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EN EL MAR TAMBIÉN EXISTEN… BIOTOXINAS

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Es la ciguatera una de las enfermedades asociadas de mayor incidencia y se contrae por la ingestión de peces contaminados con toxinas marinas.

VIVIAN SÁNCHEZ,
Cortesía para Isla al Sur.

Por su belleza, por el placer que produce con solo contemplarlo, por su constante presencia en la musa de poetas y artistas, resulta difícil asociar al mar con productos tóxicos, pero sí existen y llegan al hombre en el largo proceso de la cadena de alimentación. Es la ciguatera una de las enfermedades asociadas de mayor incidencia y se contrae por la ingestión de peces contaminados con toxinas marinas. Aplicar las regulaciones vigentes sigue siendo la vía más efectiva para lograr que los maravillosos productos del mar deleiten al hombre de la misma manera que su imagen, esa que logra hacernos relajar y vibrar.

Obra de la madre natura, escenario de sirenas y bellas historias, el mar constituye la cuna de la vida en el planeta y fuente significativa de riquezas para el hombre.

Desde los albores de su historia, la humanidad extrajo alimentos de las aguas, y especialmente del mar. Restos de alimentos encontrados con una antigüedad de alrededor de 10 mil años, indican que el hombre paleolítico consumía almejas, mejillones, peces y otros animales marinos dejando sus restos en montículos de desperdicios, como huellas de su andar por la Tierra.

Se relaciona la historia de las toxinas marinas y su vínculo con la humanidad desde el surgimiento del lenguaje escrito. Ya los egipcios en sus papiros médicos exponían la existencia de organismos venenosos y desde la dinastía V sabían distinguir los peces comestibles de los venenosos, según jeroglíficos encontrados en los túmulos de Ti, Mera, Ptah-Hoptep y Deir-El Gebrawi, en los que se representa al pez que contiene la hoy reconocida potente Tetrodoxina.

Ya en los años 356-323 a.C, Alejandro el Grande prohibió a sus tropas durante sus conquistas la ingestión de peces, pues los responsabilizaba con brotes de enfermedades. Aristóteles describió la toxicidad en medusas y algunos peces.

“…En el mar la vida es más sabrosa”, dice una canción popular cubana, y aunque la mayoría de los productos marinos utilizados como alimento son inocuos, no puede descartarse el riesgo en algunos de ellos.

Los peligros asociados al consumo de pescado y de productos del mar pueden ser de naturaleza biológica o química. Dentro de ellos, las toxinas marinas constituyen un ejemplo desde el punto de vista biológico. Conocidas también como biotoxinas, son mezclas de sustancias complejas, de naturaleza variada, con diversas propiedades químicas y farmacológicas, y provenientes del plancton, grupo de microorganismos que viven en los océanos y que se desplazan en dependencia de las corrientes marinas.

Se considera que más de 400 especies de peces con alto valor nutricional se relacionan con biotoxinas. Las especies de mayor riesgo son las herbívoras y carnívoras. Los peces herbívoros que se encuentran en las mayores profundidades se alimentan de microalgas y otros sustratos marinos.

Los peces ocupan diferentes posiciones en la cadena de alimentación existente en el habitad acuático. En estado adulto, muchos se alimentan de algas y otros componentes del plancton, pero a su vez, ellos pueden ser víctimas de otros peces carnívoros. Este aspecto es de vital importancia para comprender el punto de partida, la ruta y los efectos de las toxinas marinas.

Aunque se relacionan con los ciclos metabólicos, las toxinas no desempeñan un papel significativo en estrategias ofensivas o defensivas de los organismos en los que habitan. Son resistentes a altas temperaturas (la cocción casera); son estables en medio ácido (vinagre, limón), no generan inmunidad y hasta el momento y de forma general no existen sus antídotos. Los moluscos tóxicos no pueden identificarse por evaluaciones organolépticas, ya que la toxina no altera su color, olor, ni sabor.

Las biotoxinas marinas son responsables de un número importante de afectaciones cuando son ingeridas por el hombre. La intoxicación más frecuente en seres humanos es ocasionada por la ingestión de mariscos, principalmente moluscos bivalvos, especies que se alimentan esencialmente de partículas pequeñas. Los bivalvos son todos acuáticos, principalmente marinos, en su mayoría sedentarios y habitan en las profundidades del mar.

Los moluscos bivalvos más conocidos e involucrados en estos episodios son las ostras, almejas, los ostiones, navajuelas y machas. La sintomatología de la intoxicación por consumo de mariscos contaminados está condicionada por algunos factores, entre ellos, la cantidad consumida, el nivel de toxinas, la edad y el contenido estomacal en el momento de la ingesta.

Paralizante, Diarreica, Neurotóxica, Ciguatera, Amnésica y Tetradotoxina

Se conocen diversas familias de toxinas asociadas al consumo de productos del mar. Entre ellas se encuentran la Toxina Paralizante, Toxina Diarreica, Toxina Neurotóxica, Ciguatera, Toxina Amnésica y la Tetradotoxina. Cada una de ellas produce envenenamientos en el hombre, de acuerdo al producto marino consumido. Por ejemplo, la Paralizante, la Diarreica, la Neurotóxica y la Amnésica están asociadas al consumo de moluscos bivalvos, y la Ciguatera y Tetradotoxinas al consumo de peces.

Todas ellas de manera general, tienen efectos sobre el sistema nervioso central o periférico y sobre el sistema gastrointestinal, con diferentes niveles de gravedad.

La ciguatera, término que se deriva del nombre "cigua" -caracol típico del Caribe-, es utilizado desde el siglo XVI para describir la enfermedad asociada con la ingestión de este molusco. Es el tipo más frecuente de intoxicación debida al consumo de carne de pescado que contiene toxinas, sintetizadas por un diflagelado que habita en los arrecifes de coral y contamina a los peces herbívoros tropicales y subtropicales, subsecuentemente a peces carnívoros y finalmente al hombre, que sufre de la intoxicación como eslabón final de la cadena alimenticia.

Haciendo un poco de historia, pueden encontrarse referencias sobre el pescado tóxico en La Odisea de Homero (800 A.C.). En el año 600 A.C. se describió una epidemia de ciguatoxina en China; y en la época de Alejandro el Grande (356-323 A.C.) se les prohibió a los soldados ingerir  pescado para evitar indisposiciones y enfermedades durante las conquistas. En el 1555 fue descrita en las Indias Occidentales y en el 1774 fue reportada por el Capitán de Navío James Cook en el Sur del Pacífico. En la actualidad, se plantea que alrededor de 25 000 personas anuales en el mundo entero se envenenan consumiendo peces ciguatóxicos.

Cerca de trescientas especies de peces marinos se incluyen en la lista de causantes de ciguatera. Entre ellos se encuentran los pargos, la picúa, el jurel, la morena, el coronado, el pez tiñosa y tambor. En los mares cubanos existen unas setenta especies que pueden ocasionalmente estar ciguatas. Entre los peces más propensos están la picúa, el honací y el jorobado. Reportes de Cuba refieren que las especies que han manifestado brotes más frecuentes son la Picúa (44%), el Gallego (9%) y el Pargo (5%), siendo Ciudad de La Habana la provincia con mayor porcentaje de brotes.

Se ha descrito una relación directa entre los riesgos de ciguatera y la talla y el peso del pescado consumido. Análisis realizados permiten definir los pesos límites para las especies más vulnerables a la ciguatoxicidad. La mayor cantidad de estas toxinas se han encontrado en el hígado, cerebro y gónadas en una proporción 100 veces superior a otros tejidos del pez.

Mitos asociados a la ciguatera

Como parte de la cultura popular relacionada con las intoxicaciones y con la ciguatera en particular, han surgido mitos que describen cómo definir la posible toxicidad de la pesca realizada. Entre ellas se encuentran la que describe extraer parte del hígado del pez y probar si tiene un sabor dulzón, luego arrojar el resto a moscas y hormigas y darle un trozo de carne a un gato o gallina y observar aceptación o rechazo.

Otro método consiste en usar una moneda de cobre, ponerla en contacto con la carne del animal posiblemente envenenado y observar si cambia de color. Otra forma descrita es comprobar la fácil caída de las escamas al limpiarlo o si ofreció resistencia a la hora de pescarlo. Se refiere que en caso de estar enfermo, el pez pierde muchas escamas, no tira con fuerza y en ocasiones su carne es blanda y esponjosa.

En realidad, los métodos enumerados anteriormente forman parte de las fábulas vinculadas con la ciguatera u otra intoxicación marina, pero NO hay manera de determinar a simple vista si un pez está infectado o no. Incluso es posible que una especie que normalmente no lo esté por su alimentación, de repente pase a ser ciguatóxica por cambios climatológicos que provoquen el consumo de organismos contaminados con la toxina, algo que suele suceder en la época del año de mayor temperatura de las aguas marinas, momento en que proliferan a gran velocidad las algas.

La detección de toxinas ciguatéricas se realiza con diversas metodologías analíticas y con ensayos de toxicidad. La prueba más universal es el bioensayo del ratón y en la mayoría de los casos es la única prueba legalmente admisible para la suspensión de la captura.

En los últimos años, los análisis químicos han adquirido una gran aceptación porque son más rápidos, más exactos y, desde el punto de vista social, menos censurables que las pruebas con animales. Nuevos ensayos bioquímicos de adecuada especificidad resultan ser prometedores, pero su aplicabilidad necesita ser validada.

En resumen, no existe un método universal rápido, sencillo y fiable que se pueda aplicar a la detección inmediata y eficaz de toxinas en pescado. Es por ello que son de vital importancia las medidas preventivas para evitar posibles intoxicaciones con productos del mar.

Una forma simple de controlar la incidencia de intoxicaciones en el ser humano, sería la determinación de áreas y estaciones del año en que se reportan peces contaminados, las especies implicadas, los consumidores en riesgo y las fuentes de pescado o moluscos contaminados.

Especial atención deben prestar los habitantes de países tropicales o subtropicales que constituyen focos de este tipo de afectación. En estos casos, la única manera de evitar la intoxicación es evitar consumir especies de peces grandes en las áreas endémicas susceptibles a la contaminación.

Un fenómeno relacionado con el control y la prevención lo constituye el denominado “Marea Roja”, fenómeno natural producido por microalgas unicelulares presentes en el fitoplancton marino, que bajo determinadas condiciones ambientales, se multiplican, provocando notables cambios de coloración del agua, debido a los pigmentos que poseen. Estos pigmentos pueden ser de distintos colores, siendo el color rojo el más frecuente. De ahí que se haya generalizado mundialmente con el término “Marea Roja”. Ella se ha vinculado, de manera general, con brotes de intoxicaciones y constituye una señal de aviso para la toma de medidas inmediatas que eviten consecuencias desfavorables del mar.

Leyendas, mitos, dioses como Poseidón, sirenas como la de Copenhague, o las del cuento de Peter Pan con sus cantos hipnóticos y otras múltiples fantasías crecieron en el transcurso de la historia y crearon un vínculo indisoluble entre el hombre y el mar.

Conocer sus peligros y tomar las debidas precauciones permitirá mantener vivas las palabras de Cicerón cuando afirmó del mar, ...”constituye, pues el vínculo más amplio que une a los hombres entre sí y abarca el Universo entero, y de este vínculo se desprende el derecho común de todos a gozar de cuanto la naturaleza produce…” 



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