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LO REAL Y MARAVILLOSO EN EL PERIODISMO CARPENTERIANO

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DAVID RUIZ LIMILLA, HUY TRINH QUANG, ARIEL PAZOS ORTIZ, DANIELA PÉREZ MUÑOA Y AILÉN RIVERO HERNÁNDEZ,
estudiantes de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alejo Carpentier, considerado uno de los más grandes intelectuales de la lengua española del siglo XX, fue precursor de una novelística que trascendió las fronteras del imaginario de nuestras tierras. Además de ser conocido por su obra literaria, ejerció con pasión y profundidad el periodismo.

Carpentier fue el primero en definir conceptualmente lo real maravilloso y convertirlo en una guía impresionante para redescubrir los encantos del ser americano. Esta idea fue introducida en un artículo publicado en el periódico venezolano El Nacional, en 1948. Un año después, lo explicó en el prólogo de su novela El reino de este mundo:

«Lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas de riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado límite”. Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe».

Julio Pino en su artículo “Alejo Carpentier y la concepción de lo real maravilloso”, afirma que Carpentier, nutrido del surrealismo europeo, crea este nuevo estilo que visiona lo fantástico, lo irreal, como la verdadera realidad americana. Para el autor de lo Real Maravilloso, lo que en otras tierras pudiera resultar “surreal”, en nuestra región forma parte de la cotidianeidad.

Al publicar El reino de este mundo, su obra cumbre, tenía 44 años; sin embargo, no había alcanzado la mayoría de edad cuando se inició en el Periodismo. Desde sus artículos y crónicas de juventud entrega no solo el comentario circunstancial sobre un determinado acontecimiento, sino que, de manera gradual, es posible, al leer esos textos, llegar a perfilar una coherente línea de pensamiento estético.

Este oficio fue primeramente una manera de ganarse la vida. Sin embargo, fascinado por el universo de tipografías y publicaciones, logró constituir una vasta obra periodística, devenida importante fuente de conocimiento.

El periodista Leonardo Padura en su libro “Un amigo de medio siglo: Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso”, plantea que desde la década del 20, realizó un periodismo de ideas. Las suyas, se encuentran entre las mejores que circularon en la prensa periódica  de nuestro idioma; son, asimismo, bases de una estética, preámbulos y fuentes de obras narrativas trascendentes.

Desde entonces, nunca abandonó la práctica periodística y estableció estrechos vasos comunicantes con su narrativa y pensamiento musicológico.

Virgilio López Lemus en su libro “Alejo Carpentier, periodista”, explica que el valor intrínseco del periodismo carpenteriano se revela en un lenguaje comunicativo, en su apreciación crítica de la vanguardia del siglo XX y sus contextos y en el testimonio palpitante de una época de singular importancia en lo artístico y en lo histórico.

Durante la conferencia «El periodista: un cronista de su tiempo» para los trabajadores del periódico Granma, expresó que  no se podía hablar del escritor por encima del periodista ni viceversa, sino que el escritor y periodista estaban integrados en una sola personalidad. Incluso, el propio Carpentier se veía a sí mismo como una mixtura de estas dos aristas.

El periodismo fue más que un oficio para este autor de pasos certeros, pues le sirvió de materia prima para muchos de sus relatos literarios. En su novelística se puede observar un paralelismo entre la realidad noticiosa de sus trabajos periodísticos y la ficción de su reino de lo Real Maravilloso.

En El recurso del método y La consagración de la primavera, habla de experiencias personales que también se encuentran en sus artículos. Esto se evidencia durante su estancia en Venezuela donde establece un lazo muy directo entre el periodismo que aborda la naturaleza y experiencias suyas en este país, Los pasos perdidos es un ejemplo de ello.

El periodismo carpenteriano, sobre todo sus crónicas y artículos, es reflexión estética de una realidad concreta. Se basa en el testimonio vivo, fresco y preciso que le servirá al novelista para vivir de cerca el mundo que le rodea. “Yo creo que el periodismo puede significar el acercamiento y conocimiento de ambientes que pueden ser utilizados en la narrativa”, expresó el escritor en una conferencia ofrecida en el diario Granma al considerar su labor narrativa y periodística.

Por tanto, lo Real Maravilloso al ser reflejo de la realidad latinoamericana y caribeña con todos los matices que encierra tan vasta cultura, no solo es producto del quehacer literario del autor, sino que estará latente en cada línea de sus publicaciones. No es posible establecer una división de modos de contar entre la literatura y el periodismo carpenteriano.

Su peculiar y atractiva narrativa desde lo maravilloso americano, más que una categoría literaria revolucionadora, constituye un estilo que mantiene a lo largo de toda su obra, incluyendo la periodística.



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