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MÁXIMO GÓMEZ ENTRE ATLETAS

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YOSVANI GAÍNZA ÁLVAREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Soy tan joven, tan jocoso, atlético, como cualquiera de aquellos que parecen sentirse bien divirtiéndose en el parque del Generalísimo Gómez. En mi tiempo libre prefiero leer, charlar con mis amigos o practicar deporte, y siempre con las ganas de llegar a las Olimpiadas. Sé que estos muchachos también lo desean. ¡Qué bueno! Tenemos más deportistas para los juegos: peloteros, karatecas, hasta nadadores de 4 a 12 años. Que se apresure el INDER en rescatar las futuras medallas; hay glorias en la calle.

Hablemos entonces de Historia, asignatura que damos desde pequeños; materia de la cual, sin recibir una clase, ya conoces, porque todo cubano nació y nace con la estirpe de Maceo y el internacionalismo de Gómez. Se hace necesario desempolvar el libro de Historia que guardamos en la zapatera vieja en desuso o recuperarlo del rincón del cuarto. Hojeémoslo. Veremos que este dominicano luchó en la guerra del 68 y en la del 95. No hallarán en Internet, ni en libros modernos, que el signatario del Manifiesto de Montecristi participó en eventos mundiales u Olimpiadas. Coincidirán conmigo.

En este parque monumental, situado a la entrada del túnel de la Bahía, ondean dos banderas: la de Cuba y la dominicana. No es por “amor al arte”, ya este gusto se lo dieron los romanos. Es, precisamente, honrando a una personalidad de la historia.

Solo hay que asomarse por allí para presenciar con cuánto entusiasmo realizan deporte; lugar que todavía no figura un estadio. ¿No habrá en La Habana centros recreativos donde esta juventud voraz desate tal gozo? ¿Acaso el lugar tan emblemático forma parte de alguna entidad del INDER?

No quiero perjudicar a nadie. ¿Y los custodios?, esos que tienen un salario por velar la integridad del parque; área en la cual se practica hasta ciclismo. Tal vez esos compañeritos tienen algún pase o credencial que les permita acceder al sitio.

He llegado a una conclusión. No es un mal que agobia al mundo, sino a Cuba. ¿Qué pensará el niño cuando observa tal cosa? Puede especular -sin malicias-, que Máximo Gómez no es un Héroe, sino una estrella del deporte cubano.

Dense prisa directivos y funcionarios. Porque ya el parque del Museo de la Revolución y el Antonio Maceo forman hoy un complejo deportivo.



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