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Isla al Sur

PERIODISTA CUBANO NACIDO EN BUENOS AIRES

PERIODISTA CUBANO NACIDO EN BUENOS AIRES

Justo ayer leí las 75 páginas del cuarto tomo, serie Grandes periodistas, que publicó la Editorial Pablo de la Torriente. No levanté un instante los ojos del papel. Eran trabajos de Jorge Timossi.

JUSTO PLANAS,
Periodista del semanario Trabajadores.
Cortesía para Isla al Sur.

Primero, no una de sus crónicas. Al principio, “Jorge habla de un tal Timossi” en un conversatorio que ofreció hace dos años en el Instituto Internacional de Periodismo. Entonces, recorremos 70 años de su vida, desde que observaba los barcos allá en su Argentina natal hasta que Prensa Latina lo envició con el periodismo.

No mira hacia atrás con melancolía. Solo algunos años de su juventud cargan con ese sabor a invierno, a mate con acento en la última sílaba, que llevan los platenses en la palabra. Luego se hace cubano. Cuenta sus aventuras por Brasil, por Francia, Asia… con nuestra vocación de conjurar grandes proezas como si fueran pasitos de bebé. Agobiado, como estuvo muchas veces por salvar la vida, hizo agujeros al tiempo y a la suerte para visitar los templos de Sri Lanka, los museos de Ámsterdam y la ciudad de Praga. Y en los agujeros se quedó para siempre, despertando el pasado, su amistad con Allende, tantos, tantos recuerdos… despertándolos con voz de joven, con ánimo de pocos años y sintaxis de pibe.

Luego de probada su estirpe de buen periodista, aparecen sus crónicas (algunas sin duda reportajes). Le ha arrancado a la experiencia palabras que cazan con precisión las imágenes en su cabeza.

“El circo más pobre del mundo” es una catedral de vidrio. Cada sílaba cohabita con la otra con violencia de astros. Y todas giran sobre una emoción rasposa, reconcentrada con fragilidad casi milagrosa. Tersa el estilo con manos hábiles y cuando el equilibrio está a punto de estallar en mil gotas de sangre, una coma separa el último complemento verbal, el último símil suspira pasmoso.

Una catedral que juega con el aire, sí. Los comienzos soplan con calma el barquito de papel, el relato. Y una tormenta cruda va creciendo. Parece que a su paso derramará la catedral de vidrio. Pero se cuela por sus poros en un rintintín que huele a llantos. La sacude. Casi la somete. Y luego se va como el aire, que es invisible a los ojos, pero presente.

Timossi aspira por las comas, expira por los puntos. A uno se le olvida como a él, las funciones vegetativas. Olvidamos el aire, los pulmones, nada existe cuando llega el clímax, la cima más alta de la montaña rusa, y todo consiste en precipitarseeeeeeeeeeee: “El niño apareció de pronto en el aire”, iluminado por los focos, criatura imantada por una extraña fuerza superior, dio una vuelta vertiginosa sobre sí mismo y luego otra, lenta, alada, como si el vacío fuera su medio natural, un giro interminable, que lo alejaba para siempre de la tierra, para después ir pasándose, poco a poco, rompiendo todas los pactos con la gravedad, como un ángel que se distancia dignamente de la muerte y decide reposar en una nube demasiado inesperada para ese cielo, en la silla desvencijada y zozobrante”.

Otras “crónicas” son ajustes de cuenta consigo mismo. Un periodista que tiene su profesión por piel, “como un vicio insuperable”, no puede evitar la angustia de leer trabajos pasados. El estilo, el hecho impreciso, todo duele. También enorgullecen aquellas piecesitas que no envejecen con los años, como una entrevista que le hizo a Gabriel García Márquez a propósito de su premio Nobel de Literatura. A veces consiste en un enfoque diferente, un dato nimio, una palabra incluso. Los lectores comunes las pasan por alto. Pero el periodista no. Sabe que muchas veces hay que recorre galaxias completas para que luego suene a que la idea estaba frente a la puerta.

Casi se disculpa por aquella “crónica” que apareció en la primera plana de unos cincuenta periódicos del mundo. Su versión sobre el golpe de estado a Salvador Allende, su amigo. Estuvo allí el martes 11 de septiembre de 1973. Tenía miedo, tenía la muerte escrita por toda la piel y no olvidó el rol que le exigía aquella situación. Investigó más allá de lo prudente y trajo la noticia a Cuba, lo más fiel que se podía. Algunas verdades de su trabajo se convirtieron en preguntas, algunas preguntas encontraron respuesta. Pero la hazaña continúa indeleble.

Cuando un hombre paga tan alto precio por una carrera que le pertenece por derecho natural, cuando se tienen las manos hechas para escribir alas, y el coraje para tocar nubes, entonces es más que un buen hombre, es un hombre de todos los tiempos. Cuba ha ganado a Timossi, y el Periodismo, un cubano.

ESPERANZA DE PUEBLO

ESPERANZA DE PUEBLO

YOHANA LEZCANO LAVANDRA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Una casa sin agua es como un carro sin gasolina”, sintetizó una pobladora de San Diego de los Baños ante una interrogante que buscaba conocer la situación de tan preciado líquido en ese territorio. Y es que en dicho consejo popular del municipio Los Palacios, hasta hace solo unos pocos días, el agua estaba mucho más escasa que la gasolina.

“Teníamos una situación muy crítica, existían lugares del pueblo en los que nunca había agua. A veces solo llegaba a zonas bajas y con muy poca cantidad”, señala Olga Campos, maestra de la escuela primaria Ciro Redondo.

Belkis Valdés, enfermera del Balneario de San Diego, agrega: “Yo trabajo durante ocho horas y cuando llegaba a mi casa muy agotada, tenía que cargar agua del pozo de mi vecina para poder hacer la comida”.

Este escenario cambió para los sandiegueros gracias a la puesta en marcha de un nuevo acueducto que se inauguró recientemente. “Podemos decir que el agua ya no es un problema en esta localidad”, expresa Ramiro Barroso, presidente del consejo popular, quien añade que el servicio comenzó a suministrarse el pasado 14 de febrero (2010) como un regalo a los pobladores en el día de San Valentín.
 
Un sueño que ya es realidad

La nueva conductora parte de un manantial al que se le construyó un muro de contención para regular el flujo constante de agua, luego las tuberías cruzan por debajo del río San Diego y se incorporan definitivamente a uno de sus márgenes, sostenidas por 350 bloques de apoyo.

El agua llega por gravedad a una cisterna para ser clorada. Una vez allí, pasa por presión hacia un tanque elevado que la distribuye por las antiguas redes hidráulicas del pueblo.  

El acueducto recorre en total más de tres kilómetros de un terreno muy irregular y atraviesa cuatro arroyos mediante pases aéreos de casi 14 metros cada uno.

Según el ingeniero en Riego y Drenaje, Luis Alberto Ramírez, jefe de obra, “las redes internas del pueblo, por donde transita el agua para llegar a los hogares, cuentan ya con varios años de sobreexplotación, por lo que pueden estar dañadas. Al no existir una circulación permanente durante tantos años, la tubería se corroe desprendiendo una escoria interior que va a parar a los lugares más bajos. Con el comienzo del flujo de agua, ese sedimento pudiera interponerse y provocar la aparición de averías en las redes”.

Es por ello, señala el jefe de obra, que actualmente el suministro de agua se realiza por sectores y en horarios determinados, pues todavía el sistema se encuentra en un período de pruebas eléctricas, hidráulicas y de cloración. Pero se espera que cuando se estabilice el servicio y se controlen las roturas que puedan ocurrir, el agua se suministre a la población de forma regular.

“El manantial en su momento más crítico -continúa el ingeniero-, entrega 10 litros por segundo, y en la época de lluvia proporciona alrededor de 40, así que se espera no existan inconvenientes con la disponibilidad constante de agua en San Diego”.

“Por la situación actual que presenta la red, se prevé la distribución al casco urbano. Mas, en un futuro, existe la posibilidad de extender el servicio al resto de la periferia”, añade la propia fuente.

Pero los frutos son mayores que las imperfecciones. El acueducto no solo beneficia a los habitantes de San Diego, sino que también soluciona la insuficiencia de agua en centros de gran importancia como el hotel Mirador.

Juan Miranda Pita, gerente de esa instalación turística, explica: “Nosotros necesitábamos cinco pipas de agua diarias que se convertían en aproximadamente 155 pipas al mes. Se nos hacía muy difícil contar con esa garantía, lo que conllevaba a un nivel de consecuencia en el estándar de servicio del hotel.

En el suministro de agua mediante pipas, realizado por la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) José Manuel Lazo, se empleaban a tiempo completo dos tractores, lo que traía como consecuencia directa un alto consumo de combustible y de tiempo que se podía destinar a la preparación de tierras. Por consiguiente, la puesta en marcha del nuevo sistema hidráulico, permite además la eliminación de esos gastos económicos.

Constancia y voluntad

Varios trabajadores de la localidad brindaron su apoyo en la realización de la obra. Entre ellos se destacan los de la Empresa de Comercio y Servicios de San Diego, los de la Escogida, los de Comunales y los del Mirador, por solo citar algunos.

Nilo Cruz, secretario de la sección sindical del hotel de Islazul, destaca la labor realizada por los hombres y mujeres de su centro de trabajo y también de los restantes organismos: “La conductora ha costado un gran sacrificio, el cual ya es retribuido por lo mucho que significa para la calidad de vida de nuestro pueblo y de todas las entidades estatales radicadas en el mismo”.

Pero, sin dudas, el mayor reconocimiento debe ser para los trabajadores de la CPA, quienes lograron que el tiempo de ejecución de la obra se redujera a solo ocho meses de los 18 planificados.

“Todo no es tan fácil como se pudiera pensar. Ha sido un trabajo manual muy fuerte porque al principio no existía ni siquiera el terraplén que ahora se encuentra. Tuvimos que bajar todos los materiales a base de cubetas hasta la orilla del río para hacer los pedestales que sirven de base a la conductora. Además, nosotros trabajamos día a día durante todos estos meses, incluidos los fines de semana, desde que amanecía hasta que prácticamente caía la noche”, cuenta el cooperativista Claudio Amador.

Y agrega: “Lo más difícil y riesgoso fue la colocación de los cuatro puentes que cruzan los arroyos, los cuales fueron construidos por encima de bases de palo, con tracción animal, sin utilizar ningún tipo de maquinaria. También fue muy complicada la desviación del río para hacerle la zanja subterránea por donde pasa la tubería”.

“Todos mis compañeros, asegura el trabajador de la CPA, han sido muy laboriosos y han tenido el coraje de trabajar sin descanso sobre el diente de perro, cargando esos tubos hechos de una fibra tan gorda y pesada. Realmente, este acueducto se ha construido a golpe de constancia y voluntad”.

El delegado provincial de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez, reconoce que la obra, valorada en 650 mil pesos en moneda nacional y más de 170 mil en moneda libremente convertible, está calificada como una de las de mayor calidad en la provincia, gracias al esfuerzo realizado por los pobladores.

Aunque aún existen quienes dudan un poco, en las calles de San Diego no se comenta otra cosa: el acueducto se ha convertido en una esperanza de pueblo.

“Estamos muy satisfechos con la nueva conductora, pues es un logro muy grande que nos llena de confianza. Si bien sabemos que el servicio todavía no está llegando de forma permanente, nos sentimos muy alegres porque al menos la gran mayoría de nuestra localidad vuelve a tener agua, expresa Michel Pacheco, trabajador del policlínico Isabel Rubio.

“Claro que el acueducto es como una bendición para el pueblo, opina Yudelkis Tabares, carpetera del hotel Mirador. Contar con el beneficio de ese imprescindible líquido es una ilusión que se ha convertido en realidad después de tanto tiempo”.

Para Ferdinando Lardillett, jubilado, la obra constituye el reto más importante que se ha podido alcanzar en esa comunidad, y la que más agradece el pueblo: “Es algo que potencia nuestros deseos de vivir y de soñar, que está muy dentro del corazón de todos los sandiegueros”.


 

LA ALEGRÍA Y EL BUEN HUMOR

LA ALEGRÍA Y EL BUEN HUMOR

“La alegría del alma forma

los bellos días de la vida”,

Sócrates (s. VI a. C.)

La alegría es definida como un ’grato y vivo movimiento del ánimo motivado por algo halagüeño, y a veces sin causa determinada, que se manifiesta generalmente con signos exteriores’.

Algunas autoridades, como Havelock Ellis, han llegado a considerar a la risa como "un ejercicio religioso, puesto que conduce a una expansión del alma".

Además de ’formar los bellos días de la vida’, como dijera Sócrates, la alegría, o el buen humor, son importantes porque no hay aspecto de nuestro diario vivir que les sea ajeno.

Repasemos algunos:

1) LA RISA ES SALUD.

Aristóteles describía a la risa como "un ejercicio corporal valioso para la salud".

La medicina psicosomática se ha cansado de probar que nuestro estómago, hígado, corazón y todos los órganos funcionan mejor cuando nos sentimos felices.

La risa o alegría aumenta nuestra resistencia física y actúa como un inhibidor natural del dolor.

Hace millares de años el rey Salomón decía en sus PROVERBIOS: "Un corazón alegre nos hace tanto bien como una medicina, mientras un espíritu quebrantado nos seca hasta los huesos".

2) LA RISA ES UN MEDIO RÁPIDO, FÁCIL Y GRATUITO DE RELAJACIÓN.

La risa interrumpe la actividad mental: divierte, o más bien relaja la atención, impidiendo así a la mente entretenerse en cuestiones perniciosas. La risa también levanta un espíritu cansado.

3) ’EL BUEN HUMOR ES UNA DE LAS MEJORES PRENDAS DE VESTIR CON QUE PODEMOS PRESENTARNOS EN SOCIEDAD’.

W. M. THACKERAI, acerca del humor en el trabajo: "Reír es también bueno para los negocios. Puede reducir las tensiones, da vida a las presentaciones y estimula la creatividad. En un ambiente de negocios, cuando a las personas se les permite reír, aunque sea quince segundos, obtienen más oxígeno para el cerebro, lo que les hace pensar más claramente". También agrega que el humor borra o atenúa las jerarquías, produciendo menos acartonamiento.

En nuestro trabajo diario, la risa es una vacación instantánea y gratuita.

b) En una negociación: LA RISA ES LA DISTANCIA MÁS CORTA ENTRE DOS HOMBRES.

4) LA RISA Y EL BUEN HUMOR REJUVENECEN. LA SONRISA HACE QUE EL ROSTRO SE VEA MÁS BELLO.

CÓMO FOMENTAR LA RISA Y EL BUEN HUMOR:

--Por supuesto, frecuente espectáculos humorísticos, vea películas cómicas, trate de tener en mente siempre algunos chistes.

--Para que su buen humor caiga realmente bien, no hay nada mejor que reírse de sí mismo.

--Busque el lado gracioso, no de situaciones trágicas, pero sí de los problemas, imprevistos, situaciones embarazosas, etc.

--Fomente todo el buen humor que pueda conseguir de otros, y estimúlelo con el suyo propio.

 

LAM PINTÓ TRES SILLAS

LAM PINTÓ TRES SILLAS

Es poco conocido que La silla, de 1943, tenga dos antecesoras.

JAVIER MACÍAS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Contrario a lo que todos piensan, La silla, de 1943, obra que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes, es en realidad la tercera que realizó Wilfredo Lam en distintos momentos de su trayectoria.

La primera es una pintura aguada sobre papel que se caracteriza por tener una composición muy simple, donde sobresalen la concisión, elegancia del dibujo y la parquedad de color, y corresponde a la etapa de su estancia en París, según Elena Pérez Gil, curadora del Museo Nacional de Bellas Artes.

Ya instalado en La Habana, en 1942, realiza la segunda, que es un óleo sobre papel cartucho donde muestra su adaptabilidad a la realidad cubana, encontrándose en un proceso de experimentación con el color y la luz. Asegura la especialista que en la obra están presentes las riquezas del verde y el ocre, se asoman hojas de una vegetación que se insinúa tímidamente y se percibe una vibración de misterio que distinguirá la producción caribeña del creador.

El artista, nacido en Sagua la Grande, Villa Clara, realiza la tercera y última pintura con este tema en 1943, en la casa de Panorama 42 (actualmente 41, número 10808), Marianao, y la nombra La silla, “obra rica en empastes y texturas, en la que ofrece una nueva visión de la realidad donde coexisten cotidianidad y trascendencia”, explica la curadora.

Lam, además, es el autor de Maternidad, Tercer Mundo y La mañana verde.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Cómo.
Tipo de cuerpo: Lead+ Pirámide invertida+ Dato adicional.  
Tipo de fuente: Directa y documental.
Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros dos valores noticias: Prominencia del protagonista. Proximidad.
Tipo de noticia: Simple.

 

UNA VOZ DE LA CIUDAD DE ABAJO

UNA VOZ DE LA CIUDAD DE ABAJO

María Antonia Ruiz Guzmán, historiadora y misionera de La Milagrosa del Cementerio Colón, comparte su amor y sus creencias

FÉLIX SALGADO LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Foto: LAURA PRADA ARIAS
  
La primera vez que nos vimos no me esperaba, pero hoy, sí. “Está en el cuarto”, dice su mamá, mientras me invita a pasar. Sentada en el sillón a un lado de la cama, la custodia Pequi, su fiel guardián, que ante la presencia de un extraño se transforma en una fiera limitada solo por su tamaño. La habitación, como el apartamento, es pequeña, acogedora. En las paredes hay cuadros con la imagen de Amelia Goyri de la Hoz, La Milagrosa del Cementerio Cristóbal Colón.   

“¡Buenas tardes!”. Saluda sonriendo. Su voz es tierna, dulce. En su mirada hay candidez. Ella es María Antonia Ruiz Guzmán, historiadora y misionera de La Milagrosa, quien a sus 67 años de edad comparte con nosotros el amor y su  creencia hacia Amelia.

“No sabes cuánta satisfacción se siente cuando se enseña a amar  y a creer sin comercializar con la fe”.

La sencillez de su trato impresiona cuando la conoce por primera vez. Le pregunto quién es María Antonia. Responde: “Para mí lo más importante es Amelia. Siempre he tratado de que prevalezca su nombre y no el de María Antonia”.

Desde pequeña sintió atracción por el cementerio y  pedía a su tía que la llevara. Más tarde, encontró paz en este sitio: “Vivo en esta casa, próxima a la Necrópolis, desde 1959. En aquel entonces cursaba la carrera de Bibliotecología y aquí había poco espacio. Incluso, dormía en el sofá que está en la sala. Por eso iba a estudiar al cementerio, en la capilla de la tumba de Yanet Raider, la cual frecuenté por mucho tiempo. Con el paso de los años me fui enamorando de aquel lugar. La ciudad de arriba no me gusta mucho, a mí me gusta la ciudad de abajo. Yo soy de la ciudad de abajo, de la ciudad del silencio”.

Confesiones

“En un momento de mi vida sentí que nadie me quería. Nadie me buscaba. Estaba sumida a una gran depresión, pero tenía la esperanza de someterme a un tratamiento médico. Estuve tres meses ingresada en un hospital psiquiátrico y me fugué porque no quería estar allí. Soy bastante rebelde. Ansiaba ser la María Antonia activa de antes.

“Sin embargo, nunca me di por vencida. Al salir del hospital comencé a caminar por la Necrópolis, me hice amiga de los trabajadores del lugar, conversaba, escuchaba anécdotas y me acercaba con miedo  a lo que más adoro ahora. No le temía a la imagen de Amelia que hoy  está en este cuarto, pero sí a lo que hacían en su tumba: los rituales, la brujería y a la delincuencia, sobre todo a eso.

“Llegó el momento en que veía a la gente rogarle a la imagen y eso me atrajo a ella. Entonces fui allí; pero, ¿cómo le pedía? Yo no pertenecía a ninguna religión. Sin embargo, me acerqué desde la calle que pasa frente a su sepulcro y le dije: «Si la vida me cambiara, si por lo menos lograra sentirme distinta, le prometo que investigo su vida, le cambio este lugar y no permitiré que nadie más comercialice con su imagen». Ahora me pregunto: «¿Quién era yo?».

“Pero, ¡era tanta la obsesión que tenía con aquel lugar que la gente me tildaba de loca! Tenía muchos enemigos. Me escupieron, me tiraron piedras, nadie me apoyó. Solo Dios o Amelia. ¡No sé quién me dio fuerzas para cambiar mi vida, investigar la historia de Amelia y transformar aquel sitio!

“Pasó el  tiempo. Iba y observaba a los creyentes. Eso me motivó para cumplir mi promesa, la cual se convirtió en una misión. En ese entonces ya no me sentía deprimida, estaba diferente”.

-Antes de que su vida cambiara,

¿creía María Antonia en Dios?

Recuerdo que desde pequeña en mi casa siempre hubo una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre y otra del Sagrado Corazón de Jesús. En aquella época eran discriminados los creyentes y yo era investigadora de la Comisión Nacional de Historia. Mucha gente me visitaba y guardé ambas imágenes en este cuarto. Pero sí, creía en Dios sin ser fanática. Yo creo en la fe de cada persona, porque… ¿Quién ha visto a Dios? ¿Quién lo ha sentido? Él está en todas partes: aquí entre nosotros, dentro de ti.

-¿Y en los milagros?   

Sí. Aunque al principio pensé que eran casualidades. Ahora recuerdo a Reinier, un niño cienfueguero de tres años, enfermo de leucemia. Yo estaba en el cementerio, sentada frente a Amelia, cuando su mamá vino llorando, arrastrándose, suplicando…Me conmovió mucho.  La abracé y le dije: «Mamá, no pierda la fe, no pierda la esperanza y hable con Amelia».

Pasó el tiempo, no recuerdo cuánto. Un día vi venir a una mujer que me parecía conocida. Venía con una plaquita para Amelia y un ramo de flores. Llegó llorando y gritando a toda voz: “¡Gracias! ¡Gracias Milagrosa! ¡Se salvó mi hijo!”. Aquello me emocionó. Después me abrazó  y  dijo: “Soy la mamá de Reinier”.

Entonces, creo en Dios, creo en los milagros, pero siempre acompañados de la medicina.

-Su promesa se convirtió en una

misión. ¿Por qué es María

Antonia una misionera?

No me considero misionera. La gente del pueblo que acudía a Amelia comenzó a llamarme así. Incluso Eusebio Leal, Historiador de Ciudad de La Habana, me reconoce como tal. Inicialmente yo llevaba a la iglesia del cementerio los obsequios que las personas le ofrecían y allí eran entregados a los más necesitados. También atendía su tumba e investigaba sobre su vida.

Razones de fe

“La fe es la razón para vivir. Con ella viene la esperanza, pero hay que creer en uno mismo. Si tiene de verdad una fe limpia y pura, debe confiar solamente en aquellos que llevan la palabra de Dios sin pedir a cambio nada más que un beso de amor.

“Yo tengo fe en Amelia, La Milagrosa. Pienso que  fue escogida por Dios como su intercesora desde que estaba en el vientre de su madre. Ella tenía el don divino de hacer caridad. Cuando era una niña se robaba el pan de la cocina de su casa para dárselo, a través de la reja del jardín, a los pobres que pasaban por allí. Además, ¡cuántos milagros realizados!”

-Según su criterio, ¿deben

creer las personas en Dios?

¡Hay tantos dioses y hay uno solo! Todas las personas para mí, deben tener fe.

-Un amor de leyenda, así se titula

el folleto sobre la vida de Amelia

escrito por usted. ¿Qué es el

amor para María Antonia?

El amor es Dios, es fe. Hay que ponerle una gotica de él a todo lo que se hace.

-“Las madres son amor, no razón;

son sensibilidad exquisita y dolor

inconsolable”, y cito a José

Martí. Usted, ¿qué piensa?  

Mi madre ha sido todo para mí: madre y  padre. Desde pequeña me sobreprotegió mucho a causa de los problemas de salud que tuve. Siempre ha estado conmigo.

Expresó José Martí: “Un hijo es el mejor premio que un hombre puede recibir sobre la tierra”. María Antonia nunca fue recompensada; sin embargo, piensa que “un hijo es lo más sagrado, lo más divino que pueden tener un hombre y una mujer, principalmente una mujer. ¡Solo una madre sabe lo que eso representa!”

-Usted concede mucha

importancia a tres días del año…

El 29 de enero es el natalicio de Amelia. Ese día voy al cementerio para hacerle una actividad cultural y ofrecer un conversatorio sobre su vida.     

También visito la Necrópolis el 3 de mayo, día de la desaparición física de Amelia, momento en que Dios la tomó en sus brazos y elevó su espíritu al cielo para hacerla milagrosa. Su fallecimiento coincidió con el día de la Santa Cruz, por eso en la escultura ella está abrazada a la cruz.

El Día de las Madres asisto nuevamente al cementerio, pues Amelia con su niño en brazos simboliza la maternidad. En compañía de otras creyentes ponemos flores en su tumba y también al panteón de los Marqueses de Balboa, donde le correspondía ser enterrada por el rango familiar que tenía. Allí descansan los restos de su madre, Magdalena.

-La canonización es la acción de

declarar santa a una persona venerable

o de especial virtud, ¿por qué no

ha sido canonizada La Milagrosa?

El día que deje de ser santa popular y pase a una institución religiosa, se perderá la tradición. A Amelia la ha canonizado un pueblo y todos los que acuden a ella.

Ficha técnica:

Objetivo central: Develar la relación de amor y fe entre María Antonia Ruiz Guzmán y La Milagrosa del Cementerio Cristóbal Colón.

Objetivos colaterales: Demostrar cómo la fe de las personas puede hacer cambiar sus vidas.  Identificar al lector con la vida de María Antonia. Motivar la reflexión del lector entorno al respeto de las creencias religiosas.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: individual.
Por su forma: mixta.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: directa.

Tipo de título: llamativo.
Tipo de entrada: narrativa.
Tipo de cuerpo: mixto.
Tipo de las preguntas: 1. Cerrada. 2. Cerrada. 3. Abierta. 4. Cerrada. 5.   Abierta. 6. Abierta. 7. Abierta. 8. Abierta.
Tipo de conclusión: comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:
Documentales:
Ruiz Guzmán, María Antonia. Un amor de leyenda. Oficina del historiador, La Habana, Cuba. 2007.

No documentales:
Teresa Labarca, historiadora de la Necrópolis Cristóbal Colón.

 

MAGIA Y PENTAGRAMAS

MAGIA Y PENTAGRAMAS

Esta semana en el Museo Nacional de la Música comenzó el rescate de partituras antiguas.

DAMARYS MACHADO VEGA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Partituras del siglo XVIII renacen en el Museo Nacional de la Música, pues especialistas en restauración documental, comenzaron a reparar esta semana 20 pentagramas pertenecientes a Esteban Salas, primer músico clásico cubano.

Obras como Un musiquito nuevo, La navidad, Los pastores, Admirable Sacramento y Villancico de Kalenda, reconocidas internacionalmente, escritas en 1790, estaban deterioradas por el polvo, las polillas y los efectos climáticos, pero con el plan de reparación y a cargo de los profesionales que lo protagonizan, serán restablecidas.

La restauración de documentos es un proceso complejo, el primer paso es fotografiar las partituras, luego los especialistas efectúan un dictamen técnico, según el tipo de tinta y papel realizan lavados o laminaciones con hidróxido de calcio, tetraborato de sodio, metilcelulosa, entre otros químicos, así esos documentos vuelven a ser legibles y ganan calidad.

El proceso no lo iniciamos con anterioridad debido a la escasez de recursos, pero gracias a la Oficina del Historiador de la Ciudad, la cual proporcionó todos los productos, logramos ponerlo en marcha para llevar a exposición los documentos reparados, con la garantía de que son inmortales, expresó la museóloga Farol Fernández.

Estas melodías de Salas jamás las ha interpretado otro artista, por ello, al concluir las restauraciones, el museo distribuirá las copias por los conservatorios y escuelas de música del país y las originales se exhibirán temporalmente en otros museos vinculados a este arte.

Próximamente, y como parte del plan de rescate del museo, se reparará el primer diploma otorgado a Ester Borjas en la Escuela Nacional de Música.

Ficha técnica:

Tipo de Título: Genérico.
Tipo de Lead: Sumario de Qué.
Tipo de Cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato adicional.
Tipo de fuente: No documental y directa.
Primer valor noticia: Repercusión.
Otros: Novedad. Actualidad.
Tipo d noticia: Ligera, en desarrollo.

 

YANDRO QUINTANA: PEQUEÑO GIGANTE

YANDRO QUINTANA: PEQUEÑO GIGANTE

La lesión en un hombro no impide que a los 28 años de edad, un deportista consagrado a su carrera, siga adelante.

Texto y foto:
YURAICI PÉREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Quienes lo conocen aseguran que por muchas veces que nazca, siempre será deportista. Sube las escaleras de la casa perteneciente a sus tíos y ubicada en la calle Neptuno. Es muy bajito y camina dando pasos gigantes. No parecen molestarle el ruido de los autos pasando ni el pregonar de los vendedores.

Ahora, como si estuviera en el colchón de pelea en lucha libre, Yandro Quintana dice: “Bueno, ¿qué hay que hacer?”. Así se presenta este hombre de pueblo que no se mide por el peso de las medallas en su pecho, sino por la grandeza del corazón.

“No soy de Camagüey, nací en Ciego de Ávila, en Chambas, allí me criaron mis abuelos hasta los cuatro años, cuando fui a vivir con mi mamá, en Florida.

“Mi vocación por la lucha comenzó a los siete años por un vecino de mi tía. En ese tiempo yo vivía con ella, pues mi mamá estaba enferma y se encontraba aquí en La Habana; todos los días él  me enseñaba las técnicas que  aprendía en el deporte y empecé a interesarme por este mundo. Mis primeros entrenamientos fueron en el barrio, hasta que decidí ir por iniciativa propia al gimnasio.

“Ese día recuerdo que me fugué, ¡muchacha, el error de mi vida fue ese! Eran las seis de la tarde, anochecía y yo no regresaba. Todos se preocuparon mucho, me buscaron por todas partes y hasta llamaron a la policía.

“Mis comienzos dentro de la lucha libre fueron oficialmente en septiembre de 1988 con el entrenador Heriberto Platt. Por mis resultados en los Juegos Escolares, en los que obtuve oro tres veces consecutivas, ingresé a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), en Camagüey. Allí permanecí cuatro años y mi preparación estuvo a cargo de Jorge Luis Tejera, de él aprendí mucho más que deporte.

“De la EIDE pasé a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) Giraldo Córdova Cardín, aquí en la capital, e integré el Equipo Nacional Juvenil. Al año siguiente,1996, fui participante de algunos torneos internacionales como la Copa de Venezuela en la que obtuve oro y en el Campeonato Mundial en mi categoría donde, junto al ruso Alexandre Careli, fui el competidor más joven en ganar este tipo de eventos.

“En 1997 pasé a formar parte del Equipo Nacional de Mayores, pero seguía participando en las competencias juveniles”.

En las Olimpiadas de Atenas en el 2004, Yandro dio a la lucha libre cubana la medalla que no obtenía desde Barcelona´92. Además, fue seleccionado el luchador más técnico del encuentro olímpico, pues de sus cinco presentaciones solo le pudieron marcar un punto en contra.

“Nunca olvidaré esos últimos segundos de la pelea por el oro. Siempre estuve muy seguro y sabía que solo era cuestión de esperar el momento oportuno para atacar”.

El 2007 fue un año difícil. Tuvo problemas con su división -60 kilogramos- en el Mundial de Lucha Libre en Bakú, Azerbaiyán. Se tomó la determinación de que debía participar por su potencial y gran experiencia, pero las dificultades con el peso corporal fueron una gran barrera. En estos momentos pensó aumentar de condición para competir en una categoría superior.

“Como decimos en buen cubano: los años no pasan por gusto. Desde 1997 estoy en los 60. El tiempo es un enemigo fatal y al pasar los años el cuerpo pesa más. Llega un momento en que se hace difícil mantener una división fija. El propio organismo te obliga a subir la parada”.

-¿Por qué no pudo retener

el título olímpico en Beijing?

A los Juegos Olímpicos en Beijing también fui con mucha seguridad, pero una lesión que tengo hace algún tiempo en mi hombro izquierdo me ocasionó serias dificultades para competir.

Yandro no solo es campeón juvenil y olímpico, su trayectoria incluye otros importantísimos resultados: fue subcampeón mundial de mayores en los años 2003 y 2005. Campeón Panamericano en Santo Domingo y Río de Janeiro. Ganó las copas mundiales del 2005 y el 2006. Se llevó el oro en los Juegos Centroamericanos de Cartagena de Indias y también ganó el Campeonato Panamericano del Deporte desde 1997 hasta el 2006.

“En cierta medida me siento satisfecho con lo que he alcanzado. Es el resultado de un gran esfuerzo, tanto mío como de las personas que contribuyeron a mi formación, pero pienso que pude haber dado más. Siempre me propongo metas difíciles para obtener grandes logros”.

Una de sus cualidades es el ser consagrado a la carrera, muy estricto con los horarios de entrenamiento y aún después de tantos años en un deporte que demanda mucho sacrificio, asiste cada día al Cerro Pelado para perfeccionar sus técnicas en el gimnasio.

“Mis entrenamientos son fuertes, llevan mucho rigor y hay que ser puntual, no es una simple actividad física. Hay que esforzarse al máximo y cada día ascender con respecto a la jornada  anterior. Esa es la máxima satisfacción que se puede tener”.

También este atleta se caracteriza por la disciplina y el respeto hacia los profesores. Siempre ha agradecido el apoyo de cada uno a lo largo de su carrera: “La comunicación con los entrenadores es muy importante. No puedes ser un gran deportista si no tienes esa relación de fraternidad, de hermandad, y de confianza con tu preparador físico. Ellos muchas veces juegan el rol de padre, de hermano y sufren lo mismo que uno ante los fracasos. Es esencial saber escuchar y aceptar sus críticas”.

-¿Tiene algún paradigma que

lo inspire deportivamente?

En la lucha libre, Filiberto Ascuy es mi ídolo, lo considero un vivo ejemplo de deportista integral, además, viene de Camagüey, igual que yo.

Su vida está marcada por una persona que no puede dejar de mencionar si de su carrera se trata. Él admira mucho a un hombre que le enseñó mucho más que deporte.

“Manuel Rubio Ramírez nunca fue mi entrenador; sin embargo, influyó más en mí que cualquier otra persona. A Manolo lo quiero como a un padre. Recuerdo que antes de los Juegos Olímpicos de Atenas hubo un período en mi vida deportiva que yo quería dejar la lucha libre, no me llevaban a competencias importantes y eso me desmotivó. Él había seguido mis resultados desde la base y fue un gran apoyo. Me dio fuerzas para continuar”.

Desde que Yandro ingresó a la ESPA nacional Giraldo Córdova Cardín en julio de 1995, ha estado lejos de su madre. De vez en cuando “Pipito”, como cariñosamente ella le llama, se llega por su casa  en Camagüey y pasan largas horas de conversación sobre los últimos acontecimientos del barrio.

“Sin mi mamá nada de lo que soy se hubiera cumplido. Ella se preocupa mucho por mis problemas y a pesar de la distancia nos mantenemos unidos con el corazón. Tenerla lejos es el mayor sacrificio que me ha tocado vivir. No hay medalla ni oro olímpico  comparado con Gisela Ribalta, ¡esa sí que sabe luchar!”.

El deporte no es la única pasión de este atleta, los buenos momentos con las personas queridas desempeñan un papel muy importante en su vida: “Disfruto mucho ir a las discotecas con mis amigos. Allí me siento uno más, no hay distinción ni rivalidad. La vida es más fácil cuando estás fuera de la presión de ganar o perder y tan solo quieres divertirte”.

Los valores humanos y el estudio son imprescindibles para él: “Considero que un atleta, más allá de estar en buenas condiciones físicas y dominar la técnica deportiva, debe poseer valores como el compañerismo, la educación, la valentía, y sobre todo, la sinceridad.

“También es muy importante llevar nuestra formación académica a la par del ejercicio. Además de ser buenos deportivamente, los estudios nos hacen atletas preparados para defendernos dentro y fuera del escenario de competencia”.

-¿Qué opina de los deportistas

que desertan de Cuba para 

desarrollarse en el extranjero?

Ese tipo de gente no posee principios. Se van también porque viven y mueren engañados; creen que todo en el exterior es perfecto y cuando entran a ese mundo muchos se arrepienten. Esta Revolución siempre nos ha dado todo y premia nuestros esfuerzos de acuerdo con sus posibilidades.

-¿Tiene algún plan?

Ahora me recupero de la lesión en el hombro. Lo otro es seguir echando pa´lante.

Este 30 de noviembre (2008) Yandro Miguel Quintana Ribalta cumplió 28 años. Quiso ir a Camagüey a celebrar su cumpleaños porque siente que le debe mucho a la tierra que lo vio crecer. La vida nunca se detiene para él y aún espera mucho más de ella. ¿Quién iba a decir que un muchacho tan pequeño iba conquistar sueños tan grandes? Pipito es un libro abierto de hazañas.

Desde una medalla olímpica colgada en el cuello hasta un dominó con sus amigos de siempre, sigue siendo el mismo que supo venir de abajo contra todo, demostrando que tenía mucho por dar. Por eso, cuando se habla de Pipito hay que decir mucho más que deporte.

Su vida parece un reto, como si respirar fuera una eterna pelea. No admite que se hable de miedo en su presencia, porque la seguridad lo ha llevado a grandes logros. Para el niño de barrio convertido en el gran atleta de hoy no hay premio que se compare con la admiración de su país, lo deja bien claro cuando dice: “Yo quiero que el pueblo de Cuba recuerde que fui un buen luchador.”

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Destacar la trayectoria deportiva de Yandro Quintana.

Objetivos colaterales: Conocer sobre sus primeros pasos en el deporte; los principales resultados en la lucha libre. Hablar sobre la relación con entrenadores y personas importantes en su vida. Gustos y preferencias. Saber su opinión sobre determinados temas polémicos.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo, cara a cara.

Tipo de título: Con el nombre del entrevistado.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Mixta.
Tipos de preguntas: 1-Directa y cerrada. 2-Directa y cerrada. 3-Directa (de opinión) y cerrada. 4-Directa y cerrada.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario (del entrevistado).

Fuentes consultadas:
Gisela Ribalta, madre de Yandro Quintana. (Primaria, directa, no documental.)
Filiberto Delgado, Director del Equipo Nacional de Lucha Libre. (Primaria, directa, no documental.)
Artículo: Yandro no creyó en fantasmas, Lemay Padrón Oliveros. Suplemento especial del semanario Trabajadores (Atenas 2004), 30 de agosto del 2004, página 2. (Secundaria, complementaria, documental.)  

 

LA MANO DEL HOMBRE SALVA

LA MANO DEL HOMBRE SALVA

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

La Habana entera va en el corazón de la Plaza Vieja. No hay quien escape al sortilegio de su bullicio, de su multiplicidad de vida, de su vocerío indetenible y gozoso como una puesta escenográfica que se regala en tridimensión desde cualquiera de los amplios portales que la circundan y se tornan invitadores del sosiego y el amparo del trópico de luz y calor pródigos.   

Nacida a mediados del siglo XVI como plaza principal con carácter civil y público, y primer intento planificado de ampliación de la ciudad en correspondencia con el auge urbano y comercial alcanzado por la urbe caribeña, es sitio cerrado en el que desembocan las calles Muralla, Teniente Rey, San Ignacio y Mercaderes, y forma parte, en su tipo, del quinteto fundacional de la Ciudad de San Cristóbal de La Habana, al vincularse definitivamente con las de Armas, San Francisco, de la Catedral y del Cristo, y su consolidación definitiva llegaría en el XVII como sitio de mercado y fiestas.

Vuelta al esplendor

Desde que en 1982 la UNESCO llamara a la solidaridad internacional para el rescate y salvaguarda del monumental conjunto urbano, la mano del hombre ha ido devolviendo el esplendor a esta unidad arquitectónica en la que viviendas, amplios portales de grandes arcadas, vidrieras cromadas en los ventanales y galerías superiores provistas de balcones abiertos, son fiel exponente del gusto estético del XVIII, cuando la Plaza era lugar obligado de actividades conmemorativas, mascaradas, paso de carrozas, juegos, y otros tantos entretenimientos de época que llegan a nuestros días con el sabor de lo sempiterno.  

Según investigaciones, de las 20 construcciones que posee la Plaza Vieja –ubicada en el Centro Histórico-, dos pertenecen al siglo XVII, ocho al XVIII, cinco al XIX y cinco al XX, la mayoría con grados de protección de primer y segundo nivel, es decir, en el primer caso, prácticamente se mantienen todos los valores arquitectónicos y necesitan el respeto máximo en la restauración; y en el segundo, solo admite muy limitadas transformaciones.

A partir de que fueron iniciadas por el Centro Nacional de Restauración y Museología y la Oficina del Historiador de la Ciudad las obras salvadoras, hasta hoy, ya casi el ciento por ciento de los inmuebles está reconstruido, y solo pocos edificios se encuentran en fase de recuperación devolverles la esplendidez de los viejos tiempos.

Entre esos rescates favorecedores estuvo la fuente nueva, de mármol blanco de Carrara, interpretación contemporánea de la original, marcando el centro del espacioso sitio con su forma de taza octogenal, conchas surtidoras, columna estriada para que el agua descienda libre desde la copa que va en la cima del conjunto escultórico, y el líquido limpio y fresco sorprenda al transeúnte como invitándolo a admirar la resurrección.

Portales adentro

Uno de los más homogéneos conjuntos de casas habaneras del siglo XVIII los atesora la Plaza Vieja, y es por ello que con especial interés se ha trabajado en un plan de acción que preserve los valores arquitectónicos, urbanos e históricos, así como la adaptación que sufrieron algunos para asumir nuevas funciones de naturaleza socio-cultural.

En la cruzada por rescatar las edificaciones se defendió la función de hábitat en las plantas altas de los inmuebles; en tanto el espacio central de la Plaza se respetó en su potencial como área de actividades culturales.

A inicios de este siglo XXI que corre rápido, los cubanos van orgullosos de disfrutar de la restauración, y también, de poder mostrar al viajero la antigua Casa de los Condes de Jaruco (hoy Fondo de Bienes Culturales, en Muralla 107), uno de los exponentes más valiosos de la arquitectura colonial doméstica, cuya fecha de construcción data de 1737 y donde nació María Mercedes de Santa Cruz y Cárdenas, condesa de Merlín, escritora y anfitriona de ilustres artistas en su palacio de París.

Y también, la Casa de los Franchi-Alfaro, situada en la esquina de Muralla y Mercaderes, edificada en 1752 y con una muy trabajada portada barroca, revivida ahora como inmueble de vivienda y posta médica; o la del antiguo Colegio del Santo Ángel, en Teniente Rey No.60, obra del siglo XVIII.

Un alto en el curioso deambular se impone en San Ignacio 364, en la otrora Casa del Conde de Lombillo, para admirar esta obra del siglo XVIII, cuya fachada está decorada con motivos florales y marinos y a la que el XIX trajo modificaciones en la herrería y el cierre de la loggia con persianas. Ahí se ubican casi una veintena de apartamentos de vivienda y la Oficina de Proyectos de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Unas tras otras, las edificaciones se suceden en este sitio donde se embridan la tradición y el presente en generoso pacto, como juicio perdurable que preconiza la esperanza en el mejoramiento porque, por encima de toda desventura y olvido, la mano del hombre salva.