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Isla al Sur

Premios Nacionales de Periodismo

“MI PROFESIÓN ES EL CENTRO DE MI SER”

“MI PROFESIÓN ES EL CENTRO DE MI SER”

Alberto Pozo: combinación de cultura y trabajo en 80 años de satisfacción por la vida.

XENIA Y. BALÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“El deber de un periodista no solo es informar, sino también, educar”, fueron las primeras palabras de Alberto Pozo Fernández, Premio Nacional de Periodismo José Martí en 1999, reconocimiento que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), por la obra  de toda la vida.

“Recibir la distinción de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz fue para mí un momento especial, instante que me demostró el   sentido y razón de ser de mis trabajos a lo largo de la vida”.

Alberto Pozo desde muy joven tuvo inclinación hacia el periodismo económico. Hoy, con 82 años, sus ojos aún brillan cuando recuerda la intensa labor realizada en la sección especializada sobre ese tema en la revista Bohemia: “Mi labor allí fue importantísima. En ella se abarcaron todos los aspectos y prioricé temas como el turismo por representar una base fundamental para el desarrollo del país.

“También la agricultura y la industria tuvieron una atención específica, llevando esos temas a la comunicación cara a cara con el pueblo, mediante las mesas redondas de Bohemia, que fue el recurso empleado por la sección y se desarrollaban en la propia revista.

“A la vez, hice hincapié para que las personas se interesaran por la economía, pues el tema no es el favorito de la población, debido a que de él se suele escribir con términos muy técnicos y sofisticados. Por eso, en Bohemia nos esmerábamos por un lenguaje sencillo y atractivo, que captara el interés en el lector”.

-Usted ha sido defensor de la publicidad, vertiente de la comunicación generalmente incomprendida en nuestra sociedad, ¿logró con su trabajo convencer a las empresas socialistas de su utilidad?

Tema difícil en la década de los años 60, me propuse que las empresas socialistas comprendieran la importancia de la publicidad para su propio desarrollo, pues no existían antecedentes ni patrones para un sistema como el establecido en el país desde 1959. No creas que fue fácil, todo lo contrario.

La publicidad es un término capitalista que define una técnica, cuyo objetivo es persuadir y convencer al consumidor para que compre un producto. Hoy, en países como el nuestro, en lugar de publicidad debemos emplear el término comunicación, que es de más alta jerarquía y busca llevar una idea clara al receptor, ajeno a técnicas compulsivas en la que imperen la imposición, sin el razonamiento. La comunicación es la idea razonada, donde el cliente puede hacer la justa elección.

En 1968 Pozo creó en Bohemia la sección Criterios, que tuvo como propósito reiterar la importancia que para una nación tiene su desarrollo económico: “Hasta 1990 la escribí. De ella me quedó el orgullo, quizás la vanidad, de sentir que realizaba una obra a favor de nuestro país, tan necesitado en aquella época de un adelanto continuo, pues con mi labor logré que la población se interesara y participara, desde su puesto de trabajo, en el crecimiento productivo.” 

“El profe”, como muchos le llaman, egresó en 1948 de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling y un año más tarde, inició su carrera periodística como jefe de turno en la radioemisora Unión Radio. También fue ejecutivo de cuentas y redactor a la publicitaria Mestre Conill y Cía: “Durante aquella etapa comencé a escribir mis primeros artículos periodísticos, allí comprendí la necesidad de la preparación y del estudio diario, pues era la principal arma de defensa que poseía para mi desempeño laboral.”

El triunfo de la Revolución representó para él lo que llama “una transformación interna”. En 1960 formó parte del Consolidado de la Publicidad, desde donde, inmerso en la Campaña de Alfabetización, utilizó la comunicación y la propaganda para alentar a los jóvenes a incorporarse a esa humana tarea que es enseñar: “Cada vez que recuerdo aquel instante me enorgullezco; gracias a ella en nuestro país desapareció el analfabetismo y hemos llegado a constituir un pueblo culto y digno, orgulloso de su historia”. 

Pozo también dejó huellas en las aulas del Instituto Superior de Diseño (ISDI), pues fue uno de los primeros especialistas cubanos en impartir la materia de Marketing: “Etapa maravillosa en la que di docencia apoyándome en las bases socialistas de Marx y Engels, las cuales plantean la importancia del desarrollo económico para el país.

“En ese momento comprendí que el magisterio es una de las profesiones más sacrificadas que existen. Sentí la necesidad de guiar a los alumnos que serían los especialistas y diseñadores del futuro. En la actualidad, mantengo relaciones con muchos de ellos y he comprobado el triunfo de algunos en sus trabajos.

“Mi estancia en el ISDI fue muy agradable, de ella guardo el recuerdo más cariñoso, y aunque dejé de impartir clases por mis problemas de salud, si algún día necesitaran de mi cooperación estoy en completa disposición”.

Pozo siente mucho orgullo del quehacer del periodista en Cuba, considera que favorece al progreso del pueblo y la nación: “Para ello es necesario estar siempre adelantado al momento que se vive. Llegó la era del conocimiento, y debemos contribuir a que todos sepan lo que esto significa realmente.

“Es importante estar actualizado y conocer del tema que se aborda; de esta manera, el lector se da cuenta si el periodista es capaz de garantizar confianza en la información que brinda.

“Creo que el periodismo cubano necesita una apertura de criterio mayor, que facilite el intercambio con otras personas y posibilite la discusión de las más diversas ideas, que influirán en beneficio del desarrollo económico, político y social del país”.

Para Alberto Pozo la jubilación no existe. Con 64 años se incorporó a la Federación Culinaria de Cuba, una nueva etapa en la que el reto sería, entonces, valorar y destacar la importancia de la cocina cubana.

-¿Economía y gastronomía?

Sí, se unen, por eso fundé la Cátedra de Periodismo Culinario. Son nuevos tiempos, turismo-economía-gastronomía, todo se vincula y es necesario comprenderlo. ¿Por qué el periodismo interrelacionado con el turismo y la gastronomía? Tanto el periodismo turístico como el gastronómico contribuyen, en una y otra rama, a informar de las ofertas del mercado, da a conocer las características de los productos, incluyendo su historia y sus valores nutricionales.

Por su defensa y difusión de este tema en la prensa y en reconocimiento a sus esfuerzos porque se conozca el valor cultural, social y económico de la cocina cubana, recibió la condición de Chef del Periodismo y la Placa de la Amistad Culinaria, de esa Federación: “La cocina es la base de la cultura y es el artes de las artes; al crearla se propició la reunión de los seres humanos y el intercambio de ideas. Pero ya ves qué contradicción la mía, tanto que me gusta y solo sé hacer café.”

En este momento Pozo forma parte del grupo asesor de la UPEC y colabora con el boletín especial de esa institución y con el programa Cuba avanza, dedicado al adulto mayor. También ha propuesto cursos especiales, sobre Comunicación Social para propiciar el aumento de estudiantes interesados en esta rama.

El municipio San Miguel del Padrón es muy querido por él, vive allí desde hace más de 26 años: “De aquí no me mudo por nada del mundo. Es importante comprender y valorar no solo nuestra vida, sino también, darle un sentido colectivo y eso lo he logrado en esta comunidad. Por eso me siento orgulloso de mi San Francisco de Paula”.

Actualmente Pozo dirige una peña en el Museo Ernest Hemingway, instalación que radica en su municipio. Allí reúne quincenalmente a poetas, artistas, músicos y, sobre todo, a jóvenes autodidactas de la comunidad, para dialogar sobre temas literarios y los vínculos entre arte y pueblo: “Esta actividad, para mí es muy agradable, y gracias a ella he recibido el respaldo de todos los pobladores de San Francisco de Paula”.

Por sus trabajos y actividades en San Miguel del Padrón, es considerado Personalidad de la Cultura, y la Dirección de Cultura de Ciudad de La Habana le otorgó las distinciones La Giraldilla de La Habana y La Gitana Tropical.

También, en la Semana de la Cultura, en junio del 2006 y que le fue dedicada, recibió la Distinción 11 de Junio, máximo reconocimiento del municipio, por su labor en la peña y por los artículos periodísticos en los  que se ha referido a la comunidad.

Alberto Pozo reconoce que estos premios y galardones recibidos a lo largo de su vida profesional también le pertenecen a su familia: “Mi hogar constituye el centro de mis amores. Sin la ayuda de mis seres queridos no hubiera podido desarrollar una vida tan intensa y poder ayudar de alguna manera a otras personas: ese es mi mayor regocijo y permanece siempre conmigo”.  

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Mostrar la personalidad de Alberto Pozo; destacar sus trabajos, no solo periodísticos, sino en la cultura y su comunidad.

Objetivos colaterales: Conocer su trabajo en la revista Bohemia. Aportes a la cocina nacional.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de personalidad
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo (cara a cara)

Tipo de título: de cita textual
Tipo de entrada: de cita textual
Tipo de cuerpo: mixta

Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Base de datos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Documental.

Deborah  Rodríguez, subdirectora del Grupo de asesores de la UPEC. Secundaria.

David Matamoros, funcionario de la Dirección de Cultura de San Miguel del Padrón. Secundaria.

 

PALABRA VIVA ENTRE NOSOTROS

PALABRA VIVA ENTRE NOSOTROS

Orlando Castellanos, pasión por el micrófono de la voz más universal de la radio cubana.

YAINIER SÁNCHEZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

De formación autodidacta, principió en una emisora de su oriunda ciudad cuando apenas contaba ocho años. Tiempo después era todo un profesional del medio. Ese afán no dejaba espacio para continuar estudios superiores, pero no importó. Orlando Castellanos Molina hizo suya la frase de que la práctica es la madre del conocimiento, y desde su infancia aprendió y mejoró la calidad del trabajo que con tanta pasión realizó, lo mismo en una emisora local que nacional, en Cuba o en el extranjero.

“Un fulano que quiere vivir y ha vivido alegremente toda la vida, porque la felicidad es haber vivido rodeado del cariño, la amistad y la simpatía de la gente”, así se define Orlando Castellanos, cuya profesión fue la locución desde niño y su especialidad: la entrevista.

Nació en Ciego de Ávila el 24 de diciembre de 1930,  allí hizo radio por primera vez a los nueve años, porque su padre “tenía una visión muy grande de lo que era la radiodifusión y la  radio comercial de la época y le compró una planta de radio a su nené como el que le compra a su hijo un tren eléctrico”. Así, poco a poco, le fue entrando el bichito de la radio.

Se inició como entrevistador en 1959 y, sin saberlo, se adentró en aquel mundo que como el mismo dijo, “no conozco porque es siempre nuevo”. Bastaron pocos años para que dominara el oficio que le permitió hacerse amigo de sus entrevistados.

Quienes lo conocieron afirman que era un lector empedernido, el mejor regalo que se le podía hacer era un libro; dominaba todos los temas, poseía vasta cultura a pesar de solo haber obtenido el bachillerato y un título de locución de la época. Su esposa, Virgen Gutiérrez, ha dedicado los últimos diez años a recapitular y hacer realidad los sueños de Castellanos: “El Orlando que yo conocí no es ajeno al que conocieron sus amigos, era una persona muy abierta, con un amor increíble a la vida, apasionado en su trabajo, un ser humano, sobre todo, muy fraternal.

“Jocoso y jaranero, tenía el don de ganarse a los entrevistados y de ello se sentía orgulloso, nunca se envaneció de lo que era y de lo que significaba”.

Ignacio Canel, amigo de Castellanos durante años y junto a él fundador de Radio Habana Cuba, evocó: “Era alegre y muy conversador, hacía las entrevistas de forma peculiar, mediante una conversación extremadamente familiar, de tal forma que cuando concluía se hermanaba con sus entrevistados, aunque nunca se hubieran conocido.

“Entrevistaba lo mismo a un obrero, un intelectual que a un campesino, lograba de ellos lo mejor y daba a conocer su punto humano desconocido”.

Entrevistador por excelencia, el mejor del siglo XX en Latinoamérica, fue un maestro del periodismo y de periodistas. “En la radio he hecho de todo, yo hasta he barrido la planta, he sacudido los controles, he pulido los micrófonos, he sido operador-locutor simultáneamente (…)”, explicó Castellanos en una entrevista concedida a Rafael Alcides.

Este hombre paradigmático de la radio cubana fue director de emisora, de programación, director de Radio Taíno y fundó Radio Habana Cuba: “Tuve el orgullo y la suerte de haber sido la voz que lee las palabras inaugurales de Radio Habana Cuba, en la Plaza de la Revolución durante el desfile el primero de Mayo de 1961”.

Creó y realizó Formalmente Informal, espacio que le dio renombre internacional, pues conquistó  más de 20 millones de radioescuchas por todo el mundo, según encuesta realizada esos momentos por la emisora. El título se aceptó de tal manera que fue uno de los programas más difundidos que ha tenido la radio cubana.

En entrevista realizada por Rodolfo Mignini, puntualizó: “Formalmente Informal fue un sueño de muchos años que venía arrastrando desde Ciego de Ávila y que solo pude realizarlo exactamente en 1971, en Radio Habana Cuba (…), presenté el proyecto que sintetizaba ese viejo sueño de algo que fuera diferente cada día, que no se pareciera a nada, (…) que fuera totalmente informal pero con cierta formalidad, yo no quería amarrarme a un cartabón, que no me aburriera hacer siempre lo mismo (…)”.

-¿Virgen, cómo se vinculaba Castellanos con el programa, cuánto tenía de él?

El programa tenía que ver mucho con la personalidad de Orlando, era un hombre inquieto, odiaba la rutina, le gustaba variar, crear, y Formalmente Informal le daba esa posibilidad.

Periodista de nombre y éxito, atesoró más de 5 mil entrevistas, realizadas a casi todas las personalidades más importantes de la literatura y las artes de estos tiempos, así como a los humildes e interesantes personajes que encontró en su andar por la vida, que supo disfrutar hasta el último minuto.

Entrevistó a figuras de la talla de García Márquez, Carpentier, Dulce María Loynaz, Julio Cortázar, Nicolás Guillén, Bola de Nieve, René Portocarrero, Carilda Oliver Labra, Alicia Alonso, Roberto Fernández Retamar y muchos más, que han llegado para inscribirse junto a él en la historia de la cultura latinoamericana.

No obstante, durante su carrera periodística y después de reunir tantas vivencias, confesó que su mayor anhelo era una conversación con el poeta Lezama Lima y la catalogó su entrevista perdida.

Castellanos, en el empeño porque su obra no quedara en las palabras, publicó varios libros, para extender su inmenso caudal de ideas y pensamientos a las generaciones venideras, el extenso material publicado atesora una fragua de vivencias y anécdotas de los entrevistados. Constituyen obra imperecedera.

Es génesis de uno de los grandes ejemplos de cómo hacer radio de verdad. “Que la gente piense que soy como yo creo que soy”, así decía este hombre que vivía para su profesión y satisfecho siempre del trabajo realizado.

“Su mayor felicidad era poner la cabeza sobre la almohada y saber que había hecho algo bueno”, asevera Virgen y subraya: “Lo defino como un excelente comunicador, mediante  la palabra oral y escrita, tenía la facultad de improvisar. Una conversación con Orlando era que el tiempo se fuera sin darte cuenta, era un hombre proverbial”.

Sus programas tenían una veracidad de aceptación en el mundo entero y lo pudo comprobar en los disímiles viajes al exterior, experiencias inolvidables lo perseguían, como la de entrevistar a un matrimonio mexicano que se enamoró con la música del programa, o a la anciana en Nicaragua que le dijo: “Hijo, yo lo escucho todas las noches, déle un beso a Fidel”; reconocido por la voz en todos los continentes.

Lo vivido no contribuyó a su envanecimiento personal, al contrario, sentía el enorme compromiso de saber que lo estaban oyendo. Pero no solo le ponía amor a la radio, sus relaciones familiares eran magníficas, adoraba a sus siete hijos y esa  relación de padre-hijo la aunó con el trabajo,

“Resulta que uno de sus niños le pregunta qué cosa era una entrevista, y Orlando hizo un trabajo precioso con su pequeño haciéndole una, esto se emitió por radio el Día de la Infancia y Castellanos recibió muchas felicitaciones”, destacó Virgen.

Excelente locutor, en él no moría su pasión por la radio. Durante su larga carrera como periodista fue reconocido con más de 60 premios en concursos nacionales y condecorado similar número de veces. Nominado al Premio Príncipe de Asturias en 1995, ese mismo año recibió su reconocimiento mayor: el Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de toda la vida. Al año siguiente, la Medalla Alejo Carpentier que otorga el Consejo de Estado.

“(…) estas dos son las que considero más importantes, al menos las que me hacen no solamente sentirme feliz sino que me obligan a más, si voy a seguir como estoy siendo, me obligan a tener más cuidado, a ser mejor en lo que hago (…).

“Así que para mí representan mi más valioso galardón dentro de la esfera periodística. Me siento muy reconocido, muy satisfecho y con ese orgullo que uno debe sentir, cuando recibe un reconocimiento de esta categoría. Esto te permite ver que no ha sido en vano el trabajo realizado durante años, difundido por tantas partes del mundo (…)”, comentó Castellanos a Franco Carbón, tiempo después de recibir los galardones.

“Para él fue un reconocimiento que lo llenaba de felicidad, porque lo mismo lo felicitaba García Márquez que el bodeguero de la esquina, se sentía más identificado con sus amigos, esa fue su mayor satisfacción”, recordó Virgen, con los ojos empañados por las lágrimas.

Hombre de cualidades excepcionales, su calidad humana lo condujo a sentar cátedra dentro del género y en el periodismo cultural. La vida no le dio tiempo de ver realizado su empeño divulgativo, todavía estando muy enfermo no abandonó su trabajo, y programas como Conversaciones los domingos, que tenía un formato similar a Formalmente Informal, lo realizaba en el propio lecho.

El 19 de enero de 1998 falleció en La Habana. Su esposa Virgen asumió la labor divulgativa de las creaciones de Castellanos, y  desde entonces ha sido la albacea de su obra.

Su recuerdo se halla presente en quienes lo conocieron, en los estudios de Radio Habana Cuba y en cada persona que llega a los micrófonos. El tesón y la virtud de Castellanos está en los periodistas que cada día se sienten comprometidos aún más con su profesión y hacen de su labor felicidad para todos.

“Lo recordamos siempre con mucho cariño”, dice Canel, y termina: “Su deceso fue un severo golpe para Radio Habana Cuba, su trabajo tiene su estilo, su huella y su excepcionalidad; sus obras constituyen un patrimonio de la radio universal”.

(Agradezco también para la realización de este trabajo la colaboración de Abelardo Pérez Bardají, del Departamento de Documentación de Radio Habana Cuba, y a Lorenzo Izquierdo, realizador de sonido de la emisora)  

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo Central: Dar a conocer la trayectoria periodística de Orlando Castellanos Molina.

Objetivos colaterales: Conocer cómo se inició en la radio. Cuáles fueron sus obras fundamentales. La opinión de sus amigos más allegados. Buscar testimonios sobre su personalidad. Satisfacciones que le dio su trabajo.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: colectiva
Por su forma: de citas
Por su contenido: de retrato
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo y vía documental.

Tipo de título: llamativo
Tipo de entrada: evocativa o retrospectiva
Tipo de cuerpo: de citas
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:

Virgen Gutiérrez, viuda de Orlando Castellanos.
Ignacio Canel, compañero de trabajo.

Abelardo Pérez Bardají, del Departamento de Documentación de Radio Habana Cuba.

Lorenzo Izquierdo, realizador de sonido de la emisora.

  
Tipo de fuentes: no documental.

LA PRENSA TIENE NOMBRE DE MUJER

LA PRENSA TIENE NOMBRE DE MUJER

“El periodismo se trata, precisamente, de vencer obstáculos”, asevera Juana Carrasco, una de las dos únicas féminas reconocidas con el Premio Nacional de Periodismo José Martí.

GEYSELL CISNEROS MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mientras cursaba la carrera de Historia en La Universidad de La Habana, Juana Carrasco Martín no sospechaba que su vida tomaría un rumbo diferente al previsto: “Yo era estudiante y en 1965 me ofrecieron la posibilidad de trabajar en la cátedra de Filosofía o incorporarme a un nuevo periódico que se inauguraría. La disyuntiva era clara: o veía la vida desde la abstracción o la palpaba todos los días. Escogí tocarla diariamente”.

Con más de cuatro décadas de entrega al periodismo, es hoy un arsenal de experiencias y anécdotas. Su paso por diversos medios de prensa impresa como las revistas Constructores, Romances, Mujeres, Bohemia y Verde Olivo y los periódicos Granma y Juventud Rebelde, concretan la obra  de esta mujer de grandes esperanzas y ejemplo fehaciente de un periodismo revolucionario y martiano.

-¿Por qué Juana Carrasco prefiere la prensa impresa?

Desde hace 42 años mi trabajo es plasmar lo acontecido, me gusta trabajar  con el día a día, prefiero la inmediatez de los sucesos, la prontitud de las cosas, buscar la noticia y hacer de ella una fuente ineludible de información.

Mi trabajo en diversos medios de prensa contribuyó a mi formación como profesional del campo periodístico. Granma fue mi escuela más grande y primaria, mientras trabajaba, también tenía que estudiar, fue una etapa de muchas tareas de la revolución y conté con maestros del periodismo como Elio Constantín, Juan Marrero, Martha Rojas y Joaquín Oramas, por mencionar algunos. Ellos eran maestros de cientos en este oficio, profesionales en toda la extensión de la palabra.

-En 1971 fue enviada especial a la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York. ¿Qué representó esa experiencia en una época bastante difícil para Cuba?

Me ayudó a comprender ese país, a conocer lo bueno de su historia y lo malo de su sistema político. También me relacioné con la contracultura de aquellos años, el movimiento pacifista, los jóvenes rebeldes que se enfrentaron al stablishment, los que regresaban de Vietnam, los inquietos…

-Cuando trabajaba en Bohemia tuvo la oportunidad de ser corresponsal de guerra en Angola…

Fue un gran orgullo, pues ese era tiempo de guerrillas, estaba donde todo periodista hubiese querido, del lado de la noticia. Allá tuve la gran satisfacción de conocer a jóvenes extraordinarios que, sin importarles el peligro, asumían luchar hasta el final. Quedé marcada al apreciar las condiciones de vida de los angolanos, su situación era muy dura y triste, en esa experiencia descubrí algo nuevo, aprendí la riqueza de la solidaridad, conocí a niños que me enseñaron muchas cosas. Fue una vivencia inolvidable.

-¿Qué le atrae del ámbito internacional, área en la que se desempeña como profesional?

Para mí el mundo de la política y la economía internacional es apasionante. Me deleita mostrar los sucesos, descubrir la realidad de otros países y dar la mayor cantidad de elementos al lector para que construya sus propios juicios.

-¿Cree usted que tanta especialización afecta la cultura general de los periodistas?

Yo no me siento aludida. Un periodista tiene que saber de todo. A mí me interesa mucho la cultura, la economía, los problemas sociales- nacionales. Como maestra, veo en el periodismo un magisterio de todo.

-¿Cómo define su trabajo?

He tenido muchas satisfacciones. Pero el periodismo se trata, precisamente, de vencer obstáculos. Si todo fuera fácil, seríamos tan aburridos…Nuestra profesión perdería totalmente el encanto.

-¿Qué cualidades debe poseer un periodista?

Ser primeramente revolucionario, humilde, capaz de comprender a las personas y al mundo. No ser conformista con su trabajo, siempre creer que las cosas pueden hacerse mejor y de buen acto. Sentirse igual a todos y no superior, poseer un alto nivel de sencillez y modestia. Saber escuchar y no perder la capacidad de sorprenderse. Ser perseverante, estudiar mucho y romper cuartillas. Ahora diríamos, en la computadora, utilizar mucho el cortar-pegar-borrar.

-¿Qué aspectos positivos y negativos tiene el periodismo cubano actual?

Los que ejercemos esta profesión en Cuba lo hacemos con sentido de humanidad, con los mismos valores de nuestro pueblo y con honestidad. Por otra parte considero que aún a los periodistas cubanos nos queda mucho por aprender, somos todavía esquemáticos, confundimos en muchos casos los roles entre el periodista y el funcionario. Nos falta originalidad y amenidad. Hemos perdido en cierta manera el don de lo noticioso. Nos debemos aún más al sentir de la noticia. Tenemos que mejorar la calidad de nuestro trabajo.

-¿Cómo llega a  Juventud Rebelde?

Simplemente me plantearon la necesidad de reforzar con mi conocimiento el paso del periódico de semanario a diario. Y de todas formas fue un reto, porque no hacía diarismo desde 1978. Sin desdorar todas mis experiencias, fue cumplir mi sueño inicial.

-¿Alguna frustración en el periodismo?

Miles. Hubiera querido estar en tantos lugares, en Vietnam bajo las bombas, en la Nicaragua sandinista, en Bolivia junto al Che y su guerrilla. Haber entrevistado a figuras prominentes del siglo XX, en fin, muchas metas que me quedan por cumplir.

-¿Qué significa ser cubana?

Para mí ser cubana es lo máximo, como dicen ustedes  los jóvenes. Tenemos una Isla privilegiada que posee la llave del Golfo. Me enorgullece mucho saber que esta tierra ha dado hombres valiosos. Haber nacido aquí es algo especial, los cubanos somos personas con un gran corazón,  un pueblo de ideas firmes.

-Usted ha afirmado que los meses de lucha por el regreso del niño Elián, repletos de angustias e incertidumbres, marcaron su vida de una forma muy especial. ¿Por qué?

En la cobertura de ese suceso sentía la incertidumbre, terminaba mis trabajos con preguntas como ¿hasta cuándo? A veces ira, a veces lágrimas. Confieso que el momento más difícil fue la visita de las abuelas, lo sufrí mucho como mujer. Ver la actitud del pueblo, todo el apoyo brindado cuando comenzaron las mesas redondas y en las marchas, levantaba mi autoestima. Quien no dudó ni un solo momento fue nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. El día que supimos que al fin regresaba nuestro niño, se me acercó y me dijo palmeándome tiernamente el rostro: “Sabía que él volvía”.

-¿Qué le aportó esa cobertura como profesional?

La utilización diaria de Internet me ayudó a tener una visión muy temprana y equilibrada. También me enriqueció la búsqueda en las propias fuentes norteamericanas y el procesamiento consiguiente. Comprobé que es posible escribir todos los días de un mismo tema, sin caer en la rutina. Haber contribuido a que el pueblo cubano supiera la verdad fue para mi un paso más para ganar madurez profesional.

-Por su entrega a esta causa y el máximo esfuerzo por mantener informado al pueblo, le fue otorgado el Premio Anual Juan Gualberto Gómez, ¿esperó ese reconocimiento?

Por supuesto que no, ni un periodista ni nadie debe basar su trabajo en los frutos que obtendrá. Quien no crea en lo que hace es un mercenario. La obra más eterna es la concebida con amor. Este premio significa un orgullo para mí, por su valía, por el nombre que lleva, y por el prestigioso jurado que  lo confiere.

-Después de largos años de trabajo y consagración mereció el Premio Nacional de Periodismo José Martí. ¿Qué representa a estas alturas de su vida?

Creo que no merecía tal distinción, nunca estoy satisfecha con mi trabajo, existen muchos otros periodistas de gran calibre. Ahora bien, no puedo negar lo que el premio representa, me enorgullece el hecho de saber que toda mi entrega a este oficio es reconocida. También me alegra el hecho de recibir correos de mis lectores felicitándome por algún artículo, o simplemente halagos de mis compañeros en la redacción.

-¿Cómo se siente al ser, junto con Martha Rojas, las únicas mujeres galardonadas con la máxima distinción de la Unión de Periodistas de Cuba?

¡Imagínate! Es un honor para mí el hecho de haber sido merecedora del premio, y más aún cuando sé que Martha Rojas fue la primera en recibirlo. Me siento muy orgullosa de compartir el reconocimiento junto con ella, mujer de firmes palabras, fundadora del periodismo cubano.

Estoy muy agradecida de las personas que me han ayudado a lo largo de mi carrera. No cabría mencionar a todos. Solo quiero significar a mi madre, que aunque ya no está en mi vida, fue mi fiel lectora. Tenía apenas sexto grado, pero siempre leía mis trabajos y alertaba de lo que no entendía.

-¿Le preocupa el desgaste que el tiempo ocasiona?

Para nada, soy una mujer optimista, muy arriba. Me siento joven y con muchas ganas de ser cada día una mejor persona, una mejor periodista. En los últimos tiempos trato de no mirarme mucho al  espejo, para que la imagen no contradiga lo que siento por dentro.

Los tantos premios y reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su carrera son muestra evidente de que “Juanita” es una luchadora infatigable, una fiel seguidora de las ideas martianas y de la Revolución Cubana.

En su labor creadora y comprometida está la obra que honra al periodismo cubano, la complacencia por ejercer una profesión que permite entender y explicar los actos de mujeres y hombres de Cuba y del mundo: “Hacemos la promesa del lenguaje claro, de la argumentación sólida, de la virtud y el empeño de mirar paja y viga en el ojo ajeno y en el nuestro, para enfrentar a enemigos, advertir de los peligros, o ayudar a enmendar lo equivocado”.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Ahondar en aspectos desconocidos de la obra de Juana Carrasco, Premio Nacional de Periodismo José Martí.

Objetivos colaterales: Profundizar en aspectos y temas de interés general; Significar la labor de Juana Carrasco en la prensa cubana; Descubrir sus emociones y posición ante la vida laboral.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: De referencia al tema.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Periódico El Habanero Digital: (12 de marzo de 2008). Documental.
Revista Bohemia, Sección Nacionales (25 de marzo de 2008) Documental.
Bibliografía de Juana Carrasco Martín. Documental.

 

EL LENTE CONVERTIDO EN HISTORIA

EL LENTE CONVERTIDO EN HISTORIA

Ahmed Velázquez Sagués, fotorreportero del semanario Granma Internacional, alcanzó muy joven la cúspide de la fotografía cubana.

LIZ XAMIRA ABAD JAREL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde lo alto de una grúa el miedo y los escalofríos atraparían a cualquiera, pero él continúa. En la mano sostiene una cámara, la prepara, enfoca el lente y aprieta el obturador. El flash ha capturado la imagen.

Los grandes ojos negros comienzan a brillar, los labios dibujan la sonrisa, se siente feliz, enciende un cigarro y mientras el humo se desliza garganta adentro, recrea en su mente la próxima imagen. Fotógrafo del semanario Granma Internacional, Ahmed Velázquez Sagués fue uno de los mejores artistas del lente en Cuba. Un hombre a quien la muerte robó la vida a los 39 años, cuando se encontraba en la cima de su carrera.

“Era un genio de la fotografía, las cosas monótonas las convertía en increíbles. Una vez implantó un record: tiró 72 fotos en una entrevista y logró que ninguna se pareciera”, así lo recuerda uno de sus mejores amigos, Ricardo López Hevia, quien afirma que Ahmed disfrutaba mucho de la vida y era un estudioso de la imagen.

“Siempre leía revistas, libros, y se sentaba largos ratos en la computadora para buscar todo lo que contribuyera a su trabajo. Fue el primero en apuntarse en un curso de computación en la década de los años 90, y uno de los que asimiló más rápido la fotografía digital.”

Vocación

Su pasión por la fotografía lo impulsó a unir el arte con la aventura, lo mismo escalaba una montaña que se lanzaba de un avión en paracaídas. Siempre estaba dispuesto a cumplir cualquier misión, su respuesta era: “Yo soy guardia para todo.”

Juvenal Balán, compañero y jefe de Ahmed en el periódico Granma desde el año 1999, afirma que sus trabajos tenían un sello de originalidad: “Sus fotos tenían un perfil muy personalizado, cuando tú las mirabas, comprendías que su ojo era el que estaba detrás, por la búsqueda en la imagen, creatividad, y por mostrar ángulos distintos. Siempre trataba de encontrar lo original y si no podía lograrlo, lo creaba”.

El abuelo fue una de las personas más importantes en la vida de Ahmed, cuenta su profesor, el legendario profesional de la fotografía cubana, Jorge Oller, Premio Nacional de Periodismo José Martí.

“Fue su abuelo, Joaquín Sagués, quien le inspiró el amor por el arte, la búsqueda de la aventura, la noticia, la acción. Ese hombre participó en la guerra civil española y fue un gran pintor de paisajes. De él aprendió composición, el dominio del color y la perspectiva.

“Después de cumplir con el Servicio Militar General comenzó su primer curso de fotografía en 1986, en el periódico de la Fuerza Aérea Cubana; luego trabajó como fotógrafo en el Museo de la Revolución”, rememora Jorge Oller acerca de la llegada de Ahmed al periódico Granma.

“Un día de agosto de 1987 se presentó en el diario, quería formar parte del curso de superación para jóvenes, que los prepararía como fotógrafos. Su vocación e ilusión era  la fotografía de prensa.

“Al llegar, fui uno de los que lo atendió. Cuando conversó conmigo me demostró una gran sinceridad, pasión y vocación, por lo que no vacilé en recomendar su incorporación al grupo.”

En este reencuentro con el pasado reciente, Roger Ricardo Luis, director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, recuerda que cuando Ahmed Velázquez llegó a Granma como aprendiz de fotorreportero, muchos lo catalogaron de rebelde sin causa.

“Si algo lo caracterizó fue su afán por aprender y experimentar. En aquellos momentos de su ingreso al periódico, el equipo de fotorreporteros necesitaba una inyección de sangre joven. Con él entraron otros muchachos, Ismaelito, Jorge, Ricardito, y realmente el colectivo de Fotografía ganó muchísimo con la confluencia entre la experiencia de los ya consagrados como Jorge Oller y Fernando Lezcano, entre otros, y con los de nueva incorporación. De ellos, Ahmed fue el que de inmediato se destacó por sus incursiones y experimentos con los fotomontajes y la computación”.

Un peldaño más alto

“Ahmed era un muchacho con muchas inquietudes. Comenzó de laboratorista y logró conocer su trabajo en todas dimensiones. Por el interés que mostró y su forma de trabajar se ganó la confianza de los profesionales que, sin dudarlo, le daban sus rollos para el revelado,” recuerda Juvenal Balán.

“A medida que aprendía las interioridades de la fotografía, ascendía a un peldaño más. Al llegar el momento, Ahmed, junto al grupo de jóvenes que se habían nutrido de los profesionales del equipo, pasaron a ocupar los puestos de fotógrafos del periódico.

“Desde sus inicios hizo coberturas periodísticas de cualquier tema o sector. Compartía la idea, junto a otros profesionales, que la fotografía debe dominarse a fondo, y para convertirse en un buen profesional hay que saber captar todo tipo de imagen. Buscar la calidad requerida y apresar el dramatismo del momento en que fue tomada.”

Según rememora Juvenal Balán, por la necesidad que existía en Granma Internacional de contar con un fotógrafo, es que se decidió que Ahmed cubriera la plaza: “Allí logró crecer mucho más, participó en múltiples actividades, eventos y coberturas. Escogía sus imágenes, asistía a los Consejos de Redacción del periódico, ofrecía opiniones acerca de la fotografía e incursionó en la publicidad, al realizar anuncios que hoy siguen ilustrando las páginas del semanario”.

Cristal Granma

Raúl López o “El Puro”, como lo llamaba Ahmed, recuerda con gran cariño al joven respetuoso, inteligente, incansable y alegre que cuando aprendía algo nuevo llegaba al departamento y con entusiasmo lo enseñaba a los demás; al compañero que amaba su trabajo y siempre tenía una foto debajo de la manga: “Tenía uno de los mejores olfatos que ha pasado por la fotografía periodística cubana.”

Por la calidad, originalidad y belleza en sus obras, fue ganador de numerosos concursos y premios como El hombre y la vida, en Brasil, (1991), Fotofestival de Knokke-Heis, Bélgica (1996), dos premios consecutivos Juan Gualberto Gómez (2001 y 2002) que otorga la Unión de Periodistas de Cuba por la obra del año, y Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura (2003).

Cuenta Raúl que en una ocasión, al recibir Ahmed un premio del Concurso 26 de Julio, le dijeron que el material estaba hecho con “cristal de Bohemia”, por la calidad especial del mismo. De inmediato, el fotógrafo ripostó con ingenio: “Bohemia no, de Granma”. El reconocimiento hoy se encuentra en el estante del Departamento de Fotografía del periódico Granma, junto a otros que demuestran la entrega y profesionalidad de los fotorreporteros de ese diario.

Ahmed Velázquez hizo reportajes en África y América Latina y, acompañó al Comandante en Jefe Fidel Castro en varios de sus viajes al exterior. Entre los países que visitó se encuentran Sudáfrica, República Popular China, Viet Nam, Brasil y Ghana; esta última, por su riqueza de imágenes y belleza natural, fue la que más lo impresionó. Al regresar a Cuba trajo miles de fotos que recogen la colaboración médica cubana.

Recuerdan sus compañeros de trabajo que entre sus proyectos estaba hacer un libro sobre la misión en la República de Ghana, y otro que acopiara las nuevas tendencias de la fotografía en Cuba. También, realizar exposiciones y llegar a lo más alto de la calidad en su trabajo.

Concuerdan los que lo conocieron que su vida la dedicó a la familia y a su profesión. Cariñoso con su madre, abuelo, esposa e hijos, por los que sentía adoración.

Estilo propio

Entre los maestros que dejaron huella y ejercieron influencia en su carrera se encuentran Jorge Oller, Jorge Valiente y Fernando Lezcano.  Oller,  refiriéndose al tema, afirma: “El se nutrió del trabajo de todos, y logró una personalidad propia, un estilo único. Tomó todo aquello e hizo su propio estilo de fotografía y su modo de ver las cosas.

“Me sentí orgulloso de ser uno de sus profesores, como más tarde también estuve feliz de ser su alumno, pues me enseñó los elementos básicos de la fotografía digitalizada, del que era un excelente conocedor y estudioso.

“Demostró una gran habilidad y dominio de la profesión en poco tiempo. Cuando me jubilé en 1992, ya era un profesional. Me satisfacía ver sus reportajes y sus noticias, tan frescas y personales. Tenía un estilo audaz, y un goce personal retratando escenas de la vida cotidiana con un toque humorístico en no pocas ocasiones”.

En el 2003, Ahmed publicó 568 fotografías en las ediciones impresas del semanario Granma Internacional y sus trabajos tuvieron repercusión en Internet. Cubrió periodísticamente ese mismo año la toma de posesión en Brasil del presidente Luis Ignacio Da Silva y la Cumbre Iberoamericana efectuada en Bolivia. Su último trabajo fue la clausura del Festival de la Juventud y los Estudiantes.

Compañero de múltiples andanzas periodísticas, este joven también ilustró con sus gráficas el libro Cuando a Varadero llegué, de Roger Ricardo Luis: “Tenía un talento natural para la fotografía y, en un lapso relativamente breve, logró llevarla a nivel de artista por su perseverancia y autosuperación, hasta el punto que sabía ubicarse en el escenario y decir cuál era la gran foto o las fotos para un buen reportaje.

“Sólo había que decirle cuál era el tema del trabajo y ya uno se despreocupaba, porque cuando ponía en la mesa las fotos, no había discusión que eran las mejores. De ahí los estímulos y los premios que alcanzaba con frecuencia. Recuerdo las veces que me llenaba el buró con fotos para que las viera y se las criticara, o para hacer tal o mas cual selección para un fotorreportaje o enviar a un concurso. Era muy observador, creo que esa fue una de las cualidades que lo llevó a convertirse en un excelente fotorreportero en tan breve tiempo”.

“¿Qué dicen las grandes plumas de este periódico?”, así saludaba al llegar a la redacción de Granma Internacional cada mañana, con una sonrisa llena de optimismo para enfrentar la vida. Y así Ahmed se recordará: por su espíritu aventurero, su sencillez y sus ansias de buscar la fotografía más original que atrapara el dramatismo humano.

Murió en el edificio de Granma Internacional, cuando se disponía a salir para cubrir una noticia. Su vida fue corta, pero su obra fructífera, capaz de perdurar en el tiempo y convertirse en historia. Después de su fallecimiento, la Unión de Periodistas de Cuba le otorgó el Premio Nacional de Periodismo José Martí, alto honor y también orgullo del diario Granma y de todos sus compañeros.

“Puede decirse que llegó a captar con su lente una etapa de Cuba, como la de la década de los noventa, con todos sus detalles. También nos dejó el ejemplo de un joven que supo sobreponerse a todos los obstáculos que le colocó la vida. Su muerte prematura nos conmovió profundamente. Es de esas cosas que pasan y a las que uno no puede aún dar crédito. Cuando lo recuerdo, me parece verlo de pie con la cámara fotográfica al hombro, el cigarro encendido en la mano, sonriente y diciéndome con afecto y como buen jodedor: ¡Maestro!”, así evocará siempre Roger Ricardo a quien quería alcanzar la cima de la fotografía.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

OBJETIVO CENTRAL: Demostrar por qué Ahmed Velázquez fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo José Martí post-mortem.

OBJETIVO COLATERAL: Dar a conocer cuándo comienza su afición por la fotografía, cómo se convierte en fotoreportero del periódico Granma, premios recibidos, sus proyectos, anécdotas y por qué se llega a ser uno de los mejores artistas del lente en Cuba.

TIPO DE ENTREVISTA

Por los participantes: Colectiva.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo y correo electrónico.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusiones: Opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas: documentales y no documentales.

No documentales:

Jorge Oller, fotógrafo jubilado del periódico Granma y Premio Nacional de Periodismo José Martí; Juvenal Balán, jefe del Departamento de fotografía del Periódico Granma; Ricardo López, fotógrafo del Periódico Granma; Raúl López, fotógrafo del periódico Granma; Roger Ricardo, director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Documentales:

http://www.granma.cu/español/2004/diciembre/jueves30/ahmed.html, 18/11/2008; http://quienesquien.cip.cu/personalidades/ahmed-velazquez-sagues/, 18/11/2008; http://granmai.cubasi.cu/español/2004/diciembre/mier29/53ahmed.html, 18/11/2008; http://www.radiohc.cu/español/cultura/fotografia/fotografos/curriculoahmed.htm, 18/11/2008

 

 

“EL FOTÓGRAFO MÁS FELIZ DEL MUNDO”

“EL FOTÓGRAFO MÁS FELIZ DEL MUNDO”

Jorge Oller Oller, uno de los hombres que más coberturas periodísticas realizó durante los viajes de Fidel Castro por Cuba y el mundo.

ALBA G. LEÓN INFANTE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La  primera vez que Jorge Oller Oller retrató al líder del Movimiento 26 de Julio fue cuando salió de  la prisión de Isla de Pinos, en 1955: “Me encontraba en la terminal de trenes cuando Fidel se asomó a una ventanilla con una banderita cubana y capté esa imagen.” Más de medio siglo ha pasado desde aquella instantánea y aún su voz se estremece al recordar el momento. El contraste entre la mole de hierro y el joven revolucionario quedó eternizado por el hombre que años después acompañó incontables veces al Comandante en Jefe en sus viajes por Cuba y  el mundo.

“No volví a hacerle otra foto hasta después del triunfo de la Revolución. Al trabajar junto a una persona tan importante a veces me parecía que no lo hacía bien, que siempre lo podía concebir mejor. Para mí era un halago, un estímulo, estar cerca de Fidel; y a la vez, me sentía impresionado, porque Fidel impresiona.”

Al Comandante no le gustaba que le tomaran fotos con flash cuando estaba hablando, decía que le borraba la idea que tuviera en la cabeza en ese momento, según cuenta Oller: “Cuando él se encontraba en un lugar donde había poca luz, yo caía en una disyuntiva porque si no usaba el flash, la foto no salía bien, pero si lo hacía, a él le molestaba. Cuando no quedaba más remedio, me decía a mi mismo: ‘Si hay que hacerlo, lo hago, y después, que me diga lo que quiera’.

“Hay otra cosa, Fidel no es como los demás políticos, a él no le gusta detenerse para posar, de modo que yo debía adivinar el momento preciso para no interrumpirlo si daba un discurso, por ejemplo, o si prestaba atención a algo importante.”     

No siempre vieron los ojos de Oller al Comandante a través del lente de la cámara. También tuvo la oportunidad de compartir y siempre aprender del líder de la Revolución: “Me sentía el fotógrafo más feliz del mundo, y a la vez el más preocupado. ¿Cómo  no iba a ser feliz si mi preferido era el tema humano y Fidel siempre habla de humanidad?”

Cuando piensa en la importancia que tuvo para él haber acompañado como fotorreportero del periódico Granma al líder de la Revolución, una sonrisa llena su rostro y apenas encuentra las palabras que describan la emoción: “Para mí es un honor y orgullo haber sido quien en tantas oportunidades lo fotografiara.”

Los espejos del Palacio de la Moneda, en Chile, son inolvidables para este hombre. No por vanidad, sino por el ingenio con que supo utilizarlos en la recepción que le ofreció allí el presidente Salvador Allende al Comandante.

“Los fotógrafos apenas teníamos movilidad porque el salón estaba lleno de personas. De Fidel solo alcazaba ver la cabeza, pero a Allende, como era tan bajito, no lo divisaba en absoluto y no podía irme sin una foto de esas dos personalidades juntas. Entonces, me percaté de los espejos; había uno muy grande a través del que se veían ambos presidentes y aproveché mi ángulo para tomar una de las pocas fotos que existen de ese encuentro.”

Chile fue uno de los países de América  que visitó Oller como parte del equipo que siempre acompañaba a Fidel en sus viajes. También estuvo en Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Perú, México, Guyana y  Estados Unidos, en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York. Su cámara atrapó imágenes de gran parte del mundo: África, Asia y Europa. Recorrió toda la geografía que conformaba el ex campo socialista y repitió su visita a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas unas doce veces.

La suerte es una constante siempre presente en la fotografía y esa condición puede salvar o destruir el trabajo de los gráficos. En ocasiones perjudicado, en otras favorecido, Oller también fue blanco de la casualidad.

“Una vez yo debía cubrir el recibimiento que daría Fidel a una personalidad en el aeropuerto. El carro del periódico se rompió y fui el último en llegar -¡el último!-. Cuando entré, vi a los demás fotógrafos situados del otro lado de la pista y Fidel ya estaba  estrechando la mano del visitante. Después del saludo, para mi sorpresa, se viraron hacia donde yo estaba. Los demás no podían hacer nada porque sus objetivos estaban de espaldas, mientras yo pude  tomar mis fotos.

“¿Eso pasó porque yo era  buen fotógrafo? No, fue por casualidad y a veces las casualidades influyen mucho en este trabajo. Siempre se debe tratar de salvar la situación, y cuando se adquiere cierta experiencia, hasta logramos anticipar lo que sucederá, pero la fotografía es un oficio condicionado por las imprevisiones”.

El ingenio es una cualidad que distingue a Oller. Los años de experiencia desarrollaron en él un sexto sentido que impregna a cada imagen suya un sello característico: “Toda persona tiene su propio estilo; yo también tenía el mío, pero cuando te mandan a cubrir un evento debes ajustarte a la situación, no puedes pedirle a los participantes que repitan un gesto o mantengan una pose.

“En la fotografía de noticia el estilo está en la habilidad de captar la imagen en el momento preciso. Para  lograr eso hay que tener intuición, saber lo que va a ocurrir, dónde y cuándo, y valorar las posibilidades reales de captarlo. El oficio de fotógrafo es muy bonito, ingrato a veces, pero si eres observador, si eres pillo, por decirlo de alguna manera, y una persona que sabe sobreponerse a los obstáculos, siempre logras un buen trabajo para llevar al periódico y publicarlo.”

Los ojos de un fotógrafo distinguen detalles que para la mayoría de las personas son insignificantes, las luces y las sombras tienen un mensaje y una intención estética, pero la labor de los fotorreporteros está condicionado por la inmediatez y la improvisación. Para lograr un buen resultado “a  veces es necesario hacer lo contrario de lo que hacen los demás, porque de otra manera todas las fotografías serían iguales.

“Recuerdo unos juegos centroamericanos que se celebraron en nuestro país en los que en el evento de campo y pista la ganadora se desmayó después de cruzar la meta y todos los fotógrafos se acercaron para retratarla; yo me quedé a unos metros y capté la imagen de la muchacha rodeada por los fotógrafos, lo que tenía más dramatismo aún. En ocasiones fue premeditación; en otras, pura suerte.”

Oller laboró en el periódico Información como reportero gráfico,  luego pasó a El Combate y cuando cerró éste, comenzó en el diario Noticias de Hoy, donde fue jefe de Fotografía. Ese diario y el periódico Revolución se fusionaron el 4 de octubre de 1965,  así surgió Granma, del cual es fundador y donde trabajó hasta su jubilación en 1992.

-¿Qué transformaciones tuvo el periodismo después del triunfo revolucionario?

Antes de 1959 el periodismo era crónica roja, crónica social, deportes, sucesos y lo concerniente a problemas con la policía; eran esos los campos que había y yo pasé por todos. Pero la vida tenía otro punto de vista entonces; tal era así, que si el anunciante de la Coca Cola, por ejemplo, no colaboraba con el periódico, el fotógrafo debía buscar la manera de que en ninguna de sus fotos apareciera un anuncio de ese producto.

“Tras el triunfo revolucionario hubo un proceso de cambio en la forma de presentar la noticia. También trajo un salto tecnológico en la fotografía: antes, el símbolo del reportero gráfico era una cámara  conocida como Speed Grathic , muy grande,  pesada como diablo y que costaba más que el carné de periodista. Luego aparecieron las cámaras chiquitas de 35 milímetros que eran mucho más fáciles de trasladar.

“Con la computación ahora es más fácil, más bonito, tomas una foto, la ‘arreglas’ en PhotoShop, y ya está; pero lo que vale es la imagen que se toma y lo que significa para quien la ve.”

Las fotografías de Jorge Oller ilustran varios libros cubanos que abarcan temas sociales y políticos. Algunos títulos son El médico de la familia en la Sierra Maestra, de Marta Rojas, Cuba-Chile, junto  con Pablo Pildaín y Aramís Ferrera, y Cien Imágenes de la Revolución Cubana 1953-1996 (colectivo de fotógrafos). Ahora él crea su propio libro, en el cual recoge pasajes y datos de hombres que han inmortalizado momentos relevantes o cotidianos, pero que están prácticamente olvidados.

“Desde que estudiaba en la escuela de Periodismo fui anotando historias que me contaba Julio Lagomasino, profesor de gran afecto hacia mí. Con el tiempo noté que esas anécdotas reflejaban cómo se trabajaba en aquella época y tuve la idea de recogerlas en un libro como una manera de recordar a quienes en su tiempo fueron grandes fotógrafos, las obras legadas, y también dejar constancia de sus vidas. Por lo general, las personas recuerdan las fotografías, pero pocas veces al fotógrafo.”

En 1999 Oller fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda una vida y suman más de una veintena los premios y distinciones con que ha sido reconocido. Entre ellos destacan el Juan Gualberto Gómez (1995) y la Félix Elmuza (1985), ambos entregados por la Unión de Periodistas de Cuba, y el Sello 60 Aniversario de la CTC (1999).

Nació en Barcelona el 2 de diciembre de 1929 y junto a su familia emigró a Cuba en 1936, durante la Guerra Civil Española: “Yo soy nieto de un catalán mambí. Mi abuelo vino a Cuba con 16 años y en las tropas de Máximo Gómez se hizo a la guerra. Cataluña es una región que se considera fue invadida por España, por eso cuando él estuvo aquí, en lugar de pelear a favor de la Metrópolis luchó contra ella.

“Al terminar la guerra volvió a Europa, se casó y tuvo seis hijos. Cuando empezó la Guerra Civil, mi padre, que era cubano, enfermó de gravedad y no podíamos quedarnos allá porque no había medicinas ni alimentos, de modo que nos regresamos a Cuba.

“Mi padre era fotógrafo, tenía un estudio en Barcelona. Por eso digo que nací en un estudio fotográfico y, por tanto, en mí surgió un temprano interés por la fotografía.

-¿Jorge Oller se considera cubano o catalán?

“Mi familia es catalana, pero toda mi vida la hice en Cuba y heredé  el amor de mi padre y mi abuelo por esta tierra. Soy tan cubano como catalán y me siento muy orgulloso de ello.”

(Para la realización de este trabajo, agradecimiento especial al fotógrafo Jorge Valiente López, amigo del entrevistado)

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo principal: Conocer sobre la labor de Jorge Oller Oller como fotógrafo y sobre sus raíces catalanas.

Objetivos colaterales: Divulgar experiencias y anécdotas de Oller como el fotógrafo de Fidel; Conocer el tema del libro que escribe en estos momentos; Obtener su opinión acerca de las diferencias entre el periodismo actual y antes del triunfo revolucionario; Teniendo en cuenta sus raíces, saber si se define como cubano o catalán.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual.
Por su forma: mixta.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: directa (cara a cara).

Tipo de título: cita directa.
Tipo de entrada: de anécdota del entrevistado.
Tipo de cuerpo: mixto     
Clasificación de las preguntas: 1-abierta; 2- alternativa.
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Directa:  www.cubaperiodistas.cu   (20 de noviembre de 2008).
Indirecta: Jorge Valiente López, amigo y compañero de trabajo del entrevistado.  (1ro de diciembre de 2008).

“EL PLACER MÍO ES SER PERIODISTA”

“EL PLACER MÍO ES SER PERIODISTA”

Juan Emilio Fríguls de vuelta a las entrevistas, pero en esta ocasión desde el lado opuesto.

IVÁN MORALES MORALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un hombre sencillo, honesto y además merecedor de distinciones tan importantes como el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida, la Medalla Alejo Carpentier y la condición de Vanguardia Nacional por más de diez años, era algo sin precedentes para mí. Juan Emilio Fríguls, el reportero paradigmático de Radio Reloj, sentó una huella  indeleble en su paso por la profesión.

Sus inicios

“En la familia no existía la tradición periodística, yo fui el encargado de iniciarla. Mi padre deseaba que siguiera sus pasos como comerciante, pero me rehusé”.

Sobre esa decisión, el propio Fríguls contó en una ocasión a la periodista Ivet Gonzáles Lemes: “Yo quería ser un cronista de renombre y él me dijo: Deberás ganarte el pan de cada día, pero trata de que no sea con el sudor de tu frente, sino con el placer de ella. Mi respuesta no se hizo esperar: Perfectamente, el placer mío es ser periodista”.

Así, con 24 años, ingresó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, y como estudiante comenzó a trabajar el tema de la sociología religiosa en Información, la publicación más voluminosa del país antes del triunfo de 1959.

El encanto de la radio también lo sedujo. El 6 de octubre de 1946, los mejores cinco expedientes de la primera graduación de la Márquez Sterling –entre los que se encontraba Fríguls- inauguraron el noticiero La Palabra  de Unión Radio.

Sus trabajos le valieron la admiración de un periódico tan influyente como El Diario de la Marina, donde comenzó a trabajar en el año 1947. Colaboró también con la sección En Cuba de la revista Bohemia.

Cuando cerró el Diario…, la naciente Radio Habana Cuba le abrió  las puertas. Allí realizó una ardua labor y aumentó su curriculum en el sector de la cultura. Esto le proporcionaría más tarde el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro.

Radio Reloj

Con un prestigio ganado sobre la base de esfuerzo y nombre propio, llegó a Radio Reloj en 1970. Cultivando el mismo periodismo de calidad de antaño, un periodismo de “olfato” rastreador de la noticia, de inmediatez y excelencia en las notas redactadas, se hizo acreedor del Premio Nacional de la Radio en el 2003. En esta emisora sentó cátedra hasta sus últimos días y en ella fue para todos los compañeros, un ejemplo.

Para Alberto Ajón, su director en la Revista Semanal, “existen tres clases de educadores: instructor, profesor y maestro. Juan Emilio Fríguls poseía todas las categorías, pero resumidas en una sola: era maestro de maestros.

“Admiraba su constancia en el trabajo y la vida, cualidades que le permitían, sin decirlo, predicar con la acción. Esa forma particular de enseñar tocaba de cerca a quienes compartíamos el quehacer diario junto a él”.

Isidro Betancourt se considera entre los pocos amigos personales de Juan Emilio: “En un primer encuentro parecía una persona inalcanzable, yo lo miraba con mucho temor por la grandeza de su figura. Sin embargo, la relación con los más jóvenes fue algo que lo marcó. Era una institución, una escuela.

“Trabajar con Fríguls aportó muchísimo a mi formación revolucionaria y profesional. Gracias a él conocí la verdadera concepción del periodismo y la noticia. Fue un placer ser compañeros de trabajo”.

Esa facilidad que poseía para inculcar los conocimientos adquiridos durante el decursar de los años, lo destacaba entre sus colegas de profesión. La disposición jamás faltó. En cada persona que colaboró con él, dejó una impronta que, aún después de su desaparición física, es imposible olvidar.

Un apasionado reportero de Reloj, Lázaro Chiang, considera que “conocerlo y laborar junto él dejó una huella en mi vida para siempre. Nuestro acercamiento se produjo por la admiración hacia su trayectoria. Me enseñó el arte de estudiar, de leer cada día más y, sobre todo, a proporcionar una mayor creatividad a lo que hacía”.

En cierta ocasión Josefa Bracero, autora del libro Rostros que se escuchan, preguntó sobre el aporte de una emisora como Radio Reloj al periodismo cubano, y Fríguls respondió: “Cualquier periodista con verdadera vocación debe pasar por lo menos tres o cuatro meses en esta emisora, porque brinda el poder de la síntesis y la inmediatez”.

Una persona común

Fríguls inspiraba seriedad y respeto, pero detrás de esa impresión se escondía una persona jocosa, capaz de hacer un chiste cuando los ánimos estaban “por el piso”.

Era usual verlo en la cola para comprar el pan, o simplemente subir a un ómnibus. No apreciaba las concesiones que deseaban tener con él quienes lo reconocían. Todo lo contrario, si debía esperar, lo hacía como uno más. Siempre se consideró como un cubano común.

El cubano común sufre el convivir diario con la problemática que le rodea. No voltea la espalda y hasta ríe de su propia agonía. Se levanta ante cada obstáculo interpuesto y continúa el camino hacia adelante.  Así era este hombre y de esa manera queda en la memoria de quienes lo conocieron.

Premio Nacional de Periodismo José Martí

Como reconocimiento a la labor desarrollada durante toda una vida, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) otorga el Premio Nacional de Periodismo José Martí cada año en nuestro país. En 1996, Juan Emilio Friguls fue acreedor del lauro.

Esa distinción premió la larga trayectoria en una carrera para la que Fríguls pedía rectitud y lealtad. En sus palabras, “si un periodista no es honesto, difícilmente consiga cierta influencia con el trabajo que hace”.

Sobre el galardón, rememora Roberto Márquez, jefe de Información en Radio Reloj y quien lo dirigiera por mucho tiempo: “Fue un reconocimiento muy especial a tantos años de labor, por la entrega sin igual al deber. Era un soldado de la palabra, del párrafo”.

A su vez, Chiang y Betancourt, concuerdan en sus respuestas para reafirmar que fue una especie de medalla otorgada a la sistematicidad por hacer las cosas cada día mejor, a la calidad periodística, la honestidad y a su condición de revolucionario.

El título de Decano de la Prensa no estaba asociado sólo a ser en algún momento el periodista con más años de ejercicio en el periodismo, sino también, a la inteligencia y sabiduría que le caracterizaba.

Entre los que se quedaron

Al triunfo de la Revolución, muchas personas no estaban de acuerdo con el naciente proceso y decidieron abandonar el país. Dejaron atrás su tierra reconocidos artistas e importantes personalidades. Pero como toda regla tiene su excepción, otro grupo prefirió quedarse junto al pueblo y enfrentar el nuevo reto.

Entre ellos estuvo Friguls, dueño de una posición acomodada dentro de la burguesía cubana, y quien optó por dejar a un lado lo material, para dedicarse a la Isla que lo vio nacer.

Con orgullo, su hijo Joaquín, refiere: “Nunca le pasó por la mente realizar trámites para irse del país. Antes del año 1959 recibía un salario altísimo, y después lo perdió. El nuevo proceso no le aportó privilegio alguno, y a pesar de ello decidió permanecer aquí. Con este vio realizado su ideario de justicia social; prefirió mantenerse junto a los suyos y sin concesiones hacia él”.

Más allá de lo profesional

Juan Emilio Fríguls era una persona dedicada por completo a sus deberes. Pasaba largas horas fuera del hogar, pero el trabajo solo conformaba parte de su vida; la otra, era la familia.

“Las responsabilidades lo atrapaban por completo. Imagínate, el periodismo fue todo para él. Papi era más bien un hombre público. Una felicitación cordial de quienes admiraban su obra, resultaba más reconfortante que cualquier estímulo. Era enemigo acérrimo de los homenajes.

“Cuando le otorgaron el Premio Nacional de Periodismo ni siquiera lo mencionó en la casa, nos enteramos al día siguiente con las noticias que aparecían en televisión”.

Joaquín admite que el padre, más allá de la relación filial, le dejó un paradigma de consagración y honestidad a seguir: “Estoy orgulloso de él, su ejemplo me sirve de guía en el bregar diario y permite no mellar mi empuje ante cada tarea”.

Católico confeso y devoto de la Revolución

Después de 1959 hubo ciertas incomprensiones hacia las personas que defendían su fe. Estas, sin embargo, no mellaron su espíritu de católico confeso y fiel, y también devoto a la Revolución naciente. Continuó el camino propuesto desde un inicio y  formó valores en ambos terrenos.

El miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, recuerda la magnífica relación  de Fríguls con la Iglesia. También destaca la brillantez del periodista, diafanidad y el buen dominio lingüístico que mostraba en sus trabajos.

“En su obra podemos apreciar la manera parca de hablar, influida por el estilo de Radio Reloj; el secreto consistía en ello, en la precisión escueta del lenguaje, ya fuera personal o periodístico.

“La historia se ha encargado de recoger el nombre del teniente Sarría como la persona que evitó el vil asesinato de Fidel, pero Fríguls desempeñó un papel importante durante aquellos sucesos en nombre de la Iglesia católica”.

Hombre culto y distinguido, El Decano de la Prensa es considerado por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes como muy ayudador, por su vocación de servir a los demás sin reparos.

Tal vez por eso, la huella de Friguls en el periodismo nacional trasciende la presencia física y constituye un legado para otras generaciones de profesionales, influidas por su singular magisterio.

Pregunto entonces a Isidro Betancourt, ¿qué le diría usted si volvieran a encontrarse?: “Gracias eternamente por tu ayuda a mi formación personal y como ser humano”.

Ya no tenemos el privilegio de escuchar tras el tic-tac de Radio Reloj, una voz acotando: “Reportó, Juan Emilio Friguls”, pero esa estirpe quijotesca adornada de su inseparable guayabera, jamás pasará al olvido. El mejor tributo que podemos brindarle es recordarlo como siempre quiso: desempeñando bien, con alta dignidad, la profesión que tanto amó.

(Para la realización de este trabajo, agradecimientos especiales a Raúl Menchaca, Sonia Rodríguez y Rogelio del Río, periodistas todos de Radio Reloj; y a Joel García, reportero de Trabajadores)

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Investigar sobre el trabajo de Juan Emilio Friguls en el periodismo cubano.

Objetivos colaterales: Dar a conocer la obra profesional de Juan Emilio Friguls; Conocer su trabajo en la emisora Radio Reloj; Ahondar sobre su vinculación con la Iglesia; Recoger opiniones de quienes trabajaron con él                                       

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Colectiva
Por su forma: De citas
Por su contenido: De opinión autorizada
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara y las citas por fuentes documentales

Tipo de título: De cita textual
Tipo de entrada: Directa o de presentación
Tipo de cuerpo: De Citas
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:

Documentales:

Báez, Luis: Los que se quedaron, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1996.

Bracero, Josefa: Rostros que se escuchan, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 2002.

Internet:

Gonzáles Lemes, Ivet: Juan Emilio Friguls o llevar de hábito una guayabera. Tomado en: http://islalsur.blogia.com/2007/081001-juan-emilio-friguls-o-llevar-de-habito-una-guayabera.php. Consultado el 22/11/2008.

Bracero, Josefa: Juan Emilio Friguls, el decano de los periodistas cubanos. Tomado de: http://www.radiocubana.cu/historia/la_memoria_radial/juan_emilio_friguls_el_decano_de_los_periodistas_cubanos.asp. Consultado el 22/11/08.

Cabré, Tate y Argel Calcines: Juan Emilio Friguls: el decano se despide. Tomado en: http://www.opushabana.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=1079&Itemid=45&limit=1&limitstart=0. Consultado el 21/11/08

 

“EL PERIODISMO ES COMO RESPIRAR”

“EL PERIODISMO ES COMO RESPIRAR”

 

Tras la cámara, venturas y desventuras de José Rodríguez Méndez, un “desconocido” cronista de su tiempo.

 

 

ALINE MARIE RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Este hombre, que quizás muchos no conozcan, es una figura imprescindible en la historia de los informativos de la Televisión Cubana luego del triunfo revolucionario de 1959. Su rostro no es recordado, pues no aparece frente a las cámaras; pero, sin su empeño, no hubiera sido posible transmitir muchas de las informaciones que han quedado en la memoria de millones de telespectadores de la Isla, a lo largo del tiempo. Por si fuera poco, ha legado sus estudios y experiencias a los futuros periodistas, con el propósito de que se conviertan en continuadores de su labor y contribuyan a las investigaciones sobre el tema.

La modestia parece ser el don más preciado en quien en 1993 recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí, la más alta distinción entregada a un profesional de la prensa por el ejercicio de su actividad durante toda la vida. Ahora, en su apartamento de El Vedado habanero, entre libros, fotografías, trofeos y diplomas, José Rodríguez Méndez evoca las venturas y desventuras de una vida dedicada a ser, como asegurara Alejo Carpentier, un cronista de su tiempo.

–¿Cuándo y cómo se interesa por el periodismo?

“Era estudiante de Medicina por el año 1934 y fue entonces cuando me vinculé, sin quererlo, al periodismo. Dos hechos iban a ser determinantes, en los primeros momentos de esa década, en mi formación ideológica y profesional. El primero, el enfrentamiento a la dictadura machadista que me relacionó con el movimiento estudiantil. Sin poder recordar muchos detalles, participé en “tánganas”, distribución de propaganda... Pero, también por ese tiempo –y este es el segundo hecho–, comencé a colaborar en distintas publicaciones de la época, siempre con un mensaje político.

“Al principio, me vinculé como colaborador al periódico Ahora, en el cual escribían Raúl Roa, Núñez Olano y Valdés Rodríguez. Luego, fui redactor ocasional del periódico La Palabra, primer diario oficial del Partido Comunista de Cuba, y, después, escribí para Mil Diez, allí tuve a mi cargo un puesto de redactor del Noticiero. Este fue mi primer trabajo oficial dentro del periodismo”.

–Mil Diez evidentemente marca un hito en la historia de la radiodifusión cubana. ¿Cómo valora su experiencia en esta emisora?

“Mil Diez fue pionera en muchos aspectos de la información radial en Cuba. Era una emisora que tenía una política de defensa de la clase obrera. Además, fue una escuela donde se forjaron muchos de los valores que hoy se mueven en el campo de la televisión. Allí también tuvo su inicio la programación de apoyo. En el programa que yo realizaba en Mil Diez, titulado Doctrina y Acción, el día que entraron las fuerzas soviéticas en Varsovia, se recibió el cable a las tres y media de la tarde y horas después, se estaba transmitiendo esa noticia incluyendo escenificación”.  

Con la llegada de la televisión a la Isla, a inicios de 1950, se abren nuevos horizontes a su trabajo profesional. Pasa a integrar el colectivo de Unión Radio Televisión, como Jefe de Información, editor y redactor del Teleperiódico de esa emisora. En 1952 labora en El Mundo en Televisión, como Jefe de Información y más tarde, como Director de los servicios informativos. Son años de ardua e intensa labor periodística, pero marcados por una difícil situación política en el país.

Así rememora Rodríguez Méndez esa época: “Eran momentos muy tensos, por la hostilidad de la tiranía batistiana. No era fácil burlar la censura, pero con inteligencia y sagacidad podía lograrse. Por ejemplo, recuerdo como uno de los momentos más inolvidables de esos años, el haber podido difundir la noticia del asalto al Cuartel Moncada el mismo día en que se produjo”.

–Antes de llegar al periodismo, sin embargo, usted incursiona en la poesía. ¿Cómo caracteriza su obra lírica? 

“Publiqué un solo libro de poemas, en 1952, titulado Clima de la muerte. Antes, en 1935, Juan Marinello incluyó mis versos en el periódico La Palabra. Desde el punto de vista literario, más bien con arrestos juveniles que produciendo una obra con logros y perfiles propios, participé en el movimiento negrista. Como muestra de esa participación, quedaron poemas míos en las antologías de Emilio Ballagas y Ramón Guirao, ambas editadas en Cuba, y en la de José Sáenz del Río, que vio la luz en Madrid.

“En 1936, asistí también a la Fiesta de la Poesía Cubana, animada por Juan Ramón Jiménez y bajo los auspicios de la Institución Hispano-Cubana de Cultura, presidida por Fernando Ortiz. Varios poemas míos, aparecieron en el libro que se editó entonces. En mi afición literaria ha sido una constante la poesía negra”.

La obra lírica de Rodríguez Méndez evidencia su origen campesino. Nace en el ya desaparecido Central Feliz, perteneciente al municipio matancero de Bolondrón, en 1914. Durante su infancia, vive en varias zonas azucareras del país y a los doce años, se establece con su familia en la capital. Una nueva etapa de su existencia comienza al llegar a La Habana.

Es innegable que la lucha por la libertad y la justicia social, marcan el proceso de formación humana e intelectual de este hombre consagrado al periodismo. No es extraño, por ello, que en 1959 el Triunfo de la Revolución produzca un cambio sustancial para su existencia. 

–¿Qué labores desempeña a partir de entonces?

“Al triunfo revolucionario, pasé a trabajar algún tiempo adscripto a la jefatura de información del periódico Revolución. Poco después, se produjo la intervención del Canal 2 y fui designado para dirigirle. Formando una sola empresa, se le sumó más tarde el Canal 4. En esos primeros años, la tarea más importante fue la difusión de informaciones sobre la Campaña de Alfabetización. También, desde estos canales (2 y 4), ofrecimos las informaciones sobre la batalla de Playa Girón”.

Por entonces, el periodista Renaldo Infante trabaja con Rodríguez Méndez en el Noticiero Nacional de Televisión: “Era un excelente compañero –afirma–, de gran cultura y tenía una concepción muy avanzada del trabajo de la noticia en televisión. Concebía el Noticiero como un espacio abierto, estructurado a partir de una imagen en movimiento, con una integración del periodista brindando la información. Sabía que la televisión era un medio creativo y no un simple reflejo del acontecer cotidiano”.

Hasta 1963 labora en el Noticiero Nacional de Televisión. Allí se desempeña como Subdirector y Director e integra la comisión que diseña el programa. En ese propio año, es designado Consejero Cultural de la embajada de Cuba en Brasil. Breve etapa que concluye en 1964, cuando ocurre el golpe militar al presidente João Goulart. De su estancia en el país sudamericano, su esposa, Esther Rodríguez Méndez, rememora anécdotas y recuerdos.

“En Brasil no dejó de hacer periodismo. Era algo que llevaba dentro de sí, que lo acompañaba de manera cotidiana. Allí editaba una revista mensual llamada Informaciones de Cuba y el programa radial semanal Cuba, Perla de Las Antillas, dedicados ambos a promover la realidad de nuestro país.

“Son muchos los recuerdos de los meses que pasamos en esa hermosa tierra, donde Joseíto puso a prueba una de sus cualidades humanas más preciadas: el amor a la patria y el compromiso con los ideales de justicia defendidos siempre por la Revolución Cubana”. 

Una nueva experiencia profesional le aguarda a su regreso de la misión diplomática. Se dedica, con entrega y ahínco, a la formación de nuevos profesionales de la prensa. Se vincula, desde las aulas universitarias, a la docencia de las técnicas del periodismo en la televisión e, igualmente, a la redacción de textos relacionados con la enseñanza sobre este tema.

Al comentar sobre esta labor investigativa, asegura: “Era evidente la ausencia de un texto que guiara los estudios sobre el periodismo en televisión. Pronto descubrí el camino para resolver esta carencia. Al preparar los guiones de clases y dictar las conferencias, se fueron ordenando poco a poco mis ideas. Algunos estudios aplicados a rellenar indispensables baches, complementaron mi visión del problema. Y surgió la idea de escribir el libro Periodismo en Televisión, el primer texto sobre esta materia escrito en idioma español, publicado en 1973, dentro de la Colección Cuadernos H.

“Hoy, los avances vertiginosos del medio registran técnicas más complejas y hacen algo obsoleto su contenido, pero en su momento desempeñó una función didáctica imprescindible”.      

–En 1976 aparece su segundo libro, La especialización periodística: algunos resultados. ¿Cuál es la esencia del volumen?

“En todo este ensayo, el tema predominante es el estudio de la especialización periodística, de ahí su título. El periodista especializado es quien posee un nivel de capacitación que le permite una valoración certera de cualquier información. Pero, en determinado tema o asunto –en su especialidad–, debe conocer lo suficiente para equipararse al propio nivel de los dirigentes o profesionales de esa rama, con un dominio tal de la misma que le permita deducir de meros indicios, hechos ocultos. Además, debe explicar los antecedentes y hasta pronosticar lo que es posible que pueda suceder a continuación: la nueva fase de la noticia”.    

Ambos libros se convierten, durante varias décadas, en fuentes esenciales para la enseñanza del Periodismo en las aulas universitarias. Así lo recuerda Fernando Rodríguez Sosa, quien en la década del setenta del siglo XX, estudia la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana y recibe clases de Rodríguez Méndez.

“Es indudable que ambos títulos marcaron un hito en el estudio de la profesión. Han pasado los años y, evidentemente, las nuevas tecnologías han impuesto un nuevo ritmo al medio. De seguro, esos textos leídos hoy no resulten totalmente actualizados. Pero sería injusto olvidar el aporte que José Rodríguez Méndez realizó con estas obras y con su magisterio al desarrollo del periodismo cubano en televisión”.

Varias décadas avalan el ejercicio profesional dentro del periodismo de José Rodríguez Méndez. En su caso, tiene el raro privilegio de laborar en la prensa escrita, la radio y la televisión. Y también, lleva a otros sus enseñanzas y escribe sus experiencias para las futuras generaciones de profesionales de la prensa.

Más allá de premios y distinciones, es un hombre sencillo, atento a servir a los demás. Alguien que, sin pensarlo, asegura con evidente optimismo: “Aquí estoy, parafraseando a Fernando Ortiz: durando, amiga, durando. Sigo escribiendo. Tengo escaso tiempo, pero también tengo muchos proyectos, muchas obligaciones, muchas ideas… Y todo se hará poco a poco, porque para mí el periodismo es como respirar”.

(El periodista José Rodríguez Méndez falleció en La Habana, el 12 de julio del 2000. Sus respuestas responden a citas textuales tomadas de autobiografías inéditas ofrecidas por su viuda, Esther Rodríguez Méndez. Asimismo, se utilizaron fragmentos de su libro La especialización periodística: algunos resultados (1976) y de las entrevistas concedidas por el autor: Un investigador de los medios de comunicación, de Mirelys Gallardo, del periódico Despegue (15.03.1975), y En vivo y en directo, de P.R. Martínez Ruiz, de la Revista UPEC (julio-agosto 1983).

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Ofrecer una visión integral de José Rodríguez Méndez Premio Nacional de Periodismo José Martí 1993, mediante datos novedosos y valoraciones de sus contemporáneos. 

Objetivos colaterales: Brindar una panorámica de su trabajo periodístico en prensa escrita, radio y televisión. Conocer sobre su obra literaria. Revelar su faceta como diplomático. Presentar su labor docente en la formación de nuevos profesionales de la prensa (como profesor y autor de libros de texto).

Tipo de entrevista

Por los participantes: Colectiva
Por su forma: Mixta 
Por su contenido: Imaginaria y de Personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directa y Documental

Tipo de título: De Cita Directa
Tipo de entrada: De Retrato
Tipo de cuerpo: Mixto 
Tipo de preguntas declaradas: 1: Directa; 2: Abierta; 3: Abierta; 4: Directa; 5: Directa
Tipo de conclusión: Frase de impacto que evidencia el final

Fuentes consultadas:

Directas: Entrevista a la viuda Esther Rodríguez Méndez, a su amigo Renaldo Infante, y al que fuera su alumno Fernando Rodríguez Sosa.

Documentales: Se utilizaron varias autobiografías inéditas del entrevistado suministradas por su viuda.

Se realizaron consultas de los libros escritos por el entrevistado:

Rodríguez Méndez, José: Periodismo en televisión. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, Cuba, 1973.

_____________: La especialización periodística: algunos resultados Dirección de Extensión Universitaria, La Habana, Cuba, 1976.

Además, sirvieron de gran utilidad a este trabajo, las entrevistas concedidas por el autor a:

Gallardo, Mirelys: Un investigador de los medios de comunicación. En Periódico Despegue, Año II, 15.03.1975. pp 8.

Martínez Ruiz, P.R.: “En vivo y en directo”. En Revista UPEC. Año XV, julio-agosto 1983. pp 12-14.

ÓRBITA DE UN DIBUJANTE

ÓRBITA DE UN DIBUJANTE

Cuando el lápiz iguala al alma, la valía propia aumenta. La historia de Virgilio Martínez Gaínza, Premio Nacional de Periodismo, así nos lo muestra: grande su obra, inmenso su corazón.

LUIS ANTONIO GÓMEZ PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Casi en un susurro para no inquietar al perro que dormita a escasos metros, saludo al señor que ocupa el banco contiguo al mío.

–¡Buen día tenga usted, compañero!

–¡Buen día, joven! ¿En qué puedo ayudarlo?

Tartamudeo. Un escalofrío recorre mi piel y noto, con cierto temor, que nuestro somnoliento vecino se estremece de hocico a rabo.

–No te preocupes por Pucho -dice el hombre desviando la mirada hacia el perro-, es mansito, además, ya ha mordido bastante desde que era un cachorro.

Un poco menos temeroso me lanzo otra vez al ataque.

–Sabe, estas líneas hablan sobre usted -digo acercándole unas hojas que tiemblan al ritmo de mi mano-, ¿le importaría leerlas?

–Como gustes, muchacho -respondió-. Déjame echarle un vistazo.

Pucho y sus perrerías

Corría el año 1955 cuando, fruto de la unión entre Marcos Behemaras y Virgilio Martínez Gaínza, nació Pucho y sus perrerías, historieta cuyo propósito principal era denunciar el gobierno de Fulgencio Batista mediante la sátira que lograban cuando el protagonista, Pucho, mostraba su desprecio al tirano alzando la pata y orinando sobre algo referente a él.

Sin dudas, este perrito sato provocó grandes dolores de cabeza a los esbirros de la dictadura, además de la necesaria inversión monetaria para pagar a las dos nuevas divisiones creadas en la policía: un cuerpo de trapeadores que fuera borrando las húmedas y malolientes huellas que dejaba el can por todas partes, y  otro con habilidades detectivescas que buscase a sus simpáticos dueños. Lo cierto es que ninguno de los dos pudo nunca justificar su sueldo.

“Realmente, Marcos y Virgilio nunca se encontraron físicamente hasta después del triunfo de la Revolución. Era un trabajo de compartimentación completa. Marcos preparaba los guiones y generalmente los entregaba a Francisco García Valls, quien hacía de correo y se los daba a Virgilio. Otro recogía ya la historieta y se ocupaba de su impresión. Muchas veces la distribuía un compañero que repartía galletas en un camión y Pucho iba en alguna de las latas. Puede ser que otras personas intervinieran en medio de ese trabajo clandestino, pero no tengo referencias personales.”

Así recuerda el éxito de ambos humoristas al evadir el brazo de la ley, Mirta Muñiz Egea, una personalidad en los campos de la publicidad y la propaganda en Cuba y esposa, por aquella fecha, de Marcos Behemaras.

Claro, también hubo momentos de tensión, cuando se juega con fuego es difícil no chamuscarse: “Supe, mucho después, que el estudio donde Virgilio trabajaba había sido registrado por la policía, y, aunque tenía cosas de Pucho, no lograron encontrar nada extraño.” Pero si en esta situación comprometida la suerte lo ayudó, también lo hicieron la ecuanimidad, inteligencia y serenidad que lo caracterizaban. Tuvo la muerte delante y reaccionó con nervios de acero.

“Creo que en Pucho hay mucho de Virgilio y de Marcos en relación con sus características fundamentales: ambos eran muy firmes y agudos políticamente, y observadores en extremo. Tenían un sentido de fina ironía risueña y una personalidad muy modesta. Eran capaces de reflejar el sentir de la gente, con el sano humor criollo.”

Otro de los personajes populares salidos de la imaginación de aquel binomio fue Supertiñosa. A propósito de su nacimiento, dijo una vez el propio Virgilio: “Aunque no lo creas, lo parimos en unos minutos. Marcos comenzó a escribir rápido, sonriéndose pícaramente cuando casi al instante me da la primera hoja. Una parodia de Superman. Yo la hice también enseguida.” Pocos humoristas en la historia han tenido la maestría de la que hacían gala Behemaras y su compañero para hacer sátira política.

Después del triunfo de la Revolución, Virgilio siguió dando vida a Pucho unos años más. Hasta 1966 el perrito se destacó combatiendo vicios y actitudes contrarrevolucionarias: “Algunas gentes me preguntaban, qué pasó con tu perrito meón, y le respondía, se enfermó de los riñones y murió, pero de lo más contento porque logró lo que se propuso en vida.”

Mirando por rayos X

Los más jóvenes siempre se acercaron a Virgilio. Él sabía trasladarles sus conocimientos utilizando la razón, nunca enseñó nada de memoria, era muy atrayente. Daba su mano a quien la solicitase.

Roberto Alfonso, dibujante y amigo de Virgilio, recuerda que “fue el maestro de toda una generación, la mía y la que vino después. A mí me ayudó muchísimo en mi formación. Me prestó sus libros, los mismos por los que aprendió a dibujar. Siempre fue muy desprendido con lo que tenía, con sus cosas valiosas -que no eran muchas. Guardo con bastante celo los originales suyos que me regaló: ojalá algún día se haga un museo de la historieta cubana, con gusto donaría sus trabajos. El arte no merece perderse.”

Su principal virtud: la modestia. Nunca estuvo consciente de lo grande que era. Tal vez esa fue la razón por la que concedió a Behemaras todo el mérito que correspondía a ambos por la creación de personajes -como el mismo Pucho-; si bien varias de las ideas originales fueron de Marcos, él les dio forma, les puso vida: era un trabajo común.

Así, durante todo su viaje por este mundo, Virgilio fue relegándose a un segundo plano. Ante los premios y distinciones que le fueron concedidos -como la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, el Premio a la Dignidad que otorga la Unión de Periodistas de Cuba, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Periodismo José Martí- reaccionó siempre de la misma manera: “¿Por qué a mí? Seguro hay alguien que lo merece más.”

Cuando alguien celebraba su obra se ruborizaba. No le gustaba que hablasen de él. Tampoco daba importancia a las cosas materiales. El mismo día que nació uno de sus nietos le robaron el carro que le habían otorgado y, ante las insistencias de sus allegados en hacer la denuncia a las autoridades, solo dijo: “Me llevaron un carro, pero ahora soy abuelo, todo está bien.”

Jamás pidió nada en beneficio propio, era un hombre humilde, sencillo. Los ojos de Roberto Alfonso brillan en el momento que dice: “Virgilio era de esas personas que uno desea que vivan toda la vida. Nos duele que ya no esté.”

Quienes lo conocieron lo recuerdan como un ser humano honesto, transparente, bueno. Juan Ayús, presidente en la capital de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, cuenta que “era muy laborioso. Muchas veces dibujaba a deshora para no desviar la atención, y sé que cuando ponía la cabeza en la almohada lo hacía pensando en el próximo guión, en el próximo proyecto. Ante la inconformidad de los jefes con algún trabajo, lo retiraba y a los cinco minutos presentaba otro. ¡No podían agotar su capacidad creativa!”

Nidia Díaz, muchos años jefa de Virgilio en la página Internacional del periódico Granma, lo recuerda como un hombre disciplinado en todo momento: “No pasaron tres meses de estar grave y hospitalizado cuando ya iba y venía caminando de su casa al trabajo. Nunca quiso que lo fuesen a buscar en carro, decía que tenía que caminar. En muchas ocasiones lo vi delante de mi buró, como si fuera un niño, haciendo ejercicios y diciéndome: ¡Mire como estoy hoy!”

Los recuerdos de Ayús afloran unos tras otros: “Gran parte de lo que hacíamos no se cocinaba en una redacción, sino en un bar cercano, al calor de las risas, entre amigos... y los resultados eran asombrosos.”

Además de cumplir con todo y con todos, con mucha frecuencia encontraba momentos para divertirse. Bromeaba sobre cualquier tema. “En una ocasión recibí un papelito suyo en el que pedía que le devolviera algo que me había prestado. La nota -una sonrisa se dibuja en el rostro de Alfonso- la firmaba HERR VIRGILIVM: siempre fue muy ocurrente. Trabajar con él era estar de fiesta, los cierres en la revista Mella constituían verdaderos espectáculos, ¡cómo nos reíamos! Claro, el respeto hacia su persona nunca faltó.”

Y Nidia Díaz continúa: “Fue humorista en todo momento, no se limitó al papel. ¿Sabes que Virgilio era rapero? Pues como te cuento: hacía raps simpatiquísimos sobre la Revolución, sobre el Día de la Mujer, sobre los compañeros de trabajo.”

El humor fue un elemento recurrente en su vida. En ocasiones el motivo de las bromas fueron él y Mirta Zayas, su esposa: “Cuando llegaron a Granma las primeras COMPUTADORAS, Virgilio pasó madrugadas enteras aprendiendo a utilizarlas. Un día me llamó a la casa Jacinto Granda, el director del periódico, y me dijo: Mirta, tú mira a ver, Virgilio se está todos los días hasta las tres de la mañana COM la PUTA DORA. Lo importante del asunto es que realmente aprendió a usar la dichosa maquinita”.

La casa

Hombre de familia, amaba a los suyos. Su esposa guarda magníficos recuerdos: “Quiero decirte algo que no ha oído nadie más: me enamoré de Virgilio por sus dibujos. Nos conocimos en la revista Mella. Cuando llegué, él ya estaba allí, era una figura conocida, y nada más ver lo que hacía dije: ‘¡Ay! ¿Quién es este dibujante tan bueno?’ Me lo presentaron y me enamoré de él. Tiempo después nos casamos. La fiesta fue ahí mismo, en el trabajo.”

-¿Para Virgilio sus personajes eran solo muñequitos o sentía por ellos algo más fuerte?

Pucho y muchos otros personajes fueron para él como hijos.

Le pregunto, entonces, si sintió alguna vez celos de ellos. Respondió entre risas: “No, no, para nada, yo sabía que eso era parte de su trabajo. Dibujar lo hacía feliz. Vivía por el trabajo, por la familia, por sus hijos, por sus nietos, por mí.”

-Mirta, ¿qué significaron Pucho y otros personajes para usted?

Chico, yo le tenía tremendo cariño al perrito ese. A los demás también los quería.

Cuando Carlo sueña

Con sus hijos fue extraordinario. Carlo Martínez no duda al responder: “Estoy orgulloso de mi padre. Nunca se separó de nosotros. Era muy imaginativo y hábil con las manos. Fabricó mi primera guitarra, tenía tres cuerdas y nunca supe cómo logró la afinación; hizo también máscaras para los cumpleaños y un proyector que volvían locos a todos los muchachos del barrio. Siempre estaba inventando algo.

“Creo que sus personajes ayudaron mucho en mi crianza y la de mi hermano. Una vez, trabajando para la revista Pionero, hizo una historieta, su título era Cuando Carlo sueña. En ella, mezclados en la trama, estaban su casa, su familia. Nosotros también éramos su trabajo.”                                          

–Pues bien, muchacho, ya está, pero, mírame otra vez, ¿no crees que exageraron un poquito?

Solo atino a reírme

–Para nada -respondo-, solo se ha dicho lo justo.

La imagen empieza a desvanecerse. Poco a poco los contornos de las figuras comienzan a desaparecer. Me alejo. Lo último que logro distinguir es a Virgilio acariciar la cabeza de Pucho y decirle bajito, mientras me señala con disimulo y hace unos extraños círculos con el dedo índice alrededor de su oreja.

–Pobrecito...

(Las citas de Virgilio Martínez Gaínza fueron extraídas, la primera, de la entrevista La vida en cuadritos, de Paquita Armas Fonseca; la segunda, de Virgilio, el arte de la caricatura política, realizada por Haydée León Moya (consultada en Cubaperiodistatas.cu El sitio de la Unión de Periodistas de Cuba); las restantes fueron obtenidas en las conversaciones mantenidas con Mirta Zayas, Nidia Díaz, Carlo Martínez, Juan Ayús y Roberto Alfonso.)

Agradezco de forma especial la colaboración de Haydée Díaz, jubilada de Granma; Manolo Pérez, de la Editorial Pablo de la Torriente; y Elson Concepción, periodista de Granma, quienes me pusieron a “orbitar” en el maravilloso mundo de la historieta y la caricatura y proporcionaron información y detalles para la confección de este trabajo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Hacer un retrato de la personalidad de Virgilio Martínez Gainza; Acercar su vida a sus personajes.

Objetivos colaterales: Conocer anécdotas y relatos de Virgilio mediante las personas más cercanas a él.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Colectiva
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Vía correo electrónico; Conversaciones cara a cara; Documental

Tipo de título: De referencia al tema o al entrevistado
Tipo de entrada: Narrativa
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de conclusión: Retoma idea expresada en la introducción

Fuentes consultadas (Tipo de fuente):

Virgilio, el arte de la caricatura política, de Haydée León Moya. (Documental, indirecta)

La vida en cuadritos, de Paquita Armas Fonseca. (Documental, indirecta)

Dibujando por la Revolución, de Dario Mogno. (Documental, indirecta)

Conversaciones mantenidas con Mirta Zayas, Mirta Muñiz Egea, Nidia Díaz, Roberto Alfonso y Juan Ayús (No ducumentales, directas, primarias). Conversaciones con Manolo Pérez y Elson Concepción (No documentales, indirectas). Investigación personal sobre el tema y el entrevistado.(No tradicional)