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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

LA CUESTIÓN

LA CUESTIÓN

EDUARDO PÉREZ OTAÑO,
estudiante de cuarto año de Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Llegó entre los últimos y tomó asiento, como es lógico, en la tribuna. Arrastró su silla con todo el buen arte que se puede aplicar al monótono acto de arrastrar una silla y se sentó. Cubrió la mesa -hasta entonces vacía- de todo, de notas, planillas, cuartillas llenas de asociaciones infinitas de veintiséis letras.

Asumió su postura oficial, la de siempre, la esperada por el auditorio. Acomodó el micrófono, lo volvió a desacomodar: acto repetido doce veces, esto con toda seguridad y elegancia, con maestría absoluta.

Garraspó, tosió, tomó agua. Colocó el vaso a veinticinco centímetros de la esquina de la mesa antes vacía, ahora apenas con espacio exacto para el vaso ya mencionado. Un poco a la derecha, unos centímetros a la izquierda: precisión milimétrica. De ser comprobado se llegaría a la conclusión de que... nunca antes maestro alguno de la geometría del espacio ha logrado tal habilidad.

Se dispuso a hablar: sucesión terrible de fonemas enlazados para formar sílabas, palabras, oraciones, párrafos, incoherencias tan bien organizadas que dejaron impresionados al auditorio. Los temas eran con sumo interés repetidos por enésima ocasión consecutiva. Aún tratamos de confirmar este dato en los archivos personales de quien tan magistralmente hace uso de la lengua, pero nos ha sido imposible certificar tal afirmación.

El auditorio había asistido, vale aclararlo, con todo interés personal. Nunca antes ni después se supo de presión alguna. La voluntad por sobre todo prevalecía en la sala y también la expectación. Ya llegaba el discurso a su mejor momento. El público prorrumpió en aplausos insistentes. Repitió la misma frase, hacia atrás y hacia adelante unas tres veces, no más para no perder la genialidad. Silencio total.

Unos años más tarde -también nos quedaremos en deuda en tal caso- concluyó el insuperable discurso. El auditorio amaestradamente saltó de sus asientos. Gritó. Coreó frases de alegría. Agradecieron personalmente en la medida de lo posible. Según cuentan, algunos lloraron, otros se desmayaron. Solo entonces, La Cuestión fue feliz.

COMENZAR DESDE LA CASA

COMENZAR DESDE LA CASA

LIZ CARIDAD CONDE SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de la Habana.

Cuando los resultados de la selección nacional de beisbol de Cuba comenzaron a decaer luego del segundo puesto obtenido en el Primer Clásico Mundial en 2006, especialistas del tema y directivos de ese deporte en la Isla manifestaron reiteradamente la necesidad de permitir la inclusión de peloteros cubanos en ligas foráneas con el propósito de mejorar la calidad de nuestro pasatiempo nacional a partir de las experiencias adquiridas en el extranjero.

Finalmente, en septiembre de 2013 la Comisión Nacional de Beisbol autorizó las contrataciones de jugadores en el exterior. Desde entonces, un total de 22 peloteros han sido registrados en países como Japón, México, Canadá y Colombia.

Sin embargo, la actuación en eventos internacionales del equipo Cuba, que ha contado en sus filas con algunos de los atletas pactados, sigue dejando mucho que desear. Y es que la solución no está en tener jugadores en otras lides si el certamen de casa -la Serie Nacional de Beisbol- es deficiente e inconsistente desde el punto de vista tanto organizativo como técnico.

El 2 de mayo, la Comisión Nacional anunció una nueva modificación en el sistema de juego de la principal Liga cubana. A partir de la segunda fase de la temporada siguiente jugarán seis equipos clasificados en lugar de los ochos que lo hacían hasta el ciclo beisbolero que recién concluyó. Pero, ¿será eficaz esta reforma para elevar el nivel del campeonato?

En primer lugar, la Serie Nacional de Beisbol, que ya va por 55 ediciones, cuenta con 16 equipos. Demasiados conjuntos y no por la cantidad, sino porque la calidad se concentra en unos pocos. Desde que arranca el primer partido, las selecciones mejor armadas se van por encima de las de menos posibilidades, lo que ha traído como consecuencia un desbalance entre los elencos: los peloteros de los equipos superiores no se enfrentan a rivales de calidad, mientras que los de las escuadras sotaneras, al abandonar la Serie en 45 juegos, no tienen posibilidad de nutrirse en las pericias del juego.

Para los seleccionados que no pasan a la segunda fase no existe una liga independiente que les agote el tiempo que ocupa finalizar la Serie Nacional. La Liga sub-23 que le sigue a la Serie es solo para los peloteros de esa categoría etaria; el resto no juega hasta el otro año.

A estos problemas estructurales y organizativos se suman las deficiencias técnico-tácticas. El desarrollo del picheo relevo es bajo; al tener los lanzadores la posibilidad de tirar hasta 100 envíos, los directores no ponen énfasis en la preparación de los pitcher intermedios. Se ven muy poco las llamadas jugadas de rapidez: toque de bola, robo de base, corrido y bateo; “los artilleros” se acostumbraron a jugar “al batazo” y obviar otras mañas que pueden definir un encuentro al igual que un jonrón.

Así, los beisbolistas antillanos llegan a los compromisos mundiales que les depara la agenda federativa cada temporada. Cuando se enfrentan a otros elencos que no padecen las deficiencias de ellos, los resultados no son favorables. Es cierto que al Clásico Mundial, con cita cada cuatro años, asisten deportistas profesionales técnicamente muy superiores a los nuestros, pero en la Serie del Caribe anual los equipos están nutridos de las ligas locales de los países participantes, es decir, en igualdad de condiciones respecto a Cuba. Mas, las dificultades son las mismas en cualquier tipo de torneo.

Antes se le echaba la culpa del fracaso a la falta de topes internacionales. Ahora, que ya nuestros jugadores tienen la posibilidad de foguearse en otros certámenes, ¿quién carga con el peso de la derrota? La inserción de peloteros en competencias foráneas es clave para sacar del bache al beisbol cubano, pero no soluciona los problemas de casa. Si queremos obtener verdaderos frutos no podemos decorar la fachada y dejar el interior abandonado.

CUANDO LOS PRIMEROS PASOS RESULTAN PREMATUROS

CUANDO LOS PRIMEROS PASOS RESULTAN PREMATUROS

MERLYN BARROSO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.    

Karla nunca se graduó de abogada (su sueño desde pequeña), no fue a las fiestas de la mayoría de sus compañeros de aula ni pudo tomarse más refrescos sentada en el Malecón mientras caía la tarde. Su vida se redujo a la casa, a esperar a su joven marido, a ser una mantenida de sus padres y a la educación que tanto le costó brindarle al hijo.

Con casi 15 años dio a luz a Carlitos, un niño hermoso, pero que hoy presenta retardo en el aprendizaje, quizás por la breve edad con que lo tuvo su madre, una adolescente inexperta que, con el aviso de unos cuantos vómitos, un fuerte sueño cada mediodía y el lento ensanchamiento de su cuerpo se puso alerta frente al ya irremediable embarazo.

Actualmente esta es una situación repetida en los hogares cubanos. Cifras del Anuario Estadístico de Salud 2014 indican que la tasa de fecundidad en Cuba en mujeres menores de 20 años era entonces de 51,6 casos por cada mil embarazadas, más del 15 por ciento de la total del país.

Según investigaciones de la Organización Mundial de la Salud, 16 millones de adolescentes de edades comprendidas entre los 15 y 19 dan a luz cada año, representando el 11 por ciento de los nacimientos a nivel mundial.

El miedo a ser rechazadas por la sociedad, la incomprensión de la familia, el no reconocimiento del niño por parte del padre, el tener que renunciar a la educación y al esparcimiento propio de esta etapa de la vida reduce la autoestima de quienes por error o irresponsabilidad dieron vida a bebés muchas veces con malformaciones congénitas o trastornos psicológicos.

Afirman los expertos que la edad comprendida entre los 20 y 35 años es la más apropiada para dar a luz, pues en la adolescencia no se está preparada ni física ni mentalmente para ello y pasada la edad corren riesgos tanto la madre como el bebé.

Si no cuidamos la salud y atentamos contra nuestro porvenir, entonces, cómo pretendemos velar por un niño que requiere de tanto tiempo y dedicación contínua.

Con los disímiles métodos anticonceptivos existentes en nuestros días y diversas vías para documentarnos para una mayor protección y conocimiento, por qué llegar, entonces, al embarazo, y otras tantas veces acudir al aborto como una esquiva al problema, si constituye otra manera de poner en peligro la vida.

En nuestro país se realizan diversas campañas para la prevención del embarazo precoz y las enfermedades de transmisión sexual, guiadas por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y otras organizaciones creadas para ello. Audiovisuales, proyectos educacionales y boletines informativos son algunas de las acciones que desarrollan.

Pensemos también en la familia que, si con suerte acepta el embarazo, tendrá doble tarea: adjudicarse el rol de padres cuando realmente son abuelos, pues los hijos no están aptos para ocuparse ni económica ni psicológicamente de los recién nacidos.

¿Habrá sido suficiente jugar a las casitas unos años antes para asumir la responsabilidad de brindar amor, seguridad, alimentación, cuidado y educación a un ser humano?

Pensemos que no solo es la salud la que ponemos en juego, es, además, la estabilidad económico-social de una nueva familia que en ocasiones solo conforman madre e hijo, siendo este un pequeño que comenzará a gatear al lado de una joven que apenas da sus primeros pasos.

DETRÁS DE LA ESTRELLA SOLITARIA

DETRÁS DE LA ESTRELLA SOLITARIA

MARIANA BRUGUERAS MÁS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ahí está, ondeando en instituciones, hoteles, calles, murales; también en eventos y actividades oficiales. Con ella presente y el Himno de Bayamo en marcha, ningún cubano escapa de la reacción en tantos momentos practicada: firmes, la miramos solemnemente y pronunciamos las estrofas compuestas por Perucho Figueredo.

En el frente de mochilas, camisetas, adornos y parabrisas también es frecuente encontrar la bandera cubana. Por años ha sido objeto de comercio y lucro en varios sitios del país, especialmente en las áreas con fines turísticos.

En medio de todo, no faltan quienes ofertan cualquier tipo de producto con el dibujo y colores de la bandera, cual patente corso de una venta segura o más exitosa. Esa práctica, de más o menos reciente data, tiene detractores y defensores cuando de juzgar se trata.

No es menos cierto que a los extranjeros les llama la atención y, como suvenir, compran ese tipo de objetos y accesorios. De modo que, con el desarrollo del turismo y como fórmula que ha resultado efectiva, cada vez es más frecuente que la bandera cubana, en diversas variantes, se pasee por la ciudad y más allá de nuestras fronteras.

No se trata tampoco de un proceder exclusivo de esta Isla, pues el mundo hace rato está al alcance de la mano en cualquier lugar del planeta. Podemos saber en tiempo real lo que acontece en el continente más opuesto. Y los usos y costumbres se mezclan en este universo global. Puede que en parte hayamos importado acríticamente a nuestra vida cotidiana algo de la apropiación de la insignia nacional que hacen otros pueblos y países.

Quizás por una cuestión de añoranza, cubanos establecidos en otros países se encuentran también entre los principales compradores y, en menor medida, lo hacen quienes residen permanentemente en la Isla.

De cualquier modo, es justo reconocer que la bandera, símbolo patrio que nos identifica y conmueve ondeante desde lo alto, se ha vulgarizado con ese uso excesivo que de ella se hace cuando se confina al identificativo publicitario y comercial.

El estandarte de la estrella solitaria ha dejado de ser el emblema de generaciones enteras de patriotas para convertirse en un referente que, en dependencia del accesorio u objeto en el cual se halle, en ocasiones puede hasta pasar inadvertido. Así se ha ido naturalizando su presencia fuera del asta tradicional al punto de resultar demasiado simple.

No es exageración. Alejado de su espacio natural, el símbolo de todos los cubanos se está desprestigiando cada vez más con mayor fuerza, más allá de las razones, justificadas o no, que predominan entre los comerciantes. Para ellos solo es dinero, no reparan en que se aprovechan de la bandera. Ese es el momento en el cual los sentimientos por la patria se dejan de lado y salen a la luz los de supervivencia.

Es importante, sin embargo, que intentemos rescatar el contenido solemne  y el valor primero de nuestras franjas azules y blancas, de nuestro triángulo rojo con la estrella solitaria. Esos elementos sintetizan el ideal de todo un pueblo y el sentimiento de una nación que se pensó y fraguó a sí misma. Necesitamos sentir, también, que conservamos, cuidamos y veneramos hoy nuestro pabellón nacional, el que ha costado luchas intensas en momentos de opresión, pero nos llena de orgullo cuando nos identifica como cubanos y cubanas.

SE ME FUE DE LAS MANOS

SE ME FUE DE LAS MANOS

MARÍA CARLA O´CONNOR BARRIOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Muchas veces escuchamos a los adultos hablar sobre la difícil tarea que implica la paternidad, cuando los cánones de vida han cambiado y, la independencia más que un premio a la confianza y a la sensatez, ha devenido exigencia y reclamo de los jóvenes desde tempranas edades.

Precisamente, hace unos días escuché a una madre hablar sobre la irresponsable actitud de su hija adolescente, quien a duras penas culminó el 12mo. grado este curso, y no logró aprobar los exámenes de ingreso a la Educación Superior.

Lo peor, afirmaba, es que el  único objetivo de su primogénita era llevar una vida de ocio, que incluyera fiestas, novios, discotecas, maquillaje y, por supuesto, lujos y comodidades.

En medio de aquel discurso lleno de angustia, la señora dijo una frase que me impactó a tal punto que pasé el resto del día reflexionando al respecto: “No sé cómo ni cuándo pasó, pero la crianza de mi hija se me fue de las manos”.

El caso no es único. Frases como esa se escuchan en reuniones de padres, en conversaciones laborales y hasta en cualquier esquina donde se junten dos cubanos de mediana o avanzada edad, quienes aseguran que en Cuba “se han perdido los valores”.

Tales aseveraciones se esgrimen de forma epidérmica, sin analizar las causas del fenómeno y como consecuencia, no se tienen armas para entender o, al menos, canalizar lo que para ellos es un problema.

Nuestros abuelos y  padres han sido protagonistas en la edificación de un proyecto social revolucionario por el que fueron capaces de postergar muchos de sus sueños en aras de las necesidades colectivas de su tiempo; razón por la cual intentan a toda costa que los más jóvenes asuman sus mismas actitudes en un contexto que ya no es el mismo.

Asimismo, la dinámica de la época contemporánea ha relativizado la moral tradicional con tendencia al hedonismo, a la satisfacción de necesidades inmediatas y superficiales y, lo peor, esto ha sucedido ante los ojos de aquellos, sin que hayan podido evitarlo.

A la hora de hacer estos análisis no tienen en cuenta que las consecuencias del Período Especial y las influencias de un mundo globalizado han propiciado que no pocos asuman “el vale todo” como brújula de vida.

Lo que se califica como crisis de valores, según sicólogos y sociólogos, no es otra cosa que la desconfiguración de los patrones establecidos en relación con la moral, el pudor, el deber, los derechos, el respeto y otras normas de convivencia.

A esto habría que agregar el divorcio, las conquistas económicas y sociales de la mujer, el incremento de los hogares monoparentales y la convivencia de varias generaciones bajo un mismo techo, como causas de los cambios y modificaciones que ha sufrido la familia en su estructura y funcionalidad; y por tanto, la respuesta a por qué desde la raíz no exista una correcta formación de valores y juicios.

La doctora Patricia Ares, conocida especialista en el tema de la familia cubana, asegura que la procedencia o no de una familia no tradicional no define quién eres o serás como individuo ante la sociedad.

De igual manera, agrega que en un estudio sobre familias funcionales con hijos activos en la participación social y padres integrados, se pudo constatar que ello estaba determinado por el amor, el respeto y la reflexión con los hijos: “Tenían rituales familiares, espacios familiares, había tiempo para la familia. Y eso es lo que hay que defender para contrarrestar las deformaciones”.

Dijo José Martí: “La casa es como un manantial perenne, de donde se sacan fuerzas diarias y nuevas, siempre frescas; y siempre poderosas para la batalla de la vida”. Cuando hagamos entre todos surtir ese manantial, jamás se perderán nuestros hijos.

¿SE PIERDEN LAS TRADICIONES FAMILIARES EN CUBA?

¿SE PIERDEN LAS TRADICIONES FAMILIARES EN CUBA?

MILENE MEDINA MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando niña, domingo tras domingo, mi madre me llevaba al Teatro Sauto, en Matanzas. Sólo íbamos ella y yo, aquello constituía nuestro ritual dominical. Luego, por razones ajenas a las nuestras, dejamos de asistir: el teatro fue cerrado por reparación.

El término tradiciones -según el Larousse- es el conjunto de costumbres, transmitidas y conservadas de generación en generación. Si al vocablo le agregamos la palabra familiar, no sufriría mucha transformación su concepto. Pero la cuestión no es conocer el significado de tradiciones familiares, sino saber si en la Cuba de hoy estas se pierden o no.

Para tocar el tema más de cerca vayamos a algo más común, ¿qué acto más sencillo hay que cenar todos juntos a la mesa para contarnos las novedades y monotonías, los problemas y éxitos de la jornada? Ahora preferimos comer con el plato en la mano viendo la televisión, o peor, en el portal de la casa como pieza de museo.

Años atrás, hechos tan simples como cenar en familia resultaban normal, ahora es excepcional, solo el acto se realiza cuando viene a la casa alguna visita. Ahí sí se sientan todos, se llena la mesa de calderos como si fuera una mesa buffet y se escucha la voz de mamá diciendo: "Sírvase quien quiera y como quiera".

¿Y qué queda para los abuelos: generación más sabia, especial e importante del núcleo familiar? Las atenciones a ellos -sin generalizar- también han disminuido o si se quiere comprobar lleguémonos a los asilos de ancianos, algunos viven allí porque no tienen familiares, otros por ser considerados un estorbo o sus hijos piensan que ahí van a estar en contacto con contemporáneos y, además, se entretienen.

El 31 de diciembre, no sé tampoco qué pasa con su celebración. Pondré mi ejemplo que supongo será el de muchos. Antes a mi casa venían alrededor de quince personas, ahora solo somos cuatro: unos no están por fatalidades de la vida, otros porque la geografía lo impide o algunos se reúnen con los miembros de su otra familia, pero eso sí, todo el mundo está justificado.

La  vida de hoy es tan acelerada que ni siquiera nos da tiempo de acordarnos de dónde vinimos y cómo fuimos educados. La comunicación parece estar en falta entre los miembros de la familia y sin ella es imposible rescatar costumbres como ir en familia a ver un juego de pelota, al cine, al teatro o a Coppelia.

Los tiempos cambian, sí, pero no por ello han de quedar a un lado los valores inculcados por la familia, las costumbres, hábitos y tradiciones. Sin darnos cuenta somos los sepulteros de nuestras raíces, cultura y tradiciones familiares.

LA FERIA DEL LIBRO, INVISIBLE A LOS OJOS

LA FERIA DEL LIBRO, INVISIBLE A LOS OJOS

DINELLA TERESITA GARCÍA ACOSTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Reacomodos en estanterías de libros no vendidos en ediciones anteriores y títulos escasos y poco atractivos formaron parte de lo que la presidenta del Instituto del Libro, Zuleica Romay, calificó como una mejor edición de la Feria Internacional del Libro.

Este año esperé encontrar en los pabellones de La Cabaña, propuestas interesantes y seductoras. Pero lo llamativo, lejos de hallarlo en los textos, lo descubrí en la canequita de ron y en la bocina donde se escuchaba reguetón al lado de El Principito de Saint-Exupéry.

Y precisamente El Principito, El Quijote y Las mil y una noches, constituyeron, prácticamente, las únicas propuestas clásicas reeditadas. Nada de los tan ansiados por los universitarios García Márquez, Alejo Carpentier, o las ediciones completas del profesor Calviño. Herejes, de Leonardo Padura, y un Reto a la soledad, de Orlando Cardoso Villavicencio, volaron en los primeros días.

Las casas editoras, por su parte, se excusan con la situación económica del país, la más fácil y gastada justificación. No digo que no sea verdad, pero lo es también que se gasta dinero, tinta y papel en muchos títulos poco sorprendentes.

Precisamente haciendo este trabajo, alguien me propuso una idea que no me parece desacertada: hacer una encuesta antes de publicar este comentario para observar las preferencias de la juventud y el público en general.

Una encuesta realizada por el Instituto del Libro, después de la Feria, constató que las temáticas más vendidas fueron las de colorear, las de cocina, salud y familia. Después de leer esto, es difícil descubrir qué por ciento de la juventud se siente identificada con ellas y, por tanto, satisfecho con el evento. ¿Por qué no se publican textos afines a las distintas carreras universitarias? De medicina, artes, de ingenierías…

Al menos siempre nos quedarán las editoras extranjeras en donde ya casi ni con dinero puedes encontrar algo, salvo revistas del corazón de hace cinco años.

Claro, en toda situación siempre hay algo salvable. Para no ser absoluto, ahí estaban las excelentes colecciones de Ciro Bianchi y Eusebio Leal, con sus incomparables descripciones de La Habana, y otros autores, entre los cuales destacaban Leonardo Acosta y Olga Portuondo. Hay algunos a quienes ni siquiera eso les importa. Para ellos, leer no está de moda, o consideran que estudiarse los libros de texto de las asignaturas es suficiente.

¿Qué pasó con la época en que leer era algo divertido? ¿Acaso es culpable la falta de creatividad e interés de las instituciones responsables o son las nuevas tecnologías la causa de la desmotivación de los jóvenes?

A los estudiantes de Historia del Arte y Filología, la Feria les dejó la experiencia de haber trabajado durante dos semanas en la Cabaña, a otros, el concierto de cada noche cuando terminaban las ventas y a algunos, como yo, el sabor de un helado, mientras observaba la cola para comprar un afiche de Cristiano Ronaldo.

¿EMERGENCIA?

¿EMERGENCIA?

KRYSTEL ASPILLAGA ROJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace algunos días, a las 12 y 30 de la noche,  mi papá avisa que, al parecer, el viejito de frente a la casa estaba mal porque la doctora Madelaine buscaba desesperada un carro en la calle, aunque no fuera el vehículo ideal para conducirlo al centro médico más cercano. Pasaron varios de ellos y ninguno paró.

Una hora antes, los familiares del señor  se  habían comunicado con el 104, el servicio de ambulancias para la población en caso de emergencia, y no recibían la ayuda que necesitaban.

En ese momento de la noche, algunos vecinos nos sumamos a la gestión. Llamamos otra vez  al 104. La compañera que atendía el teléfono solo pedía el número de demanda y no daba explicación de por qué no aparecía el carro con los médicos y paramédicos.

La doctora Madelaine, quien por suerte vive en la cuadra, reclamaba nerviosa: «!Este hombre se me va a morir y yo no puedo hacer nada  desde aquí!».

Como opción se localizó a la Policía mediante el 106. Y unos cinco minutos después llegaron dos patrullas, pero lamentablemente demasiado tarde: el viejito falleció  y la ambulancia nunca apareció. Entonces, su nieta de 10 años lloraba sin parar y me acordé del abuelo que perdí a esa misma edad.

No conocí a Pedro, de hecho, hoy me enteré que se nombra así, y me irrita el pensar que podría estar vivo si no fuera por estas indolencias desgarrantes  en nuestra sociedad. 

Desconozco aún el motivo de la ausencia de ambulancia; pero por qué  si con frecuencia aparece en la televisión el spot que anuncia al 104 como servicio de asistencia factible, ocurre semejante desgracia.

Hemos alcanzado, lo que es indudable, gran rango en la Medicina a escala mundial. Uno de nuestros principales logros es el servicio médico gratuito y obligatorio. El internacionalismo con eficiencia impera en esta rama de la ciencia y la humanidad. ¿Será que acaso somos candil de la calle y oscuridad de la casa?

Yo, como ciudadana cubana, quiero pensar que no y que quizás el destino de Pedro, el viejito del frente, era morir en el instante, pero si hubiese sido atendido a tiempo, tal vez, estaría haciendo el cuento.