Blogia
Isla al Sur

Entrevistas-Trabajos Docentes

EL FÍGARO DE SANTA FÉ

EL FÍGARO DE SANTA FÉ

Luis Rey cambió su fusil por las tijeras y a este trabajo ha dedicado medio siglo de vida.

Texto y fotos:
IVÁN MORALES MORALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuentan que su barbería la visitaba El Caballero de París y aunque nunca se peló en ella, la presencia de aquel hombre de cabellos desobedientes traía esperanza y buenaventura al lugar.

Hoy, después de cincuenta años en el oficio, Luis “el Curro” Rey, o simplemente Luis “el barbero”, se ha convertido en una leyenda para los habitantes de Santa Fé, tanto como el mítico “Caballero” que se paseaba por allí.

“Yo comencé por necesidad en estos quehaceres. El gobierno existente por aquella época de neo-república no tenía en cuenta a las personas de bajo nivel adquisitivo, por tanto, no tuve más remedio que hacerme de unas tijeras y un paño para alimentar a mi familia.

“Aprender  fue algo difícil. Quienes enseñaban no permitían ningún tipo de comentario del practicante. Solo podía observar cada detalle, cada movimiento. Pero con el tiempo he apreciado cuánto le debo a esos métodos. 

“Cuando empecé, simplemente no pelaba, sino que 'mataba'. Gracias a muchas horas tras el sillón logré perfeccionar la técnica y poco a poco fui adquiriendo experiencia. La clientela comenzó a interesarse por mi manera singular de cortar el cabello, y actualmente, muchos se mantienen asiduos a esta barbería”.

A los 74 años de edad, Luis se muestra locuaz. Durante toda la conversación se adelanta con ráfagas de respuestas a cualquier inicio de pregunta para hacernos partícipes de su historia, frecuentemente marcada por alusiones a las luchas revolucionarias y a las acciones que realizara como miembro del Movimiento 26 de Julio (M-26-7).

“Con apenas trece años participé en la huelga de 1948 en San Antonio de los Baños. Desde entonces despertaron en mí los deseos de luchar contra lo mal hecho. Procedía de una familia acomodada, sin embargo, me incomodaban los desmanes y la miseria que sufría el país. De ahí proviene, tal vez, mi espíritu de eterno luchador contra las injusticias.

“Cuando tuve la suficiente capacidad para reconocer que el único camino posible era la lucha armada, ingresé como delegado a la Juventud Ortodoxa de la textilera ariguanabense, en compañía de Max Lesnik, Mario Ribaduvia, Orlando Catre, Silvio Medina, entre otros”.

Tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 protagonizado por Fulgencio Batista, quien se convertiría en uno de los más sanguinarios presidentes de Cuba, Luis y sus compañeros desarrollaron acciones de protesta en Cayo la Rosa y Bauta.

“A partir de ese momento nuestra actividad revolucionaria se consolidó, haciéndose más vulnerable la seguridad de todos los miembros de la organización juvenil. Por decisión de la jefatura tuvimos que trasladar nuestro radio de operaciones hacia otros municipios menos asediados por las autoridades batistianas”. 

Para 1954 ya radicaba en Santa Fé, donde se integró al M-26-7 como uno de sus principales jefes: “Por esa fecha organicé mi “tropa”, todos muy jóvenes, pero con unos deseos enormes de mejorar  la sociedad, que pedía a gritos un cambio radical.

“Teníamos la misión de crear revueltas en el poblado. Para lograrlo repartíamos proclamas, tirábamos cadenas a los cables eléctricos, escribíamos consignas en las paredes y quemábamos algunos sembrados de caña”.

Una de las acciones más temerarias de aquel grupo fue el intento de tomar la estación de policía. Aunque no se cumplieron los objetivos, la maniobra los hizo crecer política y militarmente.

“Durante la huelga del 9 de Abril de 1958 pasamos toda la noche regando grampas, un humilde aporte a la valerosa acción desarrollada por nuestros compañeros de lucha”, dice.

Con el triunfo de la Revolución, el Primero de enero de 1959, comenzó para Luis una etapa de cambio sin precedentes, una época de nuevas oportunidades, de libertad y justicia social. No obstante, aquello significó solamente una victoria, el mayor reto sería mantenerla para siempre.

“Durante todo el proceso de reordenamiento que vino después, me fueron asignadas tareas como el nombramiento del primer jefe de la Escuela Naval del Mariel, y la fundación de los grupos iniciales de guardafronteras en las Milicias Nacionales Revolucionarias”.

Sobre esta última labor guarda una anécdota con especial orgullo: “Uno de los muchachos que integraba el grupo, de apenas 17 años, lloraba en las guardias. Aquella aparente debilidad contrastaba con la disciplina militar. Sin embargo, con mucha paciencia, logramos convertirlo en uno de los mejores soldados de toda la unidad. Hoy, es teniente coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias”.

Con la desmovilización del ejército por problemas de enfermedad, Luis abandonó la vida militar. Entonces, “debía encontrar un trabajo que sacara de apuros mi economía, y la mejor manera fue retomar las tijeras y regresar tras el sillón”. Así, “el Curro” Rey puso a un lado su fusil para convertirse en un carismático barbero, oficio al cual le debe la formalidad, el amor y la entrega.

A medio siglo de dedicarse a esta labor, cuántas modas, estilos y cortes diferentes habrá realizado. Cuántas historias como aquella del inquieto “Andarín Carvajal”, que ni tan siquiera sentado en el sillón se mantenía tranquilo: “Compadre, mientras esperaba su turno brincaba una y otra vez. Esa intranquilidad característica de él me llenaba de temor a la hora de pelarlo. La posibilidad de hacerle un mal corte estaba siempre presente”.

Quizá el secreto para permanecer consagrado a un mismo oficio  durante tanto tiempo ande oculto por su barbería, o se deba, tal vez, a la buena influencia de aquel “noble visitante de París”; lo cierto es que Luis Rey sigue sumando años a su trabajo, para continuar siendo un barbero de generaciones.

FICHA TÉCNICA

Objetivo central: Conocer cómo el barbero Luis Rey ha logrado cultivar un mismo oficio por tanto tiempo y su participación en el Movimiento 26 de Julio.

Objetivos colaterales: Ahondar en anécdotas acerca de personajes llamativos que visitaron su barbería. Investigar detalles curiosos sobre los métodos de aprendizaje de su labor en épocas pasadas.

Tipo de entrevista:
       
Por los participantes: Individual
Por su forma: De citas
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara

Tipo de título: Llamativo

Tipo de entrada: De anécdota

Tipo de cuerpo: De citas

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador.

Fuentes consultadas: El entrevistado. Directa.

 

EL PILOTO DE LA GUITARRA

EL PILOTO DE LA GUITARRA

Milton Pérez Sotomayor desde niño se debatía entre el amor por las aeronaves y la música.

Texto y foto:
KATHERINNE DÍAZ PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Está en silencio. Parece triste. Espera que Milton Pérez Sotomayor, piloto de la empresa Aerogaviota, acaricie las delicadas cuerdas de su brazo ya gastado por los años. Él habla, la mira, sonríe, dice que a veces ella lo maltrata, pero es su culpa porque la musa no lo acompaña.

“La guitarra es un hobby, una adicción, una vía de escape, una actividad diaria, una amiga fiel..., que me sustituyó el vicio de fumar. Todo el tiempo y energía que dedicaba al cigarro, lo transformé en descubrir acordes”, expresa con la seguridad de que los cabos regados en los ceniceros son una página olvidada en su vida.

De inmediato, habla sobre sus inicios en la música que fue desde pequeño. En la casa había un tocadiscos y su mamá le ponía canciones infantiles: “Muchas las aprendí de memoria, tenía facilidad para repetirlas. Recuerdo El gatico Vinagrito, de Teresita Fernández”.

Las manos de este hombre maduro se alborotan al rememorar momentos de la niñez y adolescencia: “En la secundaria tuve un amigo prodigio que tocaba piano y guitarra de oído. Con él aprendí las primeras notas musicales”.

Sin embargo, los dedos de Milton Pérez jamás rozaron los seis hilos del instrumento en el grupo de amigos que se reunía, en cualquier casa, a tocar las canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés: “Yo cantaba porque en aquella etapa las tonalidades de mi voz se semejaban bastante a las de Silvio”.

Se balancea en el sillón de su casa en Marianao. Va al compás de la melodía de la cantante irlandesa Sinead O`Connor; siempre ha tenido el don de sentir la música. “Por eso, también, bailé mucho”, comenta.

Quienes lo rodean reconocen el talento natural con que de joven se entregaba a los diferentes ritmos y, en especial, al casino cubano: “Gané con mi pareja varias competencias de danza en el programa radial La ciudad baila y en el televisivo Para Bailar. En uno de los ensayos de este último, Rosendo González, creador de las ruedas de casino y Cristi Domínguez, directora del Ballet de la Televisión Cubana, nos propusieron integrar esa compañía”, evoca.

En aquellos momentos el joven cursaba el duodécimo grado. Su futuro lo había decidido: escogería la carrera de piloto de guerra.

-¿Por qué el mundo de la aviación?

La pasión por los aviones viene desde antes que la música porque nací en ese ambiente: mi padre fue piloto de combate, y mamá trabajaba en el aeropuerto José Martí; ella cuenta que yo con cinco años conocía todos los modelos y aerolíneas. Tenía solo una manera de alcanzar ese sueño y era estudiar. Nunca me he arrepentido del camino escogido, de no ser así, cada vez que viera un avión en el cielo sentiría gran frustración.

Cuando estudiaba la carrera en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS), le sucedió algo muy significativo con la nueva trova.

“Quizás fue la madurez, la ausencia de la familia, el estar lejos de Cuba, la preparación para la defensa, lo cierto es que comencé a interpretar y a profundizar en los textos de Silvio, los cuales me maravillaron e hicieron que descubriera la diferencia entre la música comercial, simplista, superficial, de la inteligente y poética. Me dieron otra óptica para ver las cosas, y además, siempre han dicho lo que preciso escuchar en determinados momentos”.

Con ese espíritu del trovador se fue a Kazajastán, una república de la URSS, para recibir entrenamiento y después, ir a combatir a Angola con 23 años.

“Un día, de los muchos aburridos que hubo en el adiestramiento, fui con un amigo a la tienda. Allí vimos una guitarra. Él tocaba, y sabía que yo quería aprender. Me propuso: tú la pagas, y te enseño. Así tuve mi primera guitarra. Fue rusa, con unas cuerdas de acero y una fea madera”.

Con ella comenzó a tocar varias canciones, compuso guarachas humorísticas, participó en actos políticos y culturales... y se la llevó para Angola. “Le puse un cinturón verde olivo y me la enganché al hombro como si fuera un arma”, dice.

En el continente africano ella se convirtió en una íntima amiga, pero la compañía no duró mucho. “Cuando vine a Cuba de vacaciones, el amigo de Kazajastán me la pidió prestada. No se la pude negar. Al regresar,  al próximo año, solo encontré algunos pedazos del brazo. Nunca he querido escuchar qué pasó”, dice con un destello de tristeza en sus ojos. 

El período especial cubano de la década del 90 se aproximaba, y con éste, cambios en el centro laboral del piloto. Afirma que “las circunstancias me separaron de los aviones de caza, e hicieron que fuera a volar a la empresa comercial Aerogaviota”. 

-¿Siente la misma pasión
ahora que cuando volaba
aviones de combate?

En estos momentos manejar una aeronave es estar vivo y realizado profesionalmente, lo cual da mucha paz. Disfruto los paisajes, la adrenalina, la altura...  Aunque admito que la aviación de caza me fascina más: sentir la velocidad -mayor a la del sonido-, hacer acrobacias, piruetas en el aire, volar en la  estratosfera, estar dispuesto a entregar la vida todos los días en la defensa de mi país y otras naciones.

Pilotar más de seis tipos de aviones durante 27 años, continuar activo y no haber sufrido nunca un accidente son algunas de sus satisfacciones más importantes. A esto se suman las dichas en la música; sin embargo, no se considera un guitarrista, ni trovador, “más bien un guitarrero que se entretiene, enriquece su espíritu y libera el estrés”.

-¿Compone canciones?

He hecho varias cosas entre letras y música, pero no me dedico a eso porque el tiempo no alcanza; quizás, algún día. Lo que hago es interpretar el arte de Silvio, Pablo, Frank Delgado y Carlos Varela.

Al preguntar cuántas melodías tiene un su repertorio, contestó: “Me alcanzan para cantar toda la noche,  dedicar versos a una muchacha y transmitir un mensaje a un amigo que lo necesite”.

Sus agendas y libretas cuentan con más de 200 canciones de varios autores, y los familiares afirman una cantidad superior porque muchas las guarda en su memoria.

Se escucha el timbre de un taxi desde la calle. Milton Pérez va a superar las 4 000 horas de vuelo que hoy ya tiene. Se aleja con su impecable uniforme, maleta en mano y la inseparable amiga al hombro. Mira hacia atrás, sonríe y dice señalando a la guitarra: “Si no la llevo me preguntarán dónde la dejé, no puedo andar sin mis dos pasiones juntas: los aviones y la guitarra”.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Abordar el amor que siente Milton Pérez Sotomayor por la música y los aviones.

Objetivos colaterales: Conocer sus inicios en la música. Investigar algunas experiencias con la guitarra. Abordar varias anécdotas como piloto de guerra y comercial.

Tipo de entrevista:

Por su participante: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de personalidad
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo

Tipo de título: de referencia al entrevistado
Tipo de entrada: narrativa
Tipo de cuerpo: mixto
Tipo de preguntas declaradas:
-¿Por qué el mundo de la aviación? Abierta.
-¿Siente la misma pasión ahora que cuando volaba aviones de combate? Directa.
-¿Compone canciones? Cerrada.
Tipo de cierre: de comentario del entrevistado

Fuentes consultadas:

Norma Sotomayor Ríos, madre de Milton Pérez Sotomayor (no documentales)

Carmen Pérez Naranjo, amiga y aeromoza de Cubana de Aviación (no documentales)

María Tomás Zerquera, amiga (no documentales)

Documentos personales del entrevistado (documentales).

 

 

 

UN URUGUAYO EN LA HABANA

UN URUGUAYO EN LA HABANA

Texto y fotos:
DAVID VÁZQUEZ ABELLLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alfredo López Viqueira tiene 81 años y dedica el tiempo libre a sus grandes pasiones: la nieta, el ajedrez y el tango. En busca de un sueño abandonó su país natal, Uruguay, con su familia y con las ganas de contribuir a la construcción de una sociedad nueva. Conoció a grandes personalidades como el Comandante Ernesto Che Guevara y el escritor Mario Benedetti. Es feliz y encuentra en cada rincón de la vida, una fascinación.

-¿Cuándo llegó a Cuba?

Desde los últimos días del año 1961. Vine invitado por el gobierno revolucionario a trabajar en el Ministerio de Industria. Tenía antecedentes de lo que pasaba aquí, de la lucha en la Sierra Maestra. El triunfo de la Revolución significó un motivo de esperanza para mí. Nosotros allá, en el Uruguay, formamos un grupo de solidaridad con Cuba y conocimos a muchas personas que nos informaron de la situación en la isla.

Inmediatamente nos identificamos con las ideas de la revolución y de la nueva sociedad. Mi primera esposa y yo éramos ingenieros y decidimos aceptar la propuesta de trabajo que nos hacía la dirección del país y venirnos con nuestras dos hijas. Pensábamos que era una obligación de todo el que pudiera colaborar con la revolución.

Alfredo proviene de padres emigrantes gallegos asentados en Montevideo. Aunque no eran ricos, pudieron costearle la universidad: “De cualquier manera, hice parte de la carrera dando clases particulares de Matemática”.

Nunca militó en ningún partido político, pero se formó una conciencia revolucionaria, nacionalista y antiimperialistas desde muy joven: “Mi padre reunía en su casa a un grupo de españoles, amigos de él desde sus años mozos. Entonces ellos se dividían en dos corrientes, como era lógico, había republicanos y franquistas. Mi casa era un forum de ideas y debates bastantes violentos. Eso va formando.

“Después estalló la Segunda Guerra Mundial y la derrota de Francia por los nazis nos golpeó a todos. Yo recuerdo que por esos días salíamos a las calles a pedir ayuda para el pueblo francés. Ese tipo de acciones da una formación no definida desde el punto de vista ideológico, pero sí progresista, de lucha contra el fascismo.

“En nuestro país, hasta 1945 el predominio imperial fue inglés. Cuando finalizó la guerra, Inglaterra fue desplazada de Uruguay por Estados Unidos. Nosotros teníamos contra los yanquis una situación de abierto enfrentamiento por todo lo que habían hecho anteriormente en Centroamérica y otras regiones del continente. No éramos marxistas, pero sí teníamos un nacionalismo muy fuerte, además de antiimperialistas”.

Desde su arribo a Cuba lo contrataron en el Ministerio de Industria, donde desempeñó varias funciones. En 1974 fue nombrado director de un taller encargado del soporte mecánico para la minería del cobre, de los no metálicos y la industria de la sal.

“En esa empresa hicimos una serie de actividades. La más importante fue la mecanización de la producción de sal, una manufactura que era muy rudimentaria, con un gran desgaste de los hombres.

“Hasta los años 70, aproximadamente, toda la extracción de sal se hacía a mano, con la horquilla se rompía la capa de sal, formada por la evaporación del agua, y después se trasladaba en carretillas. Eso provocaba en el trabajador un daño físico tremendo, porque eran labores muy duras.

“Para la mecanización se instaló una maquinaria soviética, pero con adaptaciones realizadas por ingenieros cubanos. El nuevo equipo se encargaba de arrancar la capa de sal, la levantaba y la descargaba en una carreta o en la banda transportadora. Entonces el esfuerzo se simplificó mucho. La productividad aumentó, aunque el objetivo fundamental fue mejorar las condiciones de trabajo”.

-¿Cómo conoció al Che?

Tengo el privilegio, la fortuna, de haber conocido al compañero Orlando Borrego, que era en ese momento el hombre de confianza del Che. Trabajamos juntos durante muchos meses y por su vinculación directa con el Comandante, coincidimos varias veces.

El argentino era una persona muy abierta a todas las cosas nuevas y le llegaron una serie de folletos, libros, que trataban sobre el uso de las matemáticas en la dirección de la economía. Eso exigía algunos conocimientos de matemática avanzada, fuertes, que él no tenía.

Entonces organizó un curso y nos inscribimos mi esposa y yo, junto a un grupo de compañeros del Ministerio. Nos reuníamos normalmente dos veces por semana y se lograron relaciones más estrechas con el Che. Incluso, tuve la oportunidad de oírle sobre sus ideas revolucionarias. Además, participábamos en trabajos voluntarios todas las semanas, los domingos. Se estableció un trato muy agradable que influyó mucho en mi vida posterior.

-¿Cómo era el Che?

Era un hombre sencillo y trabajador infatigable. Tenía una capacidad mental que le permitía enfocar problemas diferentes con mucho tino. Era abierto desde el punto de vista de escuchar opiniones de todo tipo, aún cuando no coincidieran con las de él. Como ministro, fue capaz de dirigir un ministerio como el de Industria, con el 90 por ciento de la producción del país, en circunstancias muy difíciles, con un personal técnico deficitario y sin contar en lo material con piezas de repuesto. Como dirigente era un fuera de serie.

Como persona era un hombre interesantísimo por su inmensa capacidad de enfocar distintos temas con habilidad y orientación. En ese curso de matemática se daban conceptos complicados que eran difíciles de entender, sin embargo, tenía siempre buena orientación y podía conducirse en un terreno espinoso como ese.

En 1971, Alfredo regresó a Uruguay para colaborar en las elecciones del recién creado Frente Amplio: “En ese momento mi esposa y yo concebimos la posibilidad de quedarnos. Todavía teníamos amistades y posibilidades de reinsertarnos, pero una amiga nos planteó que eso era una temeridad con nuestros antecedentes de 10 años en Cuba y con lo que podía suceder más adelante, ante una dictadura que ya se vislumbraba. Regresamos en enero del 72 y en abril se desató la represión. Muchos compañeros nuestros murieron salvajemente.

“La dictadura duró hasta 1985 y en ese entonces yo estaba completamente desvinculado de Montevideo. No tenía ninguna razón para volver a Uruguay, además, me sentía muy bien aquí”.

Alfredo trabajó toda su vida por la revolución cubana. Brindó sus conocimientos y dedicación al  desarrollo del país que adoptó como patria hasta que se retiró en el año 1991.

Ahora, me cuenta, su pasión es la nieta, Gabriela, vive para ella. Estar lejos de Uruguay no lo hizo olvidar el tango. Es un estudioso de ese género musical, lo adora: “El tango es parte elemental de mi vida, yo nací y crecí oyéndolo. Hasta el trabajo final de la Universidad del Adulto Mayor fue sobre este tema”.

Fiel a su entusiasmo de aportar a los demás, ahora imparte clases sobre el proceso de formación de las naciones latinoamericanas a los que ingresan a la universidad de la tercera edad, en el municipio Playa, donde reside.

La esposa, la nieta, el novio de la nieta, todos los de la casa se nos han reunido para disfrutar de las historias del abuelo. Le pregunto el significado para él de Cuba después de todos estos años. No le es fácil responder, se le nota en el rostro.

“Es la culminación de mis expectativas. El privilegio de contribuir con mi modesto esfuerzo al proceso revolucionario. El privilegio, además, de haber visto realizado todos mis proyectos. La posibilidad de reconstruir mi vida y hacer una familia.”

FICHA TÉCNICA:

OBJETIVO CENTRAL: Conocer sobre las razones por las que Alfredo López Viqueira abandonó Uruguay y vino a vivir a Cuba.

OBJETIVOS COLATERALES: Indagar sobre su labor en el Ministerio de Industria. Investigar cómo conoció al Che y su opinión sobre él. Conocer de su formación política en Uruguay.

TIPO DE ENTREVISTA:

Por sus participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: de Personalidad
Por el canal que se obtuvo: De encuentro directo

TIPO DE ENTRADA: de Resumen o Típica
TIPO DE TÍTULO: De referencia al entrevistado
TIPO DE CUERPO: Mixto
CLASIFICACIÓN DE PREGUNTAS: 1-Informativa-abierta; 2-Informativa-abierta; 3-Informativa-abierta
TIPO DE CIERRE: de opinión del entrevistado

FUENTES CONSULTADAS:

Antonio de los Reyes, compañero de trabajo del entrevistado. Directa.

 

OMAR, HABANA

OMAR, HABANA

Un Descamisado de la Sierra Maestra reafirma su posición de seguir al Comandante en Jefe Fidel Castro como lo hizo en los días de la guerra revolucionaria

Texto y foto:
INDIRA IGLESIAS ALARCÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Omar Muñoz Jiménez es un plomero del reparto donde vivo. Lo conoce mucha gente de la cola del periódico donde, en el tiempo de espera, escoba en mano barre la suciedad para dejar todo limpio. Sin embargo, hay páginas de su vida que permanecen en el silencio.

Él es Habana, el atrevido y desenfadado guerrillero a quien el General de Brigada Enrique Acevedo menciona en el libro Descamisados. Lo conozco desde pequeña y nunca ha sido difícil desentrañar su anecdotario sin límites. No tiene miedo de traer de vuelta el pasado, todo lo contrario, está orgulloso de haber vivido momentos irrepetibles en la historia de la Revolución cubana.

-¿Cómo llegó a la Sierra Maestra para

combatir con el Ejército Rebelde?

Mi familia era comunista y con la juventud del Partido Socialista Popular pintaba paredes y repartía propagandas contra Batista. Al ver que no había una forma más efectiva y de acción en la lucha, fui para el central Francisco, en Camagüey, hoy  municipio tunero de Amancio Rodríguez y allí conocí a una prostituta que trabajaba también en la cosecha de café en la Sierra Maestra.

Le dije: “Yo quiero subir a la Sierra, ¿de qué forma puedo ir?” Ella contestó: “Ven con nosotras. Deja tus uñas crecer para que parezcas el chulo de alguna de mis hijas y cuando se gane ‘esto’, me pagas 250 pesos”.

De ese modo subí y contacté con un rebelde, quien se preocupó muchísimo, pues el ejército de Batista infiltraba gente en la Sierra,  sobre todo mulatos y negros como yo. Le planteé el deseo de ingresar al Ejército Rebelde y unirme a las tropas. Él tenía cierta desconfianza conmigo, como era lógico. Eso ocurrió en junio de 1957.

-Ya en las montañas formó parte del

escuadrón de los Descamisados

creado por el Che.

¿Cómo fue la vida entonces?

Con el grupo de los Descamisados, ya lo dice la palabra, tuve un solo  pantalón: el que llevé. Me duró casi cinco meses. Una camisa de caqui como la de los campesinos y dos zapatos del mismo pie. A uno le corté un pedazo para acomodar el dedo gordo y evitar la molestia. El hambre era horrible. Cocinábamos en laticas, a veces tres cucharadas de arroz y frijoles medio crudos, algún pedacito de bacalao o chorizo, pero el hambre no tuvo paz con nadie.

A ese escuadrón mandaban a los personajes regados. Estuve con Enriquito y Rogelio Acevedo, Juan Pesca’o, William Gálvez y otro medio religioso que no lo era tanto porque después cogió un fusil y vino en la invasión con el Che. Con ellos participé en mi primer combate, en el Hombrito, donde quedé impresionado, pues mataron a un muchacho de 15 ó16 años, no pudimos rescatar el cadáver y el enemigo lo quemó.

-¿Qué definió su partida

de los Descamisados?

El primer combate de Pino del Agua. Esperamos siete días a los batistianos y lo único que comimos fue harina de Castilla con agua. Los soldados llegaron bajo un aguacero que se caía el mundo y así mismo combatimos. Luego del enfrentamiento, estuve perdido y después me recogieron unos campesinos.

Con los Descamisados estuve bastante tiempo, luego pasé a la Columna 1 José Martí. Cuando llegué, hablé con Fidel y me llamó la atención ver a ese hombre tan alto, sentado en el suelo con aquellas rodillas casi de mi tamaño y dije: “¡Coñó!, que tipo más grande”. Ese es de los recuerdos más gratos de la Sierra.

Junto a la Columna1 fue mucha el hambre, pero nada comparado con el sufrimiento del pueblo. Recuerdo que un compañero se encontró un pedazo de costilla de res descompuesta y Celia Sánchez,  la pobre, le sacó los gusanos con espinas de naranja, la cocinó y los muchachos se la comieron como tasajo. Otro compañero y yo en la finca del guajiro Crespo, que había sido expedicionario del Granma, hicimos la maldad de empujar por un barranco el mulo de Roberto Rodríguez Fernández, el Vaquerito, y a los 15 ó 20 días nos lo comimos. ¡Qué clase de banquete nos dimos gracias a la diabluría!

-¿Alguna vez temió morir?

La guerra de guerrilla es irregular y los combatientes deben aprender a buscar posiciones estratégicas. El guerrillero es valiente y más quien va a la lucha por una causa justa. No tiene miedo, no cuida su vida pensando en dinero, sino en el sentido de seguir viviendo para defender su causa. No es que sea suicida, pero la patria te da ese valor.

Uno también se fija en las mujeres, en Lidia Doce, Clodomira Acosta, Celia Sánchez, Vilma Espín, Teté Puebla, Melba Hernández. ¡Qué coraje! Frente a esos ejemplos no se puede tener ni el más mínimo síntoma de miedo.

-Con el triunfo revolucionario en

todo el pueblo reinó la alegría,

¿que pensó en aquel momento?

Voy a ser sincero, a todo se acostumbra uno y en la lucha como guerrillero me sentí bien. La batalla no había terminado con la victoria: comenzaba,  e iba a ser difícil en este país sin tierras, sin educación y sin salud, todo debía ponerse en el lugar preciso. Estaba alegre porque habíamos derrocado a Batista, pero la tarea sería muy dura.

Para apoyar a la Revolución trabajé con Camilo Cienfuegos en el Estado Mayor del Ejército Rebelde radicado en el cuartel Columbia, hoy Ciudad Escolar Libertad. Después me incorporé al Instituto Nacional de la Reforma Agraria donde participé en la creación de algunas cooperativas de desarrollo en la antigua provincia de Las Villas, y luego vino la invasión mercenaria por Playa Girón, donde aniquilamos al enemigo en solo 72 horas.

Participé en la lucha contra bandidos en el Escambray como subjefe de uno de los frentes, tuve varios combates con los alzados, peleé contra bandas como la de Manolito, El Loco y la de Juan Alberto Martínez,  bandidos infiltrados en la zona.

En 1975 cumplí misión en el sur de Angola y después fui a construir  carreteras a Etiopía. Fidel nunca dejó solos a los combatientes internacionalistas ni a su pueblo, y eso no lo admiten los yanquis, que a los hombres de Cuba no se les pueda doblegar. Otros nos traicionaron, pero la razón siempre la tiene el bueno y nuestra generación confía en que los jóvenes de hoy sean como Mella, Guiteras, el Che y Camilo a la hora de defender este pedacito de tierra.

-¿Si tuviera la necesidad de luchar por Cuba,

subiría nuevamente a la Sierra?

Sí, volvería y lo haría mejor. Si el país tomara esa decisión, me alzaría en este mismo momento, en la Sierra o en el Llano, pero siempre con Fidel a la cabeza.

-¿Qué otro recuerdo le queda del

Habana de los Descamisados?

El día que fuimos al llano a buscar a Ciro Frías. Traíamos dos latas de yuca y otra de ancas de rana, como descamisados al fin, nos comimos buena parte de aquello y me cayó mal. Estuve tres días sin ir al baño hasta que un compañero me dio como remedio un cabito de tabaco hervido.

En realidad guardo muchos recuerdos, pero sin duda, los de mi etapa como descamisado son los mejores.

-Omar, ¿Habana se siente héroe?

¡No, hija, no! Yo solo sé y siento que di lo mejor de mí por esta Revolución.

Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer algunas anécdotas sobre la vida del guerrillero Omar Muñoz Jiménez durante la guerra de liberación en Cuba de 1956 a 1959.

Objetivos colaterales: Conducir al público por algunos pasajes de la historia mediante las anécdotas del entrevistado. Precisar brevemente su participación en momentos importantes luego del triunfo de la Revolución. Obtener algunas opiniones de la vida en la Sierra.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: individual.
Por su forma: clásica.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: directa.

Tipo de título: con el nombre del entrevistado.
Tipo de entrada: de presentación del entrevistado.
Tipo de cuerpo: clásico.
Tipos de preguntas: 1-Directa y abierta. 2-Abierta. 3-Directa. 4-Directa. 5-De opinión. 6-Abierta. 7-De opinión. 8-Abierta.

Tipo de conclusiones: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas y tipo:

Libro Descamisados del General de Brigada Enrique Acevedo González. Editora Política, La Habana 1993. Documental.

Libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria. Ernesto Che Guevara. Cuba 1956-1959. Edición anotada. Editora Política, La Habana 2002.Documental.

 

YO QUIERO LO QUE HAGO

YO QUIERO LO QUE HAGO

 

El ejemplo de consagración se impone ante algunas circunstancias de la vida. Para el director del preuniversitario General Bernardo O’Higgins, padecer de una enfermedad cardiovascular no significa el fin de su profesión, ni el de su amor por ella.

LISANDRA DÍAZ PADRÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
facultad de Comunicación,
universidad de La Habana.

Foto: CÉSAR A. RODRÍGUEZ

EN UNA pequeña casa de Bejucal lo encontré leyendo. Estaba tan ensimismado -algo típico en él- que ni notó mi presencia. Cuando se percató, hizo que pasara a una modesta sala. Su tranquilidad convencía. Con 51 años de edad y 34 de trabajo, Oscar Mérida, director del preuniversitario General Bernardo O’Higgins, demuestra con su quehacer la experiencia y grandes ideas con que cuenta.

“Comencé a ejercer la profesión de forma empírica, aunque siempre tuve cierta inclinación por el magisterio. A los 17 años matriculé en la Formación Media (magisterio) y terminé como técnico de nivel medio ‘en dar clases’, por llamarlo de alguna manera. Posteriormente, ingresé en la Universidad. Asistí al Curso para Trabajadores y logré la Licenciatura en Educación, especialidad de Historia y Ciencias Sociales, carrera hacia la que tuve, tengo y tendré vocación.”

-¿Cómo fue su primer día frente al aula?

Ese día, como para cualquier maestro, resultó difícil. Era mi primer acercamiento a quienes debía transmitir conocimientos. Casi siempre los  nervios te traicionan. Y ¡qué nadie me vaya a decir que le salió bien!

Reconozco que el inicio resultó pésimo. Por supuesto, también es bueno decir que me sirvió para valorar los aspectos positivos y negativos de las clases y superarme cada día más. De esta forma fui avanzando y he llegado a 34 años de trabajo.

Observa como si quisiera descubrir la interrogante que está a punto de escuchar y sonríe antes de responder: “La responsabilidad de dirigir un preuniversitario durante tanto tiempo ha sido, en mi vida profesional, una vía de enriquecimiento desde todos los puntos de vista. He aprendido, con profundidad, sobre Historia de Cuba y otras asignaturas que la propia línea de trabajo exige. Sobre todo, me ha permitido una mayor relación con los adolescentes. Digamos que he conocido a fondo al ser humano.”

-¿Cuál es su percepción acerca de la

enseñanza media superior en la actualidad?

Creo que la enseñanza media superior debe seguir trabajando por ganar en calidad. Nosotros debemos lograr un bachiller mejor preparado (instructivo-educativo) y que llegue en óptimas condiciones a la Universidad.

Existen los medios tecnológicos que el Estado ha  puesto en nuestras manos para preparar al estudiantado. Claro que eso no puede ir separado de la importancia que tiene la viva voz del maestro, y lo que él pueda poner de su mente y corazón para formar nuevas generaciones. Estamos obligados a continuar esforzándonos por ser mejores.

El Bernardo O’Higgins es un centro que en los últimos cinco años ha logrado buenos resultados en pruebas de ingreso y está entre los mejores preuniversitarios de provincia. Como Director de este centro, debo lograr que el colectivo trabaje en busca de una mejor preparación de las nuevas generaciones. Este sería el mayor premio que puedo recibir como profesional: ver los resultados de mi trabajo traducido en excelentes graduados y que a mis oídos llegue un ‘gracias, profe’.

-Usted sufrió un infarto.

¿Sintió que sería el fin?

Por un momento pensé que, más allá de ser el fin como director, era el fin de mi vida. No es tan sencillo que le digan a uno que tiene catarro a que le digan que tiene un infarto. Es un poco difícil, pero las experiencias que se adquieren en la vida preparan para recibir estas cosas, para entender que uno puede sufrir de esa u otra enfermedad, y enfrentarlo de manera más optimista. Llegué a pensar que podía perder la vida y la profesión, pero después tuve la certeza que me recuperaría y podía continuar siendo maestro, labor que realizo actualmente y seguiré mientras la salud lo permita.

Las enfermedades cardiovasculares son provocadas, la mayoría de las veces, por el propio estrés en que se vive. Se le puede presentar a un maestro, albañil o un gastronómico. Pienso que no fue el trabajo el causante de la enfermedad.

-¿Qué sugiere usted deba hacerse para

erradicar el déficit de maestros?

Nuestra sociedad debe entender la importancia del maestro. Es necesario un análisis que lleve a un escalón más alto la posición de este. Estimo que si  hay una labor que merece ser reconocida es la del magisterio. También hay que tener en cuenta que nuestro país atraviesa por situaciones económicas muy difíciles, y dado que el profesor requiere de una entrega total en el horario de trabajo y fuera de él, su condición material no es la más favorable. De esta actividad dependen las demás profesiones.

-Muchos han interpretado que las videoclases

y teleclases sustituyen al maestro.

¿Cree usted esto?

Considero que toda la tecnología implementada en el sistema educativo propone una mejor preparación de los estudiantes en cada etapa de aprendizaje. Facilita el trabajo del maestro. Sin embargo, a mi entender, constituyen medios de apoyo al impartir clases. Pero, la viva voz del maestro y el calor que expande a  sus alumnos, es insustituible.

A la juventud cubana le digo que es hermoso ser maestro y es una lástima que muchas veces, por las situaciones que se nos presentan, se rechace esta carrera. El encanto y el placer de la vida no consiste en hacer lo que uno quiera, sino en querer lo que uno hace.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Conocer sobre la vida profesional de Oscar Mérida, director del preuniversitario Bernardo O’Higgins.

Objetivos Colaterales: Conocer su percepción acerca de la enseñanza media superior y el magisterio actual.

Tipo de Entrevista:

Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De Personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de Título: De Cita.
Tipo de Entrada: Descriptiva.
Tipo de Cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusiones: De comentario del entrevistado.

Fuente Consultada:

Entrevistado Oscar Mérida, directa.

EL MENSAJERO DEL BÉISBOL

EL MENSAJERO DEL BÉISBOL

Para Emiliano Tellería la pelota es pasión sin importar el trabajo que desempeñe.

Texto y foto:
JESÚS E. MUÑOZ MACHÍN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.  

Las calles del Reparto 10 de Octubre, del municipio Pinar del Río, cambian de repente cuando por ellas transita el mensajero Emiliano Tellería Urbina.

Telle, como lo llaman cariñosamente, convierte cada esquina, bodega, cafetería o placita en peña de béisbol, en la cual la polémica abarca desde el último partido de la serie nacional hasta la más reciente actuación de la selección cubana en eventos internacionales. Y como si no le bastara, al entregar los productos alimenticios a sus clientes también conversa sobre pelota: el singular personaje prácticamente es un “comentarista” ambulante.

Campeón en el 79

Emiliano estuvo vinculado por 32 años al Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER). Se desempeñó como entrenador en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), la  Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) y en áreas especiales de su municipio natal Consolación del Sur y Pinar del Río, tareas que recuerda con gran cariño.

Pero el momento cumbre como entrenador lo alcanzó en 1979, cuando formó parte del colectivo técnico del equipo pinareño que ganó el sexto campeonato selectivo de béisbol. Sobre aquel conjunto destaca: “Casi todos los integrantes provenían de la academia provincial y eran muy jóvenes. La mayoría de ellos después llegaron a ser grandes atletas, tales son los casos de Luis Giraldo Casanova, Alfonso Urquiola, Fernando Hernández, Juan Carlos Oliva, Maximiliano Gutiérrez, entre otros “.

También trabajó con Forestales –segundo plantel de la provincia-,  en dos Series Nacionales, e igual obtuvo buenos resultados: “Fueron años inolvidables, todavía los aficionados recuerdan los triunfos de aquella etapa”. 

Comentarios a domicilio

Hace nueve años que Emiliano brinda servicio de mensajería a las familias de la comunidad, pero sin dejar a un lado el mundo de las bolas y los strikes porque, como él afirma: “El cubano desde que nace ama la pelota. Es la pasión del pueblo y el deporte que nos identifica”.

-¿Qué siente cuándo le preguntan sobre temas deportivos?

En ese momento soy un hombre feliz.

-¿Le molesta cuando no aceptan su criterio?

Para nada. La polémica y la discusión siempre están presentes en cada debate, pero de manera amistosa.

Lo que comienza como una conversación entre Emiliano y un amigo en la cola para comprar el pan, varias veces termina por convertirse en peña deportiva con decenas de participantes. Al respecto, dice: ”Me gusta compartir opiniones. Lo hago casi todo el día. No creo poder vivir sin el contacto con la gente”.

Nuevas generaciones

El futuro del béisbol cubano está garantizado. Estadios, parques y entrecalles son “asaltados” por los niños.

En el diario ir y venir con el carro de los mandados siempre tiene tiempo para detenerse a observar a los pequeñines. Le agrada ver cuánto se divierten, y la entrega que derrochan como si fuera un torneo olímpico o mundial.

Nunca falta el muchacho que pregunta: “¿Telle, lo hice bien?” La respuesta -afirmativa o negativa- siempre va acompañada de algún consejo  para mejorar la técnica de bateo o fildeo.

La historia que pocos conocen

Antes del triunfo de la Revolución, cuando vivía en Puerta de Golpe, un pueblo perteneciente al municipio de Consolación del Sur, Emiliano practicó béisbol y se destacó bastante.

Un día, llegó al territorio un agente el equipo profesional Piratas de Pittsburgh y le propuso viajar a los Estados Unidos. A inicios de 1958 jugaba en clase D, lo que hoy sería ligas menores. En dos temporadas a ese nivel promedió a la ofensiva para 325 y 358, respectivamente.

En la primera fue el pelotero más popular y en la segunda, líder en bateo. Los tres años restantes jugó en clase B y C, pero con contrato equivalente a un jugador de triple A, e igualmente sobresalió.

En 1962 el director nacional del INDER planteó que el país necesitaba entrenadores deportivos. Telle no lo pensó dos veces: “Amaba jugar, pero también ansiaba servir a la Revolución”. Entonces regresó a Cuba y comenzó a trabajar en la EIDE de Pinar del Río.

-Regresó, otros no. ¿Se arrepiente?

Claro que no. Cuba es Cuba y la amo con todo el corazón. Además, gracias a que tomé la decisión correcta tengo una familia maravillosa y dos hijos que siguieron mis pasos en el deporte y ahora cumplen misión internacionalista en Venezuela como entrenadores de kárate y sóftbol.

Casi al final de la conversación, Emiliano confiesa: “Ahora solo atiendo a dos o tres familias que realmente necesitan ayuda, por ejemplo, algunas casas donde viven ancianos enfermos o de muy avanzada edad. Ellos agradecen más la compañía que el propio servicio de mensajería”.

No le pude robar mucho tiempo, apenas termina la entrevista toma sus implementos: jaba, libreta y el inseparable carrito de madera para disponerse a trabajar.

Al despedirnos, dijo: ”La pelota es mi vida y a los 72 años todavía estoy entero, listo para volver a entrenar si la Revolución lo necesita”.

 

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Revelar cómo Emiliano Tellería Urbina es capaz de vincular diariamente las dos pasiones de su vida: el béisbol y la mensajería.

Objetivos colaterales: Conocer cómo Emiliano llega a trabajar como mensajero vincula su actividad al béisbol. Indagar acerca de su labor como pelotero y entrenador, etc. 

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual.
Por su forma: mixta.
Por su contenido: personalidad.
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo.

Tipo de título: de alusión al entrevistado y al tema.

Tipo de entrada: directa o de presentación.
Tipo de cuerpo: mixto.
Tipo de preguntas declaradas: Directas: 1, 2; Cerrada: 3
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Directa: Olga Pino, esposa de Emiliano.

 

 

UN ORTOPÉDICO QUE ARREGLARÍA EL TALÓN DE AQUILES

UN ORTOPÉDICO QUE ARREGLARÍA EL TALÓN DE AQUILES

Considerado una eminencia en su especialidad, la cirugía ortopédica y la traumatología, el profesor Rodrigo Álvarez Cambras cuenta de su formación y su obra dedicada a elevar la calidad de vida del ser humano.

MARYCET DÍAZ CARMONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Quienes alegan que las ciencias y las artes recorren senderos paralelos, están equivocados, porque sabemos que pueden cruzarse. Ejemplos hay de que ambas ramas del saber se complementan. Rodrigo Álvarez Cambras, “el profe”, como muchos lo llaman afectuosamente, es uno de esos casos, pues ejerce su profesión, la Ortopedia, combinando ciencia y arte. El célebre cirujano ortopédico del hospital Frank País, de la capital, es considerado el mayor impulsor de esa especialidad en Cuba, convirtiéndose así en merecedor de innumerables lauros y en reconocido médico a nivel mundial.

Este hombre que hoy define su vida en una palabra, Ortopedia, no siempre imaginó formarse en esa disciplina: “Mi padre era asturiano, perito mercantil, y me incitó durante mucho tiempo a hacerme ingeniero de carreteras y puentes. Fue una ilusión que tuvo y no pudo cumplir porque viajó a Cuba por la Guerra Civil Española. Cuando cumplí 15 años él se enfermó de tuberculosis pulmonar, que no tenía cura en aquella época, y también de diabetes. Así estuvo durante casi tres años y hubo que invertir mucho dinero en alimentación y medicinas. Verlo de esa manera cambió mi idea de ser ingeniero por la de médico”.

-¿Tuvo alguna motivación para

especializarse en la Ortopedia?

Matriculé los estudios superiores en septiembre de 1952, en Medicina. En aquel entonces soñé con encontrar la cura para la tuberculosis, pero pasaron varios cursos y la dictadura batistiana cerró la Universidad en 1956 y no pude continuar. Recuerdo de esos años que en una manifestación contra Batista, el 7 de diciembre de 1952, fui golpeado por la policía. Herido, me trasladaron a la sala Gálvez del hospital Calixto García. Allí comenzaron a curar a todos los lesionados y como era estudiante de Medicina, me levanté y comencé a ayudar a un médico que ponía un yeso. Existe un viejo decir entre los clínicos:”Quien se moja con yeso, se envicia y no puede dejar ya de hacerlo”. Desde entonces me enamoré de la ortopedia.

-¿Cómo fue la primera vez

que realizó una operación?

Era estudiante de segundo año de Medicina en el Calixto García. Como no había muchos médicos, los alumnos oficiales hacíamos las guardias y operábamos. Recuerdo que fue una fractura en la rótula de un pescador.

-Ingresó a la Universidad en una época

convulsa, turbulenta, ¿se integró al movimiendo

insurreccional estudiantil del período?

Participé en muchas manifestaciones contra la tiranía. Cuando aconteció el golpe de estado de Batista el 10 de marzo, unos compañeros y yo oímos la radio para estar informados. Una multitud de estudiantes se dirigió rumbo al Palacio Presidencial. Un grupo del colegio, alrededor de 70 alumnos, fuimos hasta el Instituto de la Víbora, donde prepararon una resistencia contra el tirano.

La policía nos interceptó y recibí algunos golpes. Cuando la Universidad cerró, muchos jóvenes como yo iniciaron su colaboración con la lucha insurreccional comandada por Fidel. Una vez que triunfó la Revolución, no me reincorporé inmediatamente a la carrera porque fui designado para desempeñar tareas organizativas.

-Muchos médicos cubanos brindan hoy

su ayuda solidaria. ¿Qué lo motivó a usted

para participar en una misión en Viet Nam?

Cuando los norteamericanos bombardearon Viet Nam me indigné mucho. Le escribí una carta a Fidel y al Partido donde le comuniqué mi disposición de ir allá. Después de un año recibí un mensaje del entonces ministro de Salud Pública, José Ramón Machado Ventura, y me presenté en La Habana, pues entonces trabajaba en Pinar, mi lugar de nacimiento. Cuando llegué, me dijo que había sido aceptado, y capté a dos médicos más para recibir un adiestramiento. Nos enviaron para Peti 1, un campo de entrenamiento en el municipio pinareño de Candelaria.

Nunca olvidé ese día porque, cuando llegamos, vimos que todos los compañeros eran negros. ¡Pero prietos de verdad! Nos preguntamos qué hacíamos allí, si éramos tres blancos y ni siquiera había un achinadito para aclarar nuestra confusión. Pensábamos que definitivamente había un error.

Al regresar a La Habana, Machado Ventura se río mucho cuando le expusimos nuestras dudas, nos explicó que la misión sería en un país africano. Al final, nunca llegamos a ir a Viet Nam, sino al Congo, para respaldar la guerrilla del Che. Aunque con él nunca tuve contacto directo.

El doctor Álvarez Cambras ha recibido más de 300 condecoraciones nacionales e internacionales, destacándose entre ellas el Collar del Comité Olímpico Internacional (COI), la Orden Oficial de la Legión de Honor de Francia, la Orden Combatiente Internacionalista, la recién otorgada Medalla 280 Aniversario de la Universidad de La Habana y muchas otras: “Me siento plenamente identificado con la distinción Héroe del Trabajo de la República de Cuba, porque es el reconocimiento más grande que  pueden dar a los trabajadores”.

Pionero de las ciencias en nuestra Patria, creador del fijador externo  RALCA (Rodrigo Álvarez Cambras) que lleva sus iniciales, profesor titular principal del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, es un formador de cientos de jóvenes cirujanos ortopédicos.

Además, profesor adscrito a 25 universidades en todo el mundo y con una obra de amplio reconocimiento nacional e internacional. Es uno de los más apreciados ortopedistas del mundo y en repetidas ocasiones le han ofrecido quedarse en otros países.

“Siempre me preguntan cuánto es mi sueldo en Cuba y me ofrecen casa, auto y consulta privada. Pero constantemente respondo que gano lo suficiente para ser feliz. Aquí realmente no somos ricos, pero me llena de satisfacción ejercer en mi país”.

-¿Cuáles fueron los principales objetivos

del Congreso Internacional de

Ortopedia y Traumatología 2008?

En primer lugar, se buscó el desarrollo de la rama y realizar contactos con especialistas y empresas extranjeras que traen nuevas tecnologías. Además de impartirse excelentes conferencias magistrales y realizar el intercambio informal siempre retroalimentador para los especialistas, quienes tienen una encomienda bien definida: salvar vidas. Estos objetivos se cumplieron con creces, porque el número de trabajos  científicos fue elevado, así como la calidad de la opinión de los compañeros que participaron.

La Ortopedia ha tenido en todos estos años una sustancial limitación: el bloqueo. A pesar de ello, hoy Cuba tiene una escuela de Ortopedia, contar con ella no quiere decir que se invente, sino que se pueden resolver los problemas con los propios recursos y técnicas, no adquiriendo equipos, importando tecnología, sino dando ideas nuevas. Actualmente vamos junto a potencias como Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, con una escuela reconocida internacionalmente.

-¿Cuáles son, a su juicio,

los principales logros en materia

de ortopedia en todos estos años?

El principal logro ha sido la edificación del Complejo Científico Internacional Ortopédico Frank País, donde se ha formado la mayoría de los especialistas de la rama en Cuba. También, la construcción de fábricas que permiten la obtención de tornillos, placas y prótesis para reportar grandes ahorros al país. Asimismo, la inauguración del Centro de Traumatología del Deporte y los fijadores externos RALCA, con muy buena recepción a nivel mundial.

-¿Qué significa para usted el hospital Frank País?

Es mi obra, mi mayor satisfacción como médico. Llegué a la ortopedia cubana cuando era muy deficiente, prácticamente primitiva. Por eso desde que me gradué tuve el sueño de crear un centro para erradicar todos los males. Regresé de la misión en el Congo y Fidel y Celia me enviaron a Francia por dos años para especializarme e iniciar esta gigantesca obra que es hoy el hospital ortopédico Frank País. Me nombraron director de la clínica, que fue en sus inicios realmente pequeña, solo con cien camas.

Esta obra se convirtió en el primer centro en recibir turismo de salud en Cuba, después vinieron otros, pero fuimos los pioneros, eso dio prestigio al hospital internacionalmente, pues destacadas figuras del arte, la política, la ciencia y el deporte de todo el mundo han recibido nuestros servicios y  los reconocen y promueven.

El también presidente de la Sociedad Cubana de Ortopedia y Traumatología ha operado a más de 13 jefes de Estado, cuyos nombres no ha revelado nunca por ética médica: “La salud del jefe de Estado forma parte del secreto profesional”.

-Ha tenido también innumerables éxitos

en la medicina deportiva, ¿cuáles fueron

las operaciones más complicadas?

La de Alberto Juantorena, quien nadie pensó que volvería a caminar jamás y tres meses después fue a Montreal´76 y se coronó subcampeón del mundo.

De igual modo, la de Iván Pedroso, que tuvo una lesión gravísima, la ruptura de músculos fundamentales para el salto, que además se diagnosticó mal y llegó tarde a nosotros. Aun así lo operamos y rehabilitamos aquí. Volvió a ser  campeón olímpico en una carrera que normalmente con una lesión de esa índole todo el mundo se retira.

-Dicen que cada persona tiene una misión

en la vida, ¿cuál cree sea la suya?

Servir a mi pueblo, con la medicina y el desarrollo de la especialidad.

-Entonces, ¿piensa que ya  cumplió?

Sí. No obstante, mantengo mi pupila insomne porque pienso que aún no ha cerrado el ciclo de mis propósitos. Me gustaría seguir por el camino emprendido, en la búsqueda de nuevos logros para mi Patria, para la humanidad, y sobre todo, para la cirugía ortopédica y la traumatología.

-¿Cómo le gustaría trascender?

Como un ciudadano de este país que ofreció todo su esfuerzo, su vida y su intelecto a favor de la humanidad y de su pueblo. Mi mayor virtud es ser revolucionario por convencimiento.

Este eminente médico, realizador de importantes investigaciones e innovaciones en el campo de la ortopedia en el ámbito mundial, considera su mayor éxito profesional haberse hecho ortopédico, porque si no lo hubiese sido, habría fracasado profesionalmente.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central:

Resaltar y profundizar en la vida del destacado ortopédico Rodrigo Álvarez Cambras.

Objetivos colaterales: Conocer su labor en la lucha insurreccional revolucionaria. Conocer sus criterios acerca del desarrollo de la ortopedia. Resaltar su sentido de cubanía.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual
Por su forma: Clásica
Por su contenido: De Personalidad
Por el canal que se obtuvo. Encuentro directo

Tipo de título: De referencia al entrevistado
Tipo de entrada: Directa o de presentación
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de preguntas: 1-Cerrada, directa 2-Cerrada, directa, 3-Cerrada, directa, 4-Abierta, de opinión, 5-Abierta, de opinión, 6-Abierta, de opinión, 7-Abierta, de opinión, 8-Abierta, de opinión, 9-Abierta, de opinión, 10-Cerrada, directa, 11-Abierta, de opinión.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:

Documentales:

“Personalidades cubanas del Siglo XX”. Autores: Leonardo Rupestre Catony, Luis Úbeda Garrido. Editorial Ciencias Sociales, 2002.

Revista Bohemia, año 1994.

 

ESTHER MONTES DE OCA, EDUCADORA DE GENERACIONES

ESTHER MONTES DE OCA, EDUCADORA DE GENERACIONES

A propósito de su 99 cumpleaños el 7 de agosto.

 

YANET MEDINA NAVARRO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

"La educación (...)

es ante todo una obra

de infinito amor".

José Martí

La  mañana  despierta, las  flores y  los  adoquines  del  patio aún están húmedos. Frente  a  mí, la  brevedad  de  un  ser  humano  inmenso. Es una mujer de voz  serena y ademanes reposados, tierna y maternal, pero a la vez fuerte y austera. A pesar de sus 99 años, cumplidos este 7 de agosto, Esther María del Rosario Montes de Oca Domínguez conserva el brillo en la mirada y la lucidez  de  las palabras.

Me recibió en su hogar pinareño de San Juan y Martínez, devenido Casa Museo Hermanos Saíz Montes de Oca tras el asesinato de sus hijos Luis y Sergio por esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista, el 13 de agosto de 1957. Allí, envuelta en recuerdos, rememoró parte de su vida.

-¿Cuándo y dónde se vinculó al magisterio?

Comencé a trabajar como maestra de primaria en 1937 en la escuela La Tinaja, situada en Río Seco; después en Marrero, un apartado lugar de San Juan y Martínez y, al nacer Luisito, vine  para el  pueblo.

Esther es Doctora Honoris Causa de la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río. El 13 de agosto de 2008 -aniversario 51 del asesinato de Luis y Sergio- recibió el Premio Maestra de Juventudes, otorgado por la Asociación que lleva el nombre de sus hijos a personalidades de la cultura vinculadas al quehacer de  los jóvenes en el país.

-¿Siempre se interesó por la pedagogía?

No. Me gustaba ser artista, pero eran otros tiempos: la sociedad  estaba llena de prejuicios, y mi padre, ¡ni hablar! También me interesaba el derecho, y bueno, el magisterio.

-¿Qué determinó su vocación?

Mi hermana Aida, definitivamente. Ella era Doctora en  Pedagogía. Siempre fue la guía de la familia y mi paradigma.

Esther era la esposa del juez del pueblo, pero a pesar de su posición social y económica, impartía clases en la escuela pública a la que también asistían sus hijos.

-¿Le fue difícil ser  maestra y madre?

Me criticaron que los muchachos se mezclaran con niños  humildes, pero seguí aferrada, porque con los pobres aprenderían. Fue ahí que conocieron la vida, se  formaron junto a los más pobres. Escribían en libreticas hechas artesanalmente. Salían con medias y antes de entrar a clases, las guardaban en los bolsillos para no acentuar las diferencias dentro del aula. Me enorgullece haber contribuido a formar en ellos la sencillez y el sentido de justicia.

Por otra parte, me alertaban que ser maestra y madre me restaría  autoridad y ellos no sabrían si comportarse en el aula igual que en la casa. En cambio, nunca tuve que requerirlos. Me llamaban “señora”  en la escuela y “mami” fuera de ella.

-¿Y la educación en el hogar?

Luis, mi esposo, ayudó muchísimo en ese sentido. Entre ambos  les inculcamos el amor por la obra de José Martí desde pequeños. “La educación comienza en la cuna…”. Lo que se aprende en el hogar va a repercutir después en la sociedad. Los preparamos para la vida. Les enseñamos siempre el sendero recto, pero sin imposiciones. Ellos escogían el camino.

-¿Quisiera compartir alguna anécdota

de Luisito o Sergio que  recuerde

de manera  especial?

Al ingresar Luisito en a Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, y llegar el invierno, le di dinero para que se comprara un traje negro. El tiempo pasó y no lo llevó a casa. Yo le pregunté varias veces, hasta que me dijo: “Mami, no me hagas mentirte más, el dinero se lo di a Pablo Silva, mi  compañero, que no tenía con qué pagar la mensualidad”. Eso me desarmó.

-En  1961  en  Cuba  se  realizó  la 

Campaña  de  Alfabetización.

¿Usted fue brigadista?

Cuando la Campaña de Alfabetización yo seguí impartiendo  clases normalmente; además, alfabeticé  y  asesoré  a  otros  para  que  también fueran  a enseñar . Fue reconfortante ver a personas que antes tenían que firmar con las huellas digitales, poder hacerlo con su puño y letra.

-Durante ese tiempo, muchos maestros

vivieron momentos difíciles, corrieron peligro; 

otros, como el joven Manuel Ascunce,

perdieron  la vida. ¿No sintió miedo?

No, nunca vacilé, tampoco mis compañeros. Imagínate que había  niños de 12 y 13 años lejos de su familia. Otros brigadistas estaban internados en las montañas, en casas de campesinos. La  disposición del pueblo fue lo que posibilitó el éxito de la Campaña. Alfabetizamos porque así cumplíamos con una tarea de la Revolución. Nada nos hizo retroceder. El dolor que desencadenó  la pérdida de mis hijos, recién  asesinados, me fortaleció.

-El 22 de diciembre de ese mismo año,

¿qué experimentó?

Mientras la Plaza de la Revolución se estremecía de júbilo y en todo el país la alegría era inmensa, para nosotros la felicidad era doble, al saber que Lagunillas, un rinconcito apartado de una zona montañosa en San Juan y Martínez, había sido el primer territorio libre de analfabetismo en Cuba. Yo sentía que Luisito y Sergio estaban junto a nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en La Habana. Los veía vestidos de brigadistas, farol y cartilla en mano, felices al ver realizado uno de sus anhelos. En tanto, las banderas de reconocimiento eran iguales, la nuestra, que se conserva en el Museo local, era la única que tenía el nombre del municipio.

Esther, eterna enamorada de este pueblo, se convirtió en promotora de una historia de la que ella forma parte.

-La imprenta de nuestro municipio

ha pasado a la posteridad.  ¿Por qué? 

Para orgullo nuestro, la imprenta, antes propiedad de Nenito Gener, fue uno de los lugares en el país, donde, clandestinamente se imprimió La Historia me absolverá. Hoy pertenece a la Unión de Jóvenes Comunistas, y una tarja en su fachada da fe del hecho.

-San Juan y Martínez es cuna de hombres

imprescindibles para la patria, entre ellos,

Luis y Sergio Saìz. Otros, nos llenan de orgullo,

pero resultan desconocidos para algunas

personas… ¿Quién fue Rafael Morales y González?

Yo siento una  gran  admiración  por  Moralitos  y  considero  estar en deuda con él, que lo entregó todo y murió en el campo de  batalla. Abogó por la erradicación de la esclavitud. Creó una cartilla para alfabetizar a los mambises. José Martí le llamó Pico de Oro por su encendido verbo. Ambos teníamos muchas cosas en común, sobre todo, la inclinación por el magisterio y el derecho, a los que hizo aportes. Siempre me identifiqué con él por ser un defensor de las causas justas y por el amor a su tierra. Es un sanjuanero ilustre, lástima que muchos no lo conozcan y otros, apenas lo recuerden. Por la entrega a Cuba y su vida tronchada en plena juventud, pienso en mis hijos.

-Pero también han ocurrido hechos trascendentales

que han tenido como escenario nuestro pueblo…    

Mi familia, de estirpe mambisa, procuró en todo momento salvaguardar la memoria histórica de nuestras gestas independentistas. Para eso, desde pequeños nos narraron todo lo relacionado con esas contiendas. Por ellos supe de la presencia del General Antonio Maceo en la Portada de Guacamaya, donde acampó con la tropa, y de su paso por el antiguo Central Galope en la ruta hacia Mangos de Roque.

Viene también a mi memoria, el incendio del pueblo el 21 de febrero de 1896, cuando sus habitantes, ante la inminente llegada de los españoles, prefirieron que todas sus pertenencias fueran pasto de las llamas antes que caer en manos del enemigo. Desde entonces, esta fecha ha pasado a la historia como el Día de la Dignidad Sanjuanera.

¡Ah!, y un poco más cercano en el tiempo, no olvido la primera comunidad rural que creó la Revolución el 24 de enero de 1961, en los terrenos que habían sido propiedad del latifundista Pedro Menéndez. Allí se fundó un moderno pueblecito con un centro escolar, tienda, oficina de correos y demás comodidades; así como viviendas de mampostería y placa, para los campesinos, desde entonces dueños de su tierra y sus casas. Fue muy emotivo que el propio Fidel lo inaugurara y nombrara Comunidad Hermanos Saìz.

-Si pudiera retroceder en el tiempo,

¿por qué profesión se decidiría?

Sin dudas, educadora. Mi profesión me ha ayudado a vivir, me ha dado muchos momentos felices. Los alumnos han sido la continuidad de mis hijos.

-¿Qué quisiera hacer que no pueda?

Formar parte de la Revolución Educacional que tiene lugar hoy en el país. Estar siempre rodeada de alumnos. Y si no fueran demasiados sueños, llevar la enseñanza a otros pueblos del mundo, como hacen tantos profesionales de la educación cubana. Pero, no hay remedio, a la vuelta de tantos años, no hay tiempo para más. Sólo queda, desde aquí, dar testimonio de las penurias que sufrimos los maestros, alumnos y, peor todavía, aquellos que ni siquiera llegaron a entrar a un aula antes del triunfo de la Revolución, y compararlos con este presente hermoso que debemos defender a toda costa.

El mediodía asomó. Las flores se desparramaron sobre los  adoquines  del  patio  interior. A Esther,  el  peso  del  alma  no  la  hace parecer triste, aunque sí algo ausente y llena de nostalgias. Ella, que ha dedicado su experiencia a las nuevas generaciones, es  todo un ideal, no admite silencios.

FICHA  TÉCNICA:

Objetivo central: Recorrer las etapas de su faceta de educadora.

Objetivos colaterales: Recapitular su papel en la Campaña de Alfabetización. Evocar sus hijos y familia. Buscar vínculo con personalidades como Rafael Morales y González y Manuel Ascunce. Referirse a la educación hoy. Repasar los momentos importantes del pueblo San Juan y Martínez.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: biográfica
Por el canal que se obtuvo: vía directa

Tipo de título: de referencia  al tema y al entrevistado
Tipo de entrada: descriptiva
Tipo de cuerpo: mixto
Tipo de conclusión: retomar una idea expresada en la introducción
Tipo de preguntas declaradas: 1-directa 2-cerrada 3-directa 4-cerrada 5-directa 6-abierta 7-directa 8-directa 9-abierta 10-directa 11-informativa 12-informativa 13-directa 14-abierta

Fuentes consultadas: directa (entrevistada)