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RESCATANDO LAS BUENAS MANERAS

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AILEEN INFANTE VIGIL-ESCALERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El qué vestir y cómo actuar de cada persona en su contexto depende de muchos factores que pasan desde la propia subjetividad hasta las reglas establecidas por su lugar de nacimiento y/o residencia.

Si bien cada país o región posee sus propios modelos de comportamiento con orígenes y características particulares, todos encuentran un denominador común en las buenas maneras que necesitan mostrar y practicar no solo los representantes diplomáticos o públicos de una sociedad sino todas las personas que conviven en ella.

Tan antiguas como las civilizaciones mismas, las normas de conducta social han existido siempre acompañando la evolución del hombre a lo largo de la historia, y marcando los patrones a seguir para lograr una convivencia armoniosa y cortés no solo de éste con su entorno sino también con sus semejantes.

El saber cómo actuar y qué conducta seguir en cada lugar, situación y momento del día, «da al individuo seguridad en sí mismo y le evita las situaciones embarazosas, e incluso, hacer el ridículo». De ahí que existan normas básicas para cada contexto teniendo en cuenta la historia, costumbres, tradiciones y religión; además del sexo, edad, gusto personal, poder adquisitivo y características físicas de los implicados (Cárdenas, E., 2012, p. 12).

Cada situación que enfrentamos en nuestro hacer cotidiano exige determinadas conductas que difieren entre sí, sin que esto sirva de excusa para comportamientos incorrectos; ya que en todas deben prevalecer nuestras buenas maneras.

¿Cómo vestirse?

«Sea tu vestido tan costoso cuanto  tus facultades lo permitan, pero no afectado. En su hechura, rico, no extravagante; porque el traje  dice por lo común quién es el sujeto» (Shakespeare, en Cárdenas, E., 2005, p. 266).

«La forma de vestir, junto con otras inherentes al aspecto personal, contribuyen fuertemente como fuente de información. (…) La ropa revela mucho sobre el individuo: sexo, raza, costumbres, profesión, posición social, gustos, preferencias… sentirse bien con la ropa oportuna para la ocasión provee al individuo de seguridad. Hay que vestirse con sencillez, buen gusto, no desentonar con el ambiente, lo que en resumen ayuda a realzar la imagen personal» (Cárdenas, E., 2005, p. 266).

A la hora de escoger nuestro vestuario debemos tener siempre presente nuestro peso, estatura, edad, modo de vida, labor que realizamos, y qué es lo mejor o más apropiado para cada ocasión de acuerdo con la hora, el lugar y la época del año en que nos encontramos. Además, influyen mucho en nuestra imagen personal el color de nuestro vestido y los accesorios que lo acompañen, por lo que debemos prestar atención a cuáles son los más indicados dentro del conjunto elegido, nuestras características corporales y el contexto.

«La buena apariencia ha de entenderse en su integralidad, sin que se interpongan vicios propios del más deformado individualismo» (Cárdenas, E., 2005, p. 266).

Aunque en la selección de los colores influye mucho el gusto particular, cada momento del día requiere el uso de tonalidades distintas: para la mañana los tonos han de ser más claros, al mediodía y la tarde intermedios, mientras que para la noche los más oscuros, volviendo nuestro vestuario más formal y elegante.

Lo mismo ocurre con los adornos y accesorios, en cuya clasificación debemos ser muy selectivas y discretas ya que, si bien contribuyen a resaltar la feminidad, su excesivo uso resta elegancia y atrae miradas no siempre aprobatorias.

¿Cómo comportarse?

«Al hombre educado se le distingue por su comportamiento refinado, ¡pues no hay mejor forma de conocer a una persona que por sus modales» (Edmund Spencer, en Cárdenas, E., 2012, p. 19).

Aunque un dicho popular dice que no se debe juzgar a un libro por su portada, no es menos cierto que la primera impresión deja mucho que desear de nosotros mismos y de nuestra educación ante la sociedad. Por encima de todo, la forma correcta de conducirse y comportarse es uno de los factores que interviene en el éxito de cualquier persona sin importar el campo donde desarrolle su actividad.

De ahí la importancia de conocer, practicar y respetar los modelos de conducta social en aras de evitar no solo el ridículo y las situaciones embarazosas, sino también de salvaguardar nuestro propio prestigio y el de las entidades y países que representemos. «Observar las normas de conducta social es una forma de respeto a sí mismo, y respetándose a sí mismo se gana el respeto de los demás» (Cárdenas, E., 2012, p. 19).

Es válido resaltar que un buen comportamiento exige modestia y sencillez en nuestro desempeño y dentro de las relaciones con el resto de las personas, del mismo modo que requiere actuar con naturalidad y tener conciencia y consideración hacia los demás y sus sentimientos.

Dentro de nuestro correcto hacer, la comunicación ocupa un lugar privilegiado, no solo como expresión de nuestras ideas sino también de nuestra cultura e instrucción. «Nada hay que revele más fácilmente la educación de una persona que su conversación». De ahí que, entre los aspectos a tener siempre muy presentes de nuestro comportamiento, la forma de comunicarnos con otras personas, ya sea verbal o no verbalmente, demande mucha atención, respeto  y cuidado (Cárdenas, E., 2012, p. 58).

Otro elemento muy importante a tener siempre presente es la puntualidad y todo lo que su correcto uso representa porque «si bien somos dueños de nuestro tiempo, no podemos disponer del de los demás», y llegar siempre tarde a una cita, ya sea de trabajo o de tipo social, es una falta de respeto y consideración hacia las demás personas (Cárdenas, E., 2012, p. 93).

¿Cómo cerrar?

Un buen método de ejercitar y exponer a diario con sinceridad y sencillez la cortesía es la sugerida por la profesora Emma Cárdenas Acuña en su libro El reino de las buenas maneras: «sonría con frecuencia, manténganse de buen humor y sereno, no olvide el saludo y las frases que expresen su respeto y consideración hacia los demás, sea una persona optimista, solidaria, desinteresada, modesta y ya verá los resultados» (Cárdenas, E., 2012, p. 20).

Ya el dúo Buena Fe lo recogía en un verso de uno de sus temas cuando decía: soy lo que ves. Porque al final, todos somos lo que expresamos a través de nuestra forma de vestir y conducirnos. Aprendamos y aprehendamos entonces las buenas maneras de comportamiento social; así seremos mejores personas y ayudaremos a construir una sociedad mejor.

Bibliografía citada:

Cárdenas Acuña, Emma: El reino de las buenas maneras, Ediciones Logos, La Habana, 2012.

Colectivo de autores: Manual de relaciones públicas. Editorial Félix Varela. La Habana. 2005.

 

 



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