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MUJERES DIRECTIVAS CUBANAS ANTE CONFLICTOS SOCIALES

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ANA LIDIA GARCÍA HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El número de mujeres directivas en Cuba hoy alcanza el 31 por ciento, a pesar de que persisten limitaciones sociales que obstaculizan el desarrollo de sus funciones.

El principal hecho que conspira contra el protagonismo femenino en la actualidad es el mantenimiento de la carga doméstica y familiar sobre las féminas, aseguró la doctora Leticia Artiles, coordinadora general de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social.

Tal comportamiento permanece a pesar de la promulgación del Código de Familia, vigente desde 1975, en el cual se establece la igualdad de derechos y deberes de ambos sexos ante la familia y los hijos.

A partir de la década de los años 70 del siglo pasado, fueron aprobadas otras leyes que favorecieron la participación social femenina como la Constitución de la República aprobada en 1976 y perfeccionada por la Reforma Constitucional en 1992 y las Leyes de Maternidad de 1974 y de 2006.

Durante los años 80 se promulgaron el Código del Trabajo y el Reglamento para la Política de Empleo que reflejan con mayor claridad la equidad sexual que propugna el país.

Mayda Álvarez, directora de Ciencias del Ministerio cubano de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), expresa que Cuba es el cuarto país en el mundo con mayor número de mujeres en el Parlamento, constituyen el 43,16 por ciento, pues ascendió a 265 el número de féminas en el máximo órgano de gobierno.

De acuerdo con datos de la Unión Interparlamentaria, a la Antilla Mayor solo la superan España, Rwanda y Suecia, a la vez que también desplaza a Costa Rica del puesto cimero que ocupaba en América Latina.

El premier español, José Luis Zapatero, creó el Ministerio de Igualdad, que dirige la jovencísima Bibiana Aído, de 31 años, y ha nombrado a la dirigente socialista Carmen Chachón al frente del Ministerio de Defensa, un cargo que hasta la fecha nunca había sido ocupado por una mujer.

En Argentina el porcentaje de mujeres en la Cámara de Representantes llega al 27 por ciento, en Uruguay es solo el tres, mientras que en Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela oscila por debajo del 1 por ciento.

Los datos son alentadores, ya que los expertos aseguran que las legisladoras a nivel mundial ocupan hoy el 16,9 por ciento, 4,7 puntos porcentuales más que en 1995, lo que permitirá el logro de la equidad dentro de 70 años, asegura un cálculo de la Unión Interparlamentaria.

Una investigación realizada por la organización cubana de mujeres, afirma que la mayoría de las encuestadas responden afirmativamente ante la propuesta para ser delegadas al Parlamento.

La psicóloga Elsa Zuferri defiende que las mujeres directivas se ven obligadas a desatender a su familia por lo que el mayor número de las que deciden afrontarlo arriesgan la estabilidad del hogar o lo hacen en etapas en que sus hijos ya no necesitan de su total atención. 

Por otra parte, Lourdes Sandoval, directora de la gerencia nacional de Havanatur, explica que las mujeres que desean tener a la vez una familia y una carrera han de hacer auténticos malabarismos con pesadas responsabilidades en ambas esferas.

El estereotipo se observa en las expectativas y la nominación al Parlamento donde ocurre un proceso que reduce el número de participantes, y no se debe a una auto-exclusión femenina sino a que no son propuestas, confirma la investigación. 

Las que aceptan en su mayoría resultan candidatas a delegadas, elemento que permite inferir que de aumentar el número de propuestas crecerá la representación femenina en todos los niveles parlamentarios de dirección, incluso en un 50 por ciento.

Realmente el número de mujeres propuestas decrece al ser estudiado por las comisiones de candidatura municipal y provincial.

Tania Caram León, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Programa Cuba, en la Universidad de La Habana, revela que esto se debe a la persistencia de manifestaciones de machismo en forma de prejuicios y estereotipos que subvaloran a la mujer.

“Muchos de nuestros estudios han demostrado que aún existen hombres que consideran la incapacidad femenina, su menor poder de gestión para dirigir, y su imposibilidad de alternar las funciones de dirección con la maternidad y la realización de tareas domésticas”, argumentó Julio Cesar Pagés, coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades.

“Las investigaciones prueban que, aun cuando con frecuencia las mujeres estén mejor educadas y calificadas que los hombres en un mismo trabajo, aún tienen que trabajar y rendir más que ellos para poder progresar en la empresa”, afirmó.

Pagés agregó que a estos hechos se suman las contradicciones que generan en la relación amorosa el protagonismo social femenino, y la incapacidad masculina para tolerar el “estrellato” de la mujer.

La situación puede estar asociada a dos percepciones generalizadas, una tiende a subestimar la gestión femenina y la otra es un sentimiento generalizado de compasión y/o identificación con la sobrecarga de tareas que asume la mujer.

La investigación de la organización femenina cubana demostró, además, que la potencialidad de participación de mujeres en la dirección ha aumentado, hecho que contrarresta una supuesta autorrenuncia de las mujeres.

En el más alto nivel de la dirección gubernamental se encuentran siete ministras en ejercicio, solo dos desempeñan su cargo en esferas consideradas como tradicional femenina (Comercio Interior e Industria Ligera).

América Santos, viceministra del CITMA, comenta que aún es un gran reto desempeñar un cargo directivo debido a que a las mujeres se les exige mucho más que a los hombres y en el momento de ocupar estas responsabilidades tienen que hacerlo con gran majestuosidad porque muchos siguen de cerca sus acciones para compararlas con ellos.

“No se puede negar que la sociedad cubana continúa siendo machista y que en muchas ocasiones una fémina para ganarse un lugar prestigioso en la empresa tiene que acudir a actitudes masculinas para imponer su voluntad, lo que por supuesto, no justifico”, agregó la titular.  

Una valoración general sobre este proceso de integración social podría concluir que la mujer cubana ha alcanzado éxitos significativos, aunque persisten aún limitaciones.

Contra estas barreras, es preciso desarrollar una estrategia que incluya la potenciación de los factores educativos, con un explícito objetivo de transformación social, estructural e ideológico, en beneficio de la mujer.



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