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EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

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NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El domingo, al observar una revista de modas, me asombrécon las nuevas tendencias, las cuales optan por la mínima utilización de tejido. Dejaban descubiertas partes que antaño se consideraba indecente mostrar públicamente. Tal parece que los diseñadores de moda son conscientes del cambio climático que nos acecha.

Lo cierto es que en  los últimos 100 años, la temperatura media global aumentó 0,76ºC. Dicho crecimiento es suficiente para que el clima cambie de forma acelerada y profunda. A este fenómeno se le conoce como calentamiento global.

Por si fuera poco,  los especialistas prevén que las temperaturas para fin de siglo aumenten entre 1,8 y 4ºC y el nivel del mar ascienda entre 18 y 59 centímetros, tanto por la expansión del agua por el calor como por la fusión de los glaciares continentales.

Las principales consecuencias de esta situación radican en la atmósfera, donde ocurre el efecto invernadero. Este último es notorio en gases claves como el CO2, Metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), que aunque son menos de una décima de un 1 por ciento del total de gases de la atmósfera, resultan vitales porque actúan como una “frazada” alrededor de la Tierra. Sin esta capa, la temperatura mundial sería 30°C más baja.

Por otra parte, las emisiones de dióxido de carbono por quema de combustibles ascienden a 6.25 mil millones de toneladas en 1996, un nuevo récord, de acuerdo a la Panel Internacional Sobre Cambio Climático. Aunque no parezca mucho, es equivalente a volver a la última glaciación, pero en la dirección inversa, según expertos. 

El cambio climático nos afecta a todos. El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes variaciones en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor.

De igual modo, este no es solo un fenómeno ambiental, tiene profundas consecuencias económicas y sociales. Los países más pobres, peor preparados para enfrentar cambios rápidos, son los que sufren las peores consecuencias.

Los especialistas predicen la extinción de animales y plantas porque los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud advierte que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por el agua y según el Banco Mundial, las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980.

Quizás la proximidad de la Cumbre Climática de diciembre de 2015, en París, obligue a replantearnos soluciones urgentes y viables para frenar el cambio o al menos atenuarlo. Debe estar en el centro de la agenda, el incumplimiento de algunas naciones del Protocolo de Kioto, como España, y la no participación de otros como Estados Unidos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático  considera que la solución es una revolución energética que transforme el sistema hacia las energías renovables, la eficiencia energética y la inteligencia. El desarrollo de estas energías será una fuente de empleo y reducirá el costo de la electricidad.

Apuntaría la necesidad de voluntad política de algunos gobiernos y el cumplimiento estricto de los acuerdos internacionales sobre este asunto. De esto no suceder con prontitud, no solo estarán  en peligro de extinción el trabajo de los diseñadores de ropa, sino también una importante especie: el hombre.



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