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CON EL CORAZÓN DE VACACIONES

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La tendencia de la juventud cubana a optar por relaciones de pareja libres de formalidades y compromisos tiene implicaciones emocionales, físicas y sociales. ¿Supone este hecho una evolución o un retroceso a la primitiva promiscuidad indiscriminada?

 

LIDIA HERNÁNDEZ TAPIA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

«Yo tengo corazón, pero está de vacaciones», es una frase célebre para no pocos jóvenes de estos días. En Cuba, el culto a las parejas efímeras y la pelota discuten el título de Deporte Nacional. Sin embargo, aún sobreviven quienes insisten, como lo hiciera el Principito de Antoine de Saint-Exupéry, en la idea de que «si uno ama una flor de la cual no existe otro ejemplar en millones y millones de estrellas, es suficiente para ser feliz, solo mirarla.»

Mientras exclusividad y fidelidad hasta que la muerte los separe conservan incuestionable vigencia para estos últimos, el placer de lo fugaz en las populares «descargas» -relaciones ocasionales sin compromisos de eternidad-, sustituye formalismos tradicionales de antaño.

¿Inmadurez propia de edades tempranas de la vida?... ¿Crisis de la familia?... ¿Hippies de nueva generación?... ¿Avance o retroceso de la humanidad?

Los más osados aseguran: Yo solo busco diversión; los miedosos: No sé sobrevivir sin compañía; los desenfadados: De cuando en cuando uno se distrae, ¡y es suficiente!; los que van a la raíz: ¿Se le llama amor a cualquier cosa?

Imposible de ignorar resulta la tendencia de la juventud a cuestionar y no imitar los  patrones heredados de sus padres y abuelos respecto al modo de interactuar con sus parejas. ¿Es posible en estas circunstancias una relación estable y duradera? ¿Es acaso necesario experimentar mientras se busca la mítica «alma gemela»? Y si aparece… ¿entonces qué?

«No es bueno que el hombre

esté solo» —dijo Dios

Aunque la necesidad del amor aparece como una constante en la vida humana, el modo de enfrentar la soledad ha resultado polémico desde los inicios de la civilización.

En la Grecia antigua, por ejemplo, las personas podían abandonarse al puro principio del placer. Su mitología es un reflejo de esa realidad. Sin embargo, en la Edad Media, la Iglesia Católica —institución rectora de la conducta ciudadana de su época—, estableció una separación muy radical entre lo espiritual y los asuntos de la carne. El matrimonio, concebido como un contrato, muy poco tenía que ver con la moderna concepción del amor.

Hace algunos años, cuando el casamiento era la opción validada por la sociedad como más correcta, según tradiciones o cánones, permanecer soltero parecía una especie de desgracia. Y si el ciudadano sin compromiso era una mujer, pasaba a tragedia.

Los motivos invocados para lamentar el hecho variaban, según el sexo: a las solteronas se les atribuía una suerte de indefensión ante la vida. Además, «se creía que tenían algún tipo de resentimiento hacia lo masculino. A menudo, se sospechaba que eran lesbianas», asegura la periodista estadounidense Anne Kingston, en su libro Esposa, no esposada.

Por su parte, Marianne Wilkinson, señala en La plenitud del amor: «Las relaciones entre los jóvenes hombres y mujeres de hoy son poco comprometedoras y están rodeadas de cierta solidaridad. Sus estructuras varían cada vez a mayor velocidad y de manera más libre e imaginativa».

¿Qué ha pasado con ese

espacio antaño «sagrado»,

llamado pareja de novios?

«Últimamente, a mis relaciones ni siquiera me gusta llamarles noviazgo. No, no. Salimos. Si todo marcha bien, nos volvemos a ver. Eso puede durar un día, una semana, cinco o seis meses», afirma Mariela, de 24 años de edad y graduada de Informática en la CUJAE.

De igual modo, Carlos, de 25 años, mientras devora un cigarrillo en el céntrico Café G, del Vedado, confiesa con aires de quien posee toda la verdad: «En realidad, yo nunca busco tener novia. Es muy costoso mantener una relación estable, pues todo el mundo quiere salir a los lugares más caros y bonitos, y eso solo se puede una vez al mes».

La posición de Carlos, preocupantemente vista de manera natural en la actualidad,  habría encontrado fuertes detractores antes de 1918, cuando se realizó el primer divorcio en Cuba. Al menos una batalla legal ganaban los solitarios estigmatizados de entonces, en defensa de su derecho de elegir la respuesta correcta al dilema, tal vez eterno, de compañía contra independencia.

Surge en este punto una pregunta… ¿Tener pareja implica exclusividad? «Como mismo existen muchos hombres promiscuos, las mujeres somos iguales. No todas las relaciones se pueden llevar más allá de una descarga, y serle fiel a una persona es no tener necesidad de buscar en otra algo que esa no te da», opina Inés, estudiante de Telecomunicaciones.

El pasado es un prólogo

En la mayor de las Antillas, con un índice de divorcios de 33,7 por cada mil habitantes, según cifras oficiales, diversas investigaciones corroboran el hecho de que la familia clásica de papá, mamá y sus hijos, existe en una proporción menor a lo antes habitual.

La psicóloga Lourdes Fernández, en su texto Personalidad y relaciones de pareja, señala que nunca antes se había profetizado con tanta vehemencia acerca del fin de la pareja humana, como en las últimas décadas. Muestra de ello es la revolución sexual de los años sesenta del pasado siglo, cuando reaparece el sexo en grupos, el intercambio de pareja, la convivencia en comunidades, la apertura hacia el homosexualismo y el matrimonio a prueba.

Rolando, estudiante de Ingeniería Automática en la CUJAE, considera: «Ese hasta que la muerte nos separe de antes, era un engaño. Se casaban, compartían anillos y después se pegaban los tarros en cualquier burdel. Somos herederos de diez mil esquemas para ser felices, pero evolucionamos, y es hora de desprendernos de todos los tabúes del año de la corneta».

Si bien existe un consenso al considerar al presente un momento de ruptura de pautas tradicionales de comportamiento, Yoanka Valdés Jiménez, especialista en temas de la Familia, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), considera que no se proponen con claridad modelos alternativos para sustituir los que van quedando atrás. Aún así, explica: «En mis investigaciones, jóvenes y adolescentes cubanos plantean, como un ideal, tener una familia algún día. Ello no sucede en otras regiones, donde hay más tendencia a la vida en solitario».

Respecto al tema de cómo viven las parejas de hoy, Ernesto, un joven cristiano de 23 años, dice: «No porque un hecho sea generalizado o común, es normal. El comienzo del fracaso de esas relaciones es estar sustentadas bajo la condición de mientras les vaya bien, mientras funcione. Siempre se presentarán dificultades y crisis, y es entonces cuando desempeña su papel el compromiso de salir adelante, por la familia, por el amor que un día se prometieron.

«Si al primer obstáculo ya se considera la posibilidad de separarse, el camino más fácil, es la escapatoria, y si les falta el sentido del compromiso y de la fidelidad, están condenados al fracaso».

Quizás, la única respuesta definitiva es que no existe ninguna. Rolando asegura que todo está en el acuerdo y la sinceridad de las partes implicadas. «Quizás quieres a los seres libres, y en esa libertad, puede haber más de dos», dice mientras se rasca una ceja.

Asimismo, Fernanda, compañera de Rolando, considera: «No veo por qué la infidelidad debe ser enemiga de la relación. Muchas veces, complementa y ayuda a valorar cuánto podemos amar al otro».

Causas e implicaciones 

«El amor es la respuesta; pero mientras tanto, el sexo propone unas cuantas preguntas», piensa el guionista, actor y director estadounidense, Woody Allen, con su sarcasmo acostumbrado, sin considerar las implicaciones suicidas de una sexualidad irresponsable en la actualidad.

Se estima que cada día en el mundo se infectan de VIH/SIDA 6 000 personas, entre 15 y 24 años —una cada 14 segundos—. Además, de la cantidad de abortos en malas condiciones realizados anualmente, alrededor de 20 millones causan unas 78 000 defunciones, en su mayoría jóvenes de 15 a 19 años.

Sin embargo, muchos jóvenes encuentran justificaciones para evitar colocarle un sello de «garantía de eternidad» a sus relaciones. «En este contexto donde el divorcio aparece como una de las principales alternativas para resolver conflictos, unido a condiciones económicas difíciles y la tendencia en el mundo al individualismo, una pareja estable, ¿para qué?... ¿dónde?», cuestiona Yolanda, investigadora del CIPS.

Por su parte, Carlos encuentra otra explicación: «Ahora las mujeres exigen también ser infieles, como ello es natural de los hombres… La sociedad pretende que la mujer mire solo a su pareja, y a su hermano seguro le dice: Tú acaba, que vas a ser muy hombre ».

-Carlos, ¿has sido infiel alguna vez?

«Claro. Yo me aburro muy rápido. Al principio todo es muy bonito, pero cuando se entra en la rutina, y comienza a salir la parte negativa de ambos, hay que renovar el ciclo, ¿eh? Brinco.»

Carlos confiesa que se divierte a su modo, y analiza el fenómeno «como una cosa más, de tantas locas que se ven en la actualidad». Si es bueno o malo, si es avance o retroceso de la sociedad, no ve motivos para preocuparse por eso.

Por el contrario, Enrique comenta que en su época de adolescente conquistaba muchachas como trofeos, y de ello solo obtuvo «vacíos emocionales enormes». Desde hace aproximadamente cuatro años, se ha propuesto hacer amigas, e ir en busca de la persona adecuada para la relación profunda que ha soñado, que «lo colme de verdadera felicidad».

Según su experiencia, considera que quienes optan por la vía de lo desechable y lo volátil en materia afectiva es, fundamentalmente, «porque no han descubierto otros horizontes».

«¿En qué empleamos el poquísimo tiempo de existencia? — cuestiona—. Cuando contemplo el devenir del universo y lo comparo con los 75 años que nos corresponden, con suerte, y que se van en fatiga inútil, no entiendo cómo otros pueden hacer cosas sin saber para qué, como movidos por la inercia.»

Por su parte, la psicóloga Yoanka Valdés Jiménez opina que «desde el punto de vista de la libertad de elección de las personas, es positivo. Lo cuestionable es qué sigue cuando se convierte en hábito, en estilo de vida, y si están preparadas las familias cubanas para este modo de actuar de sus hijos.

«En hogares donde conviven varias generaciones, los más jóvenes pueden ser muy presionados. Tal vez les imponen prohibiciones, y eso es peor, pues de ahí resultan rebeldías  o sentimientos de culpa. Yo apuesto por la satisfacción de las personas, la plenitud y, sobre todo, la responsabilidad.

«Pudiera considerarlo una involución, si las personas no son satisfechas al máximo, y lo hacen como deporte  o por contagio. Si lo viven como «esto es lo que quiero», para mí está bien», concluye Valdés Jiménez. 

La última palabra sobre lo que es bueno o malo, no es una sola, y cada persona actúa según sus experiencias y convicciones. Todo es relativo, quizás esto sea lo absolutamente cierto.

Pareja estable: debate

entre utopía y necesidad

¿Es el amor un arte?... ¿O una sensación placentera, cuya experiencia es cuestión de azar, algo con lo que se tropieza si se tiene un poco de suerte?  «No es solo un sentimiento, sino también una decisión», considera Enrique.

Pueden existir los más disímiles motivos para esquivar compromisos y formalidades en este siglo XXI, cuando muchos creen que amar es sencillo, y lo difícil es encontrar alguien para enamorarse.

«La práctica de las descargas no puede clasificarse como buena o mala. Si se asume por contagio, acríticamente, sería lamentable que un día la persona se diera cuenta de que fue utilizada para satisfacer a alguien, como un objeto. En mi opinión, la decisión individual, por encima de las discrepancias, debe ser respetada», considera la psicóloga Yoanka Valdés.

No todos los seres humanos anhelan un compañero inseparable para compartir su existencia. Otros, suponen que se comprometerán e incluso se casarán. ¿Cuándo? «Yo vivo en el presente», asegura Carlos. Otros, como Rolando, planean tener en el banco 80 pesos guardados para el divorcio.

¿Soy feliz? Resulta, en estas circunstancias, una pregunta de primer orden. Más allá de las delimitaciones de correcto o erróneo queda la satisfacción personal. A cargo de cada quien está, entonces, optar o no por un corazón de vacaciones.

Nota: Los nombres de algunas fuentes fueron cambiados, respetando la privacidad.

FICHA TÉCNICA:

Tema: Relaciones de pareja de los jóvenes cubanos.

Propósito: Conocer las razones y causas por las que los jóvenes optan por relaciones sin formalidades ni compromisos.

Objetivos colaterales: Analizar las posibles implicaciones o consecuencias físicas, emocionales o sociales de su conducta.

Estrategia de fuentes:
Entrevistas a jóvenes.
Yoanka Valdés Jiménez, especialista en temas de la Familia, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).
Fuentes documentales.

Soportes a emplear:

Hecho: La tendencia de la juventud cubana a optar por relaciones de pareja libres de formalidades y compromisos, tiene implicaciones emocionales, físicas y sociales.

Contexto: la Cuba actual, donde resulta imposible de ignorar la tendencia de la juventud a cuestionar y no imitar los patrones heredados de sus padres y abuelos respecto al modo de interactuar con sus parejas.

Antecedentes: los siglos de tabúes y cánones impuestos por el hombre a sí mismo para combatir la soledad.

Proyecciones: podría incluso desaparecer la familia, pero los especialistas lo consideran un hecho lejano.

Fuentes documentales:
Esposa, no esposada, de Anne Kingston.
La plenitud del amor, de Marianne Williamson.
Personalidad y relaciones de pareja, de Lourdes Fernández.
Psicología de Familia: una aproximación a su estudio, de Patricia Arés Muzio.
El Principito, de Antoine de Saint-Exupery.

Tipos de juicios: Analíticos. Sintéticos. Hipotéticos. Disyuntivos. De valor.
Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Panorámica.
Tipo de cuerpo: Estructura en bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Sin embargo, Por su parte, De igual modo, entre otras.
Tipo de cierre: De conclusión o resumen.



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