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AHORA, MUERTES POR TAVERA

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MERCEDES ALONSO,

desde República Dominicana,

cortesía para Isla al Sur.

¿Qué pasa con la voluntad hidráulica en la República Dominicana? ¿Qué sucede con las autoridades políticas que hacen oídos sordos ante realidades tangibles y evitables para la población dominicana? ¿Hasta cuándo lloraremos muertes evitables?
¿Qué fin de año 2007 e inicios de 2008, espera a las familias cuyos miembros fueron arrebatados por aguas y despreocupaciones?

En este mismo espacio habíamos reclamado desde el humilde, pero digno oficio del periodismo, que Olga no fuera Noel. Todavía enterramos las víctimas de la anterior tormenta y ya sumamos nichos por los de esta.

Si el interés de las autoridades fue el de mantener las hidroeléctricas llenas, “para garantizar energía eléctrica en Navidad y durante la campaña electoral” como escribió en DominicanosHOY el colega Ronny Mateo, la negligencia que provocó el desagüe de la presa Tavera habla de las pérdidas mayores que puede tener una nación: las vidas humanas.

Suman diecisiete las muertes en Santiago, por ahora. Se habla con certeza del desconocimiento, con conciencia total, por parte del director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), Héctor Rodríguez Pimentel, cuando los técnicos que laboraban en la Presa Tavera advirtieron la peligrosidad del fenómeno, tal y como afirmó el ecologista Luís Carvajal.

Ahora, lamentablemente, estamos haciendo análisis tras los hechos, lo cual constituye casi hacer disecciones para corroborar causas que ya conocemos.

No es sólo en diciembre que la población dominicana requiere un sistema energético nacional que garantice su luz. En cualquier momento, las demoras a la hora de escuchar una llamada alertadora es fatal, mucho más cuando una Olga, Noel, o como se llame el fenómeno atmosférico que sea, amenace la seguridad nacional.

Las desorientaciones o, para mejor hablar, el desconocimiento de quienes dirigen al INDRHI, el incorrecto seguimiento de las partes meteorológicas, las precipitaciones de 140 milímetros, por encima de los 150, con una presa que ya estaba a 17 centímetros en su contra: todo esto fue causa de un desagüe del volumen de agua, que drenó la cuenca masivamente, como explicaron los especialistas.

Lo que pudo hacerse: sacar agua de la presa Tavera, antes y no cuando ya no había tiempo, indujo que las familias desprevenidas sufrieran las consecuencias. ¿Hasta cuándo tendremos que llorar muertes y pensar con impotencia que pudieron no haber ocurrido?

Hora es ya de que respondan los responsables, sino, ¿para qué hablamos de democracia?



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