Blogia

Isla al Sur

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

El éxito de que los alumnos se identifiquen con el profesor y comprendan lo que se les imparte, está en una buena comunicación, considera la doctora María Dolores Ortiz 

ROSANA BERJAGA MÉNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Después de cuarenta años de profesión, la doctora María Dolores Ortiz, Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, confiesa que no concibe su vida sin la casi tricentenaria institución.

Ahora la escucho contar emocionada las mil y una anécdotas de su vida, mientras se pasea por su oficina  abarrotada de libros en la sede del Ministerio de Educación Superior.

Recuerda los tiempos de Fructuoso Rodríguez, José Antonio Echeverría, cuando los jóvenes universitarios eran los principales protagonistas de acciones como la del 9 de abril, 13 de marzo ó 20 de abril, fechas que, dice, “jamás olvidaré”.

“En tercero o cuarto año de la carrera el ambiente ya estaba cargadito. Se sabía que Fidel estaba en México y no era un secreto para nadie que se preparaba algo, porque el propio Fidel lo había publicado en una Bohemia ‘En el  56 seremos libres o mártires’. El problema era saber cuándo, cómo y dónde.

“Tampoco era secreta, por supuesto, la oposición de los estudiantes al régimen, como aquel grupo que se lanzó al terreno del antiguo Estadio del Cerro para protestar contra la dictadura. Ese gesto fue observado por todo el pueblo, y recuerdo que después  fui al hospital para ver a quienes resultaron heridos.

“Pero uno de mis mejores recuerdos es aquel 27 de noviembre después del Triunfo de la Revolución, cuando se hizo una gran manifestación bajando por la escalinata universitaria hasta el monumento de La Punta. Ese día lloré muchísimo, pero no de rabia o de impotencia, era no sé qué sentimiento inexplicable, pues si antes una veía a la policía de la esquina de Zanja y San Lázaro, o los bomberos, que nos tiraban chorros de agua para detener las manifestaciones, esta vez nos esperaban los de la policía revolucionaria para darse un abrazo con los estudiantes. Quien vivió ese momento no podrá olvidarlo.”  

La historia

Nacida y criada en Holguín, como ella misma afirma abandonó su tierra para venir a estudiar en la Universidad de La Habana la carrera de Filosofía y Letras.

“Esa carrera quizás se estudiaba en la Universidad de Las Villas, pero mi papá, que era abogado y había pertenecido al grupo de Julio Antonio Mella y participado en el Congreso Nacional de Estudiantes, quiso siempre que mi hermana y yo viniéramos a estudiar a la universidad más prestigiosa del país. Ese era su sueño. También era como una tradición, porque otros de mi familia ya lo habían hecho.

“Llegué en 1953, una época difícil para la Universidad y para el país, por el asalto al cuartel Moncada, el juicio de los moncadistas, la dictadura de Batista. Era un tiempo en que la Federación Estudiantil Universitaria desempeñaba un rol importantísimo en la lucha revolucionaria.

“En esa etapa se elegía un delegado por asignatura para recoger los criterios de los estudiantes o si tenían algún problema con los profesores. Yo fui durante tres cursos delegada por la asignatura de Latín, y aún conservo con mucho cariño una especie de planilla que entregaban como constancia de ese cargo.

“Recuerdo que teníamos un grito característico: “¿Quién vive? ¡Caribe!, ¿Quién va? ¡La Universidad!, ¿Quién domina? ¡La Colina!!”, y otro que era una especie de estribillo que empezaba despacito e incrementaba el ritmo con el fervor de la manifestación, y decía: “La-ca-be-za-de-Ba-tis-ta…”.

La vocación de enseñar

La enseñanza estuvo  siempre en su horizonte e, incluso, en aquellos tiempos era el  perfil de su carrera: “Recuerdo que empecé en septiembre de 1957. Estudiaba al mismo tiempo que impartía clases en un colegio privado. Después del Triunfo de la Revolución, me mandaron para Ciudad Libertad a trabajar en una secundaria básica, sin dejar a mis alumnos anteriores, y cuando nacionalizaron las escuelas y comenzó la Campaña de Alfabetización, me los llevé conmigo para Varadero, para prepararse como alfabetizadores también.

“Confieso que uno de mis mayores orgullos es haber pertenecido a la Brigada Conrado Benítez, con la que logramos el primer territorio libre de analfabetismo dentro del municipio de Güines.

“En marzo de 1963 pasé a ser profesora de la Universidad, en la Facultad de Artes y Letras, hasta que Roberto Fernández Retamar, que en aquel tiempo era el jefe del Departamento de Lingüística, me mandó para la Facultad de Educación.

“Luego, Dulce María Escalona, la decana, me mantuvo trabajando con ella durante 12 años como jefa del Departamento de Español en el Pedagógico Varona. Allí hicimos todos los programas, el sistema de evaluación, los planes de estudio, porque estas eran  carreras que no existían antes del triunfo de la Revolución.

“Después comencé a trabajar en el Ministerio de Educación Superior desde su fundación en el 1976, a la vez que mantenía la docencia. Así, impartí clases a Bibliotecología y Ciencias de la Información, a Periodismo (yo fui profesora del primer grupo de Periodismo que se graduó en la Universidad) y la Facultad de Lenguas Extranjeras”.

La doctora María Dolores Ortiz  no temió que todo el historial que la ha hecho una mujer paradigmática en el campo universitario entorpeciera la comunicación con sus alumnos: “No, quizás porque nunca he pensado en que poseo un historial. Creo que esa condición la tienen personas como Vilma, Haydeé, Fidel, Celia, pero yo no. No soy nada extraordinario. ¿Qué he hecho yo en esta vida que no sea más que trabajar?”

Sin embargo, la distinción 250 Aniversario de la Universidad de La Habana tuvo para ella una connotación especial: “Ah, esa sí fue muy importante para mí, todo lo que venga de la Universidad lo es; tal vez por el mismo hecho de que cuando yo me estaba formando, llegar a ser profesor de la Universidad era un sueño casi imposible, por lo que una de las grandes realizaciones de mi vida profesional fue llegar a ser profesora de esta institución, y estoy orgullosa  de serlo; como estoy orgullosa también de toda su historia. Por cierto, esa fue la primera vez que participé en una conmemoración tan grande y fue, además, la primera condecoración que recibí.”

Ahora, el diálogo enrumba a conocer qué profesores no dejaría de mencionar si tuviese que escribir la historia de la Universidad: “Bien, te puedo hablar de los míos, de los que, con muy pocas excepciones, yo nombraría a todos. Aunque, claro, siempre hay algunos que ejercen una influencia mayor. Así te puedo mencionar a la doctora Vicentina Acuña y los doctores Elías Entralgo y Roberto Fernández Retamar.”

Al hablar de maestros, de paradigmas del magisterio, no puede faltar nuestro José Martí. Ella es una devota de la obra martiana, lo transparenta siempre en su proyección ya no como profesora, sino en su hacer cotidiano como cubana.

“Mira, en mi casa, desde que yo era pequeña, mi papá me leía siempre a Martí, y yo fui creciendo con eso. Cuando pude leer y, por supuesto, entender lo que leía, cayó en mis manos La Edad de Oro.

“Yo, aunque quisiera, no podría desligar mi vida de lo que he aprendido de Martí, no solo la profesional, sino la cotidiana, porque hasta la forma en que actúo está ligada estrechamente a lo que he aprendido de él; pero pienso, además, que ningún  cubano puede ser revolucionario sin ser martiano, porque primero se conoce al maestro y después se es todo lo demás.” 

Nos acercamos al momento de la conclusión, la doctora Ortiz tiene trabajo inminente, por eso busco de inmediato que me diga lo que significa para ella la Universidad de La Habana.

“Imagínate. La Universidad de La Habana es una parte importantísima de mi vida. Realmente no concibo mi vida fuera de la Universidad, porque todo lo que he hecho, de alguna forma, está vinculado con ella. Incluso, cuando no pertenecía, mi papá, en la casa, hablaba todo el tiempo de lo que ocurría, de Mella, de las manifestaciones estudiantiles… Yo digo que sigo perteneciendo a la FEU, que soy miembro de sus filas… yo no he dejado de ser parte de esa Universidad.”

Sin embargo, ya no está en las aulas, ¿qué ocurrió?

“Bueno, que “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”, como dice la canción de Pablito Milanés, y otra cosa fue que tuve problemas de salud. Me enfermé de las cuerdas vocales y estuve ronca por meses.

“El médico que me atendió lo atribuyó a mi profesión y me prohibió dar clases de nuevo; no obstante, seguí dando clases en aulas de postgrado (y eso requiere mucho esfuerzo, vocal y físico) pero ya no puedo.

“Ahora trabajo asesorando tesis de Maestría y Doctorado, y creo que eso también es útil, ¿no?, aunque ya no esté impartiendo clases.”

Por esa razón muchos afirman que María Dolores Ortíz es como el Alma Máter, con los brazos siempre abiertos…

“Yo creo que no soy tanto. Es bueno que haya gente que me vea así, pero lo que sí te puedo asegurar, sin falsa modestia, es que el éxito de que los alumnos se identifiquen con el profesor y comprendan lo que se les imparte, está en una buena comunicación; por esa parte te puedo decir que estoy orgullosa y conforme, porque siempre tuve buena comunicación con mis alumnos; ellos no tenían pena de acercarse a mí para preguntarme algo y yo trataba de responderles. También pienso que los profesores deben adaptarse a la situación del estudiantado.”

Si de generación se trata, la destacada pedagoga toma partido, a no dudarlo, por la suya, tomada de la mano del cariño y la historia. Y al hablar le brillan los ojos con emotiva sinceridad.

“Considero que cada generación tiene sus particularidades, pero la primera en subir la escalinata después del Triunfo de la Revolución es imposible de olvidar. Esos que subían con tanto fervor revolucionario, que creían tanto en lo que se estaba haciendo y muchos de los cuales ni siquiera habían terminado el bachillerato, porque en aquel tiempo había que tener dinero para estudiar, y eran muy pocos los que se graduaban. Ellos habían formado parte de la Campaña de Alfabetización y se sentían con ganas de seguir haciendo.”

Volvemos nuevamente a la actualidad y le pido piense en la generación de hoy, tan controvertida como siempre son los más jóvenes en su momento, y desde su mirada de pedagoga, madre y abuela imagine qué pudiera cambiarle.

“Tal vez pediría mejorar los modales y el vocabulario, no solo para rescatar el lenguaje y enriquecerlo, sino para desterrar el uso de las malas palabras, que se está haciendo tan frecuente.

“Yo no soy de las que cree que la juventud está perdida, para nada; dejaría de ser educadora si pensara de ese modo de los hombres y mujeres que estoy formando, solo creo que esta es una juventud diferente, que no deja de ser revolucionaria, pero que vive en un tiempo que también es diferente.”

Todos los que pasan por la vida quieren dejar huellas de su existencia en los demás, ¿cómo le gustaría ser recordada?

“Como una buena educadora, simplemente.” 

Así, con dulzura y sonrisa, la doctora María Dolores Ortiz es de los que piensan que el tiempo no derrumba, solo transforma lo que se ha hecho, y sostiene que jamás ha tenido miedo a que los años pasen. Por eso, cuando se le pregunta por su vida en las aulas, responde sin pensarlo: “Un testimonio, aunque tendría algo de aventura, pero definitivamente sería un testimonio de todo lo que he vivido y de lo que he hecho; lo que he podido, claro, porque siempre hay quien ha hecho más. Y no me arrepiento de nada en lo absoluto. Siempre preguntan si volviera a nacer qué sería, y yo sería lo mismo que he sido, sin cambiar nada: maestra, revolucionaria, todo.”

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

“EL ARTE ES IMPREDECIBLE”

“EL ARTE ES IMPREDECIBLE”

Hacer del arte una especie de medicina natural, para estimular la creatividad y la belleza que puede producir el ser humano, es el principal propósito del pintor Armando Rodríguez.

GRETEL HERNÁNDEZ IGLESIAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Armando Rodríguez puede preciarse de una extensa obra avalada por una exitosa carrera. Poesía, sensualidad, erotismo, son los temas de sus lienzos. Gracias a una sólida formación académica, es dueño absoluto de los recursos expresivos. El talento y la inspiración son las razones por las cuales está incluido entre aquellos que enriquecen la plástica cubana contemporánea

Pintor, dibujante y grabador, ha transitado por diferentes temáticas, y la más reconocida es la que trata el erotismo, pero sus códigos y su lenguaje conforman una identidad que ofrece una visión personal del universo.

Cerca de 40 exposiciones personales han permitido al público acercarse a ese mundo sugerente de flores y desnudos de mujer,  tanto en Cuba como en Argentina, Portugal, Puerto Rico, Suiza, Mónaco, España, Japón, Estados Unidos, México y Costa Rica.

Nacido en un pueblecito de la provincia cubana de Villa Clara, Armando Rodríguez transitó por escuelas  e institutos superiores de arte, y con esas armas buscó sus propios códigos.

-¿Qué es el arte para usted? 

Habría tal vez que buscar palabras bien pensadas, inteligentes, para hacer honor al significado del arte en cualquier parte del mundo, o para cualquier persona en este planeta. Para mí es algo grande, este oficio es una especie de medicina natural, un don que el propio hombre ha desarrollado, y estimo mucho su capacidad de estimular la creatividad y la belleza producida por el ser humano.

-¿Considera que el arte en sí mismo persigue un objetivo?

El arte es impredecible. El arte alcanza su categoría a partir de que es algo nuevo, que no se puede planificar, que brota de manera especial en cada persona, en cada generación, en cada estilo. No podría decir si pudiera existir una predeterminación.

-Siempre comenta que sus orígenes lo llevaron a esta profesión. ¿Podría hablarnos acerca de ello?

Fui favorecido por mi familia, por el entorno, por las relaciones de mis padres, por la poesía campesina, por la música y las danzas populares. Eso me estimuló a que yo apreciara la posibilidad de incorporarme a estudiar artes plásticas. Me presenté a las pruebas y fui aceptado.

-Hablemos de sus temas esenciales, sus diferentes etapas, lo épico, lo campesino, el erotismo.

Pienso que caracteriza mi trabajo, en lo técnico, un toque distinto en cada momento, el sentido de la sutileza, la sensualidad. Eso, aunque abordara cualquier asunto. He tenido varias series o etapas a las que he dedicado mucho tiempo y han concluido con alguna exposición. En mis inicios expuse en el Museo Nacional obras dedicadas a la niñez.  Le dediqué mucho tiempo a esa serie. Casi la vida me ha llevado a reflejar la niñez. A veces es un elemento que aparece como un asunto dentro de otro gran tema que ha podido ser la épica mambisa o el erotismo.

Otro tema que mantengo es el del embarazo, a la maternidad me interesaría dedicarle más tiempo, hacer una exposición sobre ese momento tan importante para la mujer y en la vida familiar.

-¿Por qué el predominio del color azul en sus pinturas?

Es un color que me atrajo, pero en los últimos tiempos no está. Hice una exposición sobre ballet en verdes y azules oscuros. Ahora una serie con fondo negro. Se puede conseguir el sentimiento, la pasión, la entrega, contrastado con la ternura, con los ocres. 

-¿Ha hecho retratos alguna vez?

Sí, he hecho unos cuantos retratos, por oficio y por solicitud, entre ellos hecho a José Martí, al Che y a muchos otros mártires. 

-¿Qué se propone destacar en ellos? 

Primero, no son retratos que intentan ser elogiados por el brillo del ojo o la pestaña precisa. Busco comunicar la personalidad de quién  he retratado. Se me hace difícil porque cualquier obra está marcada por una manera, un estilo, una forma, entonces hay que buscar la solución para que tenga la fuerza, el contraste, la energía, la expresividad que pide el que es pintado.

-Una exposición es el momento en que el artista y el público se encuentran. ¿Cómo prepara una muestra? 

Lo ideal es que una exposición se pueda planificar, conformarla con  el tiempo que ella reclame para que salga bien. No solo para lograr un buen catálogo, sino lo principal, la curaduría, elegir el tema. Ahora bien, no se puede pintar para un muestra, ese es el asunto. Cuando tú trabajas bajo presión te estás auto provocando a equivocarte, porque vas a llevar alguna obra que no dice nada. Una exposición es para alcanzar en su conjunto lo que quieres con una sola obra. Estás buscando un hecho artístico. Necesita tiempo. Por eso a veces me proponen exhibir y no acepto, hay que trabajar. Este año estoy trabajando para una presentación personal.

-¿Cuántos cuadros ha pintado?

Realmente llevo muchos años pintando y nunca me he detenido a contarlos. Solo como referencia puedo comentar que en el 2006, considerado como uno de los períodos más productivos, realicé más de 50 obras.

-¿A qué se debió tanta creatividad?

A proposiciones que no podía dejar pasar. También fue una etapa de estabilidad, inspiración y buenas oportunidades, entre ellas, exposiciones en Estados Unidos, y en Lisboa, Portugal.

-¿Cómo proyecta su labor profesional?

Lo que me ocupa más tiempo es la concepción de la idea. Luego su plasmación  transcurre rápidamente, de manera natural y fluida. Mi trabajo es un proceso a veces sencillo y a veces complejo.

-¿De cuáles de sus obras no se desprendería nunca?

Hay un grupo de ellas que me acompañarán por siempre. Algunas las guardo en mi casa y otras en casa de familiares y amigos. Desde hace algún tiempo, y lamento no haberlo hecho desde el principio,  conservo de cada exposición un ejemplar. Cada uno es un escalón importante en mi trayectoria profesional.

-¿Ha trabajado alguna vez la cerámica o la escultura?

Sí, además, pienso incursionar en la integración de diferentes tipos de soportes.

-¿Qué significa para su obra la figura humana?

Es muy importante y ha llenado una gran parte de mi obra, cuando opté por el estudio de artes plásticas, lo que más me interesaba era el movimiento. Después me fui percatando de que en mis cuadros, sin quererlo yo, aparecía siempre la figura humana, y esto ya es parte de mí.

-¿Emprende la realización de varios cuadros a la vez?

Sí, siempre tengo ideas que se van madurando hasta que llega el momento de plasmarlas, de recrearlas, de ir al detalle.

-¿Alguien más de su familia se dedica a la pintura?

Mi sobrino, que tiene 15 años, se está preparando para las pruebas de la academia San Alejandro. Yo lo llevo muy recio, pero considero que posee condiciones.

-¿Tiene algún nuevo proyecto?

Seguir pintando, pues para mi es una necesidad. Continuar con muestras personales dentro y fuera del país.

-¿Qué cree de la recurrencia de los temas en algunos artistas?

Pienso que cada artista debe tratar de renovar siempre sus trabajos, porque precisamente eso es lo que nos mantiene vivos y hace que nuestra labor sea más interesante, que tenga un mayor número de seguidores. El desarrollo de nuevas ideas y tendencias puede ser agradable tanto para el creador como para el público que lo recibe.

Ficha Técnica:

Objetivos Centrales: Conocer sobre la vida y obra de este artista de la plástica.

Objetivos Colaterales: Conocer los proyectos que desarrolla en este momento y   en qué consisten.

Tipo de entrevista:

Por su tipo: Clásica
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Vía directa

Tipo de Título: De cita textual.
Tipo de entrada: Biográfica.
Tipo de Cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas.
Tipo de Cierre: De opinión.

Fuentes Consultadas:

Armando Rodríguez (pintor), familiares y amigos del artista. No documentales.

LA PUPILA INSOMNE

LA PUPILA INSOMNE

CRISTINA ESCOBAR DOMÍNGUEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Su presencia está en los llaveros, en los pulóveres, en los afiches, y hasta en nuestra moneda de tres pesos; en el lema de los pioneros, en los trabajos voluntarios que él fundara, en el Banco Nacional de Cuba que presidiera. Ernesto Guevara de la Serna es parte de este pueblo y de su historia, como es el azul del mar a las costas de nuestro caimán querido.

Razones hay muchas. La más grande: su decisivo liderazgo en la Invasión a Occidente durante la guerra de liberación nacional coadyuvó al triunfo revolucionario, y marcó un hito en la crónica militar de la contienda que nos trajo la libertad.

Pero, ¿fue solo un guerrero o un estratega excepcional este hombre de ética diamantina e impresionante imagen?

Su gran sentido humano y vocación espiritual se acompañaron de un rigor investigativo, de una mirada penetrante y crítica, como se espera de un científico. Esas cualidades llevan a que sea considerado también un ingenioso pensador, un intelectual, un investigador de la realidad, cuyas ideas gozan de una validez poco común.

El “almacén de ideales”, del Che Guevara, como él mismo les llamaba, comenzó a forjarse en su azarosa aventura por América Latina, donde se impregnó con la tragedia sanitaria y social de los leprosorios de la selva amazónica, vivencia que trajo como resultado su especialización en esta enfermedad, luego de recibirse de médico. Investigación con alto sentido humano, para el bien común, como se le pide a los científicos y galenos de la Cuba de hoy.

Mas, los horizontes cognitivos de Ernesto Guevara excedieron a la medicina. Su impronta en las Ciencias Económicas es reconocida. Llegó a ser Ministro de Industria (1961) y Presidente del Banco Nacional de Cuba. También fundó importantes fábricas: la Industria Nacional Productora de Utensilios Domésticos (INPUD), la Planta Mecánica Fabric Aguilar Noriega en Villa Clara, y la Fábrica de Alambre de púas Gonzalo Esteban Lugo.

Con el propósito de ofrecer el soporte científico al desarrollo de las tecnologías que permitieran un aprovechamiento diversificado de la caña de azúcar, constituyó en 1963 el Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA). Ya en el discurso inaugural sorprendió con una idea sobre la cual aún hoy se insiste: la de transformar la gramínea en productos de mayor valor agregado.

A mediados de los años 60, el Che analizó y comenzó a cuestionar, desde una posición dialéctica, la situación en los países socialistas europeos, en relación con el sistema de dirección económica que estaban aplicando. Como resultado, pronosticó su autodestrucción si persistían en ciertos métodos y prácticas que no respondían a los objetivos esenciales de la sociedad socialista y menos a las características de Cuba.

La sociedad socialista, según el Che, debía construirse con una base material fuerte que dotara al hombre de un nuevo pensamiento, lejos del consumismo y el egoísmo característicos del capitalismo. No basta un desarrollo tecnológico si se carece de lo que él llamó “el hombre nuevo.”

Así, se empleó en la elaboración de un modelo más idóneo para la dirección en las condiciones de la sociedad cubana. Como posible solución, creó un nuevo modelo que luego sería llamado Sistema Presupuestario de Financiamiento.

Además, el Che introdujo en Cuba los comités de calidad e impulsó la ciencia y la técnica con la creación de escuelas y cursos para la formación de técnicos y especialistas industriales, a la vez que llamó a los obreros a mantener el funcionamiento de las maquinarias en las fábricas que ya sufrían los efectos del bloqueo.

A 40 años de su asesinato en Bolivia, el lema “Seremos como el Che” sigue resonando. Serlo de verdad implica cultivar la inteligencia con osadía y espíritu crítico.

SALUD: AYUDA Y VERGÜENZAS

SALUD: AYUDA Y VERGÜENZAS

MERCEDES ALONSO,
desde República Dominicana,

cortesía para Isla al Sur.

Como escritas para la República Dominicana, son estas frases de Alejandro Dumas, hijo, cuando afirmaba que “La esperanza es el mejor médico que yo conozco”.

Y de igual manera, Voltaire enfatizó con inigualable sabiduría ese pensar de: “El arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras la Naturaleza cura la enfermedad”…

Así ha sido, durante décadas en el país. Tal y como reflejan los datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), República Dominicana se ubica en lastimero sitio en materia de programas de salud e indicadores, junto a los países más atrasados, llámense Haití, Honduras, Guatemala, entre otros.

En días pasados, la prensa publicó la aprobación por parte del Poder Ejecutivo del decreto número 706-07, que declara 2008, “Año Nacional de la Promoción de la Salud” y designa a la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social máxima responsable para la elaboración de programas, en los cuales estarán involucrados los sectores público y privado, en todo el territorio nacional.

La decisión del presidente Fernández asume términos constitucionales de protección al principal derecho de todo ser humano: su salud.

Para dar impulso a los principales programas nacionales, coadyuva el propósito del millonario mexicano Carlos Slim, quien destinará unos 23,4 millones de dólares a la salud de dominicanas y dominicanos, a través del Instituto Carso de la Salud (ICS), organización de ayuda sanitaria creada por el magnate para Latinoamérica.

Que el país se encuentre entre los "prioritarios", según plantea ICS, alienta, si se tiene en cuenta esa gran población que espera, en muchos casos, la solución de enfermedades resueltas desde pasados siglos.

En otro sentido, avergüenza sobremanera hablar de precariedades, en medio de tantas riquezas mal habidas y retenidas en personales cuentas de quienes debían regular, ofertar y prestar este servicio vital para todos.

¿O es que se puede erigir el poder sobre enfermos y analfabetos? Esto, lo sabemos bien, no es competitividad, ni desarrollo y, mucho menos democracia.

DOS PROFESIONES Y UN HOMBRE

DOS PROFESIONES Y UN HOMBRE

El doctor Julio García Luis, decano de la Faculta de Comunicación, expresa estar orgulloso de celebrar junto a sus estudiantes el aniversario 280 de la Universidad de La Habana.

VIVIAN MONTEAGUDO CAJINA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El doctor Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación, obtuvo la distinción Profesor 280 Aniversario de la Universidad de La Habana, conferida por la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). A pocos días de haber sido condecorado no perdí la oportunidad de establecer un diálogo, con el  propósito de conocer aspectos de su amplia trayectoria profesional.

-Usted se inició como maestro, ¿cómo se convierte en periodista?
 
Realmente me preparé como maestro por necesidad, en mi época el estudiante no tenía opción, no todos podían aspirar a prepararse en cualquier cosa; lo que estuvo al alcance de mis padres, y fue bastante, era que ingresara en la Escuela Normal de Santa Clara, entonces llegué a la escuela Superior, que antiguamente era séptimo y octavo grados, de ahí surgió la idea de ser maestro. Tanto mi hermano como yo obtuvimos las plazas para esa profesión. Me acogí a la posibilidad y comencé a desempeñarme en el magisterio.

Fui profesor de los primeros educadores voluntarios, luego trabajé tres años en la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes, allí cursé la Universidad.

En Topes de Collantes fui secretario del Partido, entonces se comenzó a organizar en La Habana el trabajo del Comité Central; a raíz de eso, en el año 1966, me solicitaron para trabajar en dicho órgano.

Me inicié en la Comisión de Orientación Revolucionaria, lo cual coincidió con el proceso contra el sectarismo, una situación muy peligrosa, dada en Cuba en el año 1962 y posteriormente en 1967, eso condujo a que se produjera un cambio en la dirección del periódico Granma y encargaron a varios compañeros a hacerse cargo del diario, entre ellos estaba yo, me designaron responsable de la página ideológica; mediante esa coyuntura  empiezo a desarrollarme como periodista.

Del mismo modo que fui maestro por necesidad, entré al periodismo por una circunstancia, lo cual no me desagradaba, al contrario, me fui familiarizando y llegué a laborar durante 20 años en el periódico. Aprendí todo empíricamente, no realicé ningún estudio de tipo teórico, fue a partir de la necesidad práctica y de las  tareas que debía cumplir.

-De acuerdo con sus conocimientos periodísticos, ¿cómo fue su desempeño cuando comenzó a cubrir las informaciones de Fidel Castro?
 
En el periódico me sucedió algo curioso. Como me inicié en Granma, en la página de opinión, enseguida trabajé como redactor; en aquella época el periódico publicaba a menudo editoriales. Era la etapa de la guerra de Viet Nam,  había una serie de situaciones que generaban esos temas. Yo empecé por lo que debí haber terminado.

No tenía la experiencia de una nota informativa, de un reportaje, ni de una entrevista. Comencé escribiendo artículos, hasta incursionar en las otras formas de hacer periodismo, entre ellas las crónicas. En los viajes internacionales y nacionales del Comandante siempre me gustó utilizar las crónicas, también los reportajes.

-Usted dirigió la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), ¿qué saldo le dejó esa experiencia?

Durante el V Congreso de la Unión de Periodistas, en el año 1986, me eligieron  como candidato a la presidencia de la UPEC, y allí estuve hasta 1993; de esa etapa conservo un buen recuerdo, es un gremio muy particular, donde trabajan personas que se quieren mucho entre sí. Una organización con sus características, sus códigos, sus leyes;   desarrollarme  en ese sector fue muy satisfactorio.  

Haber tenido el respaldo de los periodistas, reunirme con ellos,  analizar los problemas profesionales, y  considerar cómo mejorarlos, no solo en La Habana, sino en cada territorio. Es una experiencia muy importante para todo el que elija trabajar en el campo de la prensa.

-¿Qué valor le confiere a la casa de altos estudios?

La Universidad de La Habana es una entidad que no se puede medir en términos convencionales, es necesario valorarla en su contexto, es una pieza clave en la formación de la nación. Ha desempeñado un papel importante en el proceso histórico. No se puede hablar del pensamiento político en Cuba sin mencionar a la Universidad de La Habana, lo mismo ocurre con las ciencias, la cultura artística literaria. Es decir, es la madre de todas las ramas de la educación en el país.

-¿Cómo compararía la Universidad de épocas anteriores con la actual?

A mi juicio, la Universidad sigue siendo muy importante; ha sufrido un proceso de desmembramiento como consecuencia de la propia expansión de la Educación Superior, de ella se separaron ramas enteras, las Tecnologías, las Ciencias Médicas, la Pedagogía, en general, una serie de contenidos importantes. Es una institución con una función integradora dentro de la sociedad, sin dudas tales cambios le restan impacto social y capacidad de integración.

No se puede pensar que la academia de altos estudios en las condiciones actuales cumple el mismo papel, comparado con épocas anteriores cuando la enseñanza universitaria estaba concentrada en dos o tres centros del país. Hoy son más de 60 universidades en la nación, significa que el talento, las personalidades, las fuerzas de cambio, se pueden encontrar en cualquier lugar del territorio cubano.

Siempre será el gran “tanque pensante” en muchos aspectos, políticos, filosóficos, históricos, y una gran representación en el liderazgo de la Revolución. Con una gran diferencia, no será nunca más monopolio, como lo fue por fuerza en etapas anteriores.        

-Ser Decano de la Facultad de Comunicación implica una gran responsabilidad desde el punto de vista profesional y estudiantil. ¿Cómo lo enfrenta?

Una de las mayores dificultades del trabajo en la Facultad es la de dar respuestas a  las situaciones del trabajo cotidiano, en gran parte se debe a la falta de recursos. Es difícil encontrar solución a todos los problemas, aún de los más elementales.  Es una actividad diferente a la que desarrolla un periodista.

Para mí, asumir la tarea ha sido un sacrificio prolongado, este año cumpliré 10 años en la institución, pero tengo conciencia de la importancia  que posee la formación de los comunicadores sociales, los especialistas en información, es decir, Periodismo, Comunicación Social y Bibliotecología y Ciencia de la Información son tres áreas claves para la sociedad, para cualquier proyecto de desarrollo  del país.     

Integralmente me siento satisfecho por laborar en el mundo del periodismo y contribuir a la formación de los reporteros del mañana.  Es un orgullo celebrar junto a mis estudiantes este aniversario histórico que cumple la Universidad de La Habana.     

-¿Qué  significa asumir la responsabilidad de impartir docencia sobre Géneros de Opinión y  Ética y Deontología?

El Periodismo es una profesión moral por excelencia. Trato que los estudiantes al graduarse tengan una visión básica de la ética periodística, aunque realmente la formación  está vinculada al ejercicio práctico, a la parte laboral. Es importante para mí trabajar en esa docencia, pues  tengo la posibilidad de intervenir en el desarrollo de los futuros profesionales.

-¿Cómo debe ser un periodista de estos tiempos?

Valiente; estar dispuesto a trabajar sobre el límite, el cual está dado por factores políticos, económicos, ideológicos. Un buen vocero de la verdad debe tener las herramientas del conocimiento, el dominio para atreverse a trabajar contra los problemas. Nunca debe contentarse con una cosa mediocre, si se atiene a ello no producirá ningún efecto. El reportero es la exploración y la punta de vanguardia en el ejército de periodistas, es la tropa de choque. Son agentes de cambio y se ocupan directamente de las percepciones sociales.

-La Asociación de Comunicadores de Cuba le otorgó el Premio por la Obra de toda la Vida. ¿Cuán comprometido se siente con ese sector?
 
Eso tiene cierta raíz histórica, la Asociación de Comunicadores dio sus primeros pasos en la época que fui presidente de la UPEC, estoy  vinculado a ella desde su surgimiento.  Hoy,  ese sector desempeña un papel importante, fundamentalmente con la carrera de Comunicación, aportando profesores, y también en la práctica de los estudiantes.

-En  su libro 45 Grandes momentos de la Revolución, además de destacar el aniversario que cumplía la misma, ¿tuvo otro motivo para realizarlo?

Hice el libro por una cuestión de compromiso práctico, se me ocurrió que sería útil recoger una serie de documentos, esas informaciones siempre necesarias, de ahí surge la idea de reflejar, primero los 40 momentos, y  luego la presente edición de los 45 acontecimientos más relevantes de la Revolución, impulsado esencialmente por motivación profesional. 

-Anualmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) entregan la Distinción  Réplica del Machete de Máximo Gómez, usted fue merecedor de ese premio…
 
Hace 20 años que recibí el galardón y representa el compromiso  con la defensa, es un estímulo de las Fuerzas Armadas para los trabajadores de la prensa y la cultura. Lo obtuve por los años  ejercidos como periodista en las tareas de la Patria. Es una responsabilidad para los periodistas fortalecer la defensa del país.

-¿Qué aspecto destacaría si definiera el proceso de  la Revolución Cubana, desde la etapa capitalista hasta nuestros días?  

Una sed de justicia muy grande, es difícil imaginar el grado de iniquidades acumuladas en Cuba, son muchos años de abusos, atropellos de todo tipo, crímenes, hechos que fueron resultado de la dominación norteamericana. Nuestro país ha permanecido en esa ambición de justicia, de independencia, comenzada por Carlos Manuel de Céspedes, y lograda plenamente por la Revolución.

-Hoy uno de los mayores orgullos de Julio García Luis es…

Mis estudiantes, no puedo negarlo. Cuando los veo desempeñándose en la prensa, en la televisión, destacándose en la profesión que eligieron, esa es una de  mis mayores satisfacciones.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha Técnica:
 
Objetivo central: Conocer la trayectoria del Decano de la Facultad de Comunicación, Julio García Luis.

Objetivos colaterales: Conocer sus criterios como periodista y también abordar algunos momentos de su etapa laboral, en las dos profesiones que ha desempeñado.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica.

Por su contenido: De personalidad.

Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de Título: De Referencia al tema del entrevistado.
Tipo de entrada: Noticiosa. Presenta de inmediato una noticia del entrevistado.

Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de cierre: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas:
       
Libros: García Luis, Julio: Revolución Cubana: 40 Grandes momentos. Y: García Luis, Julio: Ética periodística: Selección de lecturas.

Fuente: Documental.

VUELO INAUGURAL CANADÁ-CAYERÍA NORTE VILLACLAREÑA

VUELO INAUGURAL CANADÁ-CAYERÍA NORTE VILLACLAREÑA

El Aeropuerto Internacional Abel Santamaría, de Santa Clara, recibe dos vuelos semanales por esta ruta aérea.

BETTY HERNÁNDEZ LORENZO,
Taller de Periodismo,
Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

El vuelo inaugural de la línea Air Canada Vacations hacia la Cayería Norte de Villa Clara, llegó recientemente al  Aeropuerto Internacional Abel Santamaría Cuadrado, de Santa Clara.

La línea aérea transportará 240 turistas semanales con vuelos programados los jueves desde Toronto y los domingos desde Montreal, hasta que concluya la temporada alta de turismo en abril, así lo confirmó Sophy Khwaya, directora de Comunicación de Air Canada Vacations.

También elogió las condiciones del aeropuerto y destacó satisfacción por el inicio de los viajes hacia este destino, que con seis años de explotación goza de gran aceptación en Canadá por la calidad de las playas, riquezas naturales y el confort de las instalaciones.

Los pasajeros, al salir de la Terminal Aérea, disfrutaron de un espectáculo de música y baile tradicional cubano, a modo de bienvenida a la región del centro de Cuba.

La Cayería Norte de Villa Clara se presenta como un polo en desarrollo con 2 117 habitaciones en explotación y con una perspectiva inmediata de seguir creciendo sin dañar el entorno natural.

Villa Clara, a 270 kilómetros al este de la capital antillana, incluye entre sus opciones propuestas históricas, culturales y ecológicas que contribuyen a una oferta variada con la presencia de las principales modalidades turísticas que se potencian en el país.

¿DIFERENTES O DIFERENCIADOS?

¿DIFERENTES O DIFERENCIADOS?

La necesidad que tienen los niños con desviaciones intelectuales de ser aceptados e incluídos desde la igualdad, sin diferencias, es un deber que compromete a la familia y a la sociedad en la defensa de sus derechos a encontrar un lugar en la vida social y laboral.
 
JAVIER ACOSTA ELEJALDE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Esperaba temprano en la mañana la apertura de la Escuela Primaria Tupac Amaru, de educación especial  para niños con problemas de desviaciones intelectuales, y mientras observaba la llegada de los alumnos vi cerca a Alicia, una señora de rostro alegre que regresaba del patio interno. Dispuesto a interpelarla salí a su encuentro. Me sorprendió, entonces, con una historia común.

-Todos los días de clases son para ellos una fiesta. Apenas llegan y salen corriendo en busca de sus amiguitos para jugar en el patio de la escuela, hasta que el timbre les avisa que es la hora de iniciar el matutino.

El mío es aquel de allí, se llama Leonardito. Digo el mío, pero no porque yo sea la madre, aunque es como si lo fuera. Soy su abuela. Mi hijo, su padre, al igual que la madre, tienen algunos problemas de retraso mental. Ella más que él.

Leonardito convive conmigo desde hace dos años. Su papá apenas se ocupa de él mismo, y su mamá añadió el alcoholismo a los problemas que ya presentaba, al punto de convertir a los dos  en una carga insostenible para sus familiares. Así que un buen día decidió dejarlo a mi cuidado, luego de muchos años de suplicarle que lo hiciera, porque sabía que no tenían capacidad para asumir una responsabilidad como es la del cuidado de un menor.

Tuve entonces que jubilarme y buscarle ubicación en esta escuela. Ya tiene cumplido los siete años y aún no aprende a hablar ni escribir, pues sus padres nunca se encargaron de que fuese a estudiar.

Para mí nunca será un problema, tengo tiempo disponible para dedicárselo. Quizás nunca pueda decirme abuela, pero el afecto que constantemente recibo de él me dice que he tomado la desición correcta.

Después quedé pensando en las situaciones disímiles y difíciles que, en alguna medida, enfrentamos todos. Pero mucho más, en lo escabroso que sería el acontecer diario para familias con problemas semejantes. Interesado en profundizar sobre la problemática de estos niños, y con el recuerdo, fresco aún de la conversación con Alicia, una vez iniciadas las clases me dirigí a la dirección de la escuela para hablar con la licenciada en Pedagogía y Psicología, Ana Lidia Ulloa, con 14 años de experiencia laboral en este centro educacional.

-¿Qué características distinguen a estos niños que reciben atención especial?

Son niños con necesidades educativas especiales, que requieren de más recursos y apoyo que otros para su enseñanza. Son pequeños que tienen más lento su aprendizaje. La mayoría muestra problemas conductuales y de inadaptación, pero generalmente pueden ser solucionados a tiempo.

-¿Cómo contribuye la escuela en la inserción de estos menores a la sociedad?

La escuela tiene una estrategia bien definida y siempre nos ocupamos, en lo que es la especialidad, en la preparación para la vida útil e independiente de estos niños.

Hay quienes tienen necesidades educativas más complejas, o sea, que el gradiente de ellos, partiendo del diagnóstico, está más agravado que otros. Estos, independientemente de que a veces los beneficios se consideren mínimos, sí tienen logros, pues desarrollan habilidades de comunicación, de socialización, domésticas…, en sí, una serie de destrezas que lo van a preparar para la vida, aún cuando no aprendan a leer y escribir, porque no todos los que asisten a esta escuela pueden dominar esos saberes. Hay algunos en los que solamente podemos desarrollar habilidades de preparación para la vida.

En estos casos están los que poseen una densidad educativa más compleja, los que cuando analizamos los gradientes de retraso mental, tienen un diagnóstico de retardo más severo. Los que pueden llegar hasta el noveno grado, continúan con una preparación laboral y a los 18 años se incorporan a un oficio determinado.

-¿Qué lugar le confiere a la familia en la atención que reciben los niños?

El soporte de la familia es primordial, pero desgraciadamente no en todos los casos hay núcleos preocupados. Los tenemos que son muy disfuncionales, que no prestan la debida atención a los niños, y no en todos los casos hay la comunicación necesaria, ni el apoyo que merecen.

-¿Cuáles pudieran ser las causas?

A veces es provocado por el desconocimiento, porque son familias desestimuladas, restructurales. Hay casos en que los mismos progenitores son retrasados mentales. Entonces el trabajo con ellas siempre es un poco más difícil, aunque nunca se deja de hacer. Siempre se trabaja y se trata de orientarlas mediante diferentes líneas, como son las escuelas de padres, de visitas de labor social al hogar, dinámicas familiares que se realizan conjuntamente en las consultas externas de psiquiatría, de despachos, entrevistas, todas las vías de orientación que se puedan aprovechar para intercambiar con la familia son puestas en práctica.

-Según su criterio, ¿qué falta a nuestra sociedad para aceptar mejor a los intelectualmente discapacitados?

Existe un plan de desarrollo  en la especialidad de retraso mental que rige todo el trabajo de la misma. Este procedimiento cuenta con nueve líneas de desarrollo, una de ellas, es el trabajo por la conciencia pública. Busca lograr que los niños que poseen características diferentes sean incluidos en todas las esferas de la sociedad. La tarea por la conciencia pública se realiza con la familia, la comunidad. Se promueven actividades, por ejemplo, la escuela abierta a la colectividad, para conseguir el acercamiento de las personas, que vean la labor que realizan los niños, y que a través del contacto con su realidad renuncien a percibirlos como diferentes.

-¿La estrategia para lograr una conciencia pública ha aportado resultados?

Sí, hemos visto resultados. Tratamos, desde hace un tiempo, de vincular en talleres comunitarios a niños de las escuelas convencionales con los nuestros. Al inicio existió un poco de rechazo, pero posteriormente se fueron incorporando. Inclusive, ya vemos que ha ido cambiando la forma despectiva de llamarlos, que hay una mayor aceptación en un segmento bastante amplio de la población, aunque todavía debemos continuar insistiendo.

-Entonces, ¿cómo definiría el estado de sensibilidad alcanzado por la población con respecto a sus necesidades? 
 
No es suficiente aún, pero sí va en aumento. Ahora se percibe al niño con limitantes intelectuales desde una posición diferente. Antes estaban marginados en todo, y no se les daba participación en las diferentes tareas. En las actividades de los Comités de Defensa de la Revolución nunca se les permitía el protagonismo. En estos momentos ya se incorporan y puede vérseles hasta como delegados. Tienen carné de identidad que antes no se les daba. Aún más, aquellos que están aptos tienen el derecho de votar en las elecciones si lo desean.

-Hay casos que son o han sido víctimas de la burla, el desprecio y el maltrato físico. ¿A qué usted cree se deban estas manifestaciones en una sociedad donde debería sobresalir el trato humano y solidario?

Creo se debe en parte a la crisis de valores que a nivel mundial tiene lugar y que afecta en alguna medida también a nuestro país.

Las crisis de valores son reforzadas por las carencias, dígase culturales, afectivas, de índole económico, material o espiritual. Los colectivos o individuos necesitados de estos valores son los que responden al mal que ocasionan a otros como una vía de escape.

Pienso, además, que estas manifestaciones son el resultado del desconocimiento, de la poca divulgación, orientación y apoyo por parte de los medios acerca de las vivencias, las verdaderas posibilidades y habilidades que son capaces de desarrollar estas personas que, ciertamente, reclaman de la comunidad un trato más humano y solidario.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Promover a través de un acercamiento a la realidad de los niños con problemas de desviaciones intelectuales una mayor sensibilidad en las personas que interactúan con ellos.

Objetivos colaterales:
Apelar a la conciencia ciudadana sobre el trato respetuoso que merece todo ser humano.
Abogar por la inclusión  sin diferencias o temores en la vida social y laboral de estas personas.

Tipo de entrevista

Por su tipo: Mixto
Por su contenido: De actualidad
Por el canal que se obtuvo: Directa
     
Tipo de título: De interrogación
Tipo de entrada: De anécdota.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de cierre: De opinión o comentario del entrevistado
      
Fuentes consultadas

Ana Lidia Ulloa, licenciada en Psicología y Pedagogía. Institucional.
                
Alicia Gutiérrez Ocaña, abuela de Leonardito. No institucional.

“LO QUE HAGO, LO HAGO CON AMOR”

“LO QUE HAGO, LO HAGO CON AMOR”

Desde el anonimato del Archivo Central, Leticia Puerto se encarga, junto a sus compañeros, de atesorar y hacer fluir la memoria casi tricentenaria de la Universidad de La Habana.
 
ADIANEZ MÁRQUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

foto: MARÍA DEL CARMEN RAMÓN

Al caminar por el costado de la Facultad de Cibernética- Matemática y pasar junto a las ventanas del Archivo Central de la Universidad de la Habana, este último parece un lugar muy tranquilo, pero una vez que dentro, es que realmente una se percata de que el trabajo allí nunca termina. Existe un ambiente de cordialidad y una limpieza impecables.

Las personas que laboran en él hacen lo posible por ayudar al usuario y brindan su servicio esbozando siempre una sonrisa. Interesada por conocer más sobre este departamento, converso con Leticia Puerto Colina, graduada de nivel medio en Construcción Naval en el año 1982 y trabajadora del Archivo Central de la casa de altos estudios habanera desde el 1 de abril de 1996, cuando ocupó la plaza de Archivera A, puesto en que desempeñó hasta el 1998. Su labor consiste, fundamentalmente, en el trabajo con el fondo documental del archivo: organizarlo, devolver los expedientes a su lugar, sacarlos en un momento determinado, reparar el que estuviese en mal estado, entre otras tareas que aseguran parte del buen funcionamiento de la institución.
 
-¿Qué cargos ha ocupado durante sus años de trabajo en el departamento?

En septiembre de 1998 empecé en lo que sería mi segunda ocupación: encargada del control de expediente académico. Desde junio del 2004 estoy en la plaza de técnico en Gestión Documental.

-¿Ha realizado otros cursos relacionados con la temática en qué se desarrolla?

Para ocupar  la plaza de encargada en Control de Expedientes, pasé un curso de adiestramiento y fui evaluada para el mismo. Luego estuve en otro para secretaria de Organización y Manejo de los Archivos de Gestión, el cual fue organizado por la Dirección de Recursos Humanos de la Universidad en coordinación con la Facultad de Comunicación. Más tarde participé en uno de habilitación, para el conocimiento general de operador de microcomputadora del Centro Nacional de Superación y Adiestramiento en Informática. Actualmente me encuentro en segundo año de la carrera de licenciatura en Bibliotecología y Ciencias de la Información, en la Sede Universitaria Municipal de Plaza de la Revolución.

-En el Archivo Central se realizan dos procesos: atención a investigadores y la reproducción de documentos y confección de títulos de graduados. ¿Podría explicar brevemente  en qué consiste cada uno?

La atención a investigadores realmente no es una actividad en la cual yo me desempeñe dentro del Archivo, pero puedo decirte que su atención consiste en facilitar toda la documentación necesaria solicitada por ellos oficialmente, ya que aquí se encuentran documentos valiosos que datan desde que se fundó la Universidad.

Yo trabajo en el área de reproducción de documentos, destinada a la confección de diferentes documentos como, por ejemplo, la certificación de notas, certificados de graduados o de bajas, entre otros; también, la confección de los títulos de graduados, ya sean desfasados o de la graduación masiva, confección de los catálogos y su registro; revisión de los expedientes de los graduados y las bajas.

-¿Cómo es una jornada laboral de usted en el Archivo Central?

Bastante intensa. Tengo por regla el día anterior dejar a la vista en mi buró los trabajos pendientes, las cosas urgentes, cualquier problema que ver con las facultades, o que solicitar algún expediente u otra cuestión que no me quede clara en el  momento de revisar la documentación. Eso es lo primero que hago cuando llego.

A partir de ahí, reviso las solicitudes que entraron el día anterior y comienzo entonces todo el proceso que estas llevan en el Archivo: ver si las cartas están bien confeccionadas, si el motivo se corresponde con el documento que se solicita, dar su entrada, localizar el número de ese expediente y proceder a la confección del documento pedido. Realmente no soy la persona que elaboro diariamente algunos de esos documentos, aunque cuando es necesario los asumo igual.

Durante el día atiendo a los usuarios que presentan un problema determinado, debido a que el personal es bastante nuevo; también a las secretarías de las facultades que tienen alguna inquietud. Por ejemplo, en estos momentos se están recibiendo los expedientes de los graduados del curso anterior (2006-2007) y los listados de los posibles graduados de este período (2007-2008), para poder asentarlos en el libro de registro y que se proceda a confeccionar  los títulos.

Como mi función fundamental es la de controlar y supervisar el trabajo que se realiza en mi área de responsabilidad, que  salga con la calidad requerida, pues entonces el mayor peso de mi actividad consiste en revisar cuidadosamente el documento que se ha confeccionado anteriormente con el propósito que contenga toda la información que en él se registra correctamente y que coincida con la que aparece en el expediente, por ejemplo, que no tenga faltas de ortografía, que contenga las notas, la expedición del título, la escala de clasificaciones, etc.

-¿A su juicio, qué importancia ha tenido el Archivo Central en la historia de la Universidad de La Habana?

La importancia fundamental es que atesora todos los documentos generados por la Universidad desde su fundación, los cuales representan  su historia.

-¿Qué relación  tiene su trabajo en el Archivo con la Secretaría General de la Universidad y con las diferentes secretarías de las Facultades?

Trabajamos de manera independiente, pero nos subordinamos todos a la Secretaría General de la Universidad. A partir de ella es que se reciben las informaciones y las regulaciones que se establecen para la labor docente-educativa, esto vinculado a las secretarías de las facultades.

El expediente docente, como reflejo de la vida del estudiante, se genera en cada una de las secretarías de las diferentes facultades. Culminado sus estudios, ese documento se transfiere al Archivo Central para su guarda y custodia, y posteriormente, es utilizado para la confección de los documentos solicitados.

-¿Los expedientes se guardan por tiempo indefinido o tienen alguna fecha para deshacerse de ellos o trasladarlos a otro lugar?

Hasta hoy, que yo conozca, están guardados por tiempo indefinido y no se ha hecho ninguna valoración de la documentación para su depuración.

-¿Disfruta usted su trabajo?

Sí, lo disfruto, porque empecé desde abajo y he ido ocupando distintas responsabilidades. Eso me ha dado un conocimiento general del trabajo que realizo y,  además, lo hago con amor.

-¿Ha recibido algún reconocimiento?

Nunca he trabajado por reconocimientos, lo hago por conciencia, tanto aquí, en el Archivo, como en otros centros anteriores y, como te dije anteriormente, lo que realizo es con amor y me esfuerzo para que sea lo mejor posible. Pero si te refieres a diplomas y esas cosas, no.

-¿Alguna experiencia importante que haya tenido en estos años?

Para mí todo el tiempo que he estado en el Archivo ha sido importante, cualquier actividad que he realizado me ha aportado una gran experiencia. Considero que realmente lo que soy hoy es el fruto de esa trayectoria laboral por este Archivo.

-¿Qué ha significado la Universidad para usted?

Para mí ha tenido gran significado porque verdaderamente empecé a trabajar en ella en el año 1988. Antes laboraba en el municipio de la Unión de Jóvenes Comunistas de Plaza de la Revolución y atendía  la Universidad. Después de cumplir con esa tarea, estuve algún tiempo en la librería Alma Mater, posteriormente en la Facultad de Enseñanza Dirigida, conocida hoy como Facultad de Educación a Distancia. Si sacamos cuenta, llevo buena parte de mi vida aquí, o sea, que en este momento pudiera decir que ha representado mucho.

Leticia Puerto es una persona dispuesta a ayudar a todos, sin importar la enorme cantidad de trabajo que le espere en su buró. Ella siempre encuentra un espacio para brindar a quienes soliciten su ayuda. Gente así, sencilla, honran a esta casa de altos estudios y hacen fluir la memoria casi tricentenaria de la Universidad de La Habana.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.