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¿UN PESCADOR REBELDE?

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Hace 47 años la Revolución lo trajo a la capital y mantuvo su tradición de pescador tras encontrarse con el malecón habanero

JORGE JAVIER MIRANDA MÁRQUEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Aún a los 70 años puede ondear el cordel con la seguridad de un bíblico David. Su nombre: Hermes Ricardo Rodríguez Sopeña, viejo conocido de las calmas y tempestades del viejo Poseidón.

Cabello blanco, mejillas rosadas que descubren arrugas y mirada siempre profunda y puesta en el horizonte, son algunas de las característica que distinguen a este hombre singular, que bajó de la Sierra Maestra a la gran ciudad y hoy, después del deber cumplido dedica pacientemente sus noches a esperar la picada tras el muro del malecón habanero.

Tres cordeles lanzados y ahí va otro, con un pececillo vivo a punto de morir por el anzuelo que atraviesa su cuerpo. Tan solo comienza la noche, ahora, a esperar.

-¿Hace mucho que usted viene aquí a pescar?

Imagínate, mi hijo, tú ni habías nacido; 45 años llevo yo viniendo aquí. Aunque el trabajo me quitaba muchas noches, siempre cuando tenía la cabeza un poco atolondrada echaba para acá, para despejar y relajar un poco.

-¿Entonces usted ha visto pasar la Revolución prácticamente desde este pedacito de malecón?

No, no, no, ¡qué va muchacho!, yo la Revolución la vi nacer en el monte, con un fusil en la mano.

-¿Usted es combatiente del Ejército Rebelde?

Positivo, mira, aquí está mi carné.

-¿Qué lo impulsó a unirse al Ejército Rebelde?

Bueno, tú debes saber que en aquellos tiempos la cosa estaba un poco mala y yo como joven lo sentía todo muy de cerca. Soy nacido y criado en Florida, Camagüey, y ya cuando tenía más o menos tu edad, pocos meses antes del triunfo revolucionario agarré y subí la Sierra para luchar por esto que estamos viviendo hoy.

-¿Y a quién se subordinaba?

A Juan Almeida Bosque que era y es tremendo estratega militar. En el poquito tiempo que estuve de rebelde aprendí mucho de él, un gran jefe diría yo.

-¿Qué lo motiva a estas alturas de su vida a pescar?

Mi hijo, yo he tenido dos grandes debilidades en mi vida: la primera y que ya pasó por lo viejo que estoy, fueron las mujeres, aunque después que me casé me controlé un poco; y la segunda, que me parece que la muerte me va a sorprender con ella, es la pesca, algo que para mí es muy saludable. Hay gente que dedica su tiempo libre a tomar ron y eso yo lo veo muy mal, imagínate que yo hasta dejé de fumar.

-¡Pero, bueno, se ve que a usted le gusta de verdad pescar!

Sí, cantidad -sonríe- no hay provincia de este país en que yo no haya tirado las pitas: Pinar del Río, Matanzas, Camagüey, para qué decirte, lo mismo en agua dulce que en agua salada.

-¿Y siempre ha cogido buenos ejemplares?

Más o menos, siempre se hace algo, lo último fue un gallego que cogí aquí mismo el año pasado.

-¿Le costó mucho trabajo levantarlo? ¿Me puede contar sobre este suceso?

La suerte mía fueron unos muchachos como de tu edad que cuando me vieron fajado con ese animalón vinieron a ayudarme y poquito a poco entre todos lo levantamos. ¡Qué peje más lindo! Pesó 28 libras, me acuerdo que la carnada fue un pescadillo vivo y que inflé un preservativo para que el viento me sacar el cordel para afuera y así mismo como te cuento, entre el pescadito y el globo parece que le llamaron la atención al gallego, y cayó en la trampa y a mí el peje que se me engancha no escapa, a no ser que se encueve y haya que cortarle la pita, pero a este no lo dejé respirar. Yo aquí he cogido buenos pescados.

-Hermes, se dice que hay noches buenas y noches malas. ¿Alguna vez le ha tocado irse con las manos vacías?

Lógico, todos los días no son de fiesta, pero por muy mala que esté la cosa siempre hay una picadita y eso es lo que te embulla, lo que no te hace perder la esperanza.

-¿Cuál es la cualidad principal que debe tener un pescador?

Paciencia, mucha paciencia. Yo una vez traje a mi mujer y me tenía loco y tuve que irme porque no soporto la intranquilidad. Por eso casi siempre vengo solo, y mis amigos de pesquería, los que he ido conociendo aquí, me los encuentro en la guagua o cuando llego y ya engancharon y tiraron primero que yo, que es menos probable porque a mí me gusta hacer el pesquero temprano.

-¿Dónde vive?

En Lawton.

-¿No le resulta difícil el traslado hasta aquí?

Qué va muchacho, yo vengo en la 174 y la vuelvo a coger a la hora que sea, parece que ella siempre me espera -sonríe refiriéndose a la guagua como si fuese una vieja amiga-.

¿Hay alguna época del año buena para la pesca? ¿Alguna especial de pescado en especie para capturar en el malecón?

Ahora que estamos en el menguante de la luna y que es la etapa invernal, viene el parguete, que no es muy grande, alcanza hasta cuatro libras y se coge también el pargo sanjuanero que ese generalmente viene en la corrida de los meses de junio y julio. Este es el grande que coge hasta 12 libras, y es con el que me gusta batirme; o los cojo, o me tiran para el agua o se parte la pita y todavía no ha llegado ninguno más fuerte que yo. También ando con buenos cordeles.

-¿Con qué compararía la pesca?

Con la vida misma, porque siempre tarde o temprano se pega un peje gordo, lo que hay es que estar preparado, las cosas buenas llegan con el tiempo y hay que saber aprovecharlas, así que aprovecha tú bien esa juventud para que cuando llegues a viejo igual que yo tengas buenas historias que contar.

-¿Se considera un pescador Rebelde?

¡Alabado!, exclama y se vuelve a dibujar una sonrisa pícara de niño en su rostro. Tú eres la primera persona que me lo dice; pero sí, puede ser. A ti parece que te gusta la pesca, así que no me preguntes más y ayúdame a recoger esas pitas, que por tu culpa me comieron la carnada.

Ficha Técnica

Tipo de Entrevista: Biográfica.

Tipo de Título: De juego de palabras.

Tipo de Entrada: De retrato.

Tipo de Cuerpo: Clásico, de preguntas y repuestas.

Tipo de Cierre: Sorpresivo.



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