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VEHEMENCIA POR LA EDUCACIÓN

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Angelina Romeu Escobar, coordinadora de la Maestría Didáctica de Español y Literatura, del Pedagógico Varona, se enorgullece al hablar de su profesión: “Siempre supe que iba a ser maestra”.

Texto y foto:
YOSVANI GAINZA ALVAREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un hogar de maestros humildes y trabajadores acompañó sus primeros pasos. Su madre, tías y abuelos fueron lo que sería ella en el futuro. La tradición familiar y la vocación por enseñar se encargaron de señalar el camino a Angelina Romeu: “De niña siempre supe que iba a ser maestra”.

Nació en Cabezas, un pueblito de Matanzas. Residió gran parte de su vida allí, y cuando tuvo edad para estudios superiores, ingresó en la Escuela Normal para Maestros de la provincia. Gracias a un tío que vivía en La Habana se trasladó a la capital y en el tercer año de la carrera la sorprendió la Campaña de Alfabetización.

“En los meses de marzo y abril de 1961 alfabeticé en mi pueblo con enormes esfuerzos. Lo hacía en granjas avícolas donde daba clases nocturnas con el propósito de enseñar a leer y escribir a la mayor parte de la comunidad”, evoca la destacada profesora que en aquel entonces contaba con 17 años.

La invasión por Playa Girón no detuvo la obra que emprendía como maestra y apoyó incondicionalmente en todo lo que hizo falta: “Yo era miliciana, e incorporada a la alfabetización, participé en  la mayoría de las actividades políticas que se desarrollaron”.

-Después de aquella epopeya educacional,

¿dónde continuó alfabetizando?

Teníamos la oportunidad de elegir el lugar. El 26 de abril del propio año viajamos a Varadero. Allí, en la  concentración, estaba mi hermana y decidimos ir para Birán, en la antigua provincia de Oriente. Era difícil llegar al lugar, pero debíamos cumplir la honrosa tarea. La luz de los candiles y faroles me acompañaron durante la alfabetización de niños y adultos. Por el día enseñábamos a los hombres y por la tarde a las mujeres, después de terminar los quehaceres en el hogar. En las noches nos reuníamos todos en el cuartón y dábamos las clases generales.

-¿Qué significó para usted alfabetizar en

Birán, la tierra de los hermanos Castro?

Fue el momento más importante de mi vida y nunca lo olvidaré por ser el tránsito de un anhelo a la realidad. Fueron momentos difíciles, pero buenos. Destaco que nunca creí poder educar en dicho territorio y dejó significativas huellas en el desarrollo de mi carrera. Vivo con ese orgullo.

-¿Cuán trascendental fue cumplir una misión

con 17 años de edad, lejos de su hogar?

Era una adolescente muy protegida por la familia. El hecho de salir a un mundo exterior fue algo relevante, no solo por lo que pude colaborar en la Campaña, sino también por el cambio que tuve en el orden personal, las transformaciones de mi vida, es decir, mi manera de pensar. 

Después que se declaró Cuba libre de analfabetismo, regresó a Matanzas. Por  méritos, en enero de 1962 ocupó un aula en propiedad y empezó a impartir clases en Sopapo: “Aquello constituyó un gran acontecimiento en lo particular. Yo sabía qué se sentía ser maestra y no tener plaza. Se llamaban así porque éramos muy pocos los que teníamos la posibilidad, de acuerdo con los resultados, de alcanzar el mérito. Esto marcó mis inicios porque di clases a alumnos de todas las edades y apenas tenía experiencia como educadora. Confieso que crecí moral, política y espiritualmente”.

En 1963 comenzó en la Universidad de La Habana un proceso de formación emergente de profesores para secundaria básica que se denominó Plan Fidel: “Tuve buenos profesores durante el año como fueron la doctora María Dolores Ortiz y  Salvador Mesa. Aprendí mucho.

“Después de formarme como profesora, y por ser el primer expediente de aquel centro, recibí un telegrama de la doctora Dulce María Escalona para integrar el claustro de profesores del Instituto Varona. Como en ese momento no era graduada de la universidad me otorgaron la categoría de técnico auxiliar. Al mismo tiempo que empecé en dicha sede, inicié el doctorado de Español Literatura”.

Terminó su carrera en el año 1967 y viajó a Camagüey  donde comenzó a trabajar en el Pedagógico de la provincia: “Por coincidencia llegué en el momento en que se abría el centro, por lo cual también soy fundadora. Luego me incorporé al de La Habana en la creación de programas para el perfeccionamiento del sistema nacional de Educación, momento en que se logró la unidad en esta esfera por sustentarse una dialéctica materialista, filosófica y martiana; ya había una definición en el campo tanto desde el punto de vista teórico como metodológico”.

-En la creación del primer contingente

Manuel Ascunce Domenech,

¿cuál fue su aporte como profesora del Varona,

en esta segunda revolución educacional de 1972?

En ese proceso participé en el perfeccionamiento de programas de la enseñanza media en el Pedagógico, así como en los planes de estudio realizados y libros de texto, tarea que se hacía de forma colectiva con profesores de Las Villas y Santiago de Cuba. Colaboré, además, en una investigación realizada por el Ministerio de Educación, la cual tenía como objetivo medir lo alcanzado en ese primer perfeccionamiento educativo.

Por los convenios existentes entre Cuba y Guyana, partió a cumplir misión internacionalista e inició sus clases de Español como educadora en la Universidad de Yorktown. En este periodo comenzó su doctorado: “Cuando regresé a Cuba reinicié la tesis doctoral y en  1987 alcancé el título de Doctora en Ciencias Pedagógicas. En aquel tiempo era algo opcional, un problema de voluntad”.

En la tercera educacional, 2001-2002, escribió un libro de texto titulado Didáctica de la lengua y la literatura, guiones para las clases televisivas y contribuyó en la investigación del nuevo modelo de profesores de secundaria básica.

“Durante el mes de agosto de 2001 trabajé intensamente junto a mis compañeros en la creación de este modelo que sería lo que es hoy el Profesor General Integral (PGI)”.

-¿Cómo valora la formación y desarrollo de los PGI?

Este profesor es un joven en formación y estudiante a la vez, quien va ganando conocimientos con el transcurso del tiempo. Ellos tienen la oportunidad de adquirir métodos de análisis independientes. La inmensa mayoría crece de la mejor manera como pedagogo desde la perspectiva  integral. Es un adolescente que progresa con nuevas características y gran diversidad de saberes.

Para la creación de los nuevos  maestros contamos con un excelente claustro altamente calificado, conciente del papel que le corresponde, eso nos caracteriza como Instituto.

-A partir de sus experiencias en el extranjero,

¿qué tan diferente es la educción respeto a Cuba?

Entre Cuba y estas naciones la diferencia es abismal. En esos países la educación es una mercancía. Colaboré en instituciones estatales y privadas como universidades, institutos, y percibí el sacrificio que hacen los profesores y alumnos para lograr algo en la vida. En muchos países el educador pertenece a la clase media y la gran mayoría debe trabajar en más de dos esuelas para subsistir. Ellos, para obtener un doctorado o maestría deben pagar mucho.

Sin embargo, en Cuba desde que naces y entras al pre escolar hasta la universidad, no tienes que pagar un centavo. Gozamos de ese privilegio que nos da la Revolución. Nosotros los profesores nos sentimos recompensados espiritualmente, no mediante nada material.

-¿Por qué el  Varona es considerado

centro rector de la educación en Cuba?

Junto a este instituto pedagógico, en 1964 nacieron el de Las Villas y el de Santiago de Cuba. Desde su fundación, el Varona, por el hecho de tener la tradición de crear pedagogos y por la existencia de un claustro muy consolidado, ha tenido el carácter de líder entre todos los del país. Lo  alcanzado se mantiene, es por ello que vienen de diversos centros a beber de nuestros conocimientos, somos una fuente inagotable. Llegar a esta casa grande es descubrir la sabiduría, ponerse metas, lograr lo añorado. Es formarse en la universidad de las universidades pedagógicas cubanas.

La labor de esta destacada profesora y fundadora del Instituto no queda solo dentro del aula. Expone sus ideas, además, en los diversos Congresos Pedagógicos que se celebran en Cuba cada dos años desde 1986. Participó  en el VIII Congreso Internacional de la Sociedad Española de Didáctica de la Lengua y la Literatura, así como en la Conferencia Científica Internacional y otros eventos relacionado con la educación.

-A raíz de las transformaciones educacionales,

¿cuál ha sido su contribución como

licenciada en Español y Literatura?

Desde 1995, coordino la Maestría Didáctica de Español y Literatura, la cual cuenta con seis ediciones. He publicado libros como la Selección de Didáctica de la lengua, dos tomos del texto Metodología de la enseñanza de la lengua, Aplicación del enfoque comunicativo: comprensión, análisis y construcción de textos, compendios que se realizaron para un mejor entendimiento de la asignatura. Los últimos trabajos fueron los manuales Acerca de la enseñanza del Español y la Literatura, junto a Teoría y práctica del análisis del discurso.

En el extranjero, la también la Secretaria de la Sociedad Económica de Amigos del País y miembro de la Asociación de Lingüista del país, anuncia otros trabajos de carácter literario y gramatical.

-En “tiro rápido”: Trabajo y familia.

El vínculo es prácticamente indisoluble. Mi casa está abierta siempre a los alumnos; priorizo mi deber.

-Valores de un profesor.

Honestidad, sinceridad, solidaridad con los alumnos, la dedicación total.

-Usted ante el aula.

Es el momento de mayor felicidad, diría yo de satisfacción. No sé qué son las horas.

-¿Qué deposita en sus estudiantes?

Cariño y esperanza.

-¿Quién le gustaría que hubiese sido su alumno?

Fidel sería un reto, al igual que Martí.

-Escritores o poetas de preferencias.

José Martí, Pablo Neruda y Silvio Rodríguez.

-Uno de sus mayores orgullos.

Ser maestra y fundadora del Varona.

-El momento más feliz de su vida.

El reconocimiento de mis profesores y la formación de mis alumnos.

-Un consejo.

Seguir luchando.

-¿Cómo se define Angelina Romeu? 

Como una maestra desde el primer día de mi vida laboral. Creo que volvería a serlo si tuviese que empezar otra vez. Soy una mujer muy dedicada a la obra emprendida, educadora comprometida con la Revolución en todo momento, ella me dio la posibilidad de ser lo que soy hoy día, una doctora en Ciencias Pedagógicas. 

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Destacar la labor educativa de la Doctora en Ciencias Pedagógicas desde sus inicios, así como aspectos personales de su vida.

Objetivos colaterales: Conocer qué tan importante fue para ella haber participado en las tres revoluciones educativas. Reflejar su valoración acerca de los PGI. Resaltar las diferencias educativas de Cuba al respecto del mundo.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad y opinión.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo, cara a cara.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Retrospectiva.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1. informativa. 2. directa. 3. directa. 4. informativa. 5. abierta. 6. informativa. 7. abierta. 8. informativa. 9. cerrada.
Tipo de conclusiones: Opinión o comentario del entrevistado.
 
Fuentes consultadas: Directa. No documental.

27/07/2010 19:46 islalsur #. Rostros del Varona


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