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ENTRE PATITOS Y DIVINAS

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RITA MARÍA CAMBARA CASTILLO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

Hace poco menos de una década, los adolescentes del mundo, entre ellos los cubanos, deseaban ser parte del grupo mexicano Rebelde, de quienes seguían desde las letras musicales hasta la apariencia, sin embargo, hoy día el sueño de las púberes cubanas es ser divinas con grandes dotes para cantar y bailar, debido a la influencia, tres veces a la semana, de la miniserie argentina Patito feo.

Pero, ¿qué daños causa eso? Aparentemente todo sigue en la normalidad y olvidamos los largos sermones de las familias, hacia los menores de casa, sobre el consumo excesivo y sin criticidad de productos teledramatizados internacionales.

Las palabras anteriores tal vez sean recordadas en hogares donde aún existe el culto a la idiosincrasia y, pese a ello, actualmente están encontradas con la excesiva tendencia de los medios nacionales de transmitir productos audiovisuales extranjeros, que median las concepciones de nuestra sociedad e implantan cánones de vida dentro del público infanto-juvenil, sin constituir costumbres cubanas y en caso contrario, aislarlos de ellas.

A pesar de la gravedad del hecho y la llaga cultural, la historia de dicha teleserie marca de un modo muy usual a “chavalas y chavales”, como se conoce desde siempre cuando se hace popular un cantante para un espectador determinado.

Esta gran influencia recorre parques céntricos, fiestas o el esperado horario de recreo en escuelas primarias, donde las pioneras de preescolar, sin apenas saber escribir, tararean una y otra vez la seguidilla de las divinas como gasolina y brillantes como stars.

Hoy quieren ser bellas, bailar, cantar a viva voz y dominar a todos con el encanto de una diosa, pero si todo es así, ¿quién es el patito feo cuando nadie desea llevar frenos en los dientes, ni lentes y tener una apariencia física poco atractiva?

La mentalidad ha cambiado mucho, lo que me hace reflexionar y dirigir la mirada hacia los fenómenos dentro del ámbito televisivo cubano en particular. Surge, entonces, una interesante pregunta, ¿dónde están Guaso y Carburo, Cecilín y Coti, y qué me dicen de Matojo?

En la pantalla chica escasean los espacios de producción nacional, a pesar de la existencia de una cantera de nuevos realizadores con ganas de hacer y crear espacios atractivos y amenos al público joven, sin reproducir estereotipos importados, respetando nuestras tradiciones y costumbres.

Pienso, como muchos de los preocupados, en los derroteros de la conformación identitaria del cubano actual.Se ha perdido el sentido real de la autenticidad, por ello, hay que instruir a los ciudadanos desde pequeños con mirada crítica ante la excesiva injerencia cultural vivida hoy día, para no estigmatizar y aprehender lo bueno.



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