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LA VOCACIÓN DE NANCY

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Profesora de Historia de la Sede Universitaria Municipal de Marianao, Nancy Martín afirma que este tipo de enseñanza es una de las mejores cosas que ha hecho la Revolución, porque ofrece la oportunidad de estudiar a muchos jóvenes.

EILEEN SOSIN MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Foto: VILMA VÁZQUEZ

La secundaria básica José A. Aguilera cambia sin cesar como una suerte de dama misteriosa. De día, los alumnos acompañan el estudio con la algarabía de encuentros en pasillos y escaleras. De noche, apenas un murmullo invade el espacio. Los estudiantes de la Sede Universitaria Municipal (SUM) de Marianao, se empeñan, con enorme voluntad, en recuperar su camino.

Allí, Nancy Martín, profesora de Historia, pone alma, corazón y vida a su trabajo. Con andar ligero, pequeña estatura, derrocha amabilidad y energía por donde va.

"Las clases empiezan a las seis, pero yo llego desde las cuatro, porque siempre tengo algo que hacer", confiesa sonriendo. Ella es fundadora de la Sede, hace cuatro años ejerce como coordinadora de las asignaturas comunes a todas las carreras y forma parte del Consejo de Dirección.

De joven quiso estudiar Periodismo, comenzó la Universidad en Historia del Arte y, finalmente, se hizo licenciada en Derecho, en una filial del Ministerio del Interior.

-¿De qué forma se convierte en profesora?

Cuando triunfó la Revolución estudiaba en la Escuela Normal para Maestros. En 1960, fui para la Sierra como maestra voluntaria, y luego quedé seleccionada como alumna de la recién creada Escuela de Instrucción Revolucionaria Conrado Benítez, bajo la dirección de Elena Gil.

Allí éramos todas mujeres y estuvimos becadas más de un año. Recibíamos clases por las mañanas, por las tardes impartíamos docencia en Tarará a un grupo de campesinas que habían venido a La Habana a recibir un curso de Corte y Costura, y por las noches dábamos clases en lo que se llamaban las Escuelas de Domésticas. Entonces, pasé al Ministerio del Interior en 1962. Ocupé diferentes cargos hasta 1985, cuando me convertí en profesora de la Escuela Superior de la Contrainteligencia.

-¿Que influencia tuvo para usted la vida militar?

Me aportó disciplina y organización en el trabajo, además de una gran preparación político-ideológica, por supuesto. No obstante, siempre me han gustado las cosas bien hechas, ser sincera y no tener reservas con  nadie. También yo participaba lo mismo en festivales deportivos, que en talleres literarios; organicé muchas actividades culturales, era creativa, y todo eso me ha servido.

-¿Cómo se integra al Programa de Universalización de la Enseñanza?

Bueno, me jubilé en 1995 porque mi madre estaba enferma. Al morir ella trabajé en una cafetería, fui manicure... Mi cuñada es la Vicedecana de Educación a Distancia y me habló del proyecto y de la necesidad que existía de profesores. Ella me puso en contacto con la Profesora Principal de Historia de Cuba en la Facultad de Filosofía e Historia, Paula Ortiz, y por su conducto presenté la documentación. Homologaron mi categoría de profesora y así empecé cuando se inauguró la Sede, en el 2001.
 
-¿No le asustó regresar y tener que enfrentarse a un grupo de estudiantes tan heterogéneo?

“No, para nada”, dice con total seguridad. “Pienso que el maestro es como el médico, que tiene que tener vocación; si uno tiene vocación lo demás no importa. Además, tenía diez años de experiencia como profesora en el MININT... Bueno, tampoco te creas que soy una bárbara”, acota entre risas y termina: “Uno siempre se preocupa, pero si amas lo que está haciendo, no hay problemas”.

¡Nancyyy, teléfono!, grita un muchacho desde la oficina de al lado. “¡Esto no es fácil, muchacha! Discúlpame un momentito”. Regresa rápido, sonriendo como lo haría Francisca, a quien la muerte no puede alcanzar en el cuento de Onelio Jorge Cardoso: “Déjame apuntar, que yo tengo muchas cosas en la cabeza, y como ya estoy vieja, se me olvidan”.

-¿Por qué clases de Historia y no de alguna asignatura propia de la carrera de Derecho?

Mira, en el MININT impartía una asignatura que se llamaba Movimiento Obrero Cubano, luego se cambió por Historia de la Revolución Cubana. Como era una materia nueva, tuvimos que montarla desde el principio. Los que la asumimos recibimos un curso de preparación profesoral en la Universidad de La Habana, y a partir de entonces comenzó la búsqueda de información.

Estando allí, participé en varias jornadas científicas y fue cuando comencé la investigación sobre el pensamiento político cubano. Más tarde, di una disciplina de la especialidad de Contrainteligencia y  otra de Trabajo Político y del Partido. Luego, la Cátedra de Derecho tenía necesidad de profesores y durante un año di clase de Fundamentos Teóricos del Estado y el Derecho. Realmente el Derecho lo ejercí muy poco, la historia me gusta más y me siento cómoda con esta materia.

-¿Cuál es su opinión acerca de esta segunda oportunidad que se da a tantos jóvenes con el nuevo programa de la Universalización?

Ese es un tema muy polémico. Creo que muchas personas, incluso profesores y estudiantes universitarios, subestiman la municipalidad. Aquí los alumnos que llegan como maestros emergentes, como instructores de Arte, como trabajadores sociales, cada uno con sus particularidades, tienen el mismo programa, las mismas asignaturas y la misma calidad de docencia que los estudiantes de la Universidad tradicional. Incluso, dentro de poco, tendrán que cumplir con un por ciento de asistencia, que antes no se exigía para hacer los exámenes. Estos exámenes vienen de la Universidad de La Habana o de la CUJAE (las ingenierías), según la carrera, y el que suspende aquí es porque no estudia, igual que el que suspende en los cursos diurnos. Muchos de nuestros profesores tienen grado científico, y todos reciben preparación metodológica cada mes en la sede central en la Universidad 

-¿Preferiría dar clase a estudiantes del curso regular diurno? ¿Por qué?

Chica, yo me siento bien en la Sede. En la Universidad uno da su clase y se va. Aquí tengo mayor contacto con los estudiantes, estoy más cerca de ellos. Además, me gusta ir por la calle y que me digan: "¡Adiós, profe!", no para que la gente sepa que yo soy profesora, sino porque disfruto ser parte de ese conglomerado municipal.
                                             
-Si pudiera  cambiar algo de este programa, ¿qué sería?

Yo pienso que esta es una de las mejores cosa que ha hecho la Revolución, porque da oportunidad de estudiar a muchos jóvenes, desde el que no pudo coger carrera cuando estaba en el preuniversitario, hasta los que pertenecen a los diferentes programas de la Batalla de Ideas. Pero mira, la Sede de la Salud tiene su filial municipal, la del Deportes, también. Creo que nos ayudaría mucho tener una Sede Municipal del Ministerio de Educación Superior, para responder más rápidamente a los problemas y situaciones que puedan surgir. Nosotros nos dirigimos a la Vicerrectoría de la Municipalidad, pero una sede del MES que nos representara aquí sería más eficaz.

-Cuénteme de su trabajo atendiendo la Federación Estudiantil Universitaria.

Siempre me gustó mucho trabajar con los jóvenes, apoyarlos, orientarlos. Hace más o menos un año, cuando se creó el núcleo del Partido en la Sede, me otorgaron ese cargo para “formalizar” mi trabajo con ellos. Participo, junto a otros compañeros, en sus reuniones de grupo cada vez que nos invitan y los guío en sus actividades, como las elecciones, por ejemplo, que fueron hace poco. Este curso trabajé más con el Taller Aprender a Aprender (que se da al principio de primer año). Elaboré un folleto con propuestas para agregarle algunos temas, como el funcionamiento de la Sede, la importancia del estudio independiente, algunos aspectos del reglamento docente-metodológico, entre otros. Aquí la gente dice que yo me meto en todo, pero lo que pasa es que me gustan las cosas bien hechas y organizadas.

-¿Y no se siente abrumada con tantas responsabilidades?

Faltando un poco a la modestia, creo que tengo bastante capacidad de trabajo. Yo atiendo a la tercera parte de los estudiantes de la Sede, tengo doce grupos. También visito clases, y todos los meses, como parte de mi labor como coordinadora del Tronco Común (asignaturas comunes para las diferentes carreras), reviso los informes que me entregan los tutores. Es bastante, a veces no me alcanza el tiempo. A eso se une que trato de armar un folleto con cuadros sinópticos de la asignatura, como material de apoyo para las clases. Ya tengo más de 50, espero que cuando lo termine se pueda publicar.

-Este año se graduaron los primeros estudiantes de la municipalización. ¿Cómo se siente al ver los resultados del trabajo?

¡Imagínate!, muchos quedaron en el camino, ahora uno puede ver de verdad el esfuerzo de los estudiantes y el fruto de nuestro trabajo. Es un orgullo. Incluso, hay uno que está en quinto año y se quiere quedar como profesor.

-Todos sus compañeros tienen una excelente opinión de usted, dicen que es muy dedicada y solidaria, que está siempre en la vanguardia. Sin embargo, ¿cree que hay cosas en las que debe mejorar o cambiar? 

Me gustaría ser más joven para poder hacer todo lo que quiero. No obstante, estoy feliz conmigo.

-¿Qué es lo que quiere hacer, qué deseo le falta por cumplir?

Muchas cosas... escribir, por ejemplo. Tengo una novela policíaca empezada, también algunos cuentos...

-Si pudiera regresar en el tiempo al día en que dio clases por primera vez, ¿qué errores no cometería de nuevo?

Pensaría más al tomar alguna decisión, perdí muchas oportunidades sin darme cuenta. Y siempre prepararme, prepararme mucho más

-¿Cuál ha sido el momento más feliz en su ejercicio como profesora?

Cuando estábamos en Tarará, yo iba en los ratos libres a visitar a las muchachas. Compartimos buenos momentos, un día hasta celebramos el cumpleaños de una de ellas. Tiempo después, cuando regresaron a sus provincias, todas me escribieron.

-¿Hay alguna anécdota que la haya marcado?

Sí. Cuando empecé, como te dije, dando clases de Movimiento Obrero Cubano, me ponía nerviosa y me costaba un poco de trabajo. Entonces empecé a prepararme más y me pasaba las madrugadas estudiando. Al tiempo, uno de mis alumnos, un muchacho muy inteligente, me dice: ”¡Profe, como usted ha mejorado!”. No le respondí nada. Eso te da la medida de cuánto se fija un alumno en las clases. Siempre he creído que los estudiantes son quienes mejor evalúan a un profesor. Puede venir mucha gente y decirte que tu clase está perfecta, pero si ellos no la entienden, no lograste el objetivo.

-En una palabra, ¿qué significa para Nancy Martín ser profesora?

Vocación, si uno no tiene vocación, no es nada. Para ser maestro tiene que gustarte. Esto hay que quererlo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Realizar una especie de hoja de vida de la profesora entrevistada, resaltando sus aportes a la universalización y viceversa.

Objetivos colaterales: Obtener su opinión acerca de temas relevantes relacionados con su trabajo en la Universidad.

Tipo de entrevista.

Por su forma: Básicamente de preguntas y respuestas con elementos de citas.
Por su contenido: De personalidad o  biográfica.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: Con referencia al entrevistado.
Tipo de entrada: Descriptiva.
Tipo de cuerpo: Básicamente de preguntas y respuestas con elementos de citas.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas: Profesores y compañeros de la Sede, entre ellos, la administradora Geanni Martínez, y la jefa de la carrera de Derecho, Mayda Rosabal.

Tipo de fuentes: Activas.
   

02/09/2008 20:48 islalsur #. Nosotros, los del 280


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