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LENGUAJE DIGITAL: ¿DESTRUCCIÓN O ESTILO?

LENGUAJE DIGITAL: ¿DESTRUCCIÓN O ESTILO?

DAVID RUIZ LIMILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un estudio realizado este año por la herramienta Google Ad Planner a las 1 000 webs más grandes del mundo informó que el 90 por ciento de lo escrito en las redes sociales presenta errores de sintaxis y que el 57 por ciento de sus usuarios hablan más por la red que en la vida real. Dichas cifras indican el mal uso del idioma en estas plataformas tecnológicas y su impacto en la sociedad.

Durante el desarrollo de la humanidad el lenguaje ha evolucionado y transformado; así ha pasado de la oralidad a la escritura, debido a la necesidad del hombre de plasmar sus ideas en un formato perdurable. Para ello se creó un sistema de símbolos que se talló primeramente sobre piedras y luego, con el impulso de la imprenta, en libros. Con la aparición de las nuevas tecnologías de la información surgió el lenguaje interactivo en las redes sociales de internet y la telefonía celular. Como es lógico, este proceso ha provocado transformaciones negativas en el idioma y amenaza con la desaparición de muchas lenguas.

El lenguaje escrito utilizado en libros, revistas y diarios presenta mayor formalidad, lo que implica un vocabulario más preciso; signos de puntuación, los cuales indican pausas en la lectura y el respeto de las reglas ortográficas. Mientras, en las redes sociales no se emplean los signos de  puntuación, se cometen errores ortográficos, las oraciones carecen de coherencia y el vocabulario es pobre. Aunque, debemos aclarar que no todo es negativo, pues las redes sociales permiten la interacción entre millones de personas y aceleran el ritmo de transmisión de la información.

La mayoría de los errores presentes en las redes son la omisión de fonemas; la sustitución o adición de letras; la inversión de sílabas; la incorrecta separación de palabras. También encontramos “la escritura “oralizada”, es decir, que se escribe como se habla, y existen cambios intencionados de las palabras, por ejemplo: “Ssiifueraz una estrella fugaz ezcribiiriia en lo alto del cielo ¡feliiznaviidad!”.Otros errores son  la mezcla de dos idiomas o el mal uso de abreviaturas como TKM, para decir te quiero mucho, entre otros.

Cleóbulo Sabogal, filólogo de la Academia Colombiana de la Lengua, expresa: «El auge de las redes sociales ha generado nuevos géneros que se caracterizan por la libertad expresiva y formal (…) puede que el mensaje se entienda, pero no significa que sea legible. Hay que aprender a interpretar los símbolos, imágenes y abreviaciones para entender un mensaje».

Entre las causas del mal uso del idioma se encuentran la inmediatez y el límite de espacio en las redes, lo cual provoca que muchos acorten las palabras; la necesidad de ser aceptados por un grupo contribuye a que todos adopten “estilos” de escritura similares y el deseo de los jóvenes de mostrar rebeldía y originalidad.

Las redes sociales, a pesar de sus conocidos beneficios, cada vez hacen menos entendible el idioma, lo cual puede provocar la destrucción de muchas lenguas y culturas. Por tanto, me atrevo a decir que a partir de ahora pensaremos un poco antes de escribir en la web con errores ortográficos o sintácticos para así cuidar ese caudal de conocimientos milenarios que es el lenguaje.

LA IGNORANCIA MATA A UN PUEBLO

LA IGNORANCIA MATA A UN PUEBLO

RACHEL MORALES HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

¿Sabe qué ocurrió el 15 de marzo de 1878? ¿Conoce quién creó el Partido Revolucionario Cubano? ¿Quién protagonizó la Protesta de los Trece? Preguntas como estas semanas atrás las escuché en el noticiero estelar de nuestro país a través de un reportaje, pero lo impactante del caso fueron las respuestas.

Los argumentos que dieron la mayoría de los entrevistados fueron erróneos, otros decidieron no contestar -quizás por la vergüenza de no de salir ante cámara-, y también por la penosa falta de conocimiento.

Hoy día pareciera que entre los cubanos, especialmente los jóvenes, la memoria histórica se perdiera entre los libros de textos, y solo fuera tarea de los historiadores rescatarla. ¿Estaremos en un retroceso hacia la Edad Media donde era privilegio de unos pocos la obtención de sabiduría, mientras el pueblo vivía en la ignorancia y cualquiera podía engañarlos a su parecer?

Si caminas por la calle y le preguntas a un estudiante adolescente si le atraen las clases de Historia o por lo menos si le gusta la historia de Cuba, lo más probable es que te responda que no -como lo hizo mi hermana de 15 años-, que está aburrido de lo mismo, que no le interesa, que se duerme, que ya se la conoce de memoria porque desde quinto grado se la recitan...

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué a pesar de que nos pasamos toda la vida escolar estudiando la historia patria, los jóvenes no saben más allá de lo que aparece en sus guías de estudio?

La historia no se puede enseñar mecánicamente y, por tanto, es  deber de nuestros profesores cambiar el estilo casi escolástico al que se han acostumbrado al enfocar los temas, modo de enseñanza que tanto combatió el Padre Félix Varela. Es hora de empezar a mostrar nuestro pasado con transparencia, con sus matices, pues los hechos no se producen en blanco y negro, los héroes no son de mármol, y sus acciones no son perfectas ni imperfectas.

A partir del momento que la mayoría de los profesores de Historia de Cuba dejen de ceñirse solamente por el programa de estudio y sus objetivos, y comiencen a revelar la historia de manera novedosa, fruto de una investigación exhaustiva y consciente, solo así los jóvenes comenzarán a interesarse por la misma. Junto a ellos, la familia también debe promover esos valores.

Existe en nuestro país un numeroso grupo de historiadores, agrupados en el Instituto de Historia y otras fundaciones de estudio, cuyas investigaciones y reflexiones se publican en revistas y periódicos, más allá de los documentos del pasado existentes en bibliotecas y hemerotecas. Es de ahí donde el magisterio cubano ha de nutrirse para «mover» la enseñanza en las aulas cubanas.

Hace apenas unos días, vimos a Rusia desplegar un fastuoso desfile militar para recordar a sus héroes caídos en la Gran Guerra Patria que derrotó al nazi-fascismo. Allí las nuevas generaciones se unieron a los veteranos para recordar las glorias pasadas. Apenas dos décadas atrás era impensable un acto de esa naturaleza,  porque los que provocaron la caída de la Unión Soviética pretendieron sepultar con el derrumbe la historia de esa nación.

La vida les demostró a los nuevos líderes que sin la historia, ese pueblo no podría defender el futuro, un futuro que Occidente sigue empeñado en mediatizar.

Esa, y no otra, es la importancia del dominio de la historia. Ese y no otro fue el gesto de Fidel Castro cuando en el juicio por el asalto al cuartel Moncada expresó: «¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!»

El conocimiento de nuestra historia estará en riesgo si no se actúa a tiempo. Cada día, literalmente, nos alejamos más del pasado. Cada día los jóvenes recordarán menos si no se corrige el aprendizaje de esta.

LA LECTURA: ¿UN HÁBITO EN RIESGO?

LA LECTURA: ¿UN HÁBITO EN RIESGO?

ARLET CASTILLO GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Muchos han escuchado decir que “la juventud de hoy no lee, se entretiene en otras cosas”. Y es que este criterio se apega bastante a la realidad que vivimos. Pero, ¿por qué en nuestros días la lectura se ha convertido en un hábito en riesgo?

Nos encontramos en un mundo dominado por la tecnología, donde las páginas de libros son reemplazas por dos pantallas claves: celular y  computadora.

Nuestro país no está exento de esta realidad. Las series, los videojuegos, el Internet -a pesar del limitado acceso-, ocupan un espacio primordial en el tiempo libre de los jóvenes cubanos dejando a un lado los ejemplares que ocupan los estantes de las librerías y bibliotecas.

Sin embargo, ¿son solo las nuevas tecnologías la causa de esta situación? Realmente existen otros factores que también influyen.

Cabe preguntarse entonces si las bibliotecas públicas constituyen  lugares acogedores que incentivan el amor por la literatura y si poseen esa variedad de títulos atrayentes para todo tipo de público.

Vale cuestionarse si la familia estimula desde tempranas edades el hábito de la lectura: que los padres lean antes de dormir un cuento a sus hijos  y en años posteriores les recomienden buenos textos, son costumbres que no deben pasar de moda.

A ello se suma, además, el elevado precio de algunos textos, aunque, a diferencia de lo que muchos piensan, las ofertas en moneda convertible no siempre son más atractivas que las del mercado nacional.

Estos factores, con una mayor o menor relevancia, propician que muchos digan: “La juventud de hoy  no lee, se entretiene en otras cosas”. 

Es cierto que existen jóvenes que toda su vida han asociado la lectura con el aburrimiento o con un momento en solitario donde no interactúan y comparten criterios, son esos capaces de  leer solo mensajes electrónicos y carteles en las calles. A ellos se incorporan otros que “porque no queda más remedio”, lo hacen exclusivamente por las  tareas escolares como una obligación para poder cumplir con la pregunta del maestro al día siguiente. Y qué decir de los peores casos, aquellos que tildan a la lectura como algo “poco moderno”.

Lo asombroso es que a veces, muchos de los mencionados acuden cada año a la Feria del Libro para disfrutar, obviamente, de otras ofertas que no son los textos, aunque en ocasiones se motiven y compren ejemplares para llenar un estante que nunca van a tocar.

Con el paso del tiempo, los conocimientos y el vocabulario de esos que renieganla lectura se tornan exiguos, pues la falta de vinculación con  libros conspira contra el uso del idioma, el fomento de la cultura y el desarrollo del pensamiento.

Pero, ¿es esta realidad del todo funesta? Realmente no. Sí existen jóvenes que gozan del maravilloso mundo de la lectura, de esa forma sana de emplear el tiempo. Para muchos, constituye un placer leer un buen libro antes de dormir luego de una jornada rebosante de tareas.

Entonces, es un deber de la familia y de la sociedad en general fomentar desde edades tempranas el hábito y amor por la lectura, porque solo un  país culto es capaz de trazar un buen camino para el futuro. Y ese porvenir no está en otras manos que en la de los jóvenes, quienes solo crecerán, como dijera el Apóstol, acompañados de los libros.

LA CUENTA NO DA

LA CUENTA NO DA

DAVID RUIZ LIMILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Cuánto es? ¿En divisa o moneda nacional? Estas son preguntas que de forma recurrente escuchan los cubanos en todas las colas y mercados del país para conocer la calidad y el precio de los productos ofertados.

Por supuesto, no sé si por mala suerte o ironía de la vida casi todos los artículos tienen un alto valor en la moneda más deseada por todos, el Peso Cubano Convertible (CUC). En esta situación estuvo el sábado pasado una de mis primas, quien se encontraba en La Habana para disfrutar de sus vacaciones. Ese día fuimos al centro comercial Carlos III, pues ella quería comprar un par de zapatos y algún regalo para su hijo.

Al entrar al establecimiento, los ojos le centellaron como un niño cuando le dan un juguete nuevo; tenía una sonrisa en su rostro; se desplazaba por las diferentes divisiones más rápido que de costumbre. Para ella esto era un descubrimiento, pues en su provincia natal estas tiendas por departamentos solo se ven en las películas.

Pero la felicidad duró pocos minutos al preguntarle a la vendedora cuánto costaba un par de zapatos.

-Sesenta y cinco, respondió. Ante la desconcertante respuesta, una frustración cayó  sobre ella, pues ya no era el fatalismo geográfico el que le impedía acceder a estas tiendas, sino el factor económico.

Continuamos el recorrido y nos dirigimos a la división de niños. Enormes muñecas con aditamentos, carros diseñados en pequeñas dimensiones, robots sofisticados que atraían la atención hasta de los más adultos.

Aunque, esta vez no fue diferente. Nada podía prepararnos para el mortal golpe, cuando al preguntar el costo de uno de los juguetes nos dijeron que valía 50 CUC. Esta respuesta era el doble de impresionante que la anterior, pues cada familia desea complacer a sus hijos.

Al percatarnos que el producto más barato que se vendía en este establecimiento costaba alrededor de los 20 CUC, decidimos marcharnos con las manos vacías.

Al salir de ese mercado vimos a unas mujeres sigilosas que se acercaron a nosotros.

-Tenemos ropa de todo tipo y a precios baratos, dijeron las vendedoras.

Nos indicaron que entráramos hacia una casa particular y allí nos mostraron su mercancía. Al fin recobramos el ánimo al escuchar los precios. Fue entonces que mi prima compró sus zapatos y algunos vestidos.

Comenzaron en mi mente a surgir algunas interrogantes y mientras intentaba responderlas más preguntas tenía: ¿Por qué los mismos productos que vende el Estado, los particulares lo comercializan más baratos? ¿A dónde van las ganancias de estos artículos? ¿Quiénes son los que acceden a este tipo de mercados tan caros? ¿Podrá mi prima las próximas vacaciones comprar en tiendas como Carlos III?

BAÑOS PÚBLICOS, ¿PRIVADOS?

BAÑOS PÚBLICOS, ¿PRIVADOS?

ARIEL PAZOS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Usualmente se lee “baño público” en la entrada de los servicios sanitarios a los que las personas acuden cuando están fuera de su casa, sin embargo, a pesar del letrero de “público”, ahora parecen tener dueños.

“¡Oye, el baño hay que pagarlo!”, me inquirió una señora que cuida el de la terminal de ómnibus La Coubre. “¿Y si no tengo dinero qué hago?”, le pregunté. “Pues si no tienes dinero, no puedes entrar y ya”. Esas fueron sus palabras, menos mal que encontré un peso en el bolsillo.

Resulta incoherente que después de 50 años tratando de construir una “sociedad más justa” y de estar adaptados a tantas gratuidades, el dinero sea motivo de discrepancia entre el cuidador del baño y un individuo que lo requiera, y más aún, que sea un peso lo que determine si puedes hacer tus necesidades cuando estás en la calle.

No es un caso aislado el antes expuesto. En una ocasión, al costado del Cupet situado al frente de la Fuente de la Juventud (Paseo y Malecón), entré al baño (más bien bañito) y di a la mujer que lo cuidaba 10 centavos CUC. Cuando salí, mi prima, que me acompañaba, quiso entrar. La cuidadora, consciente de que veníamos juntos, exigió el pago nuevamente.

Por otra parte, en discotecas y centros recreativos he visto situaciones similares: una mesita, una señora sentada en el medio de la puerta para que no puedas esquivarle la mirada al entrar y una cajita con monedas de hasta 25 centavos CUC, para insinuarte que si alguien dejó tal “propina”, tú también puedes, o debes, ser igual de “caritativo”. Suelen aprovecharse de que son establecimientos donde supuestamente “el dinero corre” para sacar su mascada. En casos como esos, muchas veces te increpan si pretendes “usar el baño sin pagar” y hasta están dispuestos a avergonzarte delante de los demás si no tienes una moneda a su disposición.

No creo que esto sea “ridículo” por tratarse, básicamente, de “un peso cubano”. Sencillamente una persona no debe depender de llevar menudo en el bolsillo para resolver sus necesidades fisiológicas en un momento imprevisto. Mucho menos es digno, ante estos requerimientos del organismo humano, tener que lidiar con el despotismo y las malas caras.

Cuando era niño lo veía como algo más espontáneo: si podías, dejabas propina a quien cuidaba el baño porque, no es menos cierto, esa persona también tiene necesidades económicas. Desde hace un tiempo, con las nuevas formas de producción, el tema de los baños públicos también ha empezado a transitar por otros rumbos y ahora se habla de términos como “arrendado”.

“Este baño es arrendado. Nos dividimos por turnos y cada uno de los trabajadores tiene que abonar 40 y 200 pesos CUP a la ONAT y al establecimiento gastronómico, respectivamente una vez al mes”, comentó Orlando Pastor, cuidador del baño del Conejito de Aguada de Pasajeros, en la provincia de Cienfuegos.

“Ninguno de nosotros está autorizado a prohibir la entrada a la persona que no tenga el peso”, recalcó ante mi interrogante y explicó, además, que es responsabilidad suya cuidar los medios sanitarios y poseer los productos necesarios para su mantenimiento y limpieza.

Sin embargo, es bien conocido el estado deplorable de la mayoría de los baños y la deficiente higiene que en ellos predomina. Cualquiera que sea la forma de administración y empleo de los mismos, la prioridad debe ser que cuenten con las condiciones necesarias y estén al alcance de toda la población cuando los requiera.

LA INAGOTABLE PUJA DE LA LENGUA

LA INAGOTABLE PUJA DE LA LENGUA

AILEN RIVERO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La juventud siempre trae novedad. Hasta las generaciones más conservadoras o enajenadas por su medio, forma de vida o gobierno, resultan ser, de algún modo, revolucionarias. Las ganas de dejar su marca en la historia caracterizan una y otra vez a cada nuevo brote generacional. La moda, el ir contra estatutos establecidos y replantearse la realidad es casi ley para los que son en sí la renovación social.

Criticarlos es otra historia que se repite; pareciera que los que juzgan no hubieran sido también parte de su tiempo, o no entendieran que de toda esa rebeldía incontrolable surgen las mejores ideas y es lo que impulsa verdaderos cambios en este mundo tan falto de pensamientos renovadores.

Este fenómeno de “revolución generacional” se expresa en todas las esferas sociales y en todos los ámbitos de la vida humana. El lenguaje es una de las víctimas predilectas de las nuevas criaturas desprejuiciadas que también quieren dejar su marca en el habla, usando otros términos, maneras de hablar y significados. Dicha transformación no es propia de una lengua o de una sociedad específica, ocurre simultáneamente en todo el orbe, repitiéndose también la “culpabilidad” juvenil.

Sin embargo, los fenómenos de cambios dentro de una lengua van más allá de la moda de los jóvenes. En todo caso, ellos solo repiten o reproducen cánones ya previamente elaborados, que le son impuestos a través de canciones, filmes y los medios de difusión en sentido general. Los jóvenes, generalmente,  no son hacedores de estas palabras, sino que se apropian con más facilidad de ellas y contribuyen a su difusión al ser víctimas (y no victimarios) de su repetición modal.

Igualmente, la invención de nuevas palabras y significados o la apropiación de términos extranjeros, no necesariamente son dañinas al lenguaje, ni solamente son producto de modas; sino que también son expresión de la evolución gradual y normal de cada lengua. Además, en muchos casos, es muestra del enriquecimiento del habla, al dotarla de diferentes términos; estos, generalmente, con el tiempo pasan a formar parte de los diccionarios, porque el lenguaje se forja con el uso y no en una academia.

Claro, hay que tener cuidado con las “invenciones”; cambiar palabras existentes por otras menos exactas, empobrece la expresión. Asimismo, apropiarse de nuevos términos no puede significar desconocer el lenguaje; si se decide hablar “a la moda”, debe saberse que no conocer el lenguaje “tradicional” solo denota falta de cultura. No es un problema de prejuicio condicionado eso de que hay que saber expresarse correctamente, es una necesidad. Los académicos han definido la existencia de distintos registros del lenguaje (registro coloquial o informal, formal). Debemos dominar estos registros para utilizar nuestra lengua correctamente según el contexto.

El mal uso del lenguaje no está ligado al nivel etario, sino más bien, al cultural o educacional. No solo los jóvenes mal usan el lenguaje, ni siquiera la mayoría; ellos no son responsables de los cambios en la lengua, sino que estos son producto de fenómenos culturales, igualmente desligados de la edad. Acusar a la juventud es vergonzoso, si los hijos de una sociedad son incultos, en todo caso es culpa de sus padres; la nuevas generaciones son reflejo de las virtudes e incapacidades de las que la antecedieron.

Hay que aceptar lo nuevo, mientras sea de alguna manera enriquecedor. Cambiar no tiene que ser malo; hay que flexibilizar la mente, lo importante tiene que ser comunicarse. Si el lenguaje cambia quiere decir que nuestra manera de pensar ha cambiado de alguna forma y con ello la sociedad. Resistirse a los cambios es negar la evolución social de la humanidad. En vez de enjuiciar, en todo caso debemos dar gracias a los jóvenes por permitirnos no permanecer estáticos.

 

LOS JÓVENES Y GIRÓN

LOS JÓVENES Y GIRÓN

DANIELA HERNÁNDEZ GARI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Qué fue Girón? ¿Una victoria sobre el poderoso, gran pérdida de vidas humanas o acaso el inicio de una nueva era?

Aquellos que sobrevivieron cuentan anécdotas llenas de valor y compromiso con la patria. También son los responsables de narrar los últimos momentos de sus compañeros, una tarea difícil y dolorosa.

Vencer por primer a vez al imperialismo yanqui en América fue su mérito, pero la vida de 142 personas, de ellas 76 menores de 26 años, fue el precio a pagar.

Todos sabemos lo que motivó a estos hombres a luchar: un profundo sentimiento patriótico, pero ha sido apocado gradualmente con las frases hechas y la continua repetición hasta llegar al llamado "teque".

Lo que muchos jóvenes hoy desconocen es que gran parte de los muchachos que participaron en la defensa de Girón no estaban destinados a hacerlo, ya sea por estar convalecientes a causa de atentados anteriores, encontrarse alejados del lugar de salida para el combate o simplemente justificados por la corta edad, como es el caso de Nelson Fernández Estévez, quien murió con 14 años.

Me es imposible imaginar en toda su dimensión la pasión de esa generación que se entregó al combate. En ellos fue más fuerte el amor a la revolución y su líder. Cualquiera puede decir que morirá por algo, pero sólo son capaces de ponerlo en práctica quienes anteponen una causa a su propia existencia. Sus sueños, aspiraciones y anhelos no cayeron ante el fuego enemigo, sino que se convirtieron en realidad para las generaciones que los precedieron.

En la actualidad, la juventud, en mi opinión, ha perdido ese fervor y no es de extrañar. Nacimos y somos testigos de tiempos diferentes, con problemas diferentes. Ajenos a una dictadura sangrienta que nos robó familiares y amigos, la renuncia a los estudios y sueños por ayudar a los padres para sobrevivir, nos hace incapaces de apreciar lo que tenemos o el sacrificio que llevó llegar hasta aquí, a pesar de que nos inculcan esto desde la infancia.

Esta actitud se debe a la falta de conocimiento del momento histórico o de lo que representa Cuba en el escenario mundial. Tenemos problemas, sí, decisiones que, al parecer, rozan lo absurdo, también. Sólo pido un poco de reflexión y análisis antes de juzgar la situación actual del país y no permitir que nos cieguen y agobien los problemas cotidianos.

¿Qué significó Girón para los jóvenes de ayer? ¿Y para los de hoy? No podemos perder la capacidad de responder estas interrogantes. En ello nos va nuestra propia subsistencia.

Pie de foto: Mártires de Girón que no sobrepasaban los 20 años de edad.

DE MODOS Y MODAS

DE MODOS Y MODAS

THALÍA FUENTES PUEBLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En la actualidad el aspecto externo, principalmente de los jóvenes, deja mucho que decir producto a los nuevos patrones impuestos por la moda que es tan variable como la luna y sus fases.

La sociedad cubana es heterogénea, así como los gustos y tendencias, mas la imitación ocupa un lugar preponderante en la actitud asumida, especialmente por los varones, quienes optan por seguir a la personalidad que tiene más “pinta” o “swing” y traspasan la delgada línea que diferencia el estar a la moda a ser un ridículo, todo con el fin de llamar la atención.

No sería absurdo pensar que si el reguetonero del momento saliera a cantar en un concierto, con un cubo en la cabeza como sombrero, al día siguiente más de un loco saldría con semejante accesorio, así como el peinado del “yonki” o la utilización de gafas para sol en las noches.

Las modas van y vienen. Hace algún tiempo afeitarse todo el cuerpo y ser un narcisista, eran las prácticas más comunes, criticadas con mano dura por los mayores, pero defendidas con igual ahínco por la  parte de la población que se sentía identificada con ellas.

De un tiempo acá, una nueva tendencia ha opacado a las anteriores. Los lumbersexuales han impuesto su estilo más rudo, con barbas y pelos largos, en busca de un aspecto de leñadores. Estos, al contrario de los metrosexuales, se preocupan por rígidos patrones estéticos y morales, mostrando su verdadera personalidad  de “macho-remacho”.

Saber exactamente qué fue lo último que se inventó, o “la ridiculez” del momento costaría mucho trabajo, pues las modas son así, incomprensibles.

Las mujeres no escapamos de la furia de la novedad y la mayoría del tiempo miramos revistas y programas de belleza, en busca de la última pieza que puso en el mercado las marcas “Carolina Herrera” o “Chanel”, entre otras tantas.

Estos anhelos no están proporcionados con las posibilidades monetarias de muchas cubanas, pues adquirir una pieza de primera mano de tal calidad sería prácticamente imposible, porque los precios en las boutiques sacan ojos. 

Por estas y tantas razones más predominan las modas de ropas “toste”, en términos más generales las que todos, absolutamente todos, tenemos. No resultaría extraño salir de paseo y que más de cinco personas estén vestidas igual que tú, cuestión que resulta incomodísima.

Existe también la imitación femenina, pero enfocada hacia actrices y modelos con cuerpos súper sexy, de muñeca Barbie, la figura deseada por toda chica. Este problema trae consigo que muchas mujeres estén más pendientes de las ropas y accesorios, que de cuestiones básicas como comer y dormir.

Adecuarse a las posibilidades y opciones a la mano, en el contexto de las modas, debe ser la visión de los jóvenes. No dejar a un lado gustos y preferencias propios de la edad, pero hasta el punto de no ser risibles.