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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

JUGAR EN RED A LO CUBANO

JUGAR EN RED A LO CUBANO

ALEJANDRA ANGULO ALONSO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿El fin justifica los medios? Afirmativa parece ser la respuesta de los jóvenes cubanos que disfrutan de los videojuegos en red a través de  una vía alterna al internet.

No cabe duda, el acceso a internet constituye un problema de alto impacto en todas las esferas de la sociedad cubana. Solo el 26 por ciento de la población, según reporta la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI), son beneficiados con este servicio.

Si bien es cierto que el estado favorece el libre uso de internet en universidades, centros de investigación y otras instituciones estatales, el acceso público es limitado y con precios que resultan altos en comparación con el ingreso promedio de los ciudadanos. Sin embargo, la situación no impide la existencia de una “red callejera” que une a los amantes de los videojuegos.

Cables enredados, antenas enmascaradas y redes artesanales inundan  La Habana y forman parte del decorado barrial como actores silentes de la Street Net o Snet, entidad diseñada para mantener conectados a miles de jugadores con una infraestructura eficiente.

La Street Net cuenta con dispositivos de alta potencia para multiplicar la señal inalámbrica, como los NanoM2 que son comprados por sus integrantes en el mercado negro debido a la imposibilidad de adquirir estos insumos tecnológicos en  tiendas estatales.

Con varios estratos de responsabilidad y jerarquía, la red cuenta con una decena de administradores, generalmente anónimos, que admiten a las personas interesadas en pertenecer a esta improvisada élite de jugadores. 

Como cualquier comunidad, la Street Net está regulada por reglas que garantizan la supervivencia de la afición clandestina. No debatir temas  políticos o conectarse a centros estatales, forman parte de las normativas que aparecen en el organigrama de la página del sitio.

En la red, el entretenimiento estalla en adicción. De esta manera, la práctica en grupo se torna una opción más atractiva que el modo solitario de una persona contra su computadora.

El servicio es gratuito, aunque sus miembros costean una especie de contribución simbólica para mantener la red en uso cuando los equipos se rompen. Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de que este dinero recolectado enmascare algún tipo de actividad económica ilícita.

Este “invento cubano” para jugar en red también posibilita a sus  miembros compartir y descargar programas de televisión, series, películas y participar en foros de discusión temáticos. Pero la Street Net, en su intento de reemplazar a las formas usuales de conexión, trasgrede varios aspectos de la legislación cubana.

Resulta llamativa la existencia de una laguna legal en la que navega la “wifi habanera”.  Desde hace cinco años, la red se ha convertido en un secreto a voces que parece estar inmune a las normativas reguladoras del  espacio radioeléctrico.

Es plausible que los fanáticos de los videojuegos desarrollen su inventiva ante carencias y dificultades en su afán de integrarse a la era digital. Buscar alternativas para sustituir al internet, la cual debido a los precios y la inaccesibilidad, parece convertirse a medida que pasa el tiempo en una utopía, representa una necesidad, pero cuidado “gamers cubanos”, siempre ha tenido sus riesgos correr antes que caminar.

ENTRE PATITOS Y DIVINAS

ENTRE PATITOS Y DIVINAS

RITA MARÍA CAMBARA CASTILLO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

Hace poco menos de una década, los adolescentes del mundo, entre ellos los cubanos, deseaban ser parte del grupo mexicano Rebelde, de quienes seguían desde las letras musicales hasta la apariencia, sin embargo, hoy día el sueño de las púberes cubanas es ser divinas con grandes dotes para cantar y bailar, debido a la influencia, tres veces a la semana, de la miniserie argentina Patito feo.

Pero, ¿qué daños causa eso? Aparentemente todo sigue en la normalidad y olvidamos los largos sermones de las familias, hacia los menores de casa, sobre el consumo excesivo y sin criticidad de productos teledramatizados internacionales.

Las palabras anteriores tal vez sean recordadas en hogares donde aún existe el culto a la idiosincrasia y, pese a ello, actualmente están encontradas con la excesiva tendencia de los medios nacionales de transmitir productos audiovisuales extranjeros, que median las concepciones de nuestra sociedad e implantan cánones de vida dentro del público infanto-juvenil, sin constituir costumbres cubanas y en caso contrario, aislarlos de ellas.

A pesar de la gravedad del hecho y la llaga cultural, la historia de dicha teleserie marca de un modo muy usual a “chavalas y chavales”, como se conoce desde siempre cuando se hace popular un cantante para un espectador determinado.

Esta gran influencia recorre parques céntricos, fiestas o el esperado horario de recreo en escuelas primarias, donde las pioneras de preescolar, sin apenas saber escribir, tararean una y otra vez la seguidilla de las divinas como gasolina y brillantes como stars.

Hoy quieren ser bellas, bailar, cantar a viva voz y dominar a todos con el encanto de una diosa, pero si todo es así, ¿quién es el patito feo cuando nadie desea llevar frenos en los dientes, ni lentes y tener una apariencia física poco atractiva?

La mentalidad ha cambiado mucho, lo que me hace reflexionar y dirigir la mirada hacia los fenómenos dentro del ámbito televisivo cubano en particular. Surge, entonces, una interesante pregunta, ¿dónde están Guaso y Carburo, Cecilín y Coti, y qué me dicen de Matojo?

En la pantalla chica escasean los espacios de producción nacional, a pesar de la existencia de una cantera de nuevos realizadores con ganas de hacer y crear espacios atractivos y amenos al público joven, sin reproducir estereotipos importados, respetando nuestras tradiciones y costumbres.

Pienso, como muchos de los preocupados, en los derroteros de la conformación identitaria del cubano actual.Se ha perdido el sentido real de la autenticidad, por ello, hay que instruir a los ciudadanos desde pequeños con mirada crítica ante la excesiva injerencia cultural vivida hoy día, para no estigmatizar y aprehender lo bueno.

EL CORAZÓN DE LA VIDA EN LAS NOVELAS DE CHAVARRÍA

EL CORAZÓN DE LA VIDA EN LAS NOVELAS DE CHAVARRÍA

AILEEN INFANTE VIGIL-ESCALERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Daniel Chavarría, escritor a quien se dedica la décimo segunda Feria Internacional del Libro de La Habana, fue la figura principal del coloquio desarrollado esta mañana en la sala Nicolás Guillén de la sede principal del importante evento literario.

El escritor, galardonado en 2010 con el Premio Nacional de Literatura cubano y su equivalente uruguayo, el Bartolomé Hidalgo, confesó sentirse muy honrado con el homenaje y con el panel escogido para la presentación de su vida y obra.

Entre los panelistas estuvieron el escritor español Juan Madrid, el periodista de Televisión  Española, José Manuel Martín Medel, y el bloguero cubano y colaborador del sitio digital Cubahora, Iroel Sánchez Espinosa, quienes además de presentar parte de la vastísima obra literaria de Chavarría, compartieron con el público asistente anécdotas vividas junto al autor.

“Las novelas de Chavarría son como un daiquirí de guarapo, tienen por una parte su contenido de guarapo, el jugo de la vida que es el protagonista fundamental de su material narrativo, añadiéndole el buen limón del humor por una parte y el erotismo por la otra; además del ron destilado de lo mejor y lo peor del ser humano, pero a través de la libertad y la solidaridad; y todo eso enfriado con el frío de la inteligencia como contrapunto de la pasión y la ternura entre lo dulce y lo ácido que todos tenemos en realidad”.

Durante el homenaje se presentó por vez primera una de las últimas novelas del escritor, La piedra de rapé, realizada por el sello editorial Ediciones Cubanas para esta nueva edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Esta obra, dedicada por el autor a sus cuatro hijos varones y compuesta por testimonios atribuidos a distintos autores ficticios nacidos de sus “duermevelas”, fue escrita como el mismo Chavarría confesara “de a ratos y por años”.

La trama de La piedra rapé, única novela inédita del autor que vio la luz en este importante evento, sirve para mostrar los complejos avatares de otra novela río, donde coinciden la Francia de Richelieu, la España del conde-duque de Olivares, los Países Bajos y el Caribe del siglo XVII; personajes todos que se hacen acompañar, como en cada obra de Chavarría, de mucho humor, erotismo, alguna procacidad, personajes excepcionales, pero bien documentados y creíbles, y aventuras cosmopolitas a granel.

Según la editorial, este proyecto fue gestado en la misma sala donde hoy se presenta al público cuando a Daniel Chavarría le comunicaron la decisión de que le sería dedicada la décimo segunda edición de la Feria Internacional del Libro.

Como parte de las presentaciones literarias durante el coloquio, el panelista José Manuel Medem, de quien Chavarría asegurara “es uno de los mejores conocedores de la literatura policíaca en Cuba”, presentó el volumen “Adiós muchachos”, donde siguiendo la línea del argumento de intriga, como en sus anteriores novelas, Chavarría recrea una trama picaresca en la que la muerte, el dinero y el sexo, tienen como escenario las calles de la Habana Vieja.

Su argumento narra cómo Alicia, una jinetera que recorre la ciudad en bicicleta, se ve envuelta en una relación con Víctor King, un negociante canadiense con un pasado oscuro y sueños de riqueza. Además de satisfacer las peticiones sexuales alternativas de su posible salvador, tiene que arreglárselas para librarse del cadáver de un millonario holandés, y sacarle partido a esta desgracia, simulando un secuestro, para tratar de hacer realidad sus pretensiones. A medida que avanza la novela, Alicia y Víctor van quedando atrapados en sucesivas desventuras que los ponen en manos de un pícaro caza fortunas.

Por su parte, el periodista Iroel Sánchez presentó el texto Cuentos para ser oídos, que incluye una docena de relatos, ambientados en la Antigüedad Clásica Griega, y recrea, convertidos en este género, trazas insoslayables de los parajes por donde ha dejado su huella, de algún modo, el autor.

La vida, interpretada como una constante sorpresa, es una idea permanente que anima a Chavarría a escribir estos 15 relatos que, concebidos inicialmente para llegar a sus destinatarios a través del verbo oral, tuvo como primer nombre Juguete nuevo, porque son, por el entusiasmo que le provoca escribirlos y ver después la maravilla vivida convertida en letras, justamente eso.

Con este texto, el lector tendrá la posibilidad, conducido por la magistral vehemencia de las historias, de transportarse en su compañía por diversos y contrastantes escenarios del mundo nórdico, americano, caribeño y europeo, para compartir instantes únicos de humor y revivificaciones que pasan por la historia, por las experiencias comunes de los seres humanos y por situaciones de franca sabiduría.

Otros invitados al homenaje fueron el jazzista César López, quien interpretó magistralmente y a petición del autor sus piezas: Del puente a la Alameda y El día que me quiera, y del músico José Antonio Méndez, El King; y el escritor Alexis Díaz Pimienta, quien ocasionó grandes ovaciones de los presentes con una brillante décima inspirada en la vida y obra de Chavarría y compuesta a partir de temas sugeridas por los presentes en la sala.

José Manuel Medem, afirmó refiriéndose al autor homenajeado que, “si comes del corazón de la vida en las novelas de Daniel Chavarría, su corazón entrará en la tuya”, y no hay mejor manera que esta de definir la trascendencia de este maestro de la literatura latinoamericana.

LA CULPA, ¿DE QUIÉN?

LA CULPA, ¿DE QUIÉN?

DACHELYS ALFONSO LEAL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Esperaba encontrar en la noche del 28 de enero (2015) una Habana inundada de antorchas ardientes por las ideas de Martí. El fuego lo encontré homenajeando a nuestro Apóstol, pero también en un cesto plástico de basura de la calle 23, en el Vedado, luego de que a alguien se le ocurriera acallar las llamas de su tea en el interior del recolector de desechos.

El incidente lo vi yo, también una patrulla de policías que custodiaba en una esquina la seguridad de la marcha, y todos los que pasaban a su lado. Me quedé ahí, observando, buscando en los que me rodeaban alguna pista de preocupación, mas solo percibí indiferencia.

Días después, me encontré con otro cesto con huellas de quemaduras, estas leves, pues aún podía seguir dando su servicio. ¿Qué habrá ocurrido con este?, me pregunté, y con varias posibles respuestas seguí mi camino. Y así, en varias ocasiones, he encontrado estos recipientes públicos dañados, unos agrietados, otros sin tapas y a los que solo queda la barra metálica del soporte.  

Sin duda, muchas pueden ser las causas de estos “accidentes”, pero en cada uno de ellos saldrá a relucir la acción del hombre como el que los provoca, pero él no se percata de ello o no quiere hacerlo.

No obstante, cuando se trata de algún vertedero que molesta al barrio o de la basura acumulada porque no pasa el camión a recogerla, enseguida comenzamos a protestar y a exigirle a los Servicios Comunales la solución del problema.

Por supuesto, no estoy en contra de reclamar a las entidades encargadas de garantizar la correcta higienización de nuestras ciudades que cumplan su labor, pero, ¿qué ocurre cuando los responsables de infracciones somos nosotros y no nos exigimos?

Bien es cierto que varias de las tareas de Comunales no son cumplidas correctamente, o no son suficientes, o que el país no cuenta con abundantes recursos para garantizar todos los medios que se requieren en las comunidades cubanas para conservarlas limpias, pero a eso no se puede agregar la falta de escrúpulos de los ciudadanos que rompen los existentes. ¿Con qué derecho vamos a pedirle a otros la preservación y aumento de lo que nosotros destruimos o no somos capaces de cuidar? ¿Cómo vamos a reclamar limpieza si no contribuimos a mantenerla?

Se ha convertido en una moda hallar la culpa de lo mal hecho en entes, ya sea organismos estatales, centros de trabajo o la propia sociedad, de donde nos excluimos, y es que, ¿acaso no pertenecemos a este país, al pueblo cubano?

Gran énfasis se le ha dado a las palabras del compañero Raúl Castro en la más reciente sesión del Consejo de Ministros cuando dijo: “Lo que hacemos debe ser sometido constantemente a la crítica constructiva por parte de todos”. Muchos entenderán la expresión solo aludiendo a instituciones del país, mas no creo que se le pueda dar su justo valor si antes, cada uno, no la aplicamos a nuestro quehacer individual.

¿CUESTA MUCHO VALORAR LAS GRATUIDADES?

¿CUESTA MUCHO VALORAR LAS GRATUIDADES?

RAÚL ABREU MARTÍN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Era una mañana muy agitada en el amplio salón del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras. Esperaba con paciencia mi turno para una prueba rápida, pero necesaria para el diagnóstico del dolor de rodilla que me acompaña por varios días. A mi lado, dos personas de mediana edad conversaban sobre la demora:

-No es fácil, llevo ya una hora aquí y nada.

-Ten calma, que esto es así, sabes a la hora que llegas pero no cuando te vas.

-Claro, todo sería más rápido si cobraran la medicina, seguro que no demorábamos nada.

No creía lo que había escuchado. ¿Ellos sabrán de qué hablan? ¿Pagar por los servicios médicos los harían más eficientes? ¿Tendrán conocimiento de lo que a nuestro país le cuesta la Salud Pública?

En toda institución médica se han instalado carteles informativos sobre el costo de los servicios prestados, que brindan datos muy  esclarecedores.

Una consulta de atención primaria de salud cuesta 25.32 pesos y en un clínico quirúrgico serían 72.08 pesos. Un día de ingreso en un hospital general alcanza la cifra de 131.68 pesos, mientras que la cirugía de fractura de cadera, frecuente en pacientes de la tercera edad, asciende a 1731.65 pesos. Estas cifras no incluyen los recientes incrementos salariales en el sector.

Piense, por un instante, que su hijo necesita una cirugía y no dispone usted del dinero necesario para que lo atiendan o si la hemodiálisis de un abuelo depende de su cuenta bancaria, ¿qué ocurriría si tuviera que pagar estos servicios?

En muchos países del mundo, la gente muere de enfermedades tratables simplemente porque no pueden costearse una visita al médico o se imposibilitan de hacerle frente a los altos precios de los medicamentos. Nosotros, no. Podemos ir al hospital con la total seguridad de recibir la atención y medicina necesarias sin gastar un centavo.

Es cierto que nuestro sistema de salud carece, en ocasiones, de la excelencia. Aspiramos a ello, pero la labor debe ser de conjunto de quienes brindan y reciben el servicio. El trato amable y la atención esmerada es tarea de unos, mientras que el cuidado y la preservación de las instalaciones es responsabilidad de todos.

Debemos apreciar el costo que tiene para el Estado cubano la Salud Pública, uno de los grandes logros de la Revolución. Recordar que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. La tranquilidad de poder recibir atención médica gratuita en cualquier momento no tiene precio.

Recuerdo el texto de una canción de Buena Fe que dice: “Salud y educación, toma pa´que seas rico, ya lo demás vendrá despacio y lentamente…”. Estamos tan acostumbrados a las gratuidades que no valoramos, no apreciamos, la trascendencia que tienen estos servicios en la vida cotidiana.

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El domingo, al observar una revista de modas, me asombrécon las nuevas tendencias, las cuales optan por la mínima utilización de tejido. Dejaban descubiertas partes que antaño se consideraba indecente mostrar públicamente. Tal parece que los diseñadores de moda son conscientes del cambio climático que nos acecha.

Lo cierto es que en  los últimos 100 años, la temperatura media global aumentó 0,76ºC. Dicho crecimiento es suficiente para que el clima cambie de forma acelerada y profunda. A este fenómeno se le conoce como calentamiento global.

Por si fuera poco,  los especialistas prevén que las temperaturas para fin de siglo aumenten entre 1,8 y 4ºC y el nivel del mar ascienda entre 18 y 59 centímetros, tanto por la expansión del agua por el calor como por la fusión de los glaciares continentales.

Las principales consecuencias de esta situación radican en la atmósfera, donde ocurre el efecto invernadero. Este último es notorio en gases claves como el CO2, Metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), que aunque son menos de una décima de un 1 por ciento del total de gases de la atmósfera, resultan vitales porque actúan como una “frazada” alrededor de la Tierra. Sin esta capa, la temperatura mundial sería 30°C más baja.

Por otra parte, las emisiones de dióxido de carbono por quema de combustibles ascienden a 6.25 mil millones de toneladas en 1996, un nuevo récord, de acuerdo a la Panel Internacional Sobre Cambio Climático. Aunque no parezca mucho, es equivalente a volver a la última glaciación, pero en la dirección inversa, según expertos. 

El cambio climático nos afecta a todos. El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes variaciones en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor.

De igual modo, este no es solo un fenómeno ambiental, tiene profundas consecuencias económicas y sociales. Los países más pobres, peor preparados para enfrentar cambios rápidos, son los que sufren las peores consecuencias.

Los especialistas predicen la extinción de animales y plantas porque los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud advierte que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por el agua y según el Banco Mundial, las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980.

Quizás la proximidad de la Cumbre Climática de diciembre de 2015, en París, obligue a replantearnos soluciones urgentes y viables para frenar el cambio o al menos atenuarlo. Debe estar en el centro de la agenda, el incumplimiento de algunas naciones del Protocolo de Kioto, como España, y la no participación de otros como Estados Unidos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático  considera que la solución es una revolución energética que transforme el sistema hacia las energías renovables, la eficiencia energética y la inteligencia. El desarrollo de estas energías será una fuente de empleo y reducirá el costo de la electricidad.

Apuntaría la necesidad de voluntad política de algunos gobiernos y el cumplimiento estricto de los acuerdos internacionales sobre este asunto. De esto no suceder con prontitud, no solo estarán  en peligro de extinción el trabajo de los diseñadores de ropa, sino también una importante especie: el hombre.

¿Y TÚ QUÉ ERES?

¿Y TÚ QUÉ ERES?

Tendencias, modas, gustos musicales, o simplemente alguna que otra preferencia de cualquier tipo, aglutina tanto a jóvenes como a no tan jóvenes que hoy día conforman en nuestro país las llamadas tribus urbanas.

DAVID DELGADO SECO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Rostros juveniles tanto extraños como comunes, personas que comparten un mismo estilo de vida —formas de vestir, peinados, gustos por determinados géneros musicales, etc.— e integran asociaciones espontáneas entendidas como sucesos subculturales que se desarrollan y originan en los espacios civiles; las denominadas “tribus” urbanas gozan en la actualidad de muchos seguidores en Cuba.

Debido al incremento de la accesibilidad a la información por diferentes vías como internet, antenas de televisión clandestinas, introducción desde diferentes países de productos de comunicación audiovisual…, ha aumentado la variedad de estas llamadas tribus, cuya distinción principal está dada por el consumo cultural de la música: los “rockeros”, divididos en metaleros, punkis, nuevos metaleros, hippies y frikis; los "mikis", volcados en la electroacústica, disco y trova; los "reparteros", seguidores del reggaetón, hip hop, rap o timba; y los casi extintos "emos", incondicionales del subgénero de rock emocional.

En el ámbito científico, pocas miradas han tocado este fenómeno social, surgido por la emergencia de identidades nuevas entre "una población joven y adolescente que necesita distinguirse", según la psicóloga Daybel Pañellas, profesora de la Universidad de La Habana.

Por otra parte, lejos parecen haber quedado las persecuciones y tormentos que sufrieron los rockeros, pioneros de estas tribus urbanas en la isla caribeña durante los años 60, por escuchar a Elvis Presley y a los Beatles. En aquel entonces, todo el que consumiera música en inglés o usara cabello largo era acusado de "diversionismo ideológico". No era, pues, bien recibido en casi ninguna parte.

Hoy día, como las manadas, cada tribu ocupa su espacio en la avenida G, del Vedado, y la madrugada transcurre sin tensiones, marcada por el consumo de ron y tabaco, y la vigilancia, distante pero atenta, de agentes del orden público. Aparentemente nada los diferencia de los jóvenes que se identifican de manera similar en Londres, Nueva York o Berlín.

La agresividad simbólica o física centra a toda la diversidad de tribus en Cuba y se refleja en sus estéticas: reivindicadoras de la raza negra en los rastafaris; oscuras e imponentes en rockeros; irrevocablemente andrógina en los emos; sobresaliente para los reparteros; y a través del dibujo clandestino en los grafiteros. Así van las tribus.

DE ARTES Y COMUNICACIÓN

DE ARTES Y COMUNICACIÓN

JOSÉ ERNESTO GONZÁLEZ MOSQUERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

París, ciudad efervescente en el ocaso del siglo XVIII, tejió con mano maestra las redes de la revolución burguesa en cada fibra sensible de la sociedad. La economía, la política, la religión, el pensamiento y las artes se rindieron ante el desplome de las caducas formas de dominio feudal, para dar paso a lo novedoso y brillante del capitalismo burgués que comenzaba a dar sus primeros pasos en la autentificación de su nuevo poder.

La importancia de su hazaña recae, más allá de la virtud triunfadora, en la estrategia llevada a cabo para modificar, a imagen y semejanza de sus intereses, el pensamiento de aquella masa inerte de dominio político alguno, hasta lograr adentrarlos en el renovador sistema que cambiaria desde entonces la historia de la humanidad toda.

No se pecaría al pensar que la cultura es el reflejo de la sociedad y la totalidad de lo creado por ella y que a su vez crea al hombre y este se refleja en su devenir histórico. Así, con gracia y sutileza, la revolución en aquella Francia traspasó el mero horizonte del dominio político y económico hasta consolidar el poder cultural e ideológico sobre las masas; todo a través de un sistema organizado.

La propia fecha de la revolución devino entonces símbolo de rebeldía y de lucha por la libertad. Esto me recuerda el cuadro La Libertad guiando al pueblo, de Eugene Delacroix, expuesto hoy día en las salas del Museo del Louvre en que se muestra una mujer portando la bandera tricolor en clara guía de un pueblo rebelado, cuando solamente fue la coincidencia de un día cualquiera escogido por la mayoría en consecuencia de hechos anteriores. Asimismo trascienden nuevos símbolos: los tres colores patrios (rojo, blanco y azul, hoy en la bandera nacional del estado francés), el emblema Liberté, legalité, fraternité, con los presupuestos de “libertad” que regían la Revolución, así como el árbol de la libertad y el gorro frigio.

Otra de las maneras más difundidas en esta nueva cosmovisión de simbologías que creó la Revolución Francesa para legitimar su poder fueron las artes escénicas y la música, que junto a diversas prácticas comunicativas como la prensa impresa, los clubes, los cafés como espacio de socialización de la información y la oratoria como forma más acertada de intercambio de ideas, noticias y “doctrinas” debido al índice de analfabetismo existente en la población, se convirtieron en poderosas vías de llevar al nivel subjetivo y de pensamiento la idea del cambio a todas las esferas y niveles. 

Las tablas, la escena o como quieran nombrarse, ya fueran callejeras o acogidas en el famoso clasicismo de la Comédie Française, eran abarrotadas por las personas deseosas de distracción ante la rapidez y dinámica de los cambios sociales que los rodeaban.

El sombrero de fieltro, el traje de “mil colores” y  la máscara negra del Arlequín se convirtieron en símbolos de comedia y diversión para el público; por el contrario, la dramaturgia estuvo descubierta en la maestría creativa de Moliere con sus obras Le Tartuffe, Le Misanthrope, Les femmes savantes y Don Juan. El mundo giraba muy rápido por esos días y el teatro fue también victima de avatares. La política lo alcanzó y las puestas en escena comenzaron a reflejar el devenir diario de la Revolución y convertirse en trinchera de defensa de sus conquistas y parche de las medidas más reaccionarias dentro de la misma. Una manera muy inteligente de llegar a las masas sin necesidad de la fuerza ni la imposición pura y dura de las ideas.

A su vez, uno de los artes más puros, sin límites, sin fronteras, sin banderas, sirvió también a ese afán de adoctrinamiento, pues no se me ocurre otra palabra para describirlo, que bordó el proceso revolucionario francés. La música se convirtió en un medio espectacular para difundir esas ideas. Cada suceso debía ser acompañado de una canción con una letra fácil y pegajosa, sin tantos arpegios ni complejidades sonoras y tonales, para que al populacho le fuera fácil recordarlo. Desde La Carmagnole –melodía de la región de Provenza para lograr la concordia con los sans-culottes- hasta La Marsellesa, podría decirse cumbre de este tipo de comunicación musical hoy día. Actual Himno Nacional francés, esta canción fue compuesta para el ejército del Rin como canto de guerra, hasta que la popularidad le trascendió y superó la región de Marsella, de la cual toma su nombre actual.

Podemos ver entonces cómo los tentáculos comunicativos de la Revolución Francesa se extendieron más allá de lo que tradicionalmente entendemos por comunicación. Ya no solo fue la prensa, la oralidad y la publicidad; en aquel momento las artes se volvieron fuertes instrumentos de socialización de información y de traspaso de ideologías. En fin, aquellos que Su Santidad Juan Pablo II expresara una vez le queda como anillo al dedo: “La comunicación genera cultura y la cultura se transmite mediante la comunicación”.