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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

AL MENOS, PÓNGALES AUDÍFONOS

AL MENOS, PÓNGALES AUDÍFONOS

JANELLE PUMARIEGA SANTANA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El P5 marchaba con paso lento, como de costumbre. La mayoría de los pasajeros se notaban cansados por la ardua faena de trabajo de la que acababan de ser liberados, y por las tediosas horas que esperaron, ansiosos y de pie, la llegada del verde monstruo “tragagente”. Como ventosas contra el cristal de las puertas iban unos, durmiendo un, quizás simulado, sueño –para justificar por qué no le ofrecían su asiento a aquella anciana cargada de bolsas– iban otros.

-“Permiso”. “¡Oiga, apártese y deje pasar, que está ahí en el medio y no se quita!”. “¿Te quedas en la que viene?” “¡Abre atrás!”. “Caminen, que ese carro está vacío”.

Una vez más oía las mismas frases célebres. En ese instante mi casa se tornaba un oasis lejano. “Este ‘desierto’ no puede ser peor, pensaba”. Pero me equivocaba.

Un muchacho, de veinte años más o menos, alto, con las ropas ajustadas y el pelo peinado hacia arriba con kilogramos de gel, se abrió paso entre la multitud y se paró a mi lado. El reggaetón obsceno que vociferaba su celular, destruyó el ápice de calma que me quedaba y comenzó a fatigarme.

Los ancianos a mi alrededor resoplaban inconformes, algunas mujeres también, pero ninguno de ellos fue capaz de pedirle que apagara la ¿música? Yo tampoco fui capaz, porque temí enfrentarme a todos los otros jóvenes que, muy a gusto, tarareaban y marcaban el ritmo de lo que para ellos era un excelente tema.

Desde aquella, la primera ocasión en que presencié semejante comportamiento, han sido incontables las oportunidades en que me he visto letalmente obligada a escuchar esas “melodías”. Y siempre que sucede me hago la misma pregunta: ¿por qué tengo que soportarlo?

Una tarde me rebelé y le pedí a un muchacho que por favor bajara un poco el volumen. Él, sin inmutarse, apretó una sola vez la tecla. La diferencia entre el antes y el después fue totalmente nula.

Al parecer, ser fiel a la moda de llevar un celular con “música” grosera para pasar muy percibido, es más importante que el bienestar espiritual de los demás.

Lamentablemente, muchos piensan que están haciendo un acto caritativo al “armonizar” el viaje con tales estribillos, pues presuponen que, como ellos las disfrutan tanto, el resto de la gente también lo hará.

Pero cada organismo reacciona de forma diferente a los estímulos psíquicos, de ahí que haya quienes prefieren el rojo antes que el azul y viceversa. No es bueno generalizar y, sobre todo, es preciso respetar.

En el transporte público habanero no se respeta. Hasta el propio chofer, a las seis en punto de la mañana, coloca en la reproductora su disco favorito, plagado de palabras malsonantes. Y ahora hasta son frecuentes pequeñas batallas entre pasajeros por ver quién logra poner su reggaetón con el volumen más alto.

Ante un llamado de atención, los portadores de los “móviles sonoros” se han sentido ofendidos y alegan que “todos tenemos derecho a ir a gusto”. No podría estar más de acuerdo: Yo también deseo ir a gusto y ellos no me lo permiten.

Aristóteles expresaba que la música imita directamente las pasiones del alma y que por tanto, cuando uno escucha música es atrapado por una pasión determinada.

Hay personas que no se proponen estar atrapados en la chabacanería de ciertas letras. ¿Es acaso justo imponérsela, a sabiendas de que no tienen otro remedio que resistirla hasta llegar a su parada, o bajarse inmediatamente, para esperar otra guagua en la que quizás les suceda lo mismo?

Tenemos toda la potestad de viajar escuchando los géneros que mejor nos hagan sentir, pero debemos estar conscientes de que hay palabrotas y “frasezotas” que no todo el mundo está preparado para oír, que hacen a muchos ancianos insultarse y  afectan a los niños, quienes luego las repiten como lo más normal, puesto que las oyeron en una canción popular.

Guiarse simplemente por el pensamiento: “Voy a demostrar quién soy y lo que a mí me gusta”, sin reparar en las consecuencias, es una actitud egoísta y completamente exenta de sentido común.

Si apagan las groserías durante el trayecto del ómnibus, o al menos, les ponen audífonos, recuperaremos un poquito la mesura, y daremos los primeros pasos para reconstruir a tiempo el buen comportamiento general, que tanta falta nos hace.

LA HISTORIA QUE NO SE REPITE

LA HISTORIA QUE NO SE  REPITE

JAVIER DIEZ MINIET,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Recién concluyeron las pruebas de Ingreso a la Educación Superior, dentro de poco se conocerán los resultados y, por consiguiente, la entrega de plazas. Los estudiantes y sus padres, sin embargo, en esta etapa muestran preocupación sobre cómo será el primer año en la Universidad.

Sin dudas, el preuniversitario está lejos de adaptar su nombre a su función: preparar a los futuros profesionales para los altos estudios, no solo en el plano académico, sino también en la formación vocacional, la vida fuera de casa, la autonomía y el compromiso que trae consigo la Universidad.

Aún abundan los miedos y mitos sobre las dificultades para superar sin drama el primer año de la vida universitaria. Así lo afirman constantes deserciones o licencias estudiantiles, sin embargo, entre pánico y realidad, salir triunfante no es cuestión compleja.

El primer año no es más que la propia experiencia, y varía según el entorno, la manera de ser y hasta de la carrera que se escoge. Mientras muchos no sabrán lo que es estar sin mamá o papá, otros tienen que hacer espaguetis con pastilla de pollo o subir veintitantos pisos, por escalera, en las becas o residencias estudiantiles.

La tecnología, el gran aliado, si no se tiene lo mejor sería pensar que años atrás no existía y los profesionales actuales desconocían el sistema de WiFi, los Smartphone iPhone y Galaxy, y hasta de las modernas laptops.

Allí es donde se asumen los errores y no siempre se tendrá la mano en el hombro, mas, los verdaderos amigos son paños de lágrimas cuando en mitad de curso quieras dejar la carrera o veas que nada de lo que estudias en Gramática es lo que te enseñó la profesora emergente en el pre. Sin contar que las calculadoras científicas y los materiales para trabajar en los laboratorios químicos no siempre están al alcance, y de ellos depende avanzar en la asignatura.

No obstante, sugerimos que seas auténtico, tengas bien centrado tus propósitos y recuerdes siempre que tu meta es graduarte, fue por lo que elegiste cinco o seis años de sacrificio; si la idea era otra, no te aseguramos que la Universidad pase por ti, si no que pases tú por ella.

En las aulas te darás cuenta de que investigarás, interpretarás y crearás, en vez de reproducir o ser “mecánico”; querrás estar en los juegos deportivos, para llevarte a casa un pulóver con el nombre de tu facultad y saborear el metal de una copa de cultura.

Cultura de varias provincias del país, del chico vietnamita o de la muchacha boliviana; llevarás a tu hogar una historia diferente como primerizo, le contarás a tus padres cada día, en las vacaciones o en las llamadas telefónicas.

El primer curso en la Universidad es tal vez un colapso, pero tendrás presente que podría ser el nuevo comienzo para la larga travesía con obstáculos que depara la vida y, sin duda, puede ser el momento, después, como profesional, que querrás volver transitar.

YO “FRAUDO”, TÚ “FRAUDAS”, ÉL “FRAUDA”, ¿HASTA CUÁNDO “FRAUDAMOS”?

YO “FRAUDO”, TÚ “FRAUDAS”, ÉL “FRAUDA”, ¿HASTA CUÁNDO “FRAUDAMOS”?

La deshonestidad hoy día es uno de los elementos determinantes que conducen al deterioro de la calidad de la educación universitaria.

LAM NGUYEN THANH,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Dos estudiantes salen del aula después la Examen de Ingreso, en lugar de consultarse: “¿Cómo saliste?, ¿lo hiciste bien?, ¿cómo es la repuesta para las preguntas?”, se preguntan “¿Pudiste copiar de tu amigos?, ¿es tratable el cuidador de tu aula?, ¿te deja usar chivos?”. El fraude en el estudio ya no es un tema tan novedoso para la opinión pública, pero su manifestación es cada vez más obvia. Especialmente en la educación universitaria, tal vez, este problema no surge en tiempo académico sino desde los años de los niveles escolares anteriores.

Dice un chiste entre los jóvenes que la deshonestidad apareció muy temprano en la historia humana, casi en el mismo momento del nacimiento de escuela. Por eso, se hace un fenómeno cotidiano, un asunto tradicional e inevitable. Varios estudiantes hoy día no se dan cuenta de que el plagio y la colaboración en examen también son fraudulentos. Copian y pegan los textos de Internet sin indicar la fuente (y en realidad no lo usan como un fuente sino como lo que elaboran ellos mismo) y lo defienden porque es solo una parte de su “investigación profesional”.

Lamentablemente, conocemos estudiantes que aún no se sienten mal al hacer esto, sino que lo consideran una acción justa por la razón de que “todos a mi alrededor lo hacen”. Piensan que serían injustamente “desventajados”. Es irónico, pero de hecho, a veces quienes cometen fraude alcanzan mejor nota que los honestos. 

El escándalo develado en este febrero sobre el fraude en el examen de más de 1 200 alumnos de la universidad mejor del mundo, Havard, de Estados Unidos, prueba una verdad que no solo son los estudiantes de poca habilidad los que lo cometen, sino que los que “tienen la chispa encendida” también lo realizan para alcanzar la mejor nota. Esta vergonzosa manera se considera por muchos jóvenes una forma para conseguir su ámbito futuro.

Por muy legítimos que se asuman los objetivos de los estudiantes al realizar esta acción, es innegable que la deshonestidad en cualquier dominio es censurable. Si se quiere el cinco para el examen, ¿por qué no afincar en el estudio? El fraude en la prueba no es menos mal que la acción de robar. Y ¡qué lástima si la Universidad hoy día solo fuese un lugar donde se educaran ladrones!

Sin embargo, hay que mencionar que este mal hábito se establece desde los años anteriores de escuela, cuando los jóvenes siempre están sometidos a la presión de obtener buena nota, ir a la Universidad y complacer a sus padres. Aquí, una parte de la culpa pertenece a la familia. Además, la reutilización de las preguntas para examen de parte de los profesores, años por años, también es una condición favorable para este vicio. Una de las causas determinantes es que la sociedad contemporánea hace mucho caso al título académico y casi ignora la habilidad verdadera.

El fraude en el estudio es una enfermedad mundial, es grave, pero no significa que no haya tratamiento. Preguntémonos primero, los estudiantes de la Universidad: ¿estamos listos para coger una tres honrado o todavía añoramos un cinco fraudulento?

CON LA ADARGA AL BRAZO

CON LA ADARGA AL BRAZO

LESLIE ALONSO FIGUEROA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ingresar a la Universidad es de las sensaciones que esperan experimentar todos los jóvenes aspirantes a una carrera desde el preuniversitario. ¿Resultará sencillo enfrentar el primer año de estudio de la profesión que escogiste?

El comienzo siempre atemoriza, los principios te ponen en la disyuntiva de si lo lograrás, el cambio no se asimila con facilidad, la Universidad es una enseñanza distinta a las precedentes, es un mundo por explorar, es una experiencia para la vida.

El primer año universitario significa para algunos el desprendimiento del hogar; para otros la separación de los amigos de tres años de beca; la convulsa aceptación de la capital para los provincianos; la asimilación de nuevos profesores, carentes del paternalismo de los de años anteriores; la avalancha contra el bolsillo de los padres porque aumentan las necesidades y con ellas el estrago económico.

Este comienzo permitirá que decidas si quieres graduarte en la profesión que escogiste; si no erraste en la selección; si resistirás incansables noches de estudio, el rechazo a decenas de fiestas, la aceptación de nuevos amigos, distintos a los del pre, más maduros y no sabemos aún, si por ende, menos consagrados a la amistad.

Para los que vivirán durante cinco años en una beca este comienzo los hará apreciar la singular estancia en una residencia estudiantil, los días de limpieza, las noches con hambre, la añoranza por la casa y el calor humano, difícil de encontrar, pero cuando se halla es para toda la vida.

Los primeros meses no resultarán sencillos, dos largos períodos de exámenes finales romperán con tu fija idea de que un curso termina en julio y durante todo el año estás recibiendo las mismas asignaturas; ahora se llamarán semestres, y cada uno mostrará perfiles distintos de la profesión.

Los certificados médicos con los que tantas ausencias justificaste ya no servirán de mucho, si no cumples el porciento de asistencia a clases estás invalidado, solo a través de la revalorización conseguirás vencer la materia.

Las cientos de tesis discutidas al finalizar cada curso escolar son las más verídicas muestras de todos los que consiguen resistir esta larga batalla de cinco años. Quejarse solo debilitará la resistencia, emprender el camino será la arrancada para los que recién culminan sus exámenes de ingresos.

Hoy daré un consejo que aprehendimos de los grandes de la música, de los Beatles, todo en el mundo se mueve por amor, si la carrera que escogiste es la que realmente te apasiona ni el más convulso de los primeros años logrará detenerte. Solo debes, con la adarga la brazo, emprender la batalla.

 

DIME CON QUIÉN JUEGAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

DIME CON QUIÉN JUEGAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

LUIS A. AUTIÉ CANTÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde pequeño he escuchado que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. El béisbol cubano no solo ha estado tropezado ya varias veces, sino que quienes conducen su futuro poco o nada estaban haciendo para limpiar el camino de guijarros.

Aparentemente, alguna cabeza pensante de la Dirección Nacional de Béisbol se dio cuenta de que estamos en la parte descendiente de la curva, en cuanto a resultados deportivos respecta, pues, de golpe y porrazo, se han comenzado a implementar cambios dentro de nuestro pasatiempo nacional que hace unos años hubieran sido, cuando menos, escandalosos. ¿Apertura? ¿Sentido común? ¿Ambos?

Así las cosas, la decisión de permitir jugar en el béisbol rentado mexicano a los jugadores Michel Enríquez, Yordanis Samón y Alfredo Despaigne sorprendió a muchos, entre los que me incluyo. Lo “sui géneris” del asunto es que estos tres peloteros actuarán en la lid azteca mientras dure el período de inactividad en nuestro campeonato doméstico. Luego, cuando inicie, regresarán a Cuba para tomar parte en él. Nunca antes un jugador cubano había jugado a nivel profesional, para luego regresar y jugar en nuestra liga amateur. Dogmas más políticos que deportivos lo impedían.

En los primeros años de la Revolución se eliminó el profesionalismo de las disciplinas que se practicaban en la Isla, y se adoptó el amateurismo. No obstante, fuimos durante muchos años una potencia beisbolera a nivel mundial.

El equipo Cuba de los años 70 era prácticamente invencible. El de los 80 era bueno y ya el de los 90 dejaba escapar sus cositas. En el 2000 cedimos en la final de los Juegos Olímpicos de Sídney, nada más y nada menos que frente a la novena de los Estados Unidos. Un partido entre estas dos selecciones es considerado un clásico a nivel mundial. Con la derrota en tierras australianas comenzó el descenso beisbolero cubano.                                                 

El nivel del béisbol actual en el mundo ha crecido enormemente. Se pudo constatar en el pasado Clásico Mundial de Béisbol, donde equipos como España, China e Italia no solo participaron, sino que dieron muestras de que saben jugar pelota. Pero si miramos bien sus nóminas, están plagados de jugadores que juegan en el béisbol rentado.

El profesionalismo, si lo analizamos desde el punto de vista económico, puede ser bastante desagradable. El jugador se convierte en una mercancía, manejada a su antojo por los dueños de los equipos. No obstante, jugar en una liga profesional le permite enfrentarse a un béisbol con los mejores jugadores de todos los rincones del planeta. Cuando llega luego a un torneo como el Clásico, que reúne a las estrellas de este deporte, su desempeño es mejor, pues está acostumbrado a competir a ese nivel a diario.

La Serie Nacional, por sí sola, no alcanza. No logra desarrollar completamente el nivel de muchos de nuestros jugadores, que tienen talento suficiente para descollar en cualquier liga rentada foránea. Para lograr un aumento en la calidad, hay que jugar con y contra los mejores. El número uno ocupado por Cuba en el ranking de la  Federación Internacional de Béisbol Amateur (IBAF, por sus siglas en inglés) es tan solo un espejismo. Cuando se juega contra selecciones amateurs es fácil ganar. Pero a la hora de enfrentarse a equipos de verdad, con jugadores profesionales, todo es diferente.

Si jugamos contra la novena universitaria de Canadá todo sale de maravilla, victoria casi asegurada. Pensamos que por ganar ese partido somos mejores que ellos. Pero nos estamos engañando. El verdadero equipo canadiense está integrado ciento por ciento por jugadores profesionales. 

En el 2006, por ejemplo, la selección cubana que tomó parte en el Primer Clásico derrotó a la escuadra de Holanda con marcador de 15 anotaciones por 1. Luego, en el 2011, tan sólo cinco años más tarde, ese mismo equipo nos derrotó dos veces en el Campeonato Mundial, incluyendo el partido por la medalla de oro. Y en el 2013 volvimos a ser superados tres veces en todos los aspectos del juego por los holandeses. ¿Diferencia entre la Holanda del 2006 y ésta? El 80 por ciento de sus jugadores también se desempeñan en ligas profesionales.

En nuestro país se debería aplicar una norma similar a la usada en la Liga Profesional Japonesa, donde los jugadores, para poder firmar contratos con equipos foráneos, deben jugar un mínimo de seis años en su país.

Un equipo Cuba que tuviera en cuenta a los mejores atletas de la Serie Nacional y a los más destacados entre los “big leaguers”, sin duda sería un equipo temible. En lo que a mí respecta, bienvenida sea la apertura.

¿QUIÉN VIVE?… ¡CARIBE!... ¿QUIÉN VA?... ¡UNIVERSIDAD!

¿QUIÉN VIVE?… ¡CARIBE!... ¿QUIÉN VA?... ¡UNIVERSIDAD!

GABRIELA RODRÍGUEZ-LOECHES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Casi un siglo de existencia, digamos que de romance perenne, unión para toda una vida. Sucede que desde su génesis, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y el deporte como práctica física sana, y válvula capaz de oxigenar cuerpo y pensamiento, decidieron desposarse.

¿Cómo no hacerlo si el propio Julio Antonio Mella nunca apartó el ejercicio físico de su ideario político? Incluso, 12 meses antes de concebirse la FEU, Mella había desplegado su incansable accionar en terrenos atléticos. Por esas coincidencias del destino, enero devino mes crucial: en 1922 aparece la Comisión Atlética Universitaria y… a la vuelta de 365 días, el líder estudiantil, le “declaró” por primera vez la FEU.

Por iniciativa de la Comisión, el 15 de marzo de 1922 se inician las labores constructivas del Estadio Universitario, al dar simbólicamente el primer golpe de pico el rector de entonces, Carlos de la Torre. La obra es terminada en noviembre de 1939.

Así entonces, la Universidad, donde solo se practicaba rugby, atletismo, béisbol y baloncesto, ahora contaba con una instalación que desde los inicios fue sede de diferentes competencias y juegos, entre los que se citan los Juegos Intercolegiales, denominados Chichijos, Manicatos y Taínos.

La década del sesenta en Cuba fue sinónimo de cambio en todos los sentidos. La educación y el deporte no fueron excepciones. En 1962 se introduce la asignatura de Educación Física en las carreras universitarias, y surge la dirección de deportes, denominada Servicio de Educación Física, Deporte y Recreación (SEDER), nombre por el que también se le conoce al estadio.

Un año después, durante la celebración del primer Festival Deportivo Inter-Facultades de la Universidad de La Habana, en el recinto universitario se comienzan a denominar a estas competencias Juegos Caribe.

Sin embargo, hay que analizar qué es el estadio hoy y qué son los Caribe. La falta de protagonismo de los universitarios y el paulatino deterioro que ha venido experimentando el deporte cubano se hacen sentir en las gradas vacías de la instalación, que solo cobran vida durante el mes de octubre cuando unas competencias que tampoco son hoy lo que eran, dejan todo el campo cubierto de añoranzas.

La crisis deportiva va más allá de la Universidad; entonces es necesario preguntarse por qué cuando un grupo de jóvenes se reúnen a practicar fútbol ya no prevalece el afán deportivo, ni es el SEDER su campo más apropiado, o por qué cada año participan menos atletas en los juegos, o simplemente por qué no se puede en clases de Educación Física ejercitar el softbol o la carrera de velocidad con vallas.

La implementación de una política de mantenimiento y la colaboración entre los directivos de la Universidad y el INDER, pudieran ser algunas de las estrategias a seguir para que el tabloncillo de baloncesto, que en sus tiempos fue el mejor conservado de Cuba, lejos de perderse por completo, pueda seguir acogiendo a los estudiantes a la par de grandes exponentes del deporte cubano.  

Interrogantes nos sobran, pero lo que verdaderamente necesitamos es otra alma como Mella, que rescate la consigna de los jóvenes y nos recuerde: ¿Quién vive?… ¡Caribe!... ¿Quién va?... ¡Universidad!

EL ESPEJO DEL CAIMÁN

EL ESPEJO DEL CAIMÁN

JAVIER ROQUE MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El mundo es algo complejo y desequilibrado. Por muchas estadísticas y estudios que se realicen, comprender el desarrollo de la vida en la Tierra puede convertirse en tarea titánica, más cuando vivimos en una sociedad donde prevalece el pilar de la igualdad y donde a pesar de las carencias y las dificultades casi siempre se encuentran respuestas, razones por las cuales a veces somos incapaces de entender realidades ajenas.

La diversidad presente en el globo terráqueo es la causa de por qué resulta tan atractivo estudiarnos. Ser capaces de hallar las diferencias que rigen el desarrollo de la especie humana ayuda, más que a adquirir una cultura general, a ser autocríticos con cuanto se desarrolla en nuestras narices. 

Me cuento entre las personas que gustan de las curiosidades, y buscando y buscando encontré en la red de redes un interesante artículo titulado El mundo en miniatura (www.ultraguia.com.ar). Según el documento, resulta que si se pudiera reducir la población mundial a solo cien personas, manteniendo las actuales proporciones que rigen la vida en el planeta, serían 57 asiáticos, 21 europeos, 14 del hemisferio oeste (tanto norte como sur) y ocho africanos. 52 de ese centenar serían mujeres y 48, hombres, mientras que 30 tendrían la piel blanca y, curiosamente, solo igual número practicaría el cristianismo y sería capaz de leer.

Si seguimos indagando en las matemáticas que administran a este “grupo de ensayo”, encontraríamos que 89 individuos serían heterosexuales y 11 homosexuales; seis  norteños poseerían el 59 por ciento de todas las riquezas a la vez que 80 de los restantes vivirían en condiciones infrahumanas, de los cuales 50 sufrirían de malnutrición. Una persona estaría a punto de morir y un bebé a punto de nacer, quien posiblemente pudiera convertirse en el único del grupo con estudios universitarios y computadora personal. ¿Curioso, cierto?

Sin embargo, cuando aterrizamos en nuestro entorno más cercano nos topamos con una realidad que, aunque no perfecta, nos convierte en privilegiados. A pesar de que el caimán pueda tener algunos problemas de solvencia a la hora de desembolsar el bolsillo, las soluciones a nuestros problemas más inmediatos siempre aparecen, aunque no todas las veces dos más dos sumen cuatro.

Cuba cuenta con servicios médicos altamente especializados y gratuitos y con uno de los índices más bajos de Latinoamérica en cuanto a pobreza y pobreza extrema, razón por la cual podemos considerarnos más afortunados que millones de personas en el mundo que mueren diariamente por falta de una adecuada atención médica o de acceso a agua potable y alimentos imprescindibles.

También tenemos la dicha de poseer bajísimos niveles de mortalidad infantil, más bajos en ocasiones que los de países desarrollados como Estados Unidos y Canadá. Aunque seamos una nación con muchas dificultades, económicas y no económicas, tenemos la grandeza de compartir nuestros conocimientos y logros con aquellos que lo necesitan, haciendo gala de los más fundamentales principios de humanidad y solidaridad. Por esta razón, la mayor de Las Antillas se ha ganado el respeto y la admiración del mundo, al demostrar que con poco, mucho se puede hacer.

Pero no solo podemos considerarnos victoriosos en el campo de la salud. La educación ha sido una meta desde el principio de la Revolución, y con unos niveles educacionales bastante altos somos más bienaventurados que dos mil millones de personas en el mundo que no saben leer ni escribir.

Los cubanos somos libres de elegir religión y conducta sexual, razón que nos coloca por delante de otros tres mil millones que sufren todo tipo de discriminación. Igualmente tenemos la suerte de no haber visto nublado nuestro cielo con aviones de guerra desde Playa Girón, ni sufrir las consecuencias del encarcelamiento injustificado, las torturas o la represión de las fuerzas armadas, a diferencia de 500 millones que diariamente temen salir de sus hogares.

El Estado se preocupa porque tengamos lo necesario para alimentarnos  y un techo sobre nuestras cabezas a la hora de dormir, hechos ambos que nos hacen más ricos que el 75 por ciento de la población mundial, que tiene que apañárselas como puede para subsistir y dar de comer a sus pequeños. 

Los citados son solo algunos ejemplos de los aciertos del proceso cubano, que, aunque en ocasiones no ha tomado el camino correcto, las más de las veces ha sabido o al menos ha intentado enmendar sus errores. Entonces, si dentro del famoso grupo de los cien hubiera un cubano, quizá no fuera de los más ricos monetariamente, pero creo que podemos concordar en que sería de los más felices y realizados.

Es innegable que vivimos en una sociedad con muchos desaciertos y donde queda mucho por hacer, pero a veces relegamos, sumergidos en nuestras propias interrogantes, que Cuba ha hecho grandes cosas en materia humana, y aunque miremos a nuestro alrededor y encontremos carencias por doquier, nunca debemos olvidar que, con complicaciones o sin ellas, somos el espejo en que muchos se miran.

PONER OJOS Y OÍDOS AL LLAMADO DE LOS CLIENTES

PONER OJOS Y OÍDOS AL LLAMADO DE LOS CLIENTES

JAVIER DIEZ MINIET,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace unos meses era noticia en nuestros medios de prensa la sustitución de la Asociación de Transporte por Ómnibus (ASTRO) por la actual Empresa de Ómnibus Nacionales (EON), la cual aspira estar a la altura de las nuevas políticas de reordenamiento económico en Cuba.

En ese caso, Roberto Ricardo Marrero, director general de la nueva entidad,  explicó a la prensa que en el primer semestre trabajarían en la confección del expediente de perfeccionamiento empresarial, en el reglamento interno y los contratos, sobre los cuales debe ganarse en cultura.

Para el segundo, los esfuerzos se concentrarían en el fortalecimiento y la certificación de la contabilidad y el control interno, tareas que desde inicio de año no han  descuidado.

Sin embargo, constantes quejas, cartas a la redacción de los medios nacionales y experiencias de los clientes, demuestran que persisten los malos servicios durante el viaje.

Y es que pagar, en el caso de recorrer ida y vuelta desde La Habana hasta Santiago de Cuba, casi el ciento por ciento de un salario, requiere un servicio de calidad, optando, la entidad encargada, por la eficiencia y eficacia que ameritan estos tiempos de cambios económicos y sociales.

Las carencias económicas que dispone la empresa -dígase que la mayoría de los ómnibus de larga distancia no disponen de set de televisión o al menos algo de música para hacer un poco entretenida la extensa estancia en los incómodos medios-, eso para no tener que depender de música alta en los celulares y, en ocasiones, de vulgar procedencia, entre otras. Pero todo ello no es motivo para el trato descortés hacia los clientes.

En no pocas ocasiones los choferes de las rutas no están del mejor humor o, tal vez, ese día amanecieron con problemas en casa, razón insuficiente para dirigirse a los clientes de manera grosera o incorrecta, quienes arrastran cansancio, esfuerzo por viajar y las extensas “colas” para conseguir el boleto.

Enumerar las deficiencias en los servicios y, aclaro, basadas en experiencias de múltiples clientes, sería cuestión del espacio que no dispongo en este trabajo, mas, algunas sí requieren ser mencionadas, en ese caso, los servicios sanitarios casi nunca se encuentran en funcionamiento, y aunque las guaguas tiene muchas paradas en las cabeceras provinciales, el organismo humano es incontrolable, sobre todo para los que padecen de enfermedades urinarias.

Las paradas, en momentos realizadas fuera de lugar y en espacios donde el bolsillo no alcanza para comprar alimentos, puesto que las paladares y cafeterías particulares de las carreteras no tienen precios asequibles para todos.

Reestructurar, también, la calidad de los servicios en esa entidad queda en manos de las nuevas direcciones de trabajo. Un llamado está hecho para choferes, directivos y clientes. Estos últimos, también incurren en indisciplinas sociales que deterioran, posteriormente, la calidad de los servicios de los medios de transportes más utilizados en Cuba.