerdo con la actitud de Rafael? ¿Y con la de Jorge?

Algunos dirán que Rafael hizo lo correcto, que la amistad es lo primero sin importar las consecuencias; otros dirán que Jorge no era un verdadero amigo, pues en busca de su beneficio no tuvo en cuenta que podía perjudicar a Rafael. También están los que piensan que nos debemos lealtad a nosotros mismos antes que a los demás, por mucho aprecio que les tengamos. ¿Tú qué opinas?

Esperamos que seas de los que saben poner en práctica la honestidad. Esperamos, además, que tus amigos y tú sean tan buenos amigos como para entender que la amistad no se mide por una ayuda dada o negada en un examen.

¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir: “Creía que era mi amigo, pero cuando le pedí que me ayudara en la prueba se acobardó”? Es probable que muchas.

Y sería bueno reflexionar: ¿acaso antes de las pruebas no hay más tiempo para demostrar lealtad, compañerismo, solidaridad? A un colega puedes expresarle cuánto lo aprecias, cuánto  te preocupas por él, invitándolo a tu casa a estudiar, ayudándolo a profundizar el contenido que le cuesta más trabajo, ofreciéndole algún libro o material que le resulte útil… Y él puede hacer lo mismo contigo.

No esperes al fraude académico. Lejos de ser una hazaña, una heroicidad como muchos piensan, es mentir. Mentir a tus compañeros, a ti mismo, a todo el mundo. Si le “soplas” una respuesta a alguien, ese alguien nunca sabrá llegar a esa respuesta por sí mismo; si sucede lo contrario, serás tú el perjudicado. Prepárate, estudia, insta a los de tu grupo a hacerlo también. Sean buenos amigos.

LOS NOVATOS DE LA UH

LOS NOVATOS DE LA UH

ANA LAURA PALOMINO GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todos los años las diferentes universidades de nuestro país acogen a miles de estudiantes. Para los de cursos superiores somos unos novatos y la verdad es que la palabra nos queda como anillo al dedo. No sabemos dónde queda la cafetería, nos asombramos cuando no nos regañan por estar en el pasillo. ¡Es increíble, nadie te atosiga! Todo es una sorpresa: las peñas, las fiestas, las ganas de ser libres, las pruebas difíciles y los profesores que “no nos ponen el dedo”.

En la primera clase nos quedamos atónitos cuando el maestro comenzó a hablar y no dictó notas, ni siquiera se preocupó por que escribiéramos las tareas. Atrincherados en el pupitre, copiamos todo para que cuando llegara la temible hora en que revisaran las libretas, la nuestra estuviese al día. Sin embargo, pasan las semanas y el momento fatídico nunca se marca en el reloj.

Nos encontramos en la etapa en que elegimos lo que es importante. Ponen en nuestras manos la decisión de ser o no responsables y a veces pasamos un poco de trabajo determinando las prioridades.

Por otra parte, entramos en la era del INTERNE. ¡Tenemos correo, no de mamá o papá, nuestro! E-mail vienen, e–mail van, y los alumnos de las clases superiores te van mostrando todas las ventajas de este mundo, que a nuestros ojos inexpertos es lo mejor que se ha inventado. Uno se cree el rey del universo.

Pero, no todo es bueno. Los exámenes son cada vez más difíciles. No podíamos creer que el experimentado pedagogo, con más títulos que años, nos haya dado un temible dos, nosotros que decíamos que todo iba a ser puros cinco. A veces nos esforzamos y suspendemos, otras creemos haber hecho todo mal y el aclamado sobresaliente nos hace la visita. Vamos, que no entendemos nada.     

La otra cuestión peliaguda de ser un novato son las fiestas. Siempre hay algo que hacer, no sabemos cómo se puede disfrutar tanto y entre una copa y otra decidimos no faltar a ninguna “cumbancha”; más cuando recordamos que la mesada desapareció en una noche y que al otro día tenemos que entregar un seminario, la promesa de buen juerguista se incumple.  

Los meses continúan y los asombros toman un segundo puesto. Ahora vamos taciturnos por los pasillos pensando en la tarea del próximo día, no sonreímos ante la expectativa de una fiesta y nos adaptamos hace mucho a que los profesores no nos revisen las libretas.

Y así el primer año pasa como agua entre los dedos. Pronto seremos de segundo y veremos desfilar a los primerizos, con esos ojos de asombro ante las mismas cosas que antes eran inauditas para nosotros. Los llamaremos, los tomaremos por el brazo y con paciencia de quien se siente identificado, les enseñaremos a no derramar lágrimas ante su primer dos.

DESDE NIÑA… LOS DEPORTES

DESDE NIÑA… LOS DEPORTES

BEATRIZ LOBAINA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una diminuta niña en un enjambre de 15 mil espectadores. Mirada y oídos activados. Entonces fue un encuentro fortuito el que sostuve con el deporte. Un primer acercamiento a la edad de cinco años, inducido por mi padre, quien mantenía amistad con Yamilé “la Peca” Martínez, Cariola Echeverría y José “Pepe” Ramírez. Dos excelentes jugadoras y el entonces entrenador del elenco femenino cubano de baloncesto.

Nunca podría imaginar que casi tres lustros después sería justamente el mundo del músculo la temática que más me cautivaría en mi incipiente andar por los senderos del Periodismo. Cuestionamientos, análisis, comentarios, sed de conocimiento han desatado en mí esas recurrentes visitas al Coliseo de la Ciudad Deportiva. Me he debatido entre canastas y rematazos, puntos directos por servicios y bombazos. Hasta hoy, cuando más sufrimientos que alegrías experimento de la mano del deporte ráfaga y el de la malla alta, las esperanzas no las he perdido.

En los últimos años es una realidad que estos dos deportes han mermado en sus resultados, y más todavía el baloncesto, como si dos baldes de agua bien fría le hubiesen caído encima.

En la disciplina de los encestes, las mujeres, con más “caché” universal que los varones, lograron bronce en la cita de Malasia 1990 y desde ese entonces no han retornado a planos estelares; mientras los hombres cedieron terreno en los llamados Centrobasquet, añorando hasta el sol de hoy y desde hace mucho, las coronas alcanzadas en 1971, y de manera consecutiva en 1995, 1997 y 1999.

A causa de esto, mis últimas visitas al Coliseo también sufrieron un ligero descenso, fundamentalmente, por la reparación a que fue sometido desde octubre de 2012 hasta mayo del presente año (2013). Mi avidez continuaba a pesar del “divorcio” temporal: seguía el deporte en todos lados, era como un pescador desesperado acechando presa para poder alimentarse.

No pudo ser la Ciudad Deportiva, pero en su rescate llegaron la Ramón Fonst, el Estadio Panamericano, la Kid Chocolate y el Latino. Sin embargo, las emociones no son las mismas, quizás por las huellas que dejaron estos años de silencio y… hasta olvido.

Pero es tiempo de resurrección y este 7 de junio, cuando comience la Liga Mundial de Voleibol, la fuerza del fanatismo y de la profesión harán que mi presencia, junto a la del público, colmen el graderío de la Ciudad Deportiva. Mi voz, como otras tantas veces, retumbará al compás del ¡Cuba, Cuba!

La mirada y los oídos ya no serán los de aquella niña inocente; ahora, en cada acción, remate o jugada sobre la net, trataré de explicarme, entre muchos otros fenómenos, si la renovada e inconstante alineación titular de nuestra armada podrá atenuar el vacío provocado por las ausencias de Wilfredo León y Yoandri Díaz, los dos últimos jugadores que se suman a la lista de bajas.

EL AHORRO DE QUINCE AÑOS

EL AHORRO DE QUINCE AÑOS

LUAR LÓPEZ DE LA OSA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Hembra o macho? ¡Hembra! Entonces, hay que empezar a reunir para los quince. Vamos a abrir una cuenta en el banco porque el dinero de la fiesta es sagrado, no se toca. Escoge bien a los padrinos, porque ellos nos ayudarán. Después no quiero que se desaparezcan y olviden a su ahijada.

La conversación es recurrente en muchas familias, el cumpleaños número quince de una hija constituye una preocupación desde el nacimiento de la niña. Generalmente, la familia cubana ve a la fiesta como uno de los eventos sociales más importantes.

No importa el dinero que cueste, el objetivo es dar un espectáculo con todas las de la ley. Además de cumplir con los deseos de la homenajeada: el vestido alquilado, fotos como supermodelo, la fiesta en un salón y un baile con los compañeros del aula. Más allá de la celebración, este suceso presupone un conflicto cuando es más importante aparentar una imagen o una mejor posición económica, pues el festejo debe apreciarse como el tránsito de una adolescente a la madurez, a nuevas responsabilidades.  

Según la tesis de Licenciatura en Sociología de Yaineris Pérez Dueñas, citada en un reportaje de Juventud Rebelde (JR), los orígenes de estos eventos sociales en Latinoamérica se encuentran en la cultura azteca, que celebraba ritos de paso a la madurez. Estos poseían un valor simbólico, pues marcaban un cambio de responsabilidades y el tránsito a un nuevo rol como guerrero o esposa. Durante la colonización, los rituales se mezclaron con las costumbres de los misioneros católicos.

Con el tiempo, la festividad se consolidó en México y continuó sumando seguidores en Latinoamérica, España y algunas comunidades hispanas de Estados Unidos. En Cuba, Argentina, Puerto Rico y República Dominicana es una importante tradición.

La revista eHow manifiesta que en la década de 1930 estos elaborados ritos de transición se comenzaron a aceptar como práctica social en las sociedades hispanas de los Estados Unidos. Se realizaban con el objetivo de conectar a los descendientes españoles con su patrimonio cultural y fijar los lazos de la comunidad con el país de adopción.

Los primeros casos registrados en la prensa cubana datan de la década de 1950 y es a partir de estos años que la celebración se manifiesta como un ritual muy parecido al que tiene lugar hoy día, comenta en el reportaje de JR la máster en Psicología Lisset María Gutiérrez, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

Mis abuelas recuerdan que en la etapa posterior al triunfo revolucionario existía un cupón en la libreta de productos industriales para que las quinceañeras compraran sus zapatos. El gobierno cubano trataba de mantener una igualdad social, incluso los trajes se alquilaban en tiendas estatales.

Actualmente no es así, y las Fiestas de Quince ponen de manifiesto las diferencias económicas entre los diferentes estratos de nuestra sociedad, pues muchas familias no tienen los recursos económicos para realizar una celebración de este tipo. La ostentación presente en la mayoría de tales festividades puede provocar un sentimiento de inferioridad en los jóvenes de bajo capital. 

Lo curioso de la tradición reside en que últimamente hay un estándar establecido por la mayoría de las quinceañeras. Las fotos se realizan con semejantes características y entre más grande sea su formato, mejor. ¡Ah!, bendito sea el photoshop que hace a las retratadas más bellas y menos reconocibles.

Es usual ver que antes de la fiesta, catorce parejas, además de la cumpleañera y su galán, deban recorrer el barrio en cocotaxis para exhibir los trajes o, mejor dicho, el dinero gastado en gasolina durante el desfile de los invitados. Promover estas conductas no favorece el desarrollo cultural de una sociedad.

Estos requerimientos, más allá de frivolizar el cumpleaños, fomentan la presunción, el culto a lo material y la especulación en los jóvenes. La fecha debe constituir un momento para festejar, compartir y no una excusa para hacer gala de opulencia en el barrio.

La adolescencia es una etapa importante en la formación de un ser humano por los cambios que experimenta, tanto físicos como psicológicos, por lo que requiere del apoyo y educación de los mayores. ¿Quién mejor que ellos para inculcar en la juventud valores como la sencillez y modestia?

Entre las causas de este fenómeno puede que se encuentre la influencia en nuestra nación de la imagen del consumismo, procedente de los países desarrollados. También, el carácter fastuoso de “los quince” se ha consolidado porque son el sustento para muchos negocios particulares que ofrecen servicios de fotografía, video, alquiler de trajes y montaje de decoración.

Por mucho que uno quiera transformar el acontecimiento, hay una eterna regla. Cuando este tipo de fiesta acaba, los invitados se llevan buena parte del buffet, los padres se sienten recompensados al ver a su hija feliz y siempre hay alguien que le dice a otro: ¡te salvaste que a ti te tocó macho! 

 

UN GOL EN LA PORTERÍA DOCENTE

UN GOL EN LA PORTERÍA DOCENTE

ROBERTO M. LÓPEZ DE VIVIGO,
Estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

Para Julio Antonio Mella el deporte tenía un papel decisivo en la formación integral del individuo. Él apoyó desde la Universidad la promoción de las actividades físicas en la formación de valores, y logró vincularlas a las acciones revolucionarias.

Hoy, los universitarios apreciamos el deporte como una de las bases para la igualdad y la solidaridad. Un ejemplo de ello son los Juegos Caribe en la Universidad de La Habana (UH), que se convocan cada año en 25 especialidades. Estas auténticas Olimpiadas crean lazos de fraternidad entre las diversas facultades, y se realizan sin fines de lucro.

Si desde los orígenes de aquella revolucionaria institución docente, los estudiantes a través del deporte maduraban su conciencia y adquirían valores, ¿por qué hoy a pesar del esfuerzo de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), aún existen trabas para el desarrollo de las actividades físicas?

La enseñanza y el deporte están distanciados. En ocasiones los turnos de clases coinciden con las competencias e impiden la participación de los educandos en ellas. Sin embargo, hay excepciones. ¿Por qué la UH no toma el ejemplo de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca, de Pinar del Río, la cual asigna una semana solo para el desarrollo de los Juegos Guamá?

¿Por qué muchos estudiantes rechazan la enseñanza de la Educación Física y la creen innecesaria para su desarrollo intelectual? ¿Desconocen los beneficios del deporte para la salud mental?

¿Por qué si ya existen las instalaciones deportivas, estas se han abandonado? ¿Falta de recursos, o de cuidado? Recientemente se arregló el techo del tabloncillo del Juan Abrantes, del Vedado, y a menos de un año, las goteras invaden el lugar.

Los alumnos de la Educación Superior luchamos por mantener en alto la dignidad de Mella, ejemplificada cuando este fundó la Comisión atlética universitaria para combatir a los traidores --como él los llamaba-- que pertenecían a clubes deportivos de la burguesía, y se negaban a competir por la Casa de Altos Estudios.

La voluntad, el ímpetu, el deseo de los estudiantes por mantener el deporte entre las prioridades de la Iniversidad, ¿serán suficiente?

Organizar jornadas de limpieza y mantenimiento en los centros deportivos podría ser una de las soluciones ante el deterioro de esos lugares. Los profesores deberían vincularse más con las actividades físicas de los estudiantes. El beneficio sería mutuo. Los docentes percibirían los valores del alumno fuera del aula, y los educandos sentirían menos distante al pedagogo al verlo en las acciones extra docentes.

Alguna papa se salva del saco podrido. Sí. Reinier Rodríguez, miembro de la Comisión Organizadora del VIII Congreso de la FEU, el día del deporte en las universidades expresaba que hoy existe un fuerte movimiento deportivo con el desarrollo de los juegos universitarios, y el principal logro era que cada centro de la Educación Superior celebrara sus propios torneos.

Entonces, con más voluntad de todos los que sentimos a la Universidad como nuestra, es posible que esta siga alcanzando sueños en el deporte para la formación de hombres cultos, sencillos, y revolucionarios.

 

TRAS “LA PERDIDA”

TRAS “LA PERDIDA”

SANDRA MADIEDO RUÍZ,
Estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Por allí corre una brisa de viento junto a la prisa de los transeúntes. El sonido de las trompetas contrasta con el bullicio de los automóviles, esos que levantan las hojas del pavimento y van hacia su destino, cual rumbo gris para quienes estamos aquí.

Dos árboles con improvisados bancos de madera alrededor cobijan el exilio del hogar tras horas de espera. Los rostros reflejan la angustia de la incertidumbre y la esperanza de la llegada. La agonía impide continuar leyendo a una muchacha En busca de la Atlántica. La señora del pañuelo azul fuma, el hombre se quita el sombrero, el niño tiene sed y el fotógrafo aquel congela los instantes.

A unos pasos del lugar, en la Terminal de Ómnibus Nacionales, coinciden invitados de todas las provincias del país. El frente del lugar acoge oportunidades para los negocios: el señor que vende pastelitos y la máquina que dice “pa´l habana”. Al otro lado de la calle radica la Sala Polivalente Ramón Fonst, testigo también de innumerables citas deportivas.

Es junio, de noche y la hora del noticiero. Ya somos menos: unos se fueron y otros nos quedamos hasta el fin. Aquella muchacha duerme encima de la mochila y el pequeño ya no llora. Han pasado cuatro horas y el refrán “la esperanza es lo último que se pierde cuando todo está perdido”, no funciona.

Ellos van para la Atlántica perdida tras el Túnel de la Bahía de La Habana, Cojímar, cuyo nombre en lengua arauca significa entrada de agua en el mar. La lectora vive al frente del océano, ese que el gran escritor Ernest Hemingway inmortalizó en el Viejo y el mar. Una guagua es la ideal para llegar a su casa, sin embargo, muchas veces debe caminar dos kilómetros bajo la protección de Dios porque el pueblo temprano está como “calabaza pa´su casa”.

Su nombre es “La Palestina” y le pusieron así porque no hay chofer para manejarla, el apellido “La Única” porque de su modelo chino solo existen dos ómnibus con sus características y su sobrenombre “La Perdida” porque cuando se va no tiene hora de regreso. En realidad se llama 58, pero todos prefieren llamarla por el apodo. “¿Cuántas hay hoy?”, es la pregunta recurrente de todas las mañanas antes de ir para el trabajo. Una sola vaga por estos giros, la guagua 273, “es increíble, nunca se rompe”, dice Fide, su carismático chofer.

Por ahí, en un lugar de La Habana de cuyo nombre no quiero acordarme, viene “La única”. “Yo siempre llego, más tarde que temprano”, contesta Fide. Sin embargo, esa noche, para sorpresa de todos, la guagua se ponchó. ¿Qué hará la mamá con su hijo de cuatro años? Antes la agonía, ahora la tristeza, la desesperación y la preocupación son protagonistas de una película que con seguridad vivirán mañana. 

Esta es la anécdota de un día común tras la pista de “La Perdida”; pero es también su historia, mi historia. Un relato que quien lo lea pensará que es incierto; sin embargo, es el retrato fiel de todos los días no solo en la ruta 58 sino en varias de la capital como la 67 y la 8.

EL RESTO DE LOS AÑOS COMIENZA POR EL PRIMERO

EL RESTO DE LOS AÑOS COMIENZA POR EL PRIMERO

LUIS A. AUTIÉ CANTÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Puede que asuste, es verdad. La primera vez, sea en lo que sea, estremece al más valiente, pues es inherente a la naturaleza humana sobrecogerse ante lo desconocido, temblar frente el camino nunca antes desandado.

La Universidad, ese monstruo "demandante de esfuerzo” que los padres dibujan en nuestras cabezas desde que somos pequeños, no es la excepción. Atrás quedan años donde los colores blanco, rojo, amarillo, azul o carmelita nos vestían como estudiantes y trazaban una disciplina académica que nos permitía cierto relajamiento o “relajomiento”, como decían algunos por ahí. La poca madurez de aquellos momentos impedía que viéramos los libros y libretas directamente conectados con nuestro futuro.

Entrar a la Universidad es diferente. Desde el momento en que ascendemos los peldaños de la Escalinata Universitaria el camino cambia, se empieza a escribir el primer capítulo del resto de nuestras vidas y empezamos a forjarnos, a definirnos profesionalmente.

Con la entrada a la Educación Superior ingresamos también a la Federación Estudiantil Universitaria que, haciéndonos partícipes directos de sus actividades, nos brinda la oportunidad de sentir que por primera vez somos una parte activa de algo importante.

El primer año demanda sacrificio y adaptación a una etapa que rompe con los niveles de exigencia que conocíamos, donde no existe el paternalismo ni el maternalismo de los profesores ni la mentalidad de “la cantidad en detrimento de la calidad”. Es un período que nos muestra combinadas en la misma bolsa azarosas madrugadas repletas de lecturas y estudio; estar, en muchos casos, lejos de la familia mientras nos enfrentamos a la vida de una beca universitaria, así como un rigor mucho mayor en los exámenes.

Ese primer curso nos enseña a ir a clases no solo por cumplir con la asistencia, sino porque cada turno es irrepetible y lo que dejemos de aprender ese día debilita el sedimento cultural imprescindible para nuestro desarrollo. Hay que aprovechar a los profesores. Aprovecharlos en el mejor sentido de la palabra, asimilar celosamente todo lo que puedan enseñarnos, exprimirlos.

¿Lo mejor? Los amigos. El pertenecer a un aula y una escuela nuevas permite el establecimiento de relaciones que, con el paso del tiempo, adquirirán una fortaleza inmensa. Un grupo universitario se convierte en una familia.

El decursar del primer año nos permitirá organizarnos de forma tal que el esparcimiento no afecte nuestro deber como estudiantes. Está bastante generalizada la creencia de que en la Universidad, o se estudia mucho y se aprueba, o se va a fiestas y se suspende. Una teoría errada.

El primer curso es imprescindible para la formación, pues las asignaturas impartidas en esos semestres iniciales son básicas, los cimientos de la carrera. Pero la vida universitaria no se reduce solamente a libros y exámenes. Se puede compaginar perfectamente el estudio con la recreación, solo se necesita concederle a cada cosa el tiempo adecuado. Claro está, si estableciéramos un orden de prioridades, no hay dudas de que estudiar está por encima de todo.