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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

LA ERA DE HIELO

LA ERA DE HIELO

SUSANA GÓMEZ BUGALLO,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Aunque por el título usted crea que hablaré de la gustada película de animados que recrea esa era prehistórica, mis palabras van por estos días. Van por ese empecinamiento propio de combatir todo lo que enfría las relaciones interpersonales directas, en esta época abarrotada de adelantos y atrasos. Una época en la que el hombre inventa los robots para luego inclinarse ante ellos.

La idea de aplastar la tecnología surgió ante la pantalla de una laptop. Era un 24 de diciembre como tantos he pasado en familia. La ansiedad por compartir chistes acumulados, conversar sobre las noticias personales o integrarse al mínimo juego infantil desbordaba los ojos de todos.

Comimos apurados, deleitándonos con la ansiosa espera de los momentos tan deseados. Y llegó alguien con su genial idea. ¡Les voy a poner unos “videítos” para que se diviertan! Todos encantados. Estupendas y asombrosas imágenes se apropiaron del entorno. Nos reímos. Descubrimos increíbles situaciones del mundo exterior.

Y el mundo nuestro quedó en las tinieblas. Esas familiares charlas que siempre nos habían convertido en “nosotros”, se escondieron bajo la mesa para dejar triunfar a la aislada individualidad de cada uno que contemplaba ensimismado la realidad traída por los videos.

La noche se hizo madrugada. Llegó el cansancio y la despedida. Nos apartamos igual que antes. Mi primo no supo de mis experiencias en los estudios. Mi abuelo ignora que su nieto menor aprendió a leer. Todos atendimos como esclavos a la pantalla reina de la noche. Y la vida real quedó en planos secundarios.

Un concierto inigualable, la primera palabra del bebé, el viaje a la playa… en la inquieta agonía de guardar los momentos, algunos olvidan vivirlos. Es cierto que recordar es volver a vivir, ¿pero eso quiere decir que solo puedan sentirse los momentos por las fotos o los videos? De esa forma no se aprovechan al doble: se estropean al múltiple.

Un teléfonomaniaco con móvil en mano: si está con su novia, le marca al amigo lejano; si lo acompaña el socio, le dedica llamadas a su primo de Oriente. No sé qué hará el pobre cuando esté con todos juntos. ¡Qué aburrimiento debe sentir!

Mis mejores amigos son informáticos y nunca me han perdonado estos razonamientos. Suelen reírse de mí cuando me hago la ermitaña y renuncio a las ventajas que también nos dan los avances tecnológicos.

El problema es que no me gusta exagerar. Me apego al razonamiento de Fernando Martínez Heredia en una de sus magistrales conferencias: que la tecnología sirva para acercar lo que tenemos lejos y no para alejar lo que tenemos cerca.

Resulta casi absurdo que dentro de la misma Facultad de estudio, centro de trabajo o pueblo, las personas se comuniquen por vía electrónica debido a la poca voluntad de acudir al encuentro físico.

Aludiendo al dúo Buena Fe, “el sentimiento no se puede clonar”. El agitado estilo de vida nos sumerge a la fuerza en la frialdad tecnológica. Si no hay otra vía, úsela. Pero si tiene la posibilidad, visite a sus amigos. No es igual leer “ja ja ja” que verlos sonreír.

 

EL SILENCIO DE LAS RUINAS DE TIWANACU

EL SILENCIO DE LAS RUINAS DE TIWANACU

ALEJANDRO MADORRÁN DURÁN,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las culturas de la América precolombina permanecen envueltas en una inmensa capa de misterio. Los conquistadores españoles se encargaron, o al menos propusieron, borrar todo vestigio de la “barbarie” de los primeros habitantes del continente americano.

El desprecio de los ibéricos, unido a las pugnas de los belicosos aborígenes y los desastres naturales, contribuyeron a desaparecer civilizaciones enteras; lo que sabemos hoy sobre esas culturas es una homogénea mezcla entre mito y realidad.

El imperio inca, cuya capital era Cuzco, considerada por sus habitantes como el centro del mundo, erigió enormes construcciones que retaron al paso del tiempo y conservan hoy su majestuosidad. Pero no han sido sus templos los únicos vencedores del olvido, pues misterioso, traspasado de generación en generación, su origen guardado como un secreto, el idioma aimara ha llegado a nuestros días como una lengua viva, usada aún por más de un millón de habitantes de los actuales países Perú, Bolivia y Argentina.

El pueblo incaico hablaba el quechua como idioma común, mas sus élites sociales y el propio Inca, usaban el aimara. Según cuentan las leyendas recogidas por los cronistas españoles, este era un dialecto de cualidades mágicas.

Ese lenguaje no surgió en el propio imperio. Las suposiciones más compartidas aluden que el idioma fue introducido por los yatiris, quienes eran sabios y consejeros del jefe supremo inca, descendientes directos de una civilización erigida alrededor del lago Titicaca.

Los yatiris, según esta corriente, provenían de la ciudad de Tiwanacu. Civilización mucho más antigua que la inca, de la cual los españoles cuando llegaron a América solo encontraron las ruinas de sus templos.

Los expertos señalan que fueron los incas quienes conquistaron a los tiwanacotas. Poco se conoce de esa cultura milenaria. Las investigaciones arqueológicas revelan que dominaban el uso del bronce. Solo quedan algunas construcciones como el monumento La puerta del sol, expresión del carácter religioso de culto a los elementos naturales.

El arqueólogo Arthur Posnansky afirmó que Tiwanacu era la cuna de todas las civilizaciones de la América precolombina. Una conclusión bastante radical si tenemos en cuenta el gran número de etnias aborígenes, pero sin ser del todo descabellada, pues esas ruinas arqueológicas son de las más antiguas de Sudamérica.    

Si bien, la ciudad de Tiwanacu es un misterio sin develar, el aimara oculta también incógnitas que por años han fascinado y seducido a los lingüistas.

Tal es el caso del semiólogo Humberto Eco, quien en su libro En búsqueda de la lengua perfecta, publicado en 1994, escribió: "El jesuita Ludovico Bertonio publicó en 1603 un Arte de lengua aymara (…) y se dio cuenta de que era una lengua de una extraordinaria flexibilidad, dotada de una increíble vitalidad para crear neologismos, especialmente adecuada para expresar abstracciones, hasta el punto de infundir la sospecha de que se tratase del efecto de un «artificio».

El aimara tiene como base de su gramática una serie de raíces (lexemas), a las cuales se agregan sufijos para ampliar su significado. La posibilidad de tener una amplia gama de construcciones de palabras, dotan al idioma de una gran facilidad para articular cualquier idea, resultando útil en la expresión de abstracciones filosóficas.

Humberto Eco sospechó que el aimara pudiera ser un artificio, algo creado por el hombre y no un resultado de la evolución. Su estructuración mediante raíces y sufijos es comparable con el Esperanto, idioma elaborado en el siglo XIX por el doctor polaco Zamenhof. Similitud que abre nuevas interrogantes sobre el origen de esa lengua.

Otro de los estudios sobre el tema se encuentra en el libro La lengua de Adán, escrito en 1860, por Emeterio Villamil de Rada. Este autor contempla la suposición de que si alguna vez existió una lengua madre o tronco de las demás, sería el aimara, por su utilidad en la expresión filosófica y su antigüedad.

Este idioma ha sido, también, fuente de inspiración para escritores de aventuras históricas como la periodista española Matilde Asensi, quien publicó en 2003, El origen perdido, donde el aimara es comparado con un lenguaje de programación. 

Un hombre se encuentra muerto en vida por el efecto de unas palabras (el aimara) que puede controlar la mente. Su hermano, hacker informático tratará de encontrar una cura lejos de la medicina, lo cual lo conducirá a la búsqueda de una civilización perdida, la cultura de Tiwanacu. Esa es la sinopsis del libro, donde la ficción y  la realidad, están delimitadas por una fina línea.
  
El dialecto continuará siendo un enigma para los investigadores, uno de esos misterios que provoca las ansias de los aventureros. Es posible que el verdadero origen del aimara permanezca oculto entre las ruinas de Tiwanacu, tal vez, su secreto lo conozcan algunos habitantes de Perú y Bolivia, descendientes de esa cultura milenaria, quienes como celosos guardianes protegen el legado de sus ancestros.

 

EL PRIMER PASO PARA CUMPLIR UN SUEÑO

EL PRIMER PASO PARA CUMPLIR UN SUEÑO

THU TRAN LE ANH,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada persona tiene una etapa en que lucha con la dificultad, especialmente en la vida universitaria, el primer año en la Universidad es un punto de referencia inolvidable en que las nuevas relaciones siempre están paralelas al estudio. Las buenas calificaciones que se obtenían con facilidad en el preuniversitario, al llegar a la Universidad se vuelven más difíciles.

Vemos la emoción de los estudiantes de primer año porque pasaron bien las pruebas de ingreso y ya están en la escuela de sus sueños. Saben que las cosas están cambiando, pero no tienen mucha experiencia, por eso, no fijan exactamente lo que hay que hacer. El tiempo pasa volando y pierden los conocimientos fundamentales en las primeras clases. Esto les sucede también a los estudiantes extranjeros. Entonces, ¿qué hacen en esis momentos los chicos?

Generalmente, algunos estudiantes de primer año utilizan la mayoría del tiempo para participar en todas las actividades y casi no se preocupan mucho como hicieron en el preuniversitario. Una pregunta: ¿por qué? Porque piensan que los trabajos pueden hacerse al momento, porque están sobrestimando sus capacidades en las asignaturas. Pero, casi todas estas asignaturas de primer año son las más importantes y sirven el fundamento a las de los años siguientes. Eso no significa que ellos no estudian nunca, es que no estudian con el entusiasmo para ser profesional.

Casi siempre estos son sus pensamientos: “¡Vamos a sacar las notas más o menos y es suficiente!”. El resultado entonces es perder el interés, el entusiasmo y hasta el reto de la carrera que soñábamos. Imagínense, esos jóvenes que viven sin pasión, sin propósito, es como luchar en una guerra sin sentido de patria.

Después al avanzar en la carrera, a las alturas de tercer año, es común que los estudiantes se pregunten “¿por qué estudiamos aquí?” o “¿qué estoy haciendo para esta vida?”.

Entonces, para desarrollar y realizar el sueño que teníamos, tenemos que saber exactamente cuál es la diferencia entre las escuelas de la educación intermedia y la Universidad que decidimos. No es como la primaria con las primeras calificaciones ni el preuniversitario con las primeras decisiones; la Universidad quizás te exija cambiar todo y desde primer año hay que elegir bien un estilo de estudiar y también de relacionarse para continuar con éxito.

Claramente, eso es otro mundo con un nivel de conocimiento más profesional, con los trabajos más exigentes, con los profesores quienes son almacén de conocimiento y con los compañeros que vienen de todas las partes del país con mucho ánimo. Intentemos aprender mutuamente, de los amigos, de los profesores, de las experiencias que pasamos. La Universidad es un ambiente en que todo el mundo trabaja duro para experimentar las cosas más interesantes en la vida.

Para responder dónde encontramos la diferencia entre el preuniversitario y la Universidad, necesitamos vivir nosotros mismos para distinguir directamente las experiencias. El primer año en la Universidad es el primer paso en nuestro camino de la profesión. Por eso necesitamos encaminarnos y aprender de la escuela, muchos aspectos de la vida como mantener la labor y las relaciones al mismo tiempo para que no dejemos pasar el tiempo de la juventud, el tiempo de la Universidad.

EL RETO DE UN MUNDO NUEVO

EL RETO DE UN MUNDO NUEVO

Hoy, en la sociedad moderna, parece que la Universidad es un entorno perfecto para los jóvenes; sin embargo, quedan algunos obstáculos en el primer año que todavía muchos no saben.

ANH NGUYEN HAI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Universidad es un ambiente que ayuda a que los jóvenes puedan desarrollarse completamente en cuanto al conocimiento y la personalidad. Por tanto, la educación universitaria es un problema que necesita la preocupación especial de toda la sociedad. En realidad, los estudiantes de primer año encuentran varias dificultades en el estudio en un ambiente nuevo. Los obstáculos pueden surgir desde diferentes razones: por los profesores, la misma Universidad, la familia y por los alumnos.

Algunos estudios en Cuba, en particular, y del mundo en general, muestran que los obstáculos que comienzan por los estudiantes mismos ocupan una gran tasa. Al principio, todavía no estamos acostumbrados a trabajar en un entorno desconocido, por eso, no podemos organizar el tiempo lógico para estudiar y desarrollar también las actividades cotidianas; o no tenemos habilidad en el trabajo grupal y autoestudio. Esta situación afecta directamente en la capacidad de percibir los aprendizajes de los alumnos en la clase. Por otro lado, nos faltan los conocimientos acerca de la carrera escogida, por esta causa, no aprendemos el sentido real y práctico de las asignaturas. Entonces se reduce la inspiración de estudio de los jóvenes.

Otra razón más específica parte desde los profesores. En primer lugar, sus exigencias con algunas asignaturas son más altas que la capacidad de los estudiantes, lo que conduce a la realidad de que nos sintamos nerviosos y suframos estrés desde muchos lados. En segundo, algunos educadores no destacan la importancia de la asignatura, ni crean la inspiración para los estudiantes en la clase. Más allá, les faltan el apoyo y la preocupación en el proceso educativo mientras los alumnos de primer año encuentran muchas dificultades con el método de enseñar y estudiar en la Universidad. Por eso, la calidad al adquirir los conocimientos no tiene un resultado absoluto.                     

Sin embargo, primer año no tiene totalmente situaciones desfavorables, al lado de ello, nosotros también posemos numerosas facilidades en el entorno académico. La mayoría de los alumnos tienen buena conciencia y disciplina en participar en las clases. Nos gusta la carrera que escogemos, por lo tanto, nos interesa descubrir lo nuevo. Además, las condiciones que se establecen por la escuela como la biblioteca llena de libros y los materiales necesarios sirven bien para los jóvenes. Especialmente, tienen la oportunidad de trabajar con los profesores, quienes poseen nivel alto y la prioridad de utilizar las nuevas tecnologías.

En conclusión, en cada desafío, las dificultades siempre van paralelas a las ventajas. Lo más importante es la manera de enfrentarlas y vencerlas. Entonces, la vida de un estudiante de primer año en la Universidad no es un caso excepcional, pero necesita la combinación estrecha de la familia y la escuela y la preocupación pertinente entre la sociedad para disminuir los obstáculos de los jóvenes.


 

EL COMIENZO DE LA ODISEA

EL COMIENZO DE LA ODISEA

JAVIER ROQUE MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada año por esta fecha un tema en particular se roba la atención de los más jóvenes de casa, e incluso, la de los no tan jóvenes. Las pruebas de ingreso a la Educación Superior suponen todo un reto para aquellos que pretenden impulsar el desarrollo de la sociedad desde las trincheras de los números o las letras, y el inicio de lo que se convertirá en una verdadera odisea estudiantil.

Superar los exámenes de Matemática, Español e Historia de Cuba solo marca el comienzo de una época dorada, pero difícil, en la vida de los jóvenes. Entrar a la Universidad es el sueño de miles de muchachos y muchachas a lo largo y ancho del país, un sueño que conlleva horas de estudio, entrega y sacrificio.

Los primeros diez meses de vida universitaria constituyen una experiencia única. Nuevas amigos y profesores, asignaturas y materias desconocidas, trabajos y seminarios desde el primer día, conferencias, fórums, copas de cultura y deporte, fiestas y campismos, prácticas laborales para algunos, cursos extraescolares, estancia en becas para los que estudian fuera de su ciudad e interminables esperas en las paradas de ómnibus, hechos que acuñarán las rutinas de un nivel de enseñanza distinto del resto.

Desde el primer día ya se nota la diferencia respecto a la primaria, la secundaria, el preuniversitario o el técnico medio. El ascenso de la escalinata de la Universidad de La Habana o la llegada a la UCI o la CUJAE, por solo citar algunas, son de por sí vivencias inolvidables. Atrás quedan, para la mayoría, los uniformes y las restricciones ante determinados cortes de cabello o el uso de aretes y piercings.

El primer año sirve de puente para conocer a estudiantes extranjeros con los que compartir cultura, tradiciones y conocimientos. Es también el espacio para comenzar a mirar el mundo desde una perspectiva más adulta y forjar una línea de pensamiento acorde con los principios que dictan la institución y las organizaciones universitarias.

Este nuevo ciclo en la vida juvenil, más que aportar el conocimiento de asignaturas especializadas y enfocadas en el campo profesional elegido por cada quien, brinda a los educandos las bases de una concepción ideológica fruto de decenas de generaciones, en las cuales la honestidad, la solidaridad, el apego a la superación y el amor a la Patria prevalecen por sobre las demás.

Pero el paso por el primer año de la Universidad no es solamente cosa de jóvenes. Gran parte de su éxito en las respectivas carreras se debe al apoyo incesante de los miembros de la familia. Hay muchas asignaturas que conllevan materiales o bibliografía que el centro docente no puede suplir y son los padres quienes buscan facilitar el difícil camino al que se enfrentan sus hijos.

Sin embargo, los dos primeros semestres de la vida de academia, aún con extensos trabajos investigativos, las horas frente a los libros y libretas, las carencias y los apuros de último momento, dejan su marca en el corazón de cada alumno. Vivir ese año aprovechando cada minuto y cada experiencia, aprendiendo de cada profesor y compañero, es la experiencia más grata que se puede guardar del que posiblemente será un curso inolvidable.

 

CUANDO NO SER ES MEJOR

CUANDO NO SER ES MEJOR

ALEJANDRO ROJAS ESPINOSA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La vulgaridad se ha extendido por nuestro país, y me atrevería a decir que no solo en la juventud. La sociedad cubana cada vez se deteriora más y en cualquier parte se puede escuchar, ver y hasta sentir la chabacanería tan de moda.

El modelo de vida actual, que indiscutiblemente está ligado a las nuevas tecnologías, no deja mucho espacio a las censuras. Es por eso en gran medida que la música, principalmente el reguetón, se esparce por nuestras calles con mensajes de mal gusto y que a la mayoría no agrada, aunque sí afecta a todos por igual.

Las personas de la tercera edad culpan incansablemente a los adolescentes de no hablar, ni actuar bien, pero ellos son parte del conflicto también, pues dan a la comunidad como perdida, sin arreglo, y no auxilian a los más jóvenes que, sin duda, reflejan el día a día.

De acuerdo con el diccionario, «vulgar» significa que carece de distinción o novedad, que pertenece al vulgo, y este último se califica como el estrato inferior de la población considerado como menos culto y más ordinario o tosco.

¿Cómo es posible entonces que Cuba se vea afectada por este fenómeno si la educación es un derecho que tienen los ciudadanos? El quid del asunto tal vez sea darse cuenta de que existe tal problema y no verlo, ni tratarlo, como algo normal.

Ya la grosería llega a tal punto que no se sabe cuándo incurrimos en los malos hábitos, porque están presentes en casi todos los lugares, desde las escuelas y sedes laborales, hasta los centros recreativos y los hogares.

Aunque este mal social pueda parecer un caos, pero entre todos se puede lograr, si no su eliminación, al menos su disminución.

Algunas medidas pueden ser la crítica constante a los principales productores de los malos hábitos, a músicos, quienes por tal de ganar fama hacen uso incorrecto del lenguaje para que «peguen» sus canciones. Estos, muchas veces incluyen las «malas palabras» de las que tanto se habla, y lo mas alarmante es que se repiten cada vez con más frecuencia.

Otra de las regulaciones pudiera ser crear anuncios que fomenten el aprendizaje de las reglas de comunicación desde los hogares y ponerlos con más frecuencia en la programación televisiva y radial; hacer un llamado especial a los maestros de las escuelas, para que mantengan, se comporten y se preparen como es debido, además de atender el modo de expresar de sus educandos y el de ellos mismos, que a veces no es el más correcto.

Con críticas y acciones rápidas conseguiremos rescatar, poco a poco, lo lindo de la lengua materna, en la cual sobran frases hermosas para describir cuanto nos rodea. Encaminarnos nuevamente por el sendero de la educación y los buenos modales, debe ser la bandera de lucha. En este caso entre ser o no ser vulgares, lo mejor es la segunda cuestión.

DEBUT UNIVERSITARIO

DEBUT UNIVERSITARIO

RAYMON DARIEL RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ser de primer año en la Universidad es un poco complejo y lo sabemos muy bien los que hemos pasado por esto. Debemos dejar atrás por primera vez los uniformes del pre y con estos los últimos momentos de adolescencia que nos quedaban por gastar: ya somos jóvenes y universitarios. Entonces comenzamos a subir la ancha, larga y empinada escalinata que nos conduce al futuro.

El primer día es irrepetible, conocemos aquellos que serán nuestros amigos o simplemente compañeros de aula durante cinco años, empezamos a independizarnos y a tener más responsabilidades: a ser más libres. Llegan los profesores, algunos magníficos y otros no tanto, rápidamente asoman su cuerpo numérico los primeros “dos”, pero no muy lejos vienen también los “tres”, los “cuatros” y, más tarde, los “cincos”.

El cambio de sistema de enseñanza es uno de los principales problemas que enfrentaremos, aparecen las conferencias y la lectura de 100 páginas en una madrugada. Nos iniciamos como integrantes de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria), le “echamos el ojo” a alguien que nos guste, cobraremos por primera vez, e incluso algunos tenemos que aprender a cocinar y a lavar como parte de las tareas del hogar que nos impone el estar lejos de la familia.

Paulatinamente nos vamos acostumbrando al nuevo ritmo de vida universitaria. Es normal sentir que el tiempo transcurre muy lento durante las clases y que el receso se va “volando”, las tareas parecen interminables, comienzan las dudas y aunque casi no nos queda tiempo para divertirnos, inventamos la forma de salir y pasarla bien. Desde un desamor hasta un mundial, cualquier cosa puede pasar durante el primer año de la Universidad.

Pero, a pesar de las dificultades, se abre ante nosotros una puerta hacia el mañana. Pocos en el mundo tienen el privilegio de los universitarios cubanos que no pagan ni un centavo por la educación que se les brinda; sin duda, una oportunidad para aprovechar al máximo.

Siempre habrá alguien que se rinda por el camino o que decida probar con otra carrera diferente, pero para aquellos que nos quedamos, la batalla continúa y cada nuevo año hay retos de supervivencia. Más allá de la cotidianidad de las clases, el estudio y las notas; la Universidad es como la vida, donde lo importante yace en luchar por lo que quieres y pasarla bien.

Al alcanzar los últimos días del primer año, aquellos completos desconocidos de hace diez meses son buenos amigos, los “cincos” llegan más fácilmente y ya no se nos queman los frijoles.

Y aunque al final del curso dejemos de ser los novatos y los principiantes, extrañaremos un poco el año que debutamos como universitarios.

LAS CONTRADICCIONES DEL “CORTA Y PEGA”

LAS CONTRADICCIONES DEL “CORTA Y PEGA”

LUAR LÓPEZ DE LA OSA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El fraude académico se ha convertido en un fenómeno cotidiano, pues son muchos los estudiantes universitarios que lo aprecian como un medio necesario para obtener buenos resultados en las evaluaciones. Copiar frases de artículos provenientes de Internet para la realización de trabajos docentes es una de las formas más extendidas entre los jóvenes de cometer esta fechoría. 

La web es un medio de acceso a información proveniente de cualquier parte del mundo y, como tal, constituye un recurso para el aprendizaje de los estudiantes. Ella contribuye al intercambio cultural y de conocimientos.

Visto desde otra perspectiva, el ciberespacio también es una vía de los universitarios para realizar plagio. Parece muy fácil reproducir información de otros trabajos investigativos sin adjudicarle la debida referencia y no tener en cuenta la implicación ética al realizar este engaño.

Por el incremento diario del número de publicaciones, en ocasiones es muy difícil para los profesores detectar el origen del plagio. Por tanto, muchas veces la práctica de esta irregularidad no se descubre.

Los estudiantes se mienten al cometer estos actos, pues al no cumplir con las exigencias docentes, están condenándose a un fracaso profesional. Demostrar falsamente habilidades y conocimientos constituye un atentado a la honestidad. La excusa de “no afecta a nadie, solo a mí si me cogen” va contra la moral.

Durante la realización de exámenes también se manifiestan otras formas de engañarse académicamente como esconder en las ropas papelitos con posibles respuestas al test, intercambiar mensajes en los celulares con las respuestas y escribir resúmenes, fechas o fórmulas en los muslos.

El actual reglamento universitario sanciona el fraude hasta con la expulsión del sistema educativo por considerarlo una de las faltas éticas más graves. Pero la posibilidad de separación por tres, cuatro o cinco cursos no es un freno para los fraudulentos.

Desde la secundaria y el pre proviene el hábito del fraude y de alcanzar buenas notas con un mínimo de esfuerzo. Allí se establece el engaño de los profesores al simular que los alumnos aprenden cuatro veces más cada vez que pasan de grado

También se generaliza la idea de que el maestro debe decir “esto es lo que va a la prueba, así que apréndanselo de memoria”; y si no existe tal corruptor de conocimientos se busca a un instructor particular que prepare para el examen. En fin, es más importante la nota, no el sacrificio por alcanzarla.

Como célula fundamental de la sociedad, la familia debe influir en la formación de un escolar honesto, sacrificado. A los docentes les corresponde promover el pensamiento de que una evaluación no determina la calidad de un alumno.

Debemos unirnos al llamado de extirpar el fraude de las aulas cubanas, como lo hizo el fundador de la revista Alma Mater, Julio Antonio Mella, en el Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes, en 1923.