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UN ROSTRO ENTRE LA MULTITUD

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Algunos piensan que manejar una guagua es trabajo de rudos,  pero Emilio Dustet Oramas, conductor de P1 que traza la ruta de San Miguel del Padrón al Vedado en la capital cubana, se reveló como alguien  bien diferente.

Texto y foto: 
AMALIA RAMOS IVISATE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Era una tarde calurosa, de esas en las que la inquietud nos persigue a donde quiera que nos destinemos. La parada, repleta de personas, amenazaba con no vaciarse jamás. El cielo estaba azul y despejado, como si su belleza quisiera contrastar con aquella situación desesperante. La voz de una gordita rompió el silencio: “Caballero, ¡llegó el P1 y el chofer abrió!”. Allí estaba aquel rostro: triste, cansado y fatigoso; una gota de sudor le corría por la frente  y su pensamiento, de seguro, analizaba si ese sacrificio por la sociedad valía la pena.

Ser chofer es inmolarse y tener alma de cubano guerrero: sentirse víctima cada día del maltrato, del llanto de un bebé, de los que no pagan, de aquellos que, aunque no caben, desean irse “colgados” y por “salvarles la vida”, los deja afuera de la guagua...

»¿Mi nombre? A veces lo olvido… ¡Ah!, Emilio Dustet Oramas y antes de que lo pregunte, tengo 43 años, aunque no lo aparente«, dijo con tono irónico mientras mostraba una sonrisa.

Emilio y el conductor del P1

»Somos dos personas diferentes por completo: Emilio baila, se divierte, se ríe, comparte con los demás; el conductor del P1 va molesto a su trabajo, es serio. Al chofer, a veces, no lo conozco, trabaja nueve horas y 20 minutos, Emilio trabaja todo el día por ser mejor”.

Cuenta que su única motivación para manejar es la de ayudar a la sociedad, pues  los choferes están llenos de limitaciones y no se sienten estimulados: “Cuando me levanto, pienso en lo agotado que regresaré a mi casa y, en ocasiones, me pregunto si regresaré”.

Suficientes fueron las palabras para percatarme de la tristeza que posee el conductor del P1, a diferencia de Emilio.

Un “puro” psicólogo

»Un sin número de veces me han llamado “puro” y no me molesta, porque, aunque es un término inventado por los jóvenes, lo soy”, confesó y señaló el espejo que reflejaba su perfil: “Soy un “puro” del municipio San Miguel del Padrón, con la aspiración de alcanzar  los 44 años; un “puro” que reconoce a sus pasajeros por los rostros: mi psicología no falla, de diez, solo tres pagarán; un “puro” un poco cansado de terminar jornadas, atento no solo a la vía, sino también a la población y su falta de valores humanos, me siento como si luchara contra un poderoso ejército”.

La gordita de la parada estuvo callada todo el viaje, hasta que, con tono jovial, le dijo: “Puro, ¿me puedes dar un chance?” y Emilio levantó los hombros y se rió, como si no le quedara opción.

Según asegura, el chofer del P1 se dirige a la población con respeto y educación, mas, a veces, la indisciplina social se lo impide: “Las personas escuchan  mi llamado a la colaboración y no son capaces de caminar para ayudar al que está abajo, parecieran no oírme. Entonces, me pregunto dónde quedan las normas de conducta social”, comentó decepcionado.

Vivir es correr riesgos

»Y si te cuento de mi familia… vive en un constante sobresalto, piensa en los posibles accidentes del tráfico, pero no se preocupa   porque sabe que soy responsable. A ella lo que más la inquieta es la propia población, no logra olvidar cuántos ataques agresivos han recibido los choferes, cuántos han sido cortados y cuántos, por desgracia, no tuvieron tiempo de despedirse. Hoy estoy vivo, ¿mañana?. Su mirada se perdió en el horizonte para ocultar, tal vez, la angustia de sus ojos: “Mañana  tengo que trabajar, ese es mi lema”.

Y mientras esperaba el cambio de luz del semáforo, dijo que todo pasajero casi se convierte en enemigo justo cuando se monta a la guagua. Si está en la parada, es un amigo: “Imagínese usted en un ómnibus rodeado de contrarios y sin poder oír música, porque las bocinas ya han pasado a la historia, son esos los momentos en los que pienso si vale la pena tanto esfuerzo, y quisiera estar junto a mi familia, sobre todo al lado de mi esposa”.

Entre el bullicio de la gente y el humo del tránsito, se oyeron las palabras de Emilio y revolucionaron a las féminas de la guagua: “No, qué va, jamás he intentado seducir a pasajera alguna, ¡yo soy hombre de una sola mujer!”

Pie de foto: Emilio Dustet Oramas, chofer de P1, de San Miguel del Padrón al Vedado.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Homenajear a los choferes cubanos mediante el entrevistado.

Objetivos Colaterales: Realizar un acercamiento a la personalidad de Emilio para mostrar sus valores.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Descriptiva.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado.
Tipo de fuentes: Directa, no documental, primaria.



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