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COMBINACIÓN MORTAL

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ROSALIA CARMONA LEDESMA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todo comenzó como una vuelta en redondo. Líneas de defensa mal protegidas y una delantera errática fueron una combinación mortal para esos ángeles que la galaxia alguna vez bautizó de inmortales. Todo terminó como inició: realidad cruel en Madrid para el más Real de la realeza futbolística.

Luego de una pretemporada donde casi no ganaron partidos con claridad, asomaba la victoria contundente sobre el Barcelona en la supercopa. Triunfo que sería el último galardón que el “madridismo” festejara. Actuaciones que no se ausentaron para tatuar un instante: el majestuoso sombrero de Cristiano Ronaldo y mejor aún, su golazo al entonces mejor equipo del mundo: el Barca.

Pero el fútbol seguía, y con él, un arrollador torrente de pasiones: la liga española. Fue toda una película, tropiezos tras tropiezos, discusiones en el vestuario. Sergio Ramos, Marcelo, Di María, Coentrao, Ozil, Modric, hasta el propio CR7 con su “tristeza”. Para colmo, el drama protagonizado por Iker Casillas, cuando a Mou se le ocurrió estrenar conservero merengue, relegando al emblemático capitán a los oscuros estratos del banquillo. Polémicas, vienen como anillo al dedo para concretar la dirección de este “octavo pasajero” de Florentino Pérez, el máximo dirigente blanco.        

Sin embargo, también es Mou, el técnico lusitano, quien daba la liga por perdida a tan solo nueve puntos de diferencia de los catalanes. Las rivalidades no cesaron en la batalla campal entre el madridismo y el barcelonismo. El primer clásico, un 2-2 llamado Ronaldo vs Messi.

En realidad, la copa nunca estuvo fuera del alcance de los merengues y no todo estaba perdido. Aún había una estrella capaz de reivindicar “la genialidad estrellada” de Mourinho y compensar, al mismo tiempo, las costosas nóminas del once madridista -valoradas en la última década sobre los 860 millones de euros. Luego de dos semifinales consecutivas de Champions, todas las fuerzas se centraban en conseguir “la décima orejona” en la Liga de Campeones, y con ella, ofrecer a la afición el codiciado regalo.

El Madrid clasifica en el grupo de la muerte junto al Dormund, que a la postre fue su verdugo. No me detendré en los percances de Benzema, ni en los tiros fallados por Ozil o Di María, tampoco en la inestabilidad de la zaga debido a las lesiones de Marcelo y Pepe. No haré pausa en la delantera que, Cristiano incluido, fracasó estrepitosamente. Más que de rendimiento, las carencias fueron de unión y confianza dentro del equipo. Faltó carácter ante una escuadra teutona que se tornó perfecto rival ante algunas subestimaciones. Con la derrota regresaba la misma estampa de frustración y caras largas, continuaba la vuelta en redondo.

La Copa de “su majestad el Rey”, única oportunidad vacante, aglutinaba los sueños por un último título. Pero igualmente aquí los errores hablaron más fuerte que las esperanzas. No eran los galácticos de siempre, eran los de esta temporada. ¿Se subvaloró al Atlético de Madrid? ¿Acaso se impuso la maldición que dibuja, como una meta imposible, el triunfo de la Copa del Rey en el Bernabéu? El caos defensivo, los tres rompecorazones que robó el poste… Otra vez marcador adverso para los de sangre blanca.       

El Madrid se despidió de la temporada, también de los títulos, de superar su récord de 100 puntos en la liga, de la “décima Champions”, del clásico en la Supercopa, sobre todo, dijo adiós a Mou. Nadie puede asegurar quién será el sustituto, tampoco, si pudo ser o no peor esta combinación de sucesos desafortunados.



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