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FAROL, CARTILLA Y MANUAL PARA SIEMPRE

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Zenaida Barbón Leal, una alquizareña en la Campaña de Alfabetización.

ADIANEZ FERNÁNDEZ IZQUIERDO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Aún está allí, frente a la pizarra, un arma poderosa que durante muchos años la ha acompañado. Todavía sigue en pie con sus 74 años y a pesar del tiempo aún recuerda los instantes vividos en su juventud durante la Campaña de Alfabetización.

En su mente perduran los días de valles y montañas en los que la complicada geografía, las inclemencias del tiempo y el estar lejos de su casa y la familia no fueron impedimentos para llevar la luz de la enseñanza a lo más intrincado de nuestro país.

Zenaida Barbón Leal, una alquizareña que ha sido maestra de maestros, aún ejerce su profesión en la escuela Camilo Cienfuegos y a 45 años de la campaña que libró a Cuba del analfabetismo, se mantiene firme y sostiene que su vocación fue, es y será ser educadora.

¿Cuál fue su reacción ante he llamado hecho por la Revolución para desarrollar la Campaña?

Desde un inicio entendí que mi deber era ir. Yo había vivido en la época anterior a 1959 y sentí un compromiso con la Revolución que tantos cambios favorables trajo para el pueblo. Tenía en ese entonces 26 años y no dudé un segundo en responder afirmativamente. Además, la intención de la campaña merecía todo sacrificio, imagínate, nosotros dejaríamos al país sin analfabetos.

¿Qué motivos la impulsaron a incorporarse?

Cuba vivió muchos años en la ignorancia. No es un secreto que antes de 1959 solo los ricos tenían la posibilidad de estudiar y en un país donde la inmensa mayoría era pobre, una buena parte era analfabeta al punto de no poder escribir ni tan siquiera su nombre. Fue por eso que me incorporé, sentí la necesidad de  contribuir con un pequeño granito de arena a eliminar la ignorancia que imperaba en los campos de Cuba.

¿Contó con el apoyo de su familia o hubo quien o quienes se opusieron?

Sí, desde el principio afortunadamente mi familia me apoyó. Sabían que estaba decidida y aunque se preocuparon, nunca se opusieron, pero sí sé que no fue así con muchas compañeras y hasta compañeros muy jóvenes que tuvieron que imponerse y ponerse duros, como se dice en buen cubano, para poder incorporarse; incluso conozco personas que hoy son maestros, pero que en aquel momento por la oposición de su familia no pudieron ser alfabetizadores.

¿Consciente antes de marchar de lo difícil de la tarea?

Consciente sí, yo sabía que sería duro por ser mujer y no estaba adaptada a estar lejos de la familia y mucho menos al trajín de las lomas; pero siempre estuve clara de que mi misión era importante y, como joven al fin, quería sentirme parte de aquello que se desarrollaba.

¿En qué lugar alfabetizó y qué preparación recibió para desempeñar esta tarea?

Bueno, en un principio me mandaron para Holguín y allí no recibimos preparación, pero después de la muerte de Conrado Benítez pasé a formar parte de la brigada que llevó su nombre y fue en aquel momento que nos dieron a todos una preparación sencilla en Varadero. A partir de ahí comencé a alfabetizar en Victoria de las Tunas, los dos lugares fueron en Oriente, muy lejos de mi familia.

¿Qué relación existía entre los alfabetizados y los alfabetizadores?

Creo que esa es una de las cosas que más recuerdo, las relación tan bonita que existía entre los campesinos y nosotros. Ellos nos llegaron a acoger como hijos, nos cuidaban, velaban si comíamos, si no comíamos, si estábamos enfermos. Creo que hasta nos admiraban por haber venido de lejos a enseñarle lo que sabíamos. Convivimos con ellos mucho tiempo y fuimos un miembro más de su familia porque no fuimos solo a enseñar. De día ayudábamos en las labores de la casa y del campo, cuidamos a los niños, hacíamos mandados; y por la noche, a la luz del farol, les enseñábamos las letras y los números que hasta entonces les eran ajenos.

En los campos se vivía en muy malas condiciones, no había escuelas ni hospitales, pero la calidad humana era increíble y en retribución a la atención tan especial que nos daban nosotros además de enseñar y ayudar, realizamos distintas campañas de recogida de zapatos, ropas, alimentos y medicinas para entregárselos.

¿No fue una limitante ser mujer y joven?

Al principio sentí un poco de temor. Me vi sola en un lugar desconocido y pensé que quizás no me respetarían o no me tomarían en cuenta, pues todavía existía el machismo y más aún en el campo, pero con el tiempo me di cuenta de que la preocupación fue en vano. En ningún momento me sentí discriminada por el sexo o por el color de la piel, ni siquiera por la edad y sé de muchos que alfabetizaron siendo niños. Todos estábamos involucrados en una tarea donde lo más importante era vencer a la ignorancia.

¿Cómo influyó el asesinato de varios alfabetizadores entre ellos Conrado Benítez en su decisión de enfrentar la tarea y cumplirla hasta el final?

¡Figúrate! Una es mujer y se impresiona más, pero esa fue otra de las tantas cosas en las que el imperialismo falló. Pensó que cogeríamos miedo, que dejaríamos la campaña a medias y no fue así. Seguimos adelante y más unidos que nunca porque pasamos a formar parte de la brigada Conrado Benítez y farol, cartilla y manual en mano continuamos avanzando. Su muerte nos comprometió más con la causa, porque no podíamos permitir que la labor que desempeñaban cuando murieron quedara incompleta. Eso hubiera sido cobardía y el cubano no le teme a nada. Si hay alguna duda ahí están todos los años de lucha de nuestro pueblo por alcanzar su independencia.

¿Satisfecha con los resultados de la Campaña de Alfabetización?

Creo que sí, en apenas un año jóvenes y casi niños llevamos el conocimiento a todos los rincones del país y convertimos a Cuba en el primer territorio libre de analfabetismo.

Si tuviese que alfabetizar de nuevo, ¿lo haría cómo aquella vez?

Cambiaría algunas cosas, por suerte o por desgracia la experiencia viene cuando ya no hay juventud y ahora que tengo más conocimientos no creo poder andar y desandar por toda Cuba como hace 45 años. En aquel entonces era joven y creo que hice todo lo que podía. En este tiempo he analizado mucho todo aquello y visto desde la óptica que lo veo ahora, todos pudimos hacer mucho más, pero lo hecho, hecho está y además cumplimos con nuestro objetivo: librar al país del analfabetismo.

Después de la campaña, ¿qué pasó con Zenaida Barbón?

Nada, que nunca pude deshacerme del farol, la cartilla y el manual: hice del magisterio mi profesión, tengo familia y otra gran familia de hijos que me ha dado este oficio y que de cuando en cuando me visitan o me gritan un ¡Maestra! que me llena de satisfacción. Soy feliz, ¿Qué más puedo pedir?

¿Por qué aún con 74 años sigue de pie en las aulas?

Porque me retiré y no aguanté. Mi vida ha estado siempre en las aulas, esa es mi casa y no pude estar lejos de ella y menos cuando el país necesitaba maestros. Hace ya siete años me reincorporé, he sido testigo de los nuevos programas educacionales y de las nuevas transformaciones en este sector. Además, me siento satisfecha porque para mí no hay nada más gratificante que poder decir: ¡Ese que va por ahí fue mi alumno!

Zenaida Barbón aún sigue enseñando, a pesar de su edad todavía se mueve al paso de la conga y contagia con su risa al más amargado. Sus alumnos, orgullosos de ella, le rendirán tributo este 22 de diciembre por ser maestra y al mismo tiempo protagonista de una misión que llevó la luz de la enseñanza y la verdad hasta el más recóndito paraje de la geografía cubana.  

Ficha Técnica:

Tipo de entrevista: Clásica de preguntas y respuestas.

Tipo de título: Genérico

Tipo de entrada: Descriptiva

Tipo de conclusiones: De opinión del entrevistador                



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