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CAMBIA LA CARA DE TRAGEDIA DE NUESTRO “AMAZONAS”

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BEATRIZ LOBAINA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

10, 9, 8, 7... No quisiera pensarlo, pero en más de una ocasión he sentido que solo segundos de vida le quedan a la cuenca del río Almendares, presionada por un enemigo constante, en ocasiones manifiesto daga en mano; en otras, sutil, acumulando fuerzas, en su afán de que cada vez sea más complejo trocar lo sucio en oro. Contaminación, una palabra aguda, su simple pronunciación inspira temor, y no es para menos, porque desde hace 17 años sus huellas han sido imperdonables.

En la década del 90, la corriente superficial más importante de la capital, en especial sus últimos diez kilómetros encuadrados en el territorio que ocupa el Gran Parque Metropolitano de La Habana (GPMH), mostraba una pésima imagen, pues los índices de oxígeno estaban bajos, la flora y fauna de sus riberas no tenían vida, sobre la superficie flotaba una espesa capa de bacterias provenientes de residuos domésticos (coliformes fecales) y se registraban elevados índices de amonio, nitrito, plomo, hierro, cadmio, níquel y cobalto.

Según testimonios de los vecinos más antiguos de la zona, vivir cerca de esta red fluvial era insoportable tanto por los hedores, como por las indisciplinas y las carencias materiales del país. Problemática crítica al decir del sabio naturalista cubano Antonio Núñez Jiménez, cuando expresó en aquel entonces: “(…) hoy grandes trechos de su curso son verdaderas cloacas, sucias, pestilentes (...)”.

A las claras, la carga microbiana experimentó un ascenso insospechado en las estadísticas. Precisamente este panorama fue uno de los detonantes para que en 1996 se creara el GPMH y en consonancia, el Grupo de Trabajo Estatal Bahía de La Habana (GTE-BH), instituciones que, junto al CITMA provincial, atienden de forma sistemática todo lo referente al río.

Con solo destacar algunas particularidades del Almendares se puede comprender la necesidad de su descontaminación. La red acuífera, según el periodista de Granma, Orfilio Peláez, constituye una de las diez principales cuencas hidrográficas de nuestro país, alrededor del 47 por ciento del agua potable que consume la población citadina emana de sus fuentes subterráneas y cerca de toda su área -402 kilómetros cuadrados- viven  más de 500 mil personas.

Actualmente la cara de la “tragedia” va cambiando a ritmo lento, pero con resultados apreciables. En sus aguas se pueden observar biajacas, tilapias, cangrejos, carpas, jicoteas; más de 12 especies de animales. Diagnósticos recientes revelaron una concentración de 4,8 miligramos (mg) por litro de dioxígeno disuelto, a partir de 4 mg existe vida, y en la zona del Puente de 23 se ha registrado 5,5 mg.

Datos de la Oficina Nacional de Estadística corroboran el ligero progreso: la carga contaminante disminuyó a un 0,8 por ciento, menor cifra que el 1,4 inicial en el lustro 2007 -2011.

Al reducirse los índices de infestación ha mejorado la calidad del agua, la reforestación de la faja hidrorreguladora y la cultura ambiental. Este último éxito, gracias, entre otras acciones, a los talleres juveniles promovidos por el parque “Terracota” y “Voces de la Naturaleza”. 

Por supuesto, cifras que reflejan esfuerzos. El GPMH ideó aparatos de tratamiento local para higienizar remanentes domésticos. De esta manera, la basura pasa por dos estanques con una vegetación interna encargada de degradar sustancias contaminadas. Las empresas aledañas Planta de Gas Manufacturado Mario Fortuny y la cervecera La Polar y La Tropical, también fuentes contaminantes, trasladaron sus instalaciones generadoras de desechos e invirtieron recursos en tecnologías más limpias. Otras, como la papelera La Cubana, que hoy es una farmacia, fueron reubicadas.

Descontaminar del todo la cuenca del Almendares es una idea difícil y que todavía está bien distante de lograrse.

Resta conciencia y trabajo de tiempo para que el Casiguaguas, nombre dado por los aborígenes, vuelva a tener sus aguas puras y cristalinas como describió el doctor Núñez Jiménez.
 
No obstante, amén de la situación económica que tiene el país y de la indolencia social, lo inmediato es concientizar que no debemos arrojar todo tipo de desechos en este ecosistema natural, que para bien de todos constituye el pulmón verde capitalino, nuestro Amazonas más cercano. 
  

06/03/2014 07:24 islalsur #. Medio Ambiente


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