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FUNAMBULISMO DE LA PALABRA

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Tema: Para María de Jesús Casals Carro, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, es viejo y falso el dilema entre literatura y periodismo: “Se confunde contenido y continente, se cae interesadamente en la trampa de seudo-pensamiento dualista, la oposición de contrarios. Existen los géneros periodísticos y resisten a pesar de los ataques de los muchos enemigos del periodismo. Enemigos ideológicos y enemigos psicológicos. Los primeros detestan los géneros porque muestran las reglas que ellos incumplen. Los segundos esconden sus frustraciones de escritores no reconocidos. No han tenido el valor de dejar el periodismo y retirarse a la cabaña de Tom Wolfe. O no han entendido el consejo atribuido a Hemingway: es el mejor oficio del mundo siempre que se deje a tiempo. Estos escritores-periodistas detestan los géneros porque son límites y arguyen: no hay géneros, solo literatura. Literatura. Palabra sacra donde la haya. El pretexto por excelencia”.

JORGE YACER NAVA QUINTERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ante el abismo de las hojas en blanco, el periodismo literario es como el funambulista que camina sobre la cuerda floja, porque asume la recreación del mundo sin más herramientas que el poder de las palabras; y desata entre teóricos, escritores y periodistas, la polémica acerca de las fronteras de los géneros y la propia legitimidad de ese modo de hacer.

Según María de Jesús Casals Carro, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, es viejo y falso el dilema entre literatura y periodismo: “Se confunde contenido y continente, se cae interesadamente en la trampa de seudo-pensamiento dualista, la oposición de contrarios. Existen los géneros periodísticos y resisten a pesar de los ataques de los muchos enemigos del periodismo. Enemigos ideológicos y enemigos psicológicos. Los primeros detestan los géneros porque muestran las reglas que ellos incumplen. Los segundos esconden sus frustraciones de escritores no reconocidos. No han tenido el valor de dejar el periodismo y retirarse a la cabaña de Tom Wolfe. O no han entendido el consejo atribuido a Hemingway: es el mejor oficio del mundo siempre que se deje a tiempo. Estos escritores-periodistas detestan los géneros porque son límites y arguyen: no hay géneros, solo literatura. Literatura. Palabra sacra donde la haya. El pretexto por excelencia”.

En cambio, Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo José Martí y Profesora Titular de la Facultad de Comunicación de La Universidad de La Habana (UH), alegó que es necesario “no solo un sistema de géneros más abierto sino una posición académica que abogue por mantener una constructiva crítica de ello, lo que además de abrir cauce de legitimidad a las transgresiones creativas, significa, de hecho, asumirlos como categorías en desarrollo constante” (2014: Web).

Añadió Rodríguez Betancourt que “la homogenización del lenguaje periodístico, el negarle registros más amplios en virtud de supuestos límites de comprensión y determinarle esquemáticamente los auditorios (…) han influido considerablemente en la debilidades conceptuales de la teoría de los géneros periodísticos, una de cuyas  expresiones más recurrentes  se concentra en el famoso dictamen de rechazo emitido por profesores y editores recalcitrantes: “Eso no es Periodismo, es Literatura” (2014: Web).

Fernando López Pan, profesor de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, aseguró que la innovación resulta convulsa, porque lo literario es un sistema muy dinámico, cuya academia acepta los fenómenos de mixtura, mientras lo periodístico, hasta fechas muy recientes, ha sido más estático, combinado géneros de funcionamiento rutinario (2010: 98).

“También se explica esa rigidez por la función social asignada al periodismo, por el perfil de los lectores a los que se dirige y por una preocupación ética básica en la profesión periodística –al menos en la tradición occidental– que se asienta sobre unos determinados presupuestos epistemológicos; entre ellos, la separación de hechos y opiniones y la búsqueda de la objetividad (…) que levantan un muro entre el relato y el comentario, entre el periodismo y la literatura”, agregó López Pan (2010: 99).

Jesús Arencibia Lorenzo, profesor de la Facultad de Comunicación de La Universidad de la Habana y periodista de Juventud Rebelde (JR), señaló que las reglas de redacción constituyen un principio de organización: “El buen periodista y el buen escritor deben irse apropiando de esas estructuras y, a partir de ello, crear un camino propio que podrá optar por lo novedosas o por otras más tradicionales” (EP, 2014).

“En el mundo, hoy la tendencia es ensanchar las fronteras, pues los géneros siempre están en evolución, según las intenciones y facultades de quienes escriben. Muy poco puede obtenerse de la rigidez, la creación necesita amplitud”, aseveró Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí y periodista de JR (EP, 2014).

Hibridez necesaria

Nacidos del mismo vientre y fecundados por la necesidad primigenia de comunicar, el periodismo y la literatura confluyen en un espacio creativo, donde las concepciones estilísticas y estéticas pueden unirse de manera armónica en tanto esa hibridez no quebrante el compromiso con la realidad, que es consustancial a la ética y la función social periodística.

Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura y también periodista, expresó que el periodismo literario “no solo refiere la peripecia histórica, la coyuntura accidental, sino aquel cuyo texto se arraiga en un medio ambiente para expresar toda una circunstancia social y quienes la han vivido” (citado por Rodríguez, enero-junio 2000).

De acuerdo con las características formales, este se concentra más en la escritura literaria que en la parca y “objetiva” narración de los hechos, que constituye el principio esencial del trabajo reporteril en el sentido moderno del término.

No obstante, como en toda relación, en esta también existen límites y elementos definitorios que deben mantenerse para no quedar en la vaguedad o la indefinición nociva. Al respecto, Alejo Carpentier, Premio Cervantes y uno de los más grandes literatos y periodistas latinoamericanos de la pasada centuria, expresó:

“El periodista, habituado a ceñirse, habituado a decir lo más posible en el menor espacio del periódico, adopta lo que yo llamaría el estilo elíptico (…) El novelista, en cambio, tiene lo que podríamos llamar “el estilo analítico”, que acepta la disquisición, la conclusión filosófica, el examen del hecho visto en su totalidad” (1989: 4).

La literatura y el periodismo son formaciones estilísticas que usan la palabra como instrumento fundamental, pero con propósitos distintos. La primera, es una formación estilística de creación estética, y la segunda, una formación de trabajo informativo. Pero ambas poseen tanta libertad que llegan a ser una conjunción para beneficio mutuo, declaró Luis Sexto (EP, 2014).

Sin embargo, Marta Rojas Rodríguez, también Premio Nacional de Periodismo José Martí y autora de una amplia obra narrativa, niega la existencia del periodismo literario: “Solo existe el buen y el mal periodismo. Si algo se escribe correctamente y con elegancia, entonces las palabras se convierten en literatura” (EP, 2014).

Rojas Rodríguez, asimismo, reconoció que el oficio reporteril contribuye a la narración, porque es autodisciplina y entrena la capacidad de observación. Propicia las oportunidades de adquirir  experiencia y el poder de concentración, sin necesitar el enclaustro de una torre de marfil. A su vez, este se nutre de ella tomando recursos estilísticos que hacen más vívida la noticia.

“Aunque contamos con valiosos referentes como José Martí y Pablo de la Torriente y en nuestros medios existe una representación de ese quehacer, su presencia debe incrementarse. Las herramientas de la literatura pueden volver menos sociologista y más cercano a las personas el enfoque de los hechos”, afirmó Ricardo Ronquillo Bello, subdirector editorial de JR (EP, 2014).

La pluralidad y rapidez de la información en la sociedad moderna hacen cada vez más necesario ahondar en las problemáticas con “periódicos bien escritos, en los que cada línea haya sido pensada, y en los que cada frase, a más de su elegancia, esté cargada de sentido. El futuro, en suma, pertenece a los periódicos hechos por periodistas escritores” (Vivaldi, 1973: 22). Sobre el fiel de la balanza, el periodismo literario permanece para sopesar la realidad y contarla como una crónica polifónica y humana.

Bibliografía:

Carpentier, Alejo: El periodista, un cronista de su tiempo. Editorial Pablo de la Torriente Brau. La Habana, 1989.

López Pan, Fernando: Periodismo literario: entre la literatura constitutiva y la condicional. Ámbitos. No. 19. 2010. pp.98-99.

Martín Vivaldi, Gonzalo: Géneros periodísticos: Reportaje, crónica, artículo. Editorial Paraninfo. Madrid. 1973.

Otero González, Lisandro, citado por Rodríguez Betancourt, Miriam: Periodismo y Literatura: polémica que no cesa. Temas. No. 20-21.Enero-junio 2000.

Rodríguez Betancourt, Miriam: Géneros periodísticos: para arropar su hibridez.
URL:pendientemigración.ucm.es/
Info/emp/Numer_10/Sum/4-09.pdf.. Consultado: 21 -4-2014

Periodistas consultados:

Marta Rojas Rodríguez, Premio Nacional de Periodismo José Martí, periodista de la redacción cultural del periódico Granma y escritora de ficción.

Ricardo Ronquillo Bello, subdirector editorial del diario Juventud Rebelde.

Profesores consultados:

Jesús Arencibia Lorenzo, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y periodista del diario Juventud Rebelde.

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí, profesor  adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y periodista del diario Juventud Rebelde.

 



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