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¿S.O.S. ADOLESCENCIA?

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MARTHA ISABEL ANDRÉS ROMÁN,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

El público espera ansioso el inicio de la película. La acogedora Sala 1 del novedoso Multicine Infanta invita al confort y al disfrute. De repente ellos llegan, y en pocos minutos lo alborotan todo. No son más que cinco o seis, se sientan en la última fila de asientos y allí comienza la algarabía. Las carcajadas son altísimas, y una gritería desagradable incomoda a los presentes. Algunos, más calmados, exclaman con pesar: "¡Estos muchachos  no saben comportarse!"; otros, con la paciencia agotada, los regañan y les piden que se vayan a molestar a otra parte. 

"La juventud está perdida". La frase pasa de generación en generación como legado popular. Nuestros bisabuelos así lo dijeron, después lo hicieron sus hijos, y ahora son los padres de los adolescentes de hoy quienes los miran con asombro y preocupación.

No es difícil caminar por una calle habanera y encontrarse con un grupo de jóvenes usando argollas, cadenas, atuendos de cualquier tipo, e incluso luciendo soberbios tatuajes, tanto cuando visten el uniforme escolar como cuando no lo hacen. Muchas veces, convertidos en dueños de la calle, saben alborotar la parada del ómnibus o arriesgar su vida haciendo increíbles maniobras sobre las bicicletas.

Frases como "gracias" o "buenos días" parecen desterradas de su vocabulario, para ser sustituidas por otras que escandalizan a cualquier adulto, y ninguna diversión les resulta tan atractiva como bailar al ritmo de un fortísimo reguetón.

¿Es peor la juventud del siglo XXI que la que pobló las décadas pasadas del siglo XX? ¿Son nuestros jóvenes de hoy más conflictivos que los de ayer?

Del reguetón y otros "demonios"

Este género musical, desde su aparición en el panorama cultural nacional e internacional, ha ganado tantos seguidores como detractores, pero no cabe duda de que entre los adolescentes tuvo inmediatamente  una  gran acogida.

En una encuesta realizada a 60 estudiantes de las escuelas secundarias básicas Mártires de Humbolt 7, del municipio Centro Habana, y Rubén Martínez Villena, de Plaza de la Revolución, el 85% de señaló al reguetón como su ritmo musical preferido.

"A mí me gusta mucho para bailar", comenta Yenisley, quien cursa el octavo grado en la secundaria Villena, "y aunque a veces las cosas que dicen las canciones son groseras, la música es buenísima para cualquier fiesta".

Dennis Rivero González, profesor general integral de la Secundaria Básica Primero de Enero en Arroyo Naranjo, dice que a sus estudiantes también les apasiona, pero  muchas veces los contenidos transmitidos por las letras son asumidos como pautas a seguir, lo cual los afecta de forma negativa: "Yo considero que al reguetón no debemos eliminarlo como manifestación cultural, sino como mensaje".

Sin embargo, la psicóloga María Elena Penedo, quien trabajó durante cinco años en el hospital González Coro, no considera a este ritmo como el causante de comportamientos negativos, sino como parte de las transformaciones generacionales propias de cada etapa: "Ahora es el reguetón, pero en mi época fueron los hippies, cuya música también era criticada y desvirtuada. El hecho de asumir determinadas tendencias culturales no determina una actitud ante la vida. Son otros factores los que tienen mayor influencia".

Una expresión que también toma fuerza entre la adolescencia es el uso de aretes y argollas en los muchachos, y de tatuajes y  pircings en ambos sexos.

Rioger Jesús Matos y José Ángel Álvarez tienen 15 años, ambos residen en La Habana Vieja y cursan el primer año de técnico de nivel medio en Mecánica Automotriz. El primero lleva argollas, mientras el segundo luce  un tatuaje en su espalda.

"A mí me gusta ponérmelas porque se usan, de la misma forma que me gustan los pañuelos en la cabeza y bailar reguetón. Los "freakies" tienen su moda, los "mickys" tienen la suya, y esta es la moda de nosotros, los reparteros", comenta Rioger.

"En mi escuela son muchos los que tienen aretes y tatuajes, y aunque allí no nos dejan usar esas cosas, cuando salimos a la calle nos las volvemos a poner", afirma José Ángel.

Osmani Campos Pérez, profesor de la Secundaria Básica Jesús Lancha, en Guanabacoa, también observa el auge que toma esa tendencia entre los muchachos de 13, 14 y 15 años, y hace hincapié en el papel que deben asumir los profesores: "Además del diálogo que debemos establecer con ellos, es necesario el ejemplo personal. Aunque yo sea joven y me guste la moda, no puedo pararme frente a un aula con ese tipo  de atuendos, porque yo debo ser para ellos un ejemplo a seguir".

Conjuntamente con el vestuario, el vocabulario también ha sufrido cambios, y palabras del argot popular e incluso frases groseras son fácilmente esgrimidas por jovencitas y jovencitos en cualquier escenario.

"Muchas veces se ofenden y se maltratan entre ellos, e incluso llegan a hacerlo con los adultos. Nosotros tratamos de evitar este tipo de conductas en la escuela, pero cuando llegan a la comunidad o a la casa, puede ser que la influencia recibida sea negativa".

Arelis Vázquez, psicóloga del policlínico Wilfredo Santana, de Habana del Este, comenta que en esta edad es normal agregar al lenguaje cotidiano frases de la jerga popular, pues esta manifestación se ha dado generación tras generación. Pero que en algunos casos, esto se ve intensificado por las imágenes que reciben en el hogar.

Educación formal, ¿simple concepto?

¿Qué es la educación formal? La pregunta parece absurda ante lo evidente de la respuesta: buen comportamiento, actitud cortés con las personas que nos rodean, usar frases adecuadas, ser cordiales y respetuosos...Pero, ¿son los jóvenes de hoy todo lo educados que quisiéramos? ¿Saben qué es educación?

En la encuesta mencionada, aunque la mayoría de los estudiantes admitió saber lo que significa ser educado y su importancia para la vida, algunos reconocieron no serlo siempre, y en muchos casos afirmaron que gran parte de sus compañeros solían comportarse indebidamente, tanto con su familia, con sus coetáneos, o en los lugares públicos.

"Yo les insisto en lo necesario que es para ellos ser personas correctas, que respeten y se hagan respetar, pero no escuchan los consejos que les damos su papá y yo. A esa edad no atienden a nadie y creen que todo lo que hacen está bien", comenta Isabel Díaz Tamayo, quien tiene dos hijos de 14 y 15 años.

La psicóloga María Elena Penedo considera al respecto que la mala educación formal no es actualmente privativa de la adolescencia, porque es un fenómeno manifestado a nivel macro social, que ha comenzado a tener expresiones más críticas con el paso de los años: "La vida cotidiana, el ajetreo y la dinámica diaria, unidos a otros factores sociales y económicos de nuestro país lo convierten en un problema de todos los grupos generacionales. Pero lo adolescentes son los que más abiertamente lo manifiestan, debido a las características propias de la edad, a que son más espontáneos y a que generalmente andan en grupos".

Recreación, elemento indispensable

Jorge Luis, Rosabel, Anna, Ivis, Ariel, Isabel y Dayaris cursan el octavo grado en la Secundaria Básica Rubén Martínez Villena. Durante los fines de semana, para divertirse, generalmente siguen el mismo itinerario: visitar la Tropical (que durante esos días ofrece programación para los menores de edad), o sentarse con un grupo de amigos en el parque de la Calle G y en el Malecón. ¿Qué hacen allí? Bailar reguetón, o dar "chucho", según sea el caso. Aunque algunos dicen necesitar opciones recreativas diferentes; otros se sienten satisfechos con dedicar su tiempo libre a esas actividades.

Las muchachas son quizás las más perjudicadas. Por eso comentan que en la escuela  ponen música algunas veces durante los recesos, pero la mayor parte del tiempo no tienen en qué entretenerse. Los varones pueden practicar deportes, pero ellas nunca pueden participar.

En la Secundaria Mártires de Humbolt 7, de Centro Habana, muchos estudiantes de noveno grado afirman que las formas de esparcimiento más comunes para sus fines de semana son ver televisión, escuchar música, ir a alguna fiesta o salir con sus amigos, pero confiesan que les encantaría ir a la playa  con más frecuencia y tener disponible algún centro donde practicar cualquier tipo de deporte.

Este deseo también lo comparten Rioger y José Ángel, pues explican que cerca de sus hogares, en La Habana Vieja, no existe ninguna institución de este tipo a dónde puedan asistir con sus amigos.

Por otra parte, Suset Aguirre Obarrio, trabajadora social y estudiante de quinto año de la carrera de Psicología, expone que, en su opinión, gran parte de las actitudes que los adultos reprochan en los jóvenes de hoy, se deben a falta de espacios de recreación sana, a la que califica como imprescindible a esa edad.

Esta es también la opinión de Lilliagnis Ríos Rodríguez, profesora general integral de la secundaria Villena, quien observa la necesidad de espacios de esparcimiento sano para evitar conductas inadecuadas: "En varias ocasiones he encontrado a muchos de mis alumnos por la calle a altas horas de la noche, y en algunas oportunidades incluso los hallo fumando o consumiendo bebidas alcohólicas. Si no tienen otra forma de recreación, se deciden por esa que aunque más dañina, la tienen a mano."

Alcohol y cigarros ¿recreación?

Eduardo y Yonnis, residentes en el municipio de Guanabacoa y estudiantes de primer año de Mecánica Automotriz, afirman que fuman con la aprobación de sus familias. "Al principio ellos no querían, se pasaban todo el tiempo peleando. Pero después se acostumbraron y ya no nos dicen nada. Yo tomo algunas veces, cuando salgo de fiesta o me reúno con mis compañeros", confiesa Eduardo.

Ambos hábitos se han vuelto comunes entre diferentes grupos de jóvenes, tanto en los centros internos como en los estudiantes de escuelas externas. Cada día con más fuerza, tomar y fumar se vuelven parte indisoluble de la actividad recreativa de los jóvenes.

Un alumno de décimo grado de IPVCE Vladimir Lenin, que prefirió permanecer en el anonimato, señala que a pesar del reglamento de la escuela, algunos de sus compañeros fuman y toman dentro del centro, ya sea en los albergues a altas horas de la noche o en zonas apartadas.

Aunque muchos de los entrevistados que afirman consumir alcohol y fumar, dicen conocer los efectos negativos de ambas sustancias para el organismo, no se sienten preocupados por las consecuencias: "Uno se enferma cuando toma o fuma mucho, y nosotros lo hacemos de vez en cuanto, es la opinión que más se escucha."

Suset comenta que en la mayoría de los casos que como trabajadora social ha atendido, cuando un joven consume alcohol repetidamente la causa fundamental ha sido la influencia familiar (donde algún miembro es alcohólico), el contexto en el que el muchacho convive y el grupo de amistades que frecuenta.

Escuela y familia, unión necesaria

En un estudio realizado por especialistas del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) en el año 2000, titulado La integración y desintegración social de la juventud cubana a finales de siglo, estos exponen que la educación, pese a ser un subsistema social particular, tiene la característica de interactuar con la sociedad como un todo, porque tiene el encargo de preparar a los individuos para desempeñarse en todos los ámbitos de la vida.

La familia, de otro lado, ha sido históricamente considerada la base de la sociedad y el factor fundamental en la formación del ser humano. De ambas, en conjunto, depende la educación y preparación de los niños y los jóvenes, fundamentalmente en esta última etapa donde son más influenciables y propensos a actitudes negativas.

"Un maestro puede hacer todo por la formación de sus alumnos. Si se lo propone, si contribuye con su ejemplo personal,  si sabe orientar y ayudar. La familia, como el ambiente donde se desenvuelve el ser humano desde su nacimiento, es el lugar principal donde corresponde fomentar la educación, los buenos valores y  las normas de comportamiento. Por eso, ambas deben estar estrechamente  vinculadas y en constante colaboración", opina la psicóloga Arelis Vázquez.

Suset Aguirre considera que una de las causas fundamentales del comportamiento actual de los adolescentes es la falta de orientación y atención por parte de los padres y la escuela, pues algunas veces fenómenos como el tabaquismo o el uso de un vocabulario inadecuado son observados con indiferencia por parte de las personas encargadas de educarlos.

María Elena Camejo es madre de un muchacho de 16 años: "A veces no sé qué hacer con él, le gusta salir a todas horas y tengo que estar obligándolo a estudiar. Al principio yo no quería dejarlo usar el arete, y mucho menos su papá, pero nos convenció de que eso no era más que moda y finalmente accedimos".

El criterio de Luis Eduardo Gómez es diferente: "Al mío yo nunca lo dejé ponerse un aretico. Un día vino con el cuento de que era lo que se usaba y yo le dije rotundamente que no. Ya no ha vuelto a mencionarlo, pero mucho de sus amigos usan aretes, fuman y toman sin que nadie les llame la atención. Eso no puede ser". 

¿Pérdida de valores o nuevas circunstancias históricas?

Pese al criterio de no pocas personas, que constantemente esgrimen la teoría de que los jóvenes de hoy han perdido el camino, las psicólogas María Elena Penedo y Arelis Vázquez consideran que muchas de las manifestaciones negativas que los adultos valoran como pérdida de valores, son características propias de este grupo generacional.

Además, las especialistas invitan a formularnos la siguiente interrogante: ¿es esa pérdida de valores un fenómeno propio de la adolescencia o se presenta masivamente en la sociedad actual?

Al respecto, especialistas del CIPS plantean en la investigación La formación de valores en Cuba: un enfoque social que la escala de valores de los grupos sociales puede tener transformaciones con dos tendencias principales: la que determina una readecuación a las nuevas circunstancias económicas, sociales y políticas, y que tienen un signo positivo porque estarán a tono con el momento histórico; y la que implica un deterioro de valores morales universales.

Continúa la investigación con que estos procesos no son exclusivos de los jóvenes, pero ellos, por las peculiaridades que poseen, se convierten en un grupo donde esos cambios y sus efectos tienen mayor agudeza.

"La etapa juvenil es un proceso de transformación social y no solo de adaptación personal. En un momento de cambio social más general, impacta a la juventud como conjunto y contribuye a formar rasgos generacionales peculiares y a imponer visiones propias", advierte el trabajo.

¿Problema sin solución?

Estudios realizados por el CIPS confirman que la mayoría de los comportamientos juveniles que la sociedad reprocha se deben al funcionamiento no coordinado de la familia, la escuela, las organizaciones de masas y políticas, el arte y la cultura, y los medios de comunicación masiva. Como consecuencia, ha disminuido la influencia de estas instituciones sobre los jóvenes y ha ganado terreno al papel de los grupos de coetáneos.

Las psicólogas opinan que acciones como las escuelas de padres, las labores preventivas de los consultorios médicos y la estrecha colaboración de la escuela a través de la solución de los niveles de necesidades sus alumnos puede contribuir a mejorar la situación. Además de esto, aconsejan que en el trato con los adolescentes no debe predominar la crítica, sino la orientación y la comprensión.

Por su parte, los investigadores del CIPS consideran importante que los mayores entiendan el carácter de las peculiaridades generacionales y promuevan un clima de acercamiento y comprensión, que logre diferenciar entre las transformaciones que implica el surgimiento de una nueva generación y el deterioro de valores, para concertar los esfuerzos en ponderar aquellos que están en la esencia misma de nuestra dignidad como seres humanos y como nación.

La reflexión, el entendimiento y el intercambio son las mejores armas para guiar e instruir. No podemos convertirnos en verdugos y censuradores de sus actitudes, sino en seres abiertos al diálogo y prestos a brindar apoyo ante cualquier situación.

Ficha técnica:

Tipo de reportaje: Interpretativo

Es un reportaje interpretativo porque en él se enuncia un problema (las características del comportamiento actual de los jóvenes y el criterio de los mayores), y se trata de buscar las diversas aristas que presenta. Esto se ha realizado a través de la contraposición de diversas fuentes (las implicadas en el conflicto, como los adolescentes o sus familiares; la consulta a especialistas; la búsqueda de información documentada sobre el tema). En el trabajo se le presta más importancia al cómo y al por qué del problema.

Además, el hecho no se ha presentado solo, pues se ha pretendido aclarar sus antecedentes, el contexto en el que se desarrolla, las situaciones o causas que implicaron su aparición y las consecuencias o proyecciones que posee.

Tipo de título: Llamativo

Tipo de entrada: Narrativa

Tipo de cuerpo: De bloques temáticos

Tipo de cierre: De conclusión

Objetivos:

  • Determinar las causas fundamentales del comportamiento actual de los adolescentes
  • Dar respuesta a las interrogantes de muchos adultos sobre las manifestaciones "negativas" del desempeño personal y social de este grupo generacional
  • Encontrar posibles soluciones que contribuyan al entendimiento y la reflexión sobre dichas manifestaciones

Estrategia de fuentes:

  • Dos psicólogas
  • Una trabajadora social y estudiante de psicología
  • Maestros de adolescentes
  • Padres de adolescentes
  • Adolescentes
  • Estudios realizados por el departamento de Juventud del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológica (CIPS)
  • Encuesta aplicada a estudiantes de noveno grado de dos secundarias básicas del capital

Transiciones:

  • Muletillas: sin embargo, por otra parte, además
  • Nexo por repetición: el en subtítulo "Alcohol y cigarros, ¿recreación?", se retoma una idea planteada en el párrafo anterior.
  • Recuento: en la primera parte del reportaje se plantean un grupo de problemas que presentan los adolescentes, los cuales son retomados y desarrollados a lo largo del trabajo.

Planos temáticos:

  • Pasado:
  • "...es normal agregar al lenguaje cotidiano frases de la jerga popular, pues esta manifestación se ha dado generación tras generación."
  • Relación del hecho con situaciones semejantes ocurridas en otros lugares y épocas: "Ahora es el reguetón, pero en mi época fueron los hippies, cuya música también era criticada y desvirtuada. El hecho de asumir determinadas tendencias culturales no determina una actitud ante la vida. Son otros factores los que tienen mayor influencia".
  • Causas: ... gran parte de las actitudes que los adultos reprochan en los jóvenes de hoy, se deben a falta de espacios de recreación sana, a la que califica como imprescindible a esa edad.
  • Causas: "La vida cotidiana, el ajetreo y la dinámica diaria, unidos a otros factores sociales y económicos de nuestro país lo convierten en un problema de todos los grupos generacionales.
  • Causas: Suset comenta que en la mayoría de los casos que ella como trabajadora social ha atendido, en el que un joven consume alcohol repetidamente, la causa fundamental ha sido la influencia familiar (donde algún miembro es alcohólico), el contexto en el que el joven convive y el grupo de amistades que frecuenta.

Presente:

  • Surge junto a otros hechos: Este género musical, desde su aparición en el panorama cultural nacional e internacional, ha ganado tantos seguidores como detractores, pero no cabe duda de que entre los adolescentes tuvo inmediatamente una gran acogida. (surgimiento del reguetón).
  • Relación con otro hechos: La psicóloga María Elena Penedo considera al respecto que la mala educación formal no es actualmente privativa de la adolescencia, porque es un fenómeno manifestado a nivel macro social, que ha comenzado a tener expresiones más críticas con el paso de los años...
  • Polémica: ¿Es peor la juventud del siglo XXI que la que pobló las décadas pasadas del siglo XX? ¿Son nuestros jóvenes de hoy más conflictivos que los de ayer?
  • ¿A quiénes afecta en lo inmediato?: Ambos hábitos se han vuelto comunes entre diferentes grupos de jóvenes, tanto en los centros internos como en los estudiantes de escuelas externas. Cada día con más fuerza, tomar y fumar se vuelven parte indisoluble de la actividad recreativa de los jóvenes.

Futuro: Las psicólogas opinan que acciones como las escuelas de padres, las labores preventivas de los consultorios médicos y la estrecha colaboración de la escuela a través de la solución de los niveles de necesidades sus alumnos puede contribuir a mejorar la situación. Además de esto, aconsejan que en el trato con los adolescentes no debe predominar la crítica, sino la orientación y la comprensión.

  • Por eso, ambas deben estar estrechamente vinculadas y en constante colaboración. (escuela y familia)



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