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¿DIFERENTES O DIFERENCIADOS?

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La necesidad que tienen los niños con desviaciones intelectuales de ser aceptados e incluídos desde la igualdad, sin diferencias, es un deber que compromete a la familia y a la sociedad en la defensa de sus derechos a encontrar un lugar en la vida social y laboral.
 
JAVIER ACOSTA ELEJALDE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Esperaba temprano en la mañana la apertura de la Escuela Primaria Tupac Amaru, de educación especial  para niños con problemas de desviaciones intelectuales, y mientras observaba la llegada de los alumnos vi cerca a Alicia, una señora de rostro alegre que regresaba del patio interno. Dispuesto a interpelarla salí a su encuentro. Me sorprendió, entonces, con una historia común.

-Todos los días de clases son para ellos una fiesta. Apenas llegan y salen corriendo en busca de sus amiguitos para jugar en el patio de la escuela, hasta que el timbre les avisa que es la hora de iniciar el matutino.

El mío es aquel de allí, se llama Leonardito. Digo el mío, pero no porque yo sea la madre, aunque es como si lo fuera. Soy su abuela. Mi hijo, su padre, al igual que la madre, tienen algunos problemas de retraso mental. Ella más que él.

Leonardito convive conmigo desde hace dos años. Su papá apenas se ocupa de él mismo, y su mamá añadió el alcoholismo a los problemas que ya presentaba, al punto de convertir a los dos  en una carga insostenible para sus familiares. Así que un buen día decidió dejarlo a mi cuidado, luego de muchos años de suplicarle que lo hiciera, porque sabía que no tenían capacidad para asumir una responsabilidad como es la del cuidado de un menor.

Tuve entonces que jubilarme y buscarle ubicación en esta escuela. Ya tiene cumplido los siete años y aún no aprende a hablar ni escribir, pues sus padres nunca se encargaron de que fuese a estudiar.

Para mí nunca será un problema, tengo tiempo disponible para dedicárselo. Quizás nunca pueda decirme abuela, pero el afecto que constantemente recibo de él me dice que he tomado la desición correcta.

Después quedé pensando en las situaciones disímiles y difíciles que, en alguna medida, enfrentamos todos. Pero mucho más, en lo escabroso que sería el acontecer diario para familias con problemas semejantes. Interesado en profundizar sobre la problemática de estos niños, y con el recuerdo, fresco aún de la conversación con Alicia, una vez iniciadas las clases me dirigí a la dirección de la escuela para hablar con la licenciada en Pedagogía y Psicología, Ana Lidia Ulloa, con 14 años de experiencia laboral en este centro educacional.

-¿Qué características distinguen a estos niños que reciben atención especial?

Son niños con necesidades educativas especiales, que requieren de más recursos y apoyo que otros para su enseñanza. Son pequeños que tienen más lento su aprendizaje. La mayoría muestra problemas conductuales y de inadaptación, pero generalmente pueden ser solucionados a tiempo.

-¿Cómo contribuye la escuela en la inserción de estos menores a la sociedad?

La escuela tiene una estrategia bien definida y siempre nos ocupamos, en lo que es la especialidad, en la preparación para la vida útil e independiente de estos niños.

Hay quienes tienen necesidades educativas más complejas, o sea, que el gradiente de ellos, partiendo del diagnóstico, está más agravado que otros. Estos, independientemente de que a veces los beneficios se consideren mínimos, sí tienen logros, pues desarrollan habilidades de comunicación, de socialización, domésticas…, en sí, una serie de destrezas que lo van a preparar para la vida, aún cuando no aprendan a leer y escribir, porque no todos los que asisten a esta escuela pueden dominar esos saberes. Hay algunos en los que solamente podemos desarrollar habilidades de preparación para la vida.

En estos casos están los que poseen una densidad educativa más compleja, los que cuando analizamos los gradientes de retraso mental, tienen un diagnóstico de retardo más severo. Los que pueden llegar hasta el noveno grado, continúan con una preparación laboral y a los 18 años se incorporan a un oficio determinado.

-¿Qué lugar le confiere a la familia en la atención que reciben los niños?

El soporte de la familia es primordial, pero desgraciadamente no en todos los casos hay núcleos preocupados. Los tenemos que son muy disfuncionales, que no prestan la debida atención a los niños, y no en todos los casos hay la comunicación necesaria, ni el apoyo que merecen.

-¿Cuáles pudieran ser las causas?

A veces es provocado por el desconocimiento, porque son familias desestimuladas, restructurales. Hay casos en que los mismos progenitores son retrasados mentales. Entonces el trabajo con ellas siempre es un poco más difícil, aunque nunca se deja de hacer. Siempre se trabaja y se trata de orientarlas mediante diferentes líneas, como son las escuelas de padres, de visitas de labor social al hogar, dinámicas familiares que se realizan conjuntamente en las consultas externas de psiquiatría, de despachos, entrevistas, todas las vías de orientación que se puedan aprovechar para intercambiar con la familia son puestas en práctica.

-Según su criterio, ¿qué falta a nuestra sociedad para aceptar mejor a los intelectualmente discapacitados?

Existe un plan de desarrollo  en la especialidad de retraso mental que rige todo el trabajo de la misma. Este procedimiento cuenta con nueve líneas de desarrollo, una de ellas, es el trabajo por la conciencia pública. Busca lograr que los niños que poseen características diferentes sean incluidos en todas las esferas de la sociedad. La tarea por la conciencia pública se realiza con la familia, la comunidad. Se promueven actividades, por ejemplo, la escuela abierta a la colectividad, para conseguir el acercamiento de las personas, que vean la labor que realizan los niños, y que a través del contacto con su realidad renuncien a percibirlos como diferentes.

-¿La estrategia para lograr una conciencia pública ha aportado resultados?

Sí, hemos visto resultados. Tratamos, desde hace un tiempo, de vincular en talleres comunitarios a niños de las escuelas convencionales con los nuestros. Al inicio existió un poco de rechazo, pero posteriormente se fueron incorporando. Inclusive, ya vemos que ha ido cambiando la forma despectiva de llamarlos, que hay una mayor aceptación en un segmento bastante amplio de la población, aunque todavía debemos continuar insistiendo.

-Entonces, ¿cómo definiría el estado de sensibilidad alcanzado por la población con respecto a sus necesidades? 
 
No es suficiente aún, pero sí va en aumento. Ahora se percibe al niño con limitantes intelectuales desde una posición diferente. Antes estaban marginados en todo, y no se les daba participación en las diferentes tareas. En las actividades de los Comités de Defensa de la Revolución nunca se les permitía el protagonismo. En estos momentos ya se incorporan y puede vérseles hasta como delegados. Tienen carné de identidad que antes no se les daba. Aún más, aquellos que están aptos tienen el derecho de votar en las elecciones si lo desean.

-Hay casos que son o han sido víctimas de la burla, el desprecio y el maltrato físico. ¿A qué usted cree se deban estas manifestaciones en una sociedad donde debería sobresalir el trato humano y solidario?

Creo se debe en parte a la crisis de valores que a nivel mundial tiene lugar y que afecta en alguna medida también a nuestro país.

Las crisis de valores son reforzadas por las carencias, dígase culturales, afectivas, de índole económico, material o espiritual. Los colectivos o individuos necesitados de estos valores son los que responden al mal que ocasionan a otros como una vía de escape.

Pienso, además, que estas manifestaciones son el resultado del desconocimiento, de la poca divulgación, orientación y apoyo por parte de los medios acerca de las vivencias, las verdaderas posibilidades y habilidades que son capaces de desarrollar estas personas que, ciertamente, reclaman de la comunidad un trato más humano y solidario.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Promover a través de un acercamiento a la realidad de los niños con problemas de desviaciones intelectuales una mayor sensibilidad en las personas que interactúan con ellos.

Objetivos colaterales:
Apelar a la conciencia ciudadana sobre el trato respetuoso que merece todo ser humano.
Abogar por la inclusión  sin diferencias o temores en la vida social y laboral de estas personas.

Tipo de entrevista

Por su tipo: Mixto
Por su contenido: De actualidad
Por el canal que se obtuvo: Directa
     
Tipo de título: De interrogación
Tipo de entrada: De anécdota.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de cierre: De opinión o comentario del entrevistado
      
Fuentes consultadas

Ana Lidia Ulloa, licenciada en Psicología y Pedagogía. Institucional.
                
Alicia Gutiérrez Ocaña, abuela de Leonardito. No institucional.



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