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Isla al Sur

Artículos-Trabajos docentes

UNA BUENA EVALUACIÓN A TODA COSTA

UNA BUENA EVALUACIÓN A TODA COSTA

IRELYS SERRANO ACOSTA,
estudiante de primer año de  Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Se ha de tener fe en lo mejor del hombre
y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar
ocasión a lo mejor para que se revele
y prevalezca sobre lo peor”,
José Martí.

La frase martiana tiene gran relación con un hecho acontecido recientemente en el corazón de nuestro hogar y en la parte más importante de él. Aquella que nos guía y prepara, que nos instruye para la vida. La que traza el futuro para quienes lo aguardan.

Precisamente, el tema al que me refiero es el fraude académico, un asunto algo trillado en la actualidad cubana, luego de que en varias ocasiones haya sido necesario cambiar los exámenes finales de onceno grado y ahora las pruebas de ingreso a la Educación Superior en la capital, debido a su repentina filtración.

Plagio, ¿sinónimo de humanidad?

Resultado de una profunda investigación centrada en varias encuestas realizadas, tanto a profesores como a estudiantes, se ha llegado a la conclusión de que el 94, 4 por ciento del alumnado ha utilizado el fraude como método para obtener buenas clasificaciones.

El presidente cubano Raúl Castro, se refirió, ante el Parlamento, a las cifras de este sondeo y lamentó la pérdida de valores morales y cívicos en Cuba, al tiempo que denunció “las graves grietas de carácter familiar y escolar arraigadas en el país”, y apuntó que la participación de maestros y padres contribuye a resquebrajar la educación de niños y adolescentes, pues el hogar y la escuela son las principales fuentes de formación del individuo en función de la sociedad.

La interpretación de los resultados estadísticos indica un fenómeno extraordinariamente complejo en el que es, probablemente, una intrincada combinación de factores la que lleva a los estudiantes a la decisión de cometer fraude académico.

Como es de esperar, en las respuestas de los docentes afloren disímiles motivos que, según ellos, los impulsan a cometer tal inmoralidad.

La mayoría de los alumnos demuestran equívocas concepciones de valores básicos vinculados con las relaciones entre ellos, que los llevan al fraude. Por ejemplo, el 60 por ciento de los estudiantes, considera que son la solidaridad, entendida como decisión individual o por presión social, la amistad y la reciprocidad los que los conducen a facilitar el fraude.

Las creencias estudiantiles sobre lo académico se han formado desde las experiencias escolares, probablemente, pero se ven reforzadas y confirmadas en la Universidad y pueden estar constituyendo ya toda una cultura, un conjunto de significados compartidos que hacen posible que el plagio ocurra como parte natural de la actividad del educando universitario.

Disocian los estudiantes las acciones fraudulentas de sus propias responsabilidades y las desplazan hacia la Universidad. Estas justificaciones operan de forma tal que quitan la culpa y desconecta la conciencia, permitiendo a una persona tomar, más fácilmente, decisiones de dudosa calidad moral.

La psicóloga Laura Domínguez García, en el texto Doping académico, publicado en la revista Alma Máter, explica que el fraude, en sentido general, “es expresión de la trasgresión de un importante valor moral que es la honestidad, el cual está asociado a la veracidad; es decir, a no mentir”.

Domínguez argumenta que este hecho puede tener en su base múltiples explicaciones: «Las causas van desde un desconocimiento de lo que significa ser honesto, pasando por una necesidad de quedar bien con los otros, ya sean los compañeros o la familia, de alcanzar competencia y obtener así reconocimiento social, hasta la creencia de que la deshonestidad puede traer beneficios, y en este último caso estaríamos en presencia de una desviación del desarrollo moral».

Según la encuesta, los discípulos también achacan el plagio a la labor de los educandos. El 28 por ciento de los estudiantes mencionó características pedagógicas de sus maestros.

¿Fenómeno cultural?

Si el fraude es un fenómeno de tipo cultural, ¿qué puede hacerse para contrarrestarlo? No parece suficiente cambiar formas de evaluar.

Según el académico Víctor Nilo, profesor de la Universidad de Cienfuegos, “debemos asumir otras políticas para revertir la situación; y no constituye un inconveniente solo de estudiantes o profesores, pero entre ellos está la clave. Cuando llegan a la Universidad, es justo tal materia, la que más alumnos saca en los primeros años de la carrera, a pesar de aprobar las pruebas de ingreso”.

En el reglamento escolar el fraude está reflejado como una falta muy grave. Las medidas con los estudiantes son de tipo educativo, de persuasión, de interacción con la familia. Incluso deberán rendir cuentas ante el Consejo de Escuela y ante su colectivo.

No es suficiente hacer cada vez más duras las sanciones y más efectivas las detecciones del plagio. La sanción del fraude será siempre injusta a los ojos de quienes lo justifican: los educandos.

Si realmente el Ministerio de Educación está dispuesto a modificar la cultura estudiantil alrededor del ámbito académico, debe considerar el comenzar a construir con los estudiantes nuevos significados acerca de lo docente, desde el cambio pedagógico, abarcando desde los currículos hasta las aulas.

La negación de la negación

Hay que tomar el problema desde la raíz, para deshacernos de los malos vicios y dejar la parte positiva. Las deficiencias en la Academia tienen que extirparse desde sus inicios, consientes que la inmensa mayoría de nuestros maestros, profesores, estudiantes y familiares, defienden con honestidad el proceso de enseñar y educar en una Cuba previsora desde que tomó las riendas de su destino.

Consecuente también con las dos épocas que Martí señalaba para los hombres políticos de estos tiempos: “la del derrumbe valeroso de los innecesario”, y la de “la elaboración paciente de la sociedad futura con los residuos del derrumbe”, para que a Cuba y a nuestra América le sigan naciendo los hombres y mujeres reales, con principios sólidos.

 

PITCHEO CUBANO: ¿ESTARÁ ENFERMO?

PITCHEO CUBANO: ¿ESTARÁ ENFERMO?

ALAIN MIRA LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación.
Universidad de La Habana.

En la historia del béisbol cubano muchos lanzadores, en distintas épocas, marcaron hitos y elevaron el nivel de los torneos en que participaron. Hombres como Martín Dihigo y Conrado Marrero, quienes jugaron en Grandes Ligas, iniciaron una era de “terror” para los bateadores antes del primero de enero de 1959.

Cuando pitchers de la talla de estos peloteros subían al montículo, los rivales sabían que pegarle a las potentes rectas de los serpentineros sería una tarea complicada.

Tras el Triunfo de la Revolución, se realizaron cambios en materia de baseball. A partir de ese momento, las posibilidades de un deportista de jugar béisbol aumentaron, ya no hacía falta tener dinero, pues si cumplía con las condiciones físicas y había talento, podía formar parte de un equipo en las Series Nacionales.

Estas transformaciones dieron sus frutos, lanzadores como Braudilio Vinent, Manuel Alarcón, Faustino Corrales y Jorge Luis Valdés aterrorizaron los maderos contrarios con rectas a velocidades superiores a las 90 millas y curvas que variaban de un lado al otro de zona de strike.

Una mirada actual

Desde el retiro oficial del deporte activo en 2011 del serpentinero pinareño Pedro Luis Lazo, el pitcheo cubano no ha encontrado un lanzador que mantenga una cadena de estable de resultados en las tres últimas ediciones del clásico doméstico.

En cuanto a promedio de carreras limpias (PCL) se refiere, medidor por excelencia de la calidad de un monticulista porque representa la cantidad de carreras permitidas por un pitcher por cada nueve entradas, la media nacional se ubica segunda a nivel internacional con un aceptable 3.66 solo superada por la Liga Japonesa del Pacífico (3.38).

Después continua la cola con el Torneo Venezolano (3.77) en tercero, el Campeonato Dominicano de Verano (3.80) en cuarto y las Grandes Ligas norteamericanas (3.82) en quinto lugar, estadísticas, las cuales pueden hacer pensar que no existen problemas, pero este parámetro dice mucho y, a su vez, dice poco.

Lo primero es que, de los campeonatos foráneos mencionados solo la liga mexicana, la japonesa y las Mayores clasifican como eventos de primer nivel, por la calidad de los peloteros que la integran, para jugar en estos eventos se deben dominar los fundamentos del béisbol, tener oficio.

Si se observan la cantidad de bases por bolas (BB) y ponches (SO), aparece un detalle revelador del lugar dónde radica el principal problema de los serpentineros antillanos; los cubanos estrucan 1,25 bateadores antes de cederles la almohadilla, mientras sus homólogos de las Grandes Ligas lo hacen 2,52 veces antes de colocar un corredor “de gratis” en circulación.

Conclusión: los monticulistas de este país no tienen control sobre sus envíos. Ello se refuerza al ver el por ciento de pelotazos propinados: los antillanos golpean 2,75 veces más que sus similares en las Mayores.

A simple vista, una diferencia tan pequeña no parece significativa, pero al comparar la cantidad de atletas que militan en la liga norteamericana, 30 equipos con 32 jugadores cada uno, la diferencia debería ser el doble y, sin embargo, no lo es.

La raíz del problema

El problema del control afectó en la 53 Serie Nacional de Béisbol a equipos como Industriales, pues, a pesar de que sus estadísticas colectivas rondan sobre la media del país, sus serpentineros más jóvenes otorgaron más BB de lo que poncharon y sus PCL excedieron los 4.00 puntos.

Respecto a este tema, José Elosegui, entrenador de pitcheo de los “Leones de la Capital”, explicó que para formar a un lanzador hay que rebasar tres etapas: primero, el monticulista debe dominar sus lances sobre cualquier lugar aleatorio dentro de la zona de strike; segundo, colocar sus envíos en dónde desee; y por último, el atleta incrementa su repertorio agregando un nuevo lanzamiento, entiéndase curva, tenedor u otro.

Enfatizó que “en cualquier país del mundo los pitcheres que no superen estas fases no pueden lanzar en equipos de primer nivel, pero en Cuba, las cosas son diferentes y los jugadores llegan a las serie nacionales con deficiencias técnicas en el control por saltar de la primera etapa a la tercera sin superar las segunda.

Destacados, pero inestables

Si bien existe descontrol, de forma general, entre los serpentineros antillanos, en las tres últimas temporadas se destacó un trío de pitcheres que salvaron la honrilla, pero, por distintas razones, no lograron mantener el rendimiento.

El monticulista revelación del 2011, el cienfueguero Noelvis Entenza, hizo girar la vista de los fanáticos sobre sí, a pesar de ser víctima del descontrol, pues regaló tantos boletos como hombres dejó con el madero en ristre.

El “lanzacohetes cienfueguero”, como lo etiquetara el periodista Francisco Navarro, trabajó para un impresionante PCL de 1.79 y solo le batearon para un anémico average de 1.54 milésimas.

Pese a sus buenos resultados en la Serie 51, en las dos ediciones posteriores su rendimiento decayó, lanzó para 3,63 anotaciones por cada nueve entradas, no tan mal, pero le conectaron para .241 y regaló cuatro BB más de lo que ponchó.

El serpentinero espirituano que llegó a ser el mejor del país en 2011, Ismel Jiménez, tuvo, ese año, una campaña de ensueño, lanzó todo el campeonato marcando velocidades por encima de los 152 km/h, fue el líder en juegos ganados (17), tercero en estrucados (119) y un excelente PCL de 2.48 puntos.

No obstante, la baja de Yuliesky Gourriel y sus hermanos de la selección espirituana parece haberle afectado notablemente, pues el yayabero no ha vuelto a ser el mismo, los contrarios le batearon por encima de los 270 de average y perdió más de lo que ganó.

Por último, quien fuera catalogado por los medios nacionales como el mejor pitcher actual, el villaclareño Freddy Asiel Álvarez, lanzó para 2.89 puntos en la 52 Serie y catapultó a su equipo al trono ganando en las cinco salidas que realizó en los Play Off.

Sin embargo, tiende a golpear a quien lo jonronea, hecho repetido en dos ocasiones contra la selección de Matanzas y le costó una sanción: un año fuera del diamante por un altercado con Demis Valdés.

Una vez visto los anteriores argumentos, sería válido poner bajo la lupa al pitcheo cubano y buscar la manera de elevarlo a los niveles que alguna vez tuvo. Entonces, y solo entonces, podremos hablar de calidad sobre el montículo nacional.

ANALFABETIZADOS VOLUNTARIOS

ANALFABETIZADOS VOLUNTARIOS

El hábito de la lectura se ha ausentado de la vida de la mayoría de los jóvenes cubanos.

ROGMARY GARCÍA SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Gran cantidad de jóvenes acuden a los estanquillos para comprar diversos volúmenes en las Ferias Internacionales del Libro. Sin embargo, ¿los leen?

El hábito de la lectura se ha ausentado de la vida de la mayoría de ellos. Prefieren ver la televisión, jugar con el Play Station o en la computadora. Durante una etapa tan decisiva como la comprendida entre los 10 y 20 años, emplear el tiempo libre en cosas útiles es imprescindible para la maduración intelectual.

Los adolescentes manifiestan la forzada literatura a consultar en la docencia de las escuelas. Romeo y Julieta, de William Shakespeare, La Ilíada, de Homero, El Reino de este mundo, de Alejo Carpentier, y Casa de Muñecas, de Henrik Ibsen, representan las más relevantes de la asignatura Español-Literatura en la enseñanza media.

María Guadalupe Chávez Méndez, investigadora del tema en México, afirma: “Si de verdad interesa que el sujeto se acerque a los libros, necesitamos romper con las estructuras de un sistema obligatorio que compensa con muy poco disfrute los deberes. En ese sentido, los libros se perciben más como artículos de rechazo, de miedo, de flojera y hasta de aburrimiento que como objetos de deseo, situación que acarrea un enorme distanciamiento hacia estos por parte del sujeto. Esto mismo garantiza una falta de hábito incorporado desde el nicho familiar”.

Leer no solo entretiene, también mejora la ortografía, amplía el vocabulario e instruye sobre disímiles temas. Es cultivar la herencia dejada por sabias voces y desarrollar el pensamiento a través del análisis de cada obra.

El Héroe Nacional de Cuba, José Martí, escribió en el periódico venezolano La Opinión Nacional, el 19 de mayo de 1882: “La lectura estimula, enciende, aviva, y es como soplo de aire fresco sobre la hoguera resguardada, que se lleva las cenizas, y deja al aire el fuego. Se lee lo grande, y se es capaz de lo grandioso, se queda en mayor capacidad de ser grande. Se despierta el león noble, y de su melena, robustamente sacudida, caen pensamientos como copos de oro”.

¿Aureliano Buendía vs. Damon?

Ejemplares de la literatura juvenil como Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, y el Conde de Montecristi, de Alejandro Dumas, son sustituidos por sus adaptaciones al cine. Los chicos prefieren ver un filme y perderse el disfrute de la narrativa en letras.

Las películas pueden tener excelentes diseños de vestuarios, novedosas técnicas audiovisuales, un valioso guión y argumento, sin embargo, no se comparan con la formación integral de un libro.

Los muñequitos “mangas” o historietas niponas como Bleach, Naruto y One Peace, las series coreanas Beautiful y F4, además de las españolas SMS y Física o Química, son algunos de los entretenimientos de los jóvenes.

Determinados personajes de esas emisiones televisivas, por el atractivo mayoritariamente físico, se convierten para las chicas en paradigmas de la pantalla, por ejemplo, Damon Salvatore interpretado por Ian Somerhalder en El Diario de un vampiro, Ulises Garmendia, por el actor Mario Casas en El Barco. y Luisma, representado por Paco León. en Aida.

En vez de pensar en las actitudes de Aureliano Buendía,  protagonista de Cien Años de Soledad, y El señor de las moscas, célebres novelas bajo la escritura de Gabriel García Márquez y William Golding, en ese orden, pierden el tiempo mirando que si aquel es bonito, el otro está “súper” fuerte y “fulano” se cambió el peinado.

A diferencia de los largometrajes, las series se distribuyen por temporadas. La demora entre la salida de un capítulo a otro, implica la pérdida del hilo de la historia. Una encuesta realizada por el servicio de Internet, Yahoo Respuestas, sobre las consecuencias de ver un solo episodio, reveló que “mata las neuronas, engancha, y luego, el único tema de conversación es sobre lo que ocurrió en el capítulo anterior”.

La era del juego

Otro de los “suplentes” del libro es el Play Station, una videoconsola de Sony Computer Entertainment, empresa multinacional dedicada a los videojuegos. En nueve años y seis meses se logró vender 102,5 millones de ese equipo electrónico.

El Dios de la Guerra, El Príncipe de Persia, Jack III, Gran Turismo, entre otros, inundan la imaginación de superhéroes, extraños poderes y acrobáticos movimientos. Los juegos en el “atari” y en la computadora crean una dañina adicción. A medida que pasa el tiempo, escasean los temas de arte y la expresión oral se dificulta. La vida del joven comienza a simular la de un robot: frases cortas al hablar, extraño caminar y miedo a la sociedad.

El MVP de béisbol, Pro Evolution Soccer sobre fútbol, el Need for Speed de carreras automovilísticas y la Guerra de los Imperios sobre luchas entre ejércitos, no se comparan con las enseñanzas de la Casa de los Espíritus, Color Púrpura y El Coronel no tiene quien le escriba, volúmenes escritos por Isabel Allende, Alice Walker y Gabriel García Márquez, respectivamente.

Puertas a un futuro literario

Desde 1992, se realiza anualmente en los meses de febrero y marzo, la Feria Internacional del Libro de La Habana, con su sede principal en La Cabaña. A partir del 2002, se extiende por las restantes provincias del país.

Dedicada cada año a diferentes Premios Nacionales de Literatura, de Ciencias Sociales y, a diversos pueblos foráneos, la Feria se propone fomentar con la venta de volúmenes la práctica de la lectura.

A pesar de que Cuba cuenta con 330 librerías, según la especialista del Observatorio Cubano del Libro y la Lectura, Jaqueline Laguardia, una encuesta de consumo cultural realizada por el Instituto Juan Marinello, en 2011, refiere que solo el 24 por ciento de la población visita librerías o bibliotecas, y el 59,9 declara no hacerlo nunca.

Especializada en la publicación de libros para niños y jóvenes, la Editorial Gente Nueva desarrolla desde edades tempranas el hábito literario. Clásicos universales enviados a las Bibliotecas Escolares y Juveniles, figuran entre sus principales colecciones.

En 1998, inició el Programa Nacional de la Lectura, el cual tiene como principal objetivo, incitarla desde edades tempranas y emplear las nuevas tecnologías a favor de ello. Asimismo, mediante ese proyecto, los ministerios de Educación y Cultura, junto a otros sectores de la sociedad promueven el interés literario.

Estimularlo con proyectos comunitarios, encuentros de especialistas y escritores y, hacer más amena la impartición de la asignatura Español-Literatura en la enseñanza media, son algunas de las vías para fomentar el hábito de la lectura en los adolescentes.

“¿SÉPTIMO ARTE O LA PIEDRA FILOSOFAL?”

“¿SÉPTIMO ARTE O LA PIEDRA FILOSOFAL?”

Este trabajo obtuvo Premio en el Fórum Científico 2013 de FCOM, en la categoría de Artículo.

OMAIRY LORENZO ÁLVAREZ,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El  número siete, tal y como lo conceptualizan los matemáticos, constituye uno  de los tantos dígitos que conforma la recta numérica del dominio de los naturales. Por otra parte, en la Química trasciende fundamentalmente por ser la cifra atómica del Nitrógeno. 

Sin embargo, en este gran ecosistema denominado mundo, donde habitamos nosotros los terrícolas, los seres ejemplares en las tareas de nombrar, simbolizar y clasificarlo casi todo -amén de los usos impuestos por las ciencias- el número siete adquiere diversas significaciones.

Entre las convenciones sociales, esta cifra impar se erige como todo un universo por las disímiles connotaciones que posee. Así, son siete los días de la semana, las maravillas del mundo, las notas musicales, las grandes potencias industrializadas, los pecados capitales, los colores del arcoíris… y no menos importante: la “cantidad de vidas de los gatos”.

Dentro del arte no podía faltar entonces, el toque místico del célebre dígito. No obstante, se imponen varias interrogantes: ¿a quién se le ocurrió conectar con el siete a una de las manifestaciones artísticas? ¿Cuáles fueron sus motivos? ¿Por qué concebirle al arte una séptima posición?

Resulta que en la Francia de inicios del siglo XX vivió un hombre llamado Ricciotto Canudo, a quien un día la perspicacia de su pensamiento le hizo dar a luz un concepto, que ha sido inmortalizado hasta el día de hoy: el afamado término Séptimo Arte.

En 1911, este “iluminado” de origen italiano plantea en su texto Manifiesto a las Siete Artes –que publicaría después en 1914- que hasta ese momento “existen seis artes (…) que responden a la necesidad del hombre de crear para sí una experiencia estética que le procure el goce de una vida superior a la vida, es decir un espacio en el que el hombre puede olvidarse de sí mismo en un olvido estético, creando a la vez, para sí mismo, una personalidad múltiple, donde experimentar más cosas de las que la propia vida ofrece” (Ricciotto Canudo y el Manifiesto de las Siete Artes, en http://suite101.net).

La Arquitectura, la Pintura, la Escultura, la Música, la Danza y la Poesía eran precisamente estas seis artes. De la síntesis y suma de ellas surge el teatro, que converge dentro de las artes escénicas junto con la danza. “Pero Canudo, especifica que parte del interés del hombre a la hora de crear la experiencia estética, se basa en la retención de lo efímero, es decir, en fijar las experiencias que nos hacen vivir una vida superior y en ese sentido, el teatro une ambos ritmos de manera imperfecta puesto que al ser un medio esencialmente efímero, le falta la eternidad necesaria de la obra de arte”.

Sin embargo, en los primeros años de la pasada centuria, además de estas manifestaciones andaban en boga por el mundo las secuencias de vistas, donde se colocaba al hombre en movimiento. Tal realidad no fue ignorada por Canudo. Con el nacimiento de este nuevo medio, “aparece entonces el vehículo perfecto donde se sintetizan definitivamente todas las artes puesto que contiene ambos ritmos el espacial y el temporal; es decir, que contiene plasticidad y ritmo, además, cumple con la función de comunión social del teatro, ya que al igual que éste, se exhibe para un amplio número de personas y finalmente contaría también con la función de eternización estética del museo, puesto que la película no deja de ser un objeto acabado que puede mantenerse en el tiempo” (Ricciotto Canudo y el Manifiesto de las Siete Artes, en http://suite101.net).

Dicho de otro modo, el cine con sus características propias de transmitir imágenes con vida, tiene la potencialidad de encuadrar en un mismo plano y a la misma vez toda una conjugación de las demás manifestaciones artísticas. 

En los días en que las salas oscuras solo eran concebidas para abreviar y entretener las horas de ocio de las personas, o sea, como un mero entretenimiento, Ricciotto tuvo la sagacidad de deslindar las fronteras entre las nociones de Arte e Industria. Por tanto, establece un contraste entre los artistas y los industriales del cine, a los que nombra “tenderos”.  

“Si bien los muchos y nefastos tenderos del cine han creído poderse apropiar del término «Séptimo Arte» que da prestigio a su industria y a su comercio, no han aceptado empero la responsabilidad impuesta por la palabra «arte». Su industria sigue siendo la misma, más o menos bien organizada desde el punto de vista técnico; su comercio se mantiene floreciente o en decadencia, según los altibajos de la emotividad universal. Su «arte», salvo algún raro ejemplo en el que el cineasta es capaz de exigir e imponer su propia voluntad, sigue siendo prácticamente el mismo que inspiraba a Xavier de Montépin” (Canudo, Manifiesto delas Siete Artes, en http://www.cinefagos.net/index.php?option=com).

Sin dudas, Ricciotto Canudo, el primer mortal que le estampara al celuloide una categoría tan significativa como Séptimo Arte, pasó a la historia como uno de los pioneros dentro de la crítica y la teoría del cine.

De esta forma, podemos concluir con una idea cardinal: el cine se puede definir como un arte de culminación y síntesis, pues como ha quedado expuesto a través de la óptica del “alquimista” italiano radicado en París, esta manifestación coquetea con las demás expresiones culturales, al tiempo que les confiere una gama más rica de significados.

Entonces… ¿Cuál será en las artes, del uno al siete,…la Piedra Filosofal?

Bibliografía:

Canudo, Ricciotto. Manifiesto de las Siete Artes. En http://www.cinefagos.net/index.php?option=com.

Canudo, Ricciotto y el Manifiesto de las Siete Artes. En http://suite101.net.

Verdone, Mario. Canudo: el crítico cinematográfico. En Revista Cine Cubano, 2006.

POEMAS PREMONITORIOS

POEMAS PREMONITORIOS

Este trabajo obtuvo Premio en el Fórum Científico 2013 de FCOM, en la categoría de Artículo.

YOEL SUAREZ FERNANDEZ,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En septiembre del 56, un muchacho santiaguero, bautista y conspirador apuntaba en su libreta: «Tengo un raro presentimiento/ de que voy a morir (…)» Ocho meses después su hermano, Josué, cayó abatido por monstruos del batistato. Entonces el joven regresó a la libreta: «Cumpliste tu vida, tus sueños/ moriste peleando y de frente/ a mí cuánto dolor me espera (…)».

Frank Isaac País García murió el 30 de julio de 1957, a nueve meses de escribir sobre el oscuro destino que sentía le esperaba. Dieciocho meses después (curioso: el doble de nueve) Fulgencio Batista huía al extranjero. Quedaba atrás una Isla consumida en sangre y fuego.

Líder legendario del Movimiento 26 de Julio, Frank País murió con 22 años de edad. Con él feneció el talento de un pianista, un dibujante y un poeta en ciernes. En sus versos juveniles aborda temas universales y desnuda la cosmovisión de un muchacho que desprecia a los cobardes, pero que se debate entre su fe y la justicia de la bala. Dio el paso al éter umbroso vía plomo, vía sol. Como lo dio Martí, y otros que igual creyeron en la vasta posibilidad de la existencia terrena. Entre ellos, Lezama.

Una calurosa madrugada habanera se llevó para siempre su aliento. El 9 de agosto del 76 el voluminoso cuerpo del autor de Paradiso sucumbió ante un infarto. El corazón soportó otros soplos helados (entre ellos los que congelaron daguerrotipos para que su nombre quedara nada más en manuscritos y en el recuerdo de algunos). Mas no salió victorioso de esa batalla terrible en que la muerte misma se aproximaba a buscarlo. Aunque no era publicado hacía ya varios años -como es harto conocido- José Lezama Lima continuó estremeciendo la máquina de escribir. El cuartel de Trocadero atestiguó el nacimiento de su último poema.

Lo había escrito poco tiempo antes de morir. Así lo afirma el periodista Ciro Bianchi Ross en uno de sus reportajes sobre el ilustre escritor. «Hizo toda su obra para llenar una ausencia y buscar una compañía insuperable -asegura Bianchi, y continúa contando-. El pabellón del vacío es el título de ese poema. Dice en sus versos finales: «Me duermo / en el tokonoma / evaporo el otro que sigue caminando».

Cintio Vitier, otro amigo de Lezama, alguna vez se refirió a estos versos. Recordaba que el sincretismo cultural (acaso espiritual) era pasto común en el mundo lezamiano. «Al final de sus días hizo el hallazgo del tokonoma –escribe Cintio-, que según nos decía era una costumbre japonesa, la presencia simbólica del vacío en la casa mediante un minúsculo hueco abierto en la pared.»

Con la misma intensidad de la gula, Lezama dejó su nombre ataviado de especulaciones antes de expirar. Con este poema premonitorio la muerte quedó descubierta a la luz del mediodía. Solo el tiempo y la quietud han sido el comodín perfecto para descifrar la hermeticidad de estos versos. Claro, esta interpretación que propongo bien puede ser discutible. Como los grandes, Lezama se ha incluido entre esos autores que juegan con la psiquis del lector; un lector que a veces logra, con más o menos suerte, ponerle la cola al burro.

Católico confesional, compartía altares con el espiritismo. En 1969, de manera misteriosa, suspendió a última hora un viaje a Francia. Nos cuenta Ciro Bianchi que en alguna ocasión Lezama explicó a Pablo Armando Fernández que había actuado así tras consultarle a su madre, fallecida cinco años antes, su parecer sobre la ida a París. «Joseíto, no hagas ese viaje», contestó Rosa Lima, y aquello fue suficiente para que el escritor desistiera de cruzar el Atlántico. Es posible que desde el más allá Lezama avistara la hoja filosa de la parca.

Por otro lado, lo de premonitorio que cargan los versos puede bien justificarse en el hecho de que Lima fue siempre un hombre enfermizo. El asma agitó su hablar desde la niñez, pero al final de sus días fue la pulmonía la culpable de sus faltas de aire. La delicada situación de su salud, quizá el sentirse cada vez más mal, pudo provocar que el poeta soltara las líneas que ahora nos ocupan. Puras conjeturas.

Catorce años antes de que el gordo maravilloso abandonara el mundo material, un terrible accidente sacudió la Isla de punta a cabo. Una adolescente se sumó al martirologio de la ilusión. Casi a los doce meses de haber egresado de la Escuela Nacional para Instructores de Arte (ENIA) la prensa dio a conocer la muerte de Olga Alonso en el Escambray.

Rolen Hernández y su esposa, Rosa Ileana Boudet, pasaban el servicio social en la Isla de la Juventud cuando escucharon consternados la noticia. Habían compartido amistad y aulas con «Olguia».

«Rosa Ileana empezó a gritar y a llorar. Nunca pensamos que pudiera sucederle algo tan terrible. Y lo peor de todo es que ni siquiera pudimos venir a La Habana para el entierro», me confesaba Rolen en medio de alguna entrevista.

«Éramos muy cercanos a Olguia -como le decía afectuosamente. En la escuela la celaba como si fuera una hermana. Tenía unos ojos muy bonitos, muy expresivos y era una muchacha muy cálida», recordaba.

Rolen, igual que Olga, había egresado de la ENIA cono instructor de Teatro. Su curso tuvo el privilegio de ser formado por artistas como Humberto Arenal, Adela Escartín y Osvaldo Dragún. Y aunque la actuación ocupó buena parte del desempeño profesional de los egresados, algunos pusieron a prueba sus posibilidades en manifestaciones como la poesía. De hecho, el propio Rolen integró años más tarde el núcleo primigenio de la revista El Caimán Barbudo.

Un tiempo antes del trágico suceso, el actor de Teatro El Cículo recuerda que había escrito un poema muy raro sobre Olga; un tanto premonitorio. «Y aunque tiene influencia surrealista -revela- no deja de ser escalofriante».

«No lo recuerdo bien –continúa- pero hablaba de que la buscaba infructuosamente, que no la encontraba; y continúa con algo como esto: y no te hallé las basuras trucidadas/ y no te hallé en el hueco de mis pasos/ y no te hallé».

Según recuerda el propio Rolen Hernández, Olga tuvo una muerte horrenda: «en el accidente cayó bajo un tractor. Y quedó destrozada allí. Trucidada».

La Habana, julio-agosto, 2012.

BIBLIOGRAFÍA:

Gómez, A; García, I. (2011) De mi alma un instante. La Habana, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.
Bianchi, C. (2009) Vida de Lezama III. Diario Juventud Rebelde. Noviembre, p. 12.
Suárez, Y. (2012) Nunca dejé de soñar [Internet], La Habana. Disponible desde: http://www.uneac.org. [Acceso 18 de julio 2012]
Lezama, J. (2002) Fragmentos de su imán. La Habana, Letras Cubanas.

 

LA ÚLTIMA SONRISA DE RAFAEL TREJO

LA ÚLTIMA SONRISA DE RAFAEL TREJO

Análisis de la crónica, escrita por Pablo de la Torriente Brau.

YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Aquel cronista vivió la vida con la avidez del que asiste al cine; combatió con el entusiasmo y el humor como escudos infranqueables y creyó en el periodismo como una actividad vital, imprescindiblemente creadora, capaz de devolvernos enriquecida nuestra propia imagen como individuos, como pueblo, como nación.” (1)

Este elogio no es más que un intento por condensar en pocas palabras la inmensidad de Pablo Félix Alejandro Salvador de la Torriente Brau, uno de los nombres más gloriosos de la historia revolucionaria cubana, y también de los más altos exponentes de la literatura y el periodismo del siglo XX.

Y es que Pablo logró, mediante su estilo único, contar la historia de su suelo con una voz de denuncia y combate, de inconformidad y resistencia ante una realidad que no quería para su gente, para su Cuba.

La obra literaria de Pablo merece reverencias y congratulaciones, pues sin dudas, marca una pauta en el quehacer artístico nacional. Sin embargo, es en la actividad periodística donde Pablo mezcla habilidad y pasión en el afán por transformar su entorno, teniendo siempre por bandera un firme sentido de la ética y un respeto inquebrantable por la profesión.  

“Recordé que yo era periodista, que mi gusto era ir por entre el pueblo, buscando su emoción para expresar sus anhelos” (2), diría este cronista, fiel apasionado de su contexto histórico.

Los trabajos periodísticos de Pablo de la Torriente Brau renovaron el lenguaje preestablecido en el hacer cotidiano de los autores de noticias, reportajes, crónicas…., pues introdujo, de modo natural, la riqueza del habla popular combinada con una fina ironía y un humor agudo y auténtico, siempre sobre la base de apelar a temas sensibles y humanos que trataran de cerca la cruenta realidad de aquel entonces.

Además, este intelectual cubano es el precursor del género testimonial en la Isla; cada entrega periodística es una síntesis de sus vivencias, la condensación de historias cuyo núcleo central es la experiencia del autor como guía narrativa en el desencadenamiento de la acción.
 
"Porque mis ojos se han hecho para ver las cosas extraordinarias y mi maquinita para contarlas. Y eso es todo…" (3).

Precisamente, esa perpetua labor de testimoniante de su tiempo y de su vida es lo que más emparenta a Pablo de la Torriente Brau con la crónica periodística.

La crónica, género que parte del vocablo derivado de la voz griega cronos, que significa tiempo, es vista por muchos como el más “aristócrata” dentro de los géneros del periodismo porque es el estilo que más se acerca a la literatura.

El cronista se distingue por relatar y describir hechos históricos con un orden establecido cronológicamente, acción antepuesta a la mera identificación con cualquier desahogo emotivo. Se trata, entonces, de iluminar determinado acontecimiento con una visión que subraye su trascendencia, su significado, teniendo en cuenta el manejo de factores que apelen a lo emocional.

Ante tal conceptualización del género, no se admiten vacilaciones al considerar a Pablo como uno de los mejores cronistas de su época. Con un claro matiz subjetivo, el autor dibuja contextos, atmósferas, situaciones y personajes reales pasados todos por su óptica personal. “La última sonrisa de Rafael Trejo” es prueba fehaciente de las habilidades que como cronista poseía Pablo.

Este trabajo, publicado en Ahora, “El Periódico de la Revolución”, el 30 de septiembre de 1934, quiere reseñar los sucesos ocurridos cuatro años antes en la Universidad de La Habana como pretexto para homenajear la vida y el ejemplo de uno de los héroes de la Revolución del 30: Rafael Trejo, herido mortalmente ese funesto día de acciones estudiantiles en contra de la policía machadista.

Una vez más, Pablo comienza su historia sin entregar en desnudeces el centro de la acción, sino que da inicio a un proceso de identificación del lector con un tema: “los sucesos dramáticos de la vida”. He aquí uno de los momentos en los cuales utiliza su experiencia vital, tanto de la niñez como de fragmentos recientes de su devenir, en una enumeración de situaciones peligrosas que pasan por su mente para connotar en un grado más alto la significación del suceso que va a comenzar a contar: “Mi vida ha sido libre, tiene muchos recuerdos interesantes, pero creo que ninguno puede ser más trascendental que el del 30 de septiembre”.

Pablo invita al lector a adentrarse en sus pensamientos y deseos, en lo más sensible de su ser; un ejemplo de ello es cuando vuelve a realzar la magnitud de su tema central al expresar que de todos los sucesos de aquel día, lo que más le impactó fue la última sonrisa de Rafael Trejo.

Continúa la labor de participante dando su visión detallada sobre los hechos ocurridos en aquella jornada sangrienta, describiendo tanto acciones como estados de ánimo, sin dejar caer nunca la expectativa, la espera impaciente por la aparición del ya anunciado personaje principal –junto con el propio Pablo, claro está-.

De este modo, el público va viviendo cada instante del relato junto a su emisor, desde la euforia revolucionaria con los desenfrenados gritos de: “¡Muera Machado!”, hasta la represión que protagonizan esos de la “loma manchada de azul”.

A partir de la descripción de la caída de Pablo se puede identificar un cierto punto de giro en la historia, artificio del que se vale el autor para introducir la penosa situación en la que se encontraba Trejo. Desde ese momento, se utilizará una constante analogía entre el estado de Pablo y el de su compañero de lucha para describir así la incertidumbre, la pena, el dolor que se siente por un hermano de causa.

En medio de ese relato de acciones violentas, de desesperación, de rememoración de sucesos trágicos, Pablo es capaz de intercalar personificaciones, símiles y metáforas con un contenido filosófico; pero que parten de contar desde su “yo”, dejando a un lado el presupuesto de la “objetividad” y la visión del periodista como ente aislado, como individuo exterior  a los hechos que se narran.

Es entonces cuando caemos en otro giro en la historia al enterarnos, una vez más en boca del autor, del grave estado de Rafael Trejo. El dramatismo se acentúa cuando el médico dice definitivamente que el joven estudiante no se iba a salvar de ninguna manera (para ello Pablo utiliza el recurso formal de las comillas).
 
El último subtítulo del texto (elemento característico de la obra de Pablo y muy utilizado en el periodismo con el fin de fragmentar los temas para darles mayor cohesión a la par de ofrecer comodidad visual al lector) desborda la sensibilidad de quien ha llegado a este punto de la lectura.

Pablo congela en un instante la sonrisa de Trejo, aquel gesto suyo de dar ánimos a su semejante, de alentarlo a superar ese momento intenso: “Su sonrisa apenada por mi situación, me pareció un sarcasmo doloroso a su espléndida juventud que iba a rendir un esfuerzo inútil por salvarse.”

Frente a esta imagen queda la sonrisa de Trejo como símbolo de la constancia y la abnegación por la lucha estudiantil, como el ejemplo de un héroe que se hace inmenso por su conducta, que se levanta para señalar el mejor camino a seguir en el andar revolucionario y antimperialista: “Recuerdo aquella sonrisa tan limpia, de un hombre que tuvo la gloria de morir como un héroe.”

“Aquella ingenuidad animadora de su última sonrisa es como una perpetua esperanza, como un eterno alentar para pasar con un poco de desprecio sobre todas la pequeñas vilezas de los que resbalan sobre su sangre, que fue generosa, que rodó por las calles hacia todos los horizontes, sin preferencia por ninguno, que cayó pensando solo en que la vertía por la liberación de un pueblo entero, sometido por la opresión y el terror”.

Un periodista nato

La crónica analizada anteriormente es uno de los tantos ejemplos del periodismo audaz practicado por Pablo de la Torriente Brau. Su labor en Ahora desde enero de 1934 es muestra de su constante búsqueda de renovación en la técnica y el estilo con un nuevo enfoque, con una perspectiva auténtica estrechamente vinculada al devenir histórico de su tiempo.

Pero, ¿cómo ese muchacho que nunca pudo vincularse como estudiante a la Universidad ni se formó profesionalmente en el oficio de reportar, pudo convertirse en una de las mentes más brillantes del periodismo cubano?

Pablo tuvo influencias familiares desde muy niño. Su abuelo materno, Salvador Grau, era periodista, historiador y sociólogo; además, su padre también ejerció el periodismo y la instrucción pedagógica. Por su parte, la madre enseñó a leer al hijo en La Edad de Oro, inculcándole el amor a la literatura.

Pero quizás lo que más incorporó Pablo a su obra periodística durante los seis años en que trabajó como reportero, fue su experiencia como secretario del doctor Fernando Ortiz, hecho que contribuyó notablemente a su formación crítica.

“En ese ejercicio fecundo del periodismo se forjó su personalidad, rica en matices, donde convivían el amor con el humor y la pasión con el análisis.” (4) 

Así, entre ávidas lecturas y retroalimentándose de sus vivencias, Pablo logró convertirse en un genuino periodista que contribuyó a enriquecer la idiosincrasia de su pueblo y a estimular la participación colectiva en los asuntos políticos, siempre denunciando los crímenes cometidos contra sus hermanos revolucionarios. De la Torriente fue un guardián del nacionalismo ante la necedad intrusa, alguien que concilió su sentir de nación con la identidad de su pueblo, a eso dedicó su quehacer y vida.

Pablo redactaba sus trabajos de un modo espontáneo y directo, sin revisarlos ni pulirlos, o sea, los sacaba inmediatamente de la máquina para entregarlos tal y como los había escrito, sin correcciones. Esto se haya directamente relacionado con su filosofía de no presumir la aparente objetividad, sino dejar bien claras sus posiciones y tomar partido.

“No tengo nunca miedo a escribir lo que pienso, ni con vistas al presente ni al futuro, porque mi pensamiento no tiene dos filos ni dos intenciones. Le basta con tener un solo filo bien poderoso y tajante que le brinda la interna y firme convicción de mis actos”. (5)

Esta valentía y sinceridad del joven luchador estudiantil permitieron a Juan Marinello caracterizarlo de la siguiente forma: “…Una generosidad congénita lo empujaba a ser simple, grato y benéfico… Fue un ejemplo de coraje, dignidad y buen sentido…. Lo defendían el valor sin alardes, la hombría permanente y la simpatía radiante” (6).

Junto a la imagen vital de Pablo de la Torriente Brau, el pueblo cubano ha de transitar siempre la ruta de sus afectos para encontrar la vocación perdurable del decoro que en su figura se inmortaliza. Así, queda perpetuado su nombre junto a la más humilde grandeza del periodismo y de Cuba.

“Al mencionar en un balance apretado las cualidades de la obra periodística de Pablo –profundidad, amenidad. compromiso, humor, agudeza, imaginación, naturalidad, mezcla creadora de lo culto y lo popular, sentido auténtico de lo moderno-, no hemos querido realizar un inalcanzable inventario de maravillas, sino poner delante de todos ese conjunto de elementos que conforman una óptica creativa, necesaria en cualquier caso para el ejercicio del periodismo revolucionario… Creo que el resplandor de ese aserto se proyecta sobre nuestra cultura toda, mostrando los relieves que la hacen, al mismo tiempo, mestiza, rica, auténtica”. (7)

Notas:

(1) Casaus, Víctor: “Elogio de Pablo” en Evocación de Pablo de la Torriente Brau. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1997 p 214.
 
(2) Citado en Machado, Jorge: “¿Por qué Pablo?”  En Evocación de Pablo de la Torriente Brau. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1997, p. 180.
 
(3) Citado en Casaus, Víctor: “Elogio de Pablo”, en Evocación de Pablo de la Torriente Brau. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1997, p. 208.

(4) Casaus, Víctor: “Elogio de Pablo”, en Evocación de Pablo de la Torriente Brau. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1997, p. 203.

(5) Carta de Pablo de la Torriente Brau a Raúl Roa del 15 de enero de 1936, en Cartas Cruzadas. p.226.

(6) Marinello, Juan: “Pablo de la Torriente, héroe de Cuba y de España”, en Evocación de Pablo de la Torriente Brau. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1997. p. 162.

(7) Casaus, Víctor: “Elogio de Pablo”, en Evocación de Pablo de la Torriente Brau. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1997. p. 213.

Además de los documentos citados, se consultaron diez artículos recogidos en la compilación varias veces nombrada sobre Pablo de la Torriente Brau y el libro ¡Arriba Muchachos! Ediciones La Memoria. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2001.

 

LEZAMA SEGÚN SU CASA

LEZAMA SEGÚN SU CASA

RAFAEL G. ESCALONA Y NELSON G. BREIJO,
estudiantes de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hay lugares que parecen haber escapado al paso del tiempo, que se aferran al pasado con una fidelidad exquisita, como si permanecieran inmóviles en una dimensión paralela hasta el instante de su descubrimiento. Algo así nos sucedió después de explorar por más de una hora el pequeño apartamento de Trocadero 162, lugar donde José Lezama Lima encontró el espacio para hacerse y vivir como escritor.

Construirse una imagen del autor de Paradiso desligada de esta casa, es imposible. Llegó a ella en 1929 con unos veinte años, y no la abandonó jamás. Tras su muerte creció  el mito que por años lo había acompañado, alimentado tanto por enemigos como por verdaderos y aparentes amigos.

Desde el año 1984 el inmueble funcionó como extensión de la Biblioteca Municipal. Cinco años más tarde se inauguró la Casa Museo José Lezama Lima, institución creada no solo para dar a conocer su obra, sino también para difundir valores culturales en el barrio Colón.

El caos lezamiano

La entrada original de la casa ha sido clausurada, ahora se accede a ella por Trocadero 160. Tras atravesar una galería transitoria, llegamos a la sala, centro de creación en los últimos años de la vida del autor. Destaca un retrato realizado por Jorge Arche en el año 1938 que muestra las manos de Lezama sobredimensionadas, como si el artista hubiera intuido desde entonces que se asentaría en el Olimpo literario cubano. Otro elemento significativo es una gran fotografía de su padre, el coronel José María Lezama, vestido de militar, donde se trasluce el carácter con que este señor dirigía la casa. 

Al adentrarnos en el apartamento distinguimos una suerte de  continuidad de su cosmovisión barroca; cuadros de diferentes tendencias, ediciones príncipes junto a publicaciones recientes, jarrones chinos, bustos griegos y detalles japoneses; todos superpuestos en un abigarrado estilo, como si la necesidad de llenar con imágenes, tan característica de su escritura, fuera trasladada hacia el espacio físico.

Cuadros de destacados pintores con los que el escritor mantuvo una estrecha relación inundan la sala. De hecho, su colección privada se considera una de las más completas y representativas de la vanguardia plástica cubana de su generación.

Lezama fue un coleccionista compulsivo, no solo pinturas: libros, jarrones, miniaturas…, todo lo que a su juicio tuviera algún tipo de valor tenía sitio entre sus paredes. En más de una ocasión se vio apretado económicamente por las compras que realizara en sus frecuentes andanzas por la calle Obispo. Muchos de estas piezas ahora reposan sobre los anaqueles del apartamento.

En vida del escritor, libros y libreros parecían reproducirse por arte de magia, algo que los investigadores de la casa-museo han dado en llamar jocosamente “el reguero lezamiano”. No obstante, quienes lo conocieron afirman que en ese caos era capaz de encontrar infaliblemente cualquier texto buscado.

El imperio de Rosa

Desde uno de los cuartos, muchos Lezamas observan al visitante. La habitación, ahora convertida en una sala de exposición, intenta describir la vida del poeta a través de fotografías, desde momentos familiares hasta los encuentros del mítico grupo Orígenes. Las imágenes también revelan a la sucesión de mujeres que rodeó a este ser tan afectivamente dependiente: su madre Rosa, sus hermanas, la criada Baldomera y su esposa Luisa. En las últimas instantáneas se nota la mirada de un hombre agobiado por el asma y el exceso de peso.

Antes de llegar al estudio,  pasamos por una pequeña estancia que evoca su niñez. En el despacho llama la atención un inmenso escritorio en el que vio la luz más de una idea del genial escritor. Un ejemplar  de la edición príncipe de Paradiso, La República de Platón y otros textos esparcidos sobre el escritorio dan la sensación de que el poeta aparecerá en cualquier momento para proseguir su labor.

Según el propio Lezama, escogió aquella habitación como estudio porque así se encontraba más cerca de la cocina, el imperio de su madre y el corazón de la casa mientras ella vivió. Al morir Rosa lo encontró demasiado lúgubre y se trasladó a la sala, donde escribió y recibió a sus visitas hasta el fin de sus días.

El comedor, de una cubana sencillez, recuerda banquetes y días de penurias. Allí el autor de Paradiso disfrutó los placeres de la comida criolla, a la que dedicara uno de los más inspirados pasajes de dicha novela. Pero también allí tuvo que ajustarse el cinturón para no formar parte de los rejuegos políticos de la época republicana.

Si es un joven poeta, déjalo pasar

Quizás, el patio sea el lugar de la casa que más ha cambiado. El muro que antes separaba a las dos viviendas que ahora conforman la Casa Museo ya no existe. Cuesta trabajo imaginar en la mitad de ese espacio al montón de visitantes que acudía a venerar a este desdeñoso ermitaño.

Hoy no es menos activa la vida en Trocadero 162. Exposiciones de artistas plásticos, talleres de arte con niños del barrio, conciertos de música y poesía, actividades organizadas dentro de un programa cultural que prioriza el vínculo con la comunidad. En definitiva, la casa nunca estuvo cerrada para quien quisiera conocerlo. 

Cuentan que en una ocasión tocaron a la puerta mientras Lezama sufría un fuerte ataque de asma. Maria Luisa explicó al visitante la situación, dejando claro por qué no podía atenderlo. El escritor, que oyó la conversación desde su cama, dijo a la esposa una frase que bien define el espíritu que siempre reinó y reina en la casa: “María Luisa, si es un joven poeta, déjalo pasar”.


 

EL FUNERAL QUE NO LLEGA

EL FUNERAL QUE NO LLEGA

LAUREN CLETO HERRERA Y LUIS ALEJANDDRO YERO MONTEAGUDO,
estudiantes de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La algarabía alrededor de la libreta ya parece olvidada por la opinión pública. El tema, de tanto llevarlo y traerlo, sencillamente cansó a la gente. En su lugar, otros asuntos encienden las tertulias de esquina. Sin embargo, la pregunta de cuál será el futuro de la distribución normada, quedó como otra de las tantas interrogantes aún por responder.

Ya parece lejano el alboroto vivido a mediados del 2009, cuando la “bola” de que los mandados se iban a bolina, creó un verdadero gallinero dentro y fuera del país. Los rumores alrededor del polémico tema encontraron pie de arranque en un artículo de la prensa sobre la necesidad de abolir subsidios insostenibles para las finanzas nacionales. Y a pesar de las esporádicas menciones a la libreta, nunca se apuntó directamente a su eliminación.

Las habladurías populares no tardaron en hallar acciones concretas para reavivar sus miedos. Desde noviembre de 2009, en los mercados de venta liberada podían oírse los pregones de dos nuevos productos: la papa y el chícharo, a partir de entonces suprimidos de la cuota normada. Y aunque esta señal aparentó ser el primer paso de un posible trayecto hacia una eliminación gradual, los casi dos mil millones de pesos del presupuesto nacional para asegurar este año la canasta básica, confirmaron algo: los mandados mantendrán su llegada mensual durante el 2010.

Sin embargo, ¿qué factores

comenzaron a presionar

sobre el futuro de la libreta?

En el 2009 importantes sectores sufrieron considerables pérdidas en sus ingresos. Las inversiones decrecieron en un 16 por ciento; las exportaciones, casi en un cuarto; y las importaciones, en más de un tercio. Influyeron en estos descensos, la crisis financiera mundial que redujo los ingresos por turismo, además de la caída del precio internacional del níquel. También, en el 2008, los vientos de tres huracanes hicieron desaparecer 10 mil millones de dólares de las cuentas nacionales.

Esta situación, combinada con años de políticas económicas poco eficientes en el plano interno, condujo a una realidad compleja. Hoy, mantener la libreta constituye una sobrecarga a las maltratadas finanzas del país.

El gobierno del país no tardó en percatarse de ello. Las declaraciones de Raúl sobre la insostenibilidad de muchos subsidios, así lo demuestra: “Nadie, ni un individuo, ni un país, puede gastar indefinidamente  más de lo que ingresa. Dos más dos siempre suman cuatro, jamás cinco. Hoy añado, en las condiciones de nuestro socialismo imperfecto, a causa de insuficiencias propias, muchas veces dos más dos, da como resultado tres”.

El Doctor Omar Everleny Pérez, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana,  revela un segundo argumento que indica lo inapropiado de este sistema de distribución. Según el económico, el estado gasta millones en abastecer alimentos, hasta en quienes no los necesitan: “Ya este proceso representa una distribución injusta porque hoy la sociedad está fragmentada. Los ingresos de un anciano retirado, no son los mismos a los del dueño de una paladar. Desde hace cinco años, nosotros estábamos planteando la necesidad de pasar a un sistema diferente: a un sistema de subsidiar a las personas y no a los productos”

Mientras, el doctor Armando Nova, también del Centro de Estudios de la Economía Cubana, reconoce otra razón para detenerse a pensar sobre la permanencia de la libreta. “Esta se ha convertido en un factor desestimulante, sobre todo en el tema de la productividad del trabajo. Hay gente que se conforma solamente con los mandados,  y no trabajan más fuerte  para cubrir otras aspiraciones”.

Pero, ¿qué significaría

para la familia cubana

la muerte de la libreta?

“¿Con qué voy a comprar lo que venden en la tienda por divisa? Mi salario casi no me alcanza. La libreta resuelve muchísimos problemas, más aún cuando no tienes divisa”, responde Alina Menéndez, trabajadora de la Empresa Provincial de Bebidas de Ciudad de La Habana.

Mientras, Luis Alberto Reyes, chofer de la empresa Panataxi, opina: “Por mí que la quiten. Los mandados se me pudren en la bodega, porque no tengo tiempo para ir a buscarlos”.

Nieve Fonseca, jubilada y cuentapropista, asegura: “Yo tengo dinero, porque me lo busco. Pero a la mayoría de los viejitos la chequera no les alcanza para nada. Si quitan la libreta… se mueren de hambre”.

La necesidad de eliminar la libreta se enfrenta a una realidad socio-económica que impide acabar de golpe con sus 48 años de existencia. Su desaparición significaría una bomba para la economía doméstica de millones de cubanos. 

¿Cómo sobrevivió hasta nuestros días?

“(…) A partir de mediados de 1961 se hace visible que la oferta de alimentos y otros bienes de consumo a la población comenzó a retrasarse con respecto a la creciente demanda; estimulada por la redistribución de los ingresos en ascenso que recibía la población”, indica el Doctor Julio C. Díaz Acosta, en su investigación Consumo y distribución normada de alimentos y otros bienes.

“La confluencia de hechos y situaciones generadas por los rápidos cambios socioeconómicos que se producían en el país; las dificultades creadas con el rompimiento técnico-productivo estándar utilizado en la Isla hasta entonces, casi todo de procedencia norteamericana, la pérdida de los mercados tradicionales externos, así como la imposibilidad de reorientar la búsqueda de nuevos suministradores en tan breve tiempo, dan lugar a la promulgación de la Ley 1015 (12 de marzo de 1962) por la que se creó la Junta Nacional para la Distribución de los Abastecimientos”, argumenta el estudio.

En lenguaje llano: en marzo de 1962 se imprimió por primera vez una libreta de abastecimiento.

Hacia los 80, un amplio mercado libre a precios módicos favoreció una soltura en la economía doméstica del cubano. La abundancia de opciones, incluso, permitió a muchos prescindir de varios productos normados. Ya en esa década se pensó eliminar la libreta gradualmente, pero la crisis de los 90’ paró en seco estos planes.

“A partir de los años 93, 94, hubo necesidad de darle a la libreta una mayor importancia. Empezaron las fábricas a paralizarse, el dinero comenzó a aumentar y entonces creció mucho la especulación. Para enfrentar esta situación, el Estado volvió a distribuir los principales bienes de consumo de forma normada”, relata Omar Everleny Pérez.

La distribución normada no ha sido un invento cubano. Incluso, la Grecia Antigua la aplicó, y en el siglo XX, Europa no escapó a su uso como antídoto a la escasez de bienes que provocaron las dos guerras mundiales. En momentos de insuficiencia, ha servido como medida eficaz para evitar el acaparamiento y la especulación, además de proteger a los grupos más vulnerables de la sociedad.

En nuestro caso, la libreta también significó un atenuante a las diferentes crisis que han golpeado al país. Y mientras en otras naciones sólo funcionó de forma temporal, en Cuba, su alargada permanencia ha entorpecido el desarrollo armónico de la economía.

La actual combinación de crisis económica mundial, huracanes, y la herencia del bloqueo norteamericano unido a una economía poco productiva, ha colocado a la libreta en una encrucijada: necesidad de eliminarse, frente a los millones de cubanos que dependen de ésta. Entonces, ¿cuál podría ser la solución?

Armando Nova propone: “El problema no radica en quitar la libreta, sino en lograr una mayor oferta. Y para ello es necesario liberar una serie de pasos, de liberar fuerzas productivas: dejar que todo posible productor pueda trabajar, que los productos fluyan sin tantas trabas. Hay muchas restricciones en los procesos de producción, distribución, acopio y venta de los productos. A medida que se eliminen estos obstáculos, ello estimulará a los productores y a la vez se logrará una mayor oferta. Una mayor oferta, provoca por ley un descenso en los precios”.

La distribución normada sólo representa la punta del iceberg de un complejo sistema de relaciones económicas. Según Nova, cualquier cambio sobre ésta conlleva una alteración en todas las variables a su alrededor. Una posible eliminación de la libreta, inevitablemente deberá acompañarla un aumento de la productividad, que equilibre el vacío dejado por la desaparición de la canasta básica. Y para ello, se necesita toda una reformulación del sistema económico cubano. 

“Para eliminar la libreta hay que modificar las otras variables asociadas a ésta, como la prestación de los servicios y la producción de alimentos. Además, crear otras formas de propiedad. ¿Por qué tiene que ser el Estado solo? ¿Por qué no se crean espacios a otras formas de propiedad (la cooperativa, el productor individual, la producción individual)?. Diversificar ese proceso, donde el Estado se ocupe de los problemas más pertinentes, sea el dueño de los medios productivos fundamentales, pero no sea el elemento mayoritario en los procesos de la gestión empresarial y productiva”, especifica Nova.

La palabra “cambio” se ha convertido en la más escuchada últimamente. Y aún cuando la velocidad, magnitud y efecto de las transformaciones no llega, ni satisface a todos, el Estado ha comenzado a dar los primeros pasos: descentralización financiera de las actividades más rentables al país, entrega de tierras ociosas a quien esté dispuesto a trabajarla, salarios según resultados en el sector productivo, aumentos de pagos a producciones alimenticias. La eliminación de subsidios representa otra de las tantas reparaciones necesarias a la maquinaria económica del país.

“Realmente, no es que se quiera eliminar la libreta. ¿Pero cómo mantienes ahora esos elevados gastos en divisa? Y aun cuando las finanzas nacionales no estuviesen tan cargadas, sigue siendo injusta la distribución normada, porque está beneficiando a toda la sociedad por igual, cuando ya la sociedad no es igual”, concluye Omar Everleny Pérez.

No se trata de una guerra contra los subsidios. Existen ayudas necesarias, como las destinadas a la estimulación de producciones y las que funcionan de tabla salvadora a las personas de menor ingreso. Eliminar la libreta conllevaría un apoyo a los casos particulares que realmente lo requieran. Armando Nova propone mecanismos más dinámicos de distribución.

“Prestar la ayuda no por la vía de los productos. Hay muchos países que dan bonos, dinero, sellos, y con esa capacidad de compra otorgada por el Estado, las personas acuden a cualquier tienda y adquieren los productos como un consumidor más”.

A pesar de los pronósticos pesimistas, la libreta aún insiste en mantenerse como un miembro más de la familia cubana. Su funeral carece de fecha, e incluso, podría ser irrealizable. No obstante, la lógica indica eliminaciones graduales de subsidios insostenibles. ¿Y cuándo le tocará a la libreta? Las circunstancias anunciarán  el momento.