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REINA DE LA ENTREVISTA: LA PREGUNTA

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Tema: Jorge Halperín afirma que preguntar es detener por un instante el mundo y someterlo a un examen.

YULIANELA RODRÍGUEZ VALLINA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los antecedentes de la entrevista como género periodístico no están muy bien definidos. Los primeros acercamientos se remontan a mediados del siglo XIX, y casi siempre se asocian, indistintamente, con los norteamericanos James Gordon Bennet y Horace Greesley.

El primero  utilizó el método de preguntas y respuestas en una entrevista a Rosina Townsend, dueña de un burdel neoyorquino, en el que se produjo un asesinato. Se publicó el 16 de abril de 1836 en el New York Herald, con el título “Un asesinato atroz”.

Por su parte, El Manual de Estilo y Ética Periodística del diario La Nación,  le atribuye a Horace Greesley el primer original de esta modalidad profesional. Se trata de una entrevista realizada el 20 de agosto de 1859 al líder mormón Brighman Young, para el diario New York Times.

Existen muchas definiciones de este género, pero la cubana Miriam Rodríguez Betancourt en su libro “Acerca de la entrevista periodística”, utiliza varias expresiones que resumen la mayoría de los conceptos, por ejemplo: “conversación que persigue un fin”, “diálogo intencional”, “método indagatorio”.

Asimismo, Jorge Halperín, sostiene que la entrevista es la más pública de las conversaciones privadas. En su libro "La entrevista periodística", dice que la misma funciona con las reglas del diálogo privado (proximidad, intercambio, exposición discursiva con interrupciones, un tono marcado por la espontaneidad, presencia de lo personal y atmósfera de intimidad), pero que, sin embargo, está construida para el ámbito de lo público.

La pregunta se puede considerar el punto clave de la entrevista periodística. Muchos profesionales de la prensa consideran que detrás de cada cuestionario tiene que existir arte y técnica, para poder llevarlo satisfactoriamente a cabo.

Halperín plantea que la entrevista es también el fascinante reino de la pregunta, el ejercicio de la interrogación, el abrir la mente al sentido último de las cosas.

En la entrevista, como en la vida, los extremos son malos, es decir, que es tan desacertado utilizar las denominadas preguntas anchas como las conocidas por estrechas, al no ser que en ambos casos, haya una intencionalidad por parte del periodista y entonces estas adquieren otra dimensión. Esta clasificación la establece el periodista argentino Julián Méndez en su blog profesional.

La profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla, utiliza la clasificación más generalizada de preguntas abiertas y cerradas. Y, en ambos casos, aclara que son factibles en tanto contengan intencionalidades precisas que pongan en situación de tomar partido al entrevistado, que lo hagan pensar en la respuesta.

Cuando no se cumplen esos requisitos elementales en el arte de entrevistar, la profesora cubana señala que las preguntas abiertas suelen desviar la atención del entrevistado, al no saber a qué exactamente debe referirse por su marco referencial tan amplio. En esos casos, suele responder con lo que más le convenga.

Preguntas cerradas son consideradas aquellas que provocan respuestas extremadamente cortas, tales como un nombre, un lugar, una fecha o una sentencia. Son esas que solo se da oportunidad al entrevistado para decir sí o no. Ejemplo: ¿Participó en el concurso de interpretación del año 1990? Otra variante, que constituye el error más frecuente, es cuando la interrogante lleva implícita parte de la propia respuesta que pretendemos obtener. Ejemplo: ¿Su infancia fue muy difícil porque sus padres se divorciaron y usted deseaba vivir con sus abuelos?

Se deben evitar las preguntas múltiples, pues corremos el riesgo de que el entrevistado sólo responda la primera y obvie las demás, o responda la que le sea más propicia. Así como tampoco es recomendable utilizar preguntas capciosas, indolentes y maliciosas, pues pueden colocarlo en determinada posición, que lejos de facilitar, entorpezca el diálogo. Ejemplo: ¿Considera que el premio debió ser para usted?

Según José A Benítez, en Técnica Periodística: “Un viejo manual de periodismo expone que sólo a los jueces y a los periodistas les es lícito preguntarlo todo; pero el juez tiene autoridad para exigir la respuesta y el periodista ha de obtenerla por habilidad al preguntar".

Periodistas como Alina M. Lotti y Vivian Bustamante, del semanario Trabajadores, por sus experiencias laborales consideran que el cuestionario armado antes de la entrevista debe transitar por tres o cuatro temas, para que el periodista busque alternativas en caso de que el entrevistado no tenga nada valioso que decir sobre el primer asunto expuesto.

“El tiempo casi siempre es oro, por lo tanto, es necesario decirle de antemano al entrevistado de cuánto se dispone, para evitar durante la entrevista la imposición de limitaciones de tiempo con frases como: “Brevemente, quisiera…”, “En su forma más simple…”, “Si usted tuviera que definir en un minuto…”, o la palabra “Finalmente” que, por cierto, de utilizarse debe ser una sola vez”, agrega Alina.

Hay un factor importante del que dependen las buenas preguntas: un profundo conocimiento del personaje, obtenido mediante conversaciones con personas que lo conozcan y de toda la información documental recolectada.

La doctora Montserrat Quesada, catedrática de Periodismo Especializado de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, en su libro “La entrevista, obra creativa”, plantea  que una buena preparación, permite indagar mejor y lograr homogeneidad temática de la entrevista, sin cambios bruscos, largos silencios o preguntas largas. Además, se evitan las preguntas obvias.

Otros profesionales jóvenes de la prensa cubana como Dionis Sanabria, que además de desempeñarse como periodista de la Agencia Prensa Latina imparte clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, opina que la sencillez es indispensable en un cuestionario, es decir, lograr preguntas cortas y precisas, pero no simplistas. Cada una tiene que tener su propio tema y se debe tratar de no repetir los inicios.

“La mejor pregunta es aquella donde se solicita opinión, juicio, razón sobre determinado aspecto, tema o asunto. ¿No fue con ese objetivo que acudimos al entrevistado? ¿Por qué entonces divagar?”, afirma.

A su vez, la doctora Miriam Rodríguez opina que los peores enemigos del interrogatorio periodístico son la uniformidad temática, la poca variedad, y luego, la inoportunidad y el simplismo.

Las interrogantes deben ser las que el público querría hacer, buscar aclaraciones y expresar las preocupaciones del receptor son propósitos fundamentales. Además, es recomendable invitar al entrevistado a usar imágenes, fantasías y anécdotas. Halperín considera que las preguntas son portadoras de conjeturas, hipótesis, inquietudes y perspectivas del mundo.

La entrevista debe ser un hecho espontáneo y aunque el tema puede ser discutido de antemano, las preguntas nunca deberán ser facilitadas por  adelantado, de lo contrario parecería todo arreglado. En la misma medida que el entrevistado se sienta “sorprendido” por la pregunta, ocurrirá así para el lector y de ahí depende en parte el éxito del trabajo periodístico.

El cuestionario que se envía por adelantado tiene muchas limitaciones, siempre le faltará “esa ilusión de realidad que confiere a la entrevista personal su peculiar encanto y fuerza persuasiva”, al decir de Miriam Rodríguez.

Preguntar es, por tanto, detener por un instante el mundo y someterlo a un  análisis, como diría Halperín, porque con buenas preguntas el periodista puede lograr centrar a su entrevistado y al público en un tema determinado. Además, consigue conducirlos por la vía que ha preparado para esclarecer un tema o sacar a la luz declaraciones inéditas. En una entrevista es importante buscar no solo la pregunta que desencadena una respuesta, sino también la que remite a nuevas preguntas. Las interrogantes, aclara Halperín, son socialmente más incómodas que las respuestas, pertenecen al campo de lo incierto y, en consecuencia, es comprensible que puedan desatar cortocircuitos.

“Así y todo, la gente vive fascinada por las preguntas y goza intensamente de las entrevistas, que no están ausentes de ningún producto periodístico. Lo que no significa que en las redacciones se reconozca la importancia de este género y se advierta que hay un saber específico, reglas del buen hacer de la entrevista”, agrega.

Bibliografía:

Benítez, José Antonio: Técnica Periodista, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1983.

Bergero, Fabián: La Entrevista Periodística, http://redaccion.uncoma.edu.ar. Consultado: 28 de junio de 2009.

Calzadilla Rodríguez, Iraida: Notas de clases sobre la entrevista periodística. Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana. Curso 2008-2009. 

Halperín, Jorge: Introducción, Capítulos 1 y 2 de La entrevista periodística. Intimidades de la conversación pública, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1995. Págs. 9 a 29. Adaptación de la cátedra. http: //www.bdp.org.ar. Consultado: 28 de junio de 2009.

Rodríguez Betancourt, Miriam: Acerca de la entrevista periodística, Capítulo 3, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 1999. Págs. 36 a 40.



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