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PONER OJOS Y OÍDOS AL LLAMADO DE LOS CLIENTES

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JAVIER DIEZ MINIET,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace unos meses era noticia en nuestros medios de prensa la sustitución de la Asociación de Transporte por Ómnibus (ASTRO) por la actual Empresa de Ómnibus Nacionales (EON), la cual aspira estar a la altura de las nuevas políticas de reordenamiento económico en Cuba.

En ese caso, Roberto Ricardo Marrero, director general de la nueva entidad,  explicó a la prensa que en el primer semestre trabajarían en la confección del expediente de perfeccionamiento empresarial, en el reglamento interno y los contratos, sobre los cuales debe ganarse en cultura.

Para el segundo, los esfuerzos se concentrarían en el fortalecimiento y la certificación de la contabilidad y el control interno, tareas que desde inicio de año no han  descuidado.

Sin embargo, constantes quejas, cartas a la redacción de los medios nacionales y experiencias de los clientes, demuestran que persisten los malos servicios durante el viaje.

Y es que pagar, en el caso de recorrer ida y vuelta desde La Habana hasta Santiago de Cuba, casi el ciento por ciento de un salario, requiere un servicio de calidad, optando, la entidad encargada, por la eficiencia y eficacia que ameritan estos tiempos de cambios económicos y sociales.

Las carencias económicas que dispone la empresa -dígase que la mayoría de los ómnibus de larga distancia no disponen de set de televisión o al menos algo de música para hacer un poco entretenida la extensa estancia en los incómodos medios-, eso para no tener que depender de música alta en los celulares y, en ocasiones, de vulgar procedencia, entre otras. Pero todo ello no es motivo para el trato descortés hacia los clientes.

En no pocas ocasiones los choferes de las rutas no están del mejor humor o, tal vez, ese día amanecieron con problemas en casa, razón insuficiente para dirigirse a los clientes de manera grosera o incorrecta, quienes arrastran cansancio, esfuerzo por viajar y las extensas “colas” para conseguir el boleto.

Enumerar las deficiencias en los servicios y, aclaro, basadas en experiencias de múltiples clientes, sería cuestión del espacio que no dispongo en este trabajo, mas, algunas sí requieren ser mencionadas, en ese caso, los servicios sanitarios casi nunca se encuentran en funcionamiento, y aunque las guaguas tiene muchas paradas en las cabeceras provinciales, el organismo humano es incontrolable, sobre todo para los que padecen de enfermedades urinarias.

Las paradas, en momentos realizadas fuera de lugar y en espacios donde el bolsillo no alcanza para comprar alimentos, puesto que las paladares y cafeterías particulares de las carreteras no tienen precios asequibles para todos.

Reestructurar, también, la calidad de los servicios en esa entidad queda en manos de las nuevas direcciones de trabajo. Un llamado está hecho para choferes, directivos y clientes. Estos últimos, también incurren en indisciplinas sociales que deterioran, posteriormente, la calidad de los servicios de los medios de transportes más utilizados en Cuba.



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