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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

VIVIR DEL CUENTO

VIVIR DEL CUENTO

MARÍA DEL ROCÍO RAMOS SUÁREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada lunes, cerca de las ocho y treinta minutos de la noche, gran parte de las familias cubanas hacen una pausa en sus labores y van a sentarse para disfrutar frente a la pequeña pantalla del tan popular Vivir del Cuento.

El programa humorístico, que se presentó a las cámaras desde el año 2008, cuenta con un 97 por ciento de cubanos que lo apoyan, ríen con él y lo esperan en su horario habitual.

Cuando un elevado por ciento de la población sigue estas emisiones, tratándose de una multitud tan heterogénea, es porque detrás de las cámaras hay un guión bien pensado y una manera audaz de atraer a los televidentes y hacer que se vean reflejados en las propuestas de los diversos humoristas.

Muchas han sido las alternativas buscadas por quienes no se conforman con ver a Pánfilo una vez a la semana: lo siguen en sus shows, graban sus programas y los esparcen como una opción única para relajar, disfrutar y bromear con la realidad.

Y es que Luis Silva le ha regalado al pueblo de Cuba un personaje que refleja las necesidades, carencias y problemáticas que permanecen como inquilinas en la gran mayoría de los hogares cubanos y que mucho cuesta librarse de ellas y hacer que salgan andando.

Pánfilo es, entonces, el típico jubilado que siempre está pendiente de lo que vino a la bodega, de la calidad del pan, de la dieta, de los elevados precios de la canasta básica, de que no le falte el vasito de agua a la libreta de abastecimiento y del “invento” que se le pueda ocurrir para vivir mejor.

Este simpático anciano, convertido casi en un atleta por sus maratones detrás de la papa, del aceite, o averiguando si por fin vino pollo por pescado, representa a cada miembro de la tercera edad que desde la sala de su casa se ve reflejado en la pantalla y siente que, de algún modo, las situaciones a las que se enfrenta cada día no son ignoradas, se reconocen y sirven para lanzar una carcajada de lunes en lunes.

No obstante, existe una minoría de cubanos que no simpatiza con los episodios de Vivir del cuento. La situación puede estar dada por una errónea interpretación del mensaje que se transmite o porque como algunos suelen decir, es una burla a los jubilados y a las necesidades cotidianas. Sin embargo, reírse de nuestras propias dificultades, es reconocerlas, aceptar que las tenemos y  tal vez  la mejor opción para afrontarlas.

De hacernos ver los problemas y también de mostrarnos el lado divertido para que la vida nos sea más llevadera, se ha encargado Silva, cuando se disfraza en cada grabación y le devuelve la alegría  y la esperanza a cada anciano retirado que con las fuerzas que le han dejado los años sonríe y confía en que “la solución de sus necesidades está a la vuelta de la esquina”. El simpático personaje se ha llevado en un bolsillo, o mejor dicho, en su jaba de los mandados, los aplausos del público cubano.

Si cuando se nos acaben los problemas se nos terminará la razón para vivir del cuento, entonces habría que valorarlo, porque si en un hogar la libreta de abastecimiento y la dieta son indispensables, Pánfilo también se nos ha vuelto imprescindible.

SI DIOS PUDIERA CANTAR

SI DIOS PUDIERA CANTAR

CLAUDIA PÉREZ VILA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Los nuevos adelantos tecnológicos, aparejados a las contemporáneas generaciones de artistas, sin que esto suponga límite de edad, marcan pautas en el desarrollo musical. La idea de hacer todo lo propuesto, desmidiendo capacidades para determinadas ramas como la música está dañando nuestra imagen cultural ante el mundo.

El interés de muchos cubanos por componer música e interpretarla  está desproporcionado con las aptitudes de muchos. Más allá de verlo desde la perspectiva por alcanzar un sueño, deberíamos observar qué tipo de obra están realizando y su repercusión en lo social. 

Sin aspirar a componer la Novena Sinfonía de Beethoven o la zarzuela María la O, de Ernesto Lecuona, algunos temas propuestos en   programas como Piso 6 o Clip.cu son denigrantes para la sociedad. Espacios con “lo mejor de la música cubana y mundial”, opacan la imagen eminentemente musical que tenemos ante el mundo. 

No es un asunto de ritmos, más bien de letras. Tampoco se trata de un problema del reggaetón sino de los reguetoneros y los compositores que, con palabras groseras, llevan al declive cultural de la juventud y, por ende, de la sociedad.

Qué puede aportar musical y estilísticamente un hombre comparando a exóticas mulatas con canchanfeltas o chivichanas. No creo que la Real Academia de la Lengua Española haga una acepción de esos términos con los que pocos ciudadanos se sienten identificados.

¿Qué presentaré a mis hijos o nietos?, una Propuesta Indecente, de Romeo Santos, no estaría mal. Escuchar a cantantes nacionales como internacionales en vivo, sería, para el operista Pavarotti, resucitar alucinando de entre los muertos.

La revolución tecnológica ha perfeccionado las voces. Nadie desafina en un disco, pero cuando se trata de una actuación en vivo, deberían ser más que “caras de ángeles” y coreografías de dioses.

Aparece entonces la industria musical como el monstruo monetario permitiendo realizar sueños con solo pegarte a la tarima, pero el talento innato que muchos llevan, no es cosa de última generación. 

Ningún estudio de grabación va a competir con la voz de la desaparecida Esther Borja o de nuestra grandísima maquinaria, los Van Van. Tener un grado mínimo de afinación, que no es sinónimo de cantar bien, ha permitido a muchos obtener un lugar reconocido entre la cúspide cultural cubana.

La enfermedad composicional del nuevo siglo está atacando los vehículos de transportación, cumpleaños, bares y muchos lugares donde confluye un gran número de personas. Las épocas y los gustos populares cambian, pero elegir una buena debe ser siempre una opción para acompañar al ser humano.

Sin lugar a duda, cada quien elige con qué quedarse. Sin otra alternativa por ahora, me refugio en la frase de la cantante canadiense Celine Dion: Si Dios pudiera cantar, tendría una voz como la de Andrea Bocelli.

Piezas como el mambo Bonito y sabroso, del Bárbaro del ritmo, Benny Moré, fueron paradigmas de una  época y, a cincuenta años de la desaparición física del músico, siguen escuchándose y gustando, incluso, por aquellos que no vivieron su época.

VERDADES INCOMPLETAS

VERDADES INCOMPLETAS

WALKIRIA JUANES SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Muchas personas afirman que unos nacen mentirosos y otros aprenden a serlo. Lo cierto es que todos tenemos el gen del engaño, es parte de nuestra esencia, y el motivo por el que utilizamos una mentira, limita las dimensiones de sus consecuencias.

Cómo juzgar al padre que pide a sus hijos que escriban una carta a los Reyes Magos; cómo explicarle a un niño que el dientecito que perdió no será remunerado por el ratoncito Pérez, sino que tendrá que esperar por lo menos un mes para tener otro; o cómo decirle que nació producto de la fecundación de un óvulo por el espermatozoide que su papá aportó a través de una relación sexual, cuando es más sencillo dejarle el trabajo a la cigüeña.

Estudios realizados demuestran que una persona normal miente tres veces al hablar cada diez minutos, ¿cuánto lo hará un mentiroso? Existen diferentes tipos de mentiras, y unas son más utilizadas que otras, pero, ¿podríamos vivir sin ellas?

Quién no ha dicho: “Mañana comienzo la dieta”; o cuando un amigo te cuenta un secreto y le aseguras: “Esto queda entre nosotros”; y si nos retrasamos para una cita, cuando nos llaman al teléfono decimos: “Ya estoy llegando”.

Sin embargo, ser honestos en todos los contextos no favorecería las relaciones sociales y afectivas. Eliminar las mentiras de la política, la diplomacia o de nuestra vida personal implicaría decir toda la verdad, que podría provocar desde herir los sentimientos de nuestros seres queridos hasta la Tercera Guerra Mundial.

Pero, como en el alma de los poetas vuela la fantasía, en la de los mentirosos nacen las tormentas. Si una mentira puede ser una falsedad genuina o una “verdad incompleta”, entonces debemos tener en cuenta que lo verídico puede ser manipulado y depende del punto de vista de cada persona.

En el Periodismo todo está regido por la intencionalidad, esa que nace en el comunicador como trabajador de un medio, hasta su propia formación intelectual y moral; es aquí donde la ética profesional asegura la veracidad de los hechos. Si 50 periodistas realizan la misma cobertura, habrá 50 enfoques diferentes, pero los datos deberán ser exactamente iguales.

Desde otra perspectiva, la mentira es colectiva cuando nadie se cuestiona las cosas. El que engaña se siente seguro de todo lo que dice, o eso es lo que aparenta; un refrán popular asegura que “más fácil se atrapa un mentiroso que un cojo”, entonces, si prestáramos más atención a los hechos que a las palabras, despejaríamos el signo de la duda.

Está demostrado que cuando alguien inventa una historia será incapaz de reproducirla en reversa, porque los seres humanos pensamos cronológicamente. Existen técnicas para obtener la verdad como fármacos o el polígrafo, aunque ambas poseen un margen de error considerable.

Mentir puede salvarte la vida. Tal fue el caso de Galilei, quien obligado por la Santa Inquisición de la Iglesia Católica, para no ser condenado a muerte, se retractó de sus descubrimientos sobre la rotación de la Tierra; aunque después de la abjuración Galileo dijo su famosa frase: “Y sin embargo, se mueve”.

Pero, la verdad es uno de los valores humanos más necesarios para vivir en sociedad. La honestidad ha de prevalecer en el mundo para conservar la bondad que nos une. Aunque mentir sea un hábito inevitable, la moral es un compromiso colectivo que garantiza la confianza, y la verdadera libertad está –como señaló Martí– en aquel que puede pensar y hablar sin hipocresía.

¿SE HABLA BIEN EN CUBA?

¿SE HABLA BIEN EN CUBA?

OANH DINH VAN (OANY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Yo soy vietnamita. Nací en un país donde el respeto por las personas mayores y las costumbres, es la regla número uno de la sociedad. Sin embargo, hace un año, mis padres decidieron enviarme a Cuba, una hermana nación, a estudiar Periodismo.

Al principio, me quedé sorprendida por la forma en que los cubanos se comunicaban. Quería ser como ellos, hablar bien, sin miedos. Más, luego encontré que a veces pronunciaban frases que sonaban demasiado fuertes.  Cuando pregunté el significado de alguna de ellas, mis amigos cubanos se rieron y respondieron que se llamaban malas palabras.

Ya estoy acostumbrada a esos vocablos inadecuados, y más me confunden que un país al que admiro por sus tantos logros, se sufre por la depreciación en el habla.

El otro día, mientras me subía a un ómnibus, un muchacho conversaba en alta voz con otro, se decían palabrotas y maltrataron a un anciano que los regañó por su forma incorrecta de actuar. Entonces, ¿la sociedad cubana está condenada a la muerte del buen decir?

El 22 de diciembre de 1961, el Gobierno de Cuba, en la Plaza de la Revolución José Martí, declaró a esta nación como Territorio Libre de Analfabetismo. Sin embargo, ser un país donde todos saben leer y escribir, no significa ser la solución para acabar con la falta de educación que existe en las calles de la Isla.

Según un estudio del Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana, en las enseñanzas primarias y secundarias se trata de que los alumnos eleven su cultura general integral, pero durante mucho tiempo se olvidaron las buenas prácticas de educación formal.

Tal vez no es poco común ver a los propios maestros utilizando frases que entorpecen el buen desarrollo de una conversación, así que los niños que los escuchan los fueran a imitar.

En la Clínica de Atención al Adolescente del Policlínico Pedro Borrás Astorga, cada día son más los pacientes que deben atenderse por problemas de conducta social. Las malas palabras y las acciones incorrectas, son la primera señal de estos jóvenes que no reconocen los problemas presentes en sus acciones.

Otro de los lugares que propician la corrupción de la lengua es el hogar. Como dice un refrán cubano, “La educación comienza en la casa”, este es el primer encargado de que los más pequeños sepan portarse bien. Muchas veces vemos a los padres, respondiendo a los hijos con las mismas malas palabras que tanto se critican.

Aunque la televisión cubana llena la pantalla de spots para mejorar la cultura del pueblo, muchas veces las formas utilizadas son aburridas y no captan la atención de la gente, así que el mensaje se pierda.

Quizás el que lea esto piense que no hay solución para mejorar la educación de este país, que alcanza los primeros lugares en muchas partes de la sociedad. Sin embargo, la solución está en cada uno, hay que tener responsabilidad y prohibir las prácticas incorrectas y las malas acciones.

Dicen que si quieres cambiar el mundo, primero da tres vueltas por tu casa. Con esta frase, podemos logar que las palabras como Perdón, Gracias y Permiso, no suenen ante los oídos de quienes los escuchen como vocablos de otra galaxia.

¿COMPOTAS O FRICCIONES?

¿COMPOTAS O FRICCIONES?

ELIANYS JUSTINIANI PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Si algún día José José quisiera hacer nuevas versiones de su canción Cuarenta y veinte, le bastaría un andar nocturno por La Habana para obtener un Veinticinco y cincuenta, Dieciocho y Treinta y siete y hasta un Dieciséis y cuarenta y dos. Y es que las relaciones con marcada diferencia de edad se han convertido en un fenómeno tan común, que resultaría fácil escuchar en caminatas de un kilómetro, a más de dos parejas cantar, ante una mirada de reproche, que <<es el amor lo que importa y no lo que diga la gente>>.

Una parte considerable de la sociedad critica el noviazgo entre jóvenes y personas más adultas, y aunque el fenómeno también aparece en de la tercera edad, por ejemplo, una mujer de sesenta y un hombre de setenta y seis, el blanco de las miradas lo constituyen casi siempre las primeras. 

Se suele juzgar el vínculo por la distancia etaria de sus protagonistas y la diversidad de intereses que puede existir en etapas tan diferentes de la vida; yo prefiero incluirme en el grupo de los se cuestiona si realmente existe o no el amor en ellos.

En la actualidad, se ha comprobado que los lazos afectivos entre un joven y alguien superior en doce años o más, no se tornan muy fuertes en gran parte de los casos, debido a la diversidad de inclinaciones generacionales, lo cual puede generar constantes discusiones. Sin embargo, se estima que el más representativo por ciento de estas relaciones no trasciende por tener como origen el simple deseo carnal o el interés material.

Aunque también se ha visto a un hombre joven con una mujer mayor, se critica con más frecuencia a las chicas junto a señores que, en ocasiones, les doblan la edad. El último caso tiene, incluso, una explicación psicológica: numerosos expertos aseguran que, entre los treinta y cinco y cincuenta años, muchos hombres experimentan una leve etapa pedófila, donde fantasean con muchachas menores.

Al parecer, no pocos han cumplido con ese sueño ya no tan oculto, pues en un arranque de “titi-manía”, varios han remplazado a sus compañeras de largos años por chicas “más nuevas”, alegando, abiertamente, que prefieren dar compotas a dar fricciones.

No niego la posibilidad de que este tipo de parejas pueda encontrar, en la compañía mutua, la eterna felicidad; de hecho, existen casos donde algunos jóvenes se han casado con hombre o mujeres mayores y han sostenido perdurables matrimonios. Sin embargo, debo decir con tristeza que los ejemplos anteriores no constituyen un por ciento representativo; rara vez se puede percibir el afecto de aquella veinteañera y el príncipe de la canción, entrando en sus cuatro décadas.

Al cariño no se le debe poner cadenas, tampoco límites de edad, pero por desgracia, no siempre puede hablarse de cariño. Por tanto, a fe de quienes saben más por viejos que por diablos, cuando no exista realmente el amor, quienes peinan ya cabellos blancos, y quienes no lo hacen también, deberían llevar a reflexión de los más jóvenes cómo se verían peinando las canas de alguien que no es su padre, y a los más viejos, cómo se verían peinados por alguien que pudiera ser su hijo.

LAURELES DE BLANCO Y ROJO

LAURELES DE BLANCO Y ROJO

ROGMARY GARCÍA SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Entre el torneo Capablanca in Memoriam de Ajedrez, el Campeonato Mundial de Boxeo, las diversas competiciones de atletismo y las secuelas de la 53 Serie Nacional de Béisbol, el fútbol conserva su espacio, ¡y qué espacio!, porque el partido que decidió al campeón de la Liga española, entre el Barça y el Atlético de Madrid, nadie lo duda, fue sensacional.

A los colchoneros parecía caerles encima una lluvia de maldiciones en el inicio del encuentro. Sus dos principales figuras, el delantero estrella Diego Costa y el creador de juego, Arda Turan, se lesionaron en los primeros 25 minutos y tuvieron que, inundados de lágrimas, abandonar el certamen.

Eso, a mi juicio, desconcentró un poco al grupo rojiblanco. El fuerte golpe anímico propició una anotación inesperada del delantero rival Alexis Sánchez. El arquero Thibaut Courtois no pudo impedir que entrara el fuerte disparo. Sin embargo, como elenco grande, lograron después reponerse.

El entrenador capaz de transformar al Atleti en una escuadra puntera y conquistar cuatro títulos en dos años y medio, el argentino Diego (Cholo) Simeone, habló en el descanso del primer tiempo con los atletas como si fueran sus hijos, llamándolos a un último esfuerzo por alcanzar lo que tanto soñaron, el cetro de la Liga.

Esas palabras, en mi consideración, hicieron salir al campo a unos jugadores renovados de fuerzas. El momento clave fue cuando el capitán Gabi elevó un centro desde el córner, y vino lo esperado por toda su afición, el gol de cabeza de Godín.

Esa jugada táctica a la que ya nos tiene acostumbrados el Cholo, dio el tanto del empate y, por lo tanto, la victoria. Los de la orilla del Manzanares, con tal raya, acumularon 11 unidades marcadas con saques de esquina.

El conjunto catalán no podía hacer nada más. Ni su toca-toca, ni tener uno de los más sobresalientes futbolistas del mundo, Lionel Messi, sirvieron para corregir los constantes errores en la defensa e imprecisiones del ataque.

Entre los elementos que impidieron apreciar a un habitual dominante Barcelona, según mi opinión, estuvo la ausencia hasta el minuto 76, del excelente interior Xavi. Sin su presencia, en más de la mitad de la disputa, los culé carecieron de naturalidad en los diferentes movimientos.

Los azulgranas no fueron capaces de propinar claras ocasiones de peligro y cerraron una pésima temporada. A mi entender, necesitan una completa renovación.

Con cerrado armisticio de 1-1 selló la pugna. Se convirtió en vencedor del evento, el líder de choques jugados con corazón, sacrificio, unidad y derroche de pasión, el mejor equipo, el Atlético de Madrid.

Ellos me recordaron a aquel grupo que bajo las órdenes de Radomir Antić e integrado por Molina, Caminero, Pantic, Penev y el actual técnico, Simeone, brindaron tantas alegrías a los seguidores colchoneros en 1996, al alcanzar un doble triunfo en campeonatos españoles, ganados con fibra de titanes.

Miles de aficionados recibieron a los nuevos campeones en la fuente de Neptuno, lugar donde tradicionalmente celebran sus glorias.

Culminó la Liga española más reñida de la historia. Los indios con ese fulgor de humildad y amor al fútbol, después de 18 años, obtuvieron un bien merecido décimo título.

¿DE LA CIVILIZACIÓN A LA BARBARIE?

¿DE LA CIVILIZACIÓN A LA BARBARIE?

DAHOMY DARROMAN SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde empujar a una embarazada en el ómnibus hasta el más cruento conflicto bélico referible, la violencia dista de ser un tema banal en la sociedad contemporánea. Por desgracia, hoy resulta tan cotidiana como un anciano devaluado en su seno familiar o cualquier dibujo animado donde los protagonistas se golpean sin piedad.

Dicho fenómeno es definible como todo acto encauzado a menoscabar los derechos intrínsecos de otro ser humano, tanto lacerando verbal o psicológicamente a la víctima mediante la coerción, la indiferencia ante sus necesidades y el menosprecio a sus criterios o capacidades, como agrediendo su cuerpo y provocándole, frecuentemente, la muerte.

El maltratador presupone que es superior al maltratado debido a su sexo, raza, posición económica, edad u otros factores, por lo cual se cree con derecho a violentarlo. Dichos actos brutales están asociados a otro fenómeno: el machismo, en el que la figura masculina manipula a su contraparte y logra hacerla sentir humillada, inútil e impotente.

Este “macho” extrapola la agresividad acumulada fuera del hogar, al interior de este; y en general oculta una baja autoestima unida a traumas de su niñez donde, de seguro, el maltratado fue él. Lo peor es que la esposa o le teme o se culpa por las palizas, con la excusa de “no hacer las cosas como a él le gustan” y, así, “provocarlo”.

Los cubanos creemos que por ser latinos –entiéndase fogosos y pasionales– estamos genéticamente condicionados para la violencia, en lugar de achacar la responsabilidad a decisiones propias y a una conducta aprendida y persistente por generaciones, en la que el abuso del alcohol y las drogas se convierte en un agravante fatal.

Si el padre llega tan borracho que no puede controlar sus impulsos de golpear al hijo o a la cónyuge, y esta no le proporciona al infante el afecto necesario, es lógico que el pequeño aprenda a resolver los problemas con palos y puñetazos.

De forma paradójica, constatar acciones violentas a diario contribuye a su invisibilización: nos acostumbramos a ella y nada hacemos por evitar que se propague. Sin embargo, en 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y a través de la Convención de los Derechos del Niño, también vela porque ellos sean protegidos contra cualquier tipo de abandono.

En Cuba, las Casas de Orientación a la Mujer y a la Familia, coordinadas por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), ofrecen cursos, talleres y, sobre todo, una guía para enfrentarla y eliminar el silencio.
Según el Apóstol: “Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio”. Entonces, cortemos a tiempo y de raíz el mal que nos lacera como si de un cáncer se tratara. Detectarla antes de que se recrudezca y actuar de inmediato, son las únicas soluciones ante tamaña problemática.

Cuidemos la forma de proyectarnos con nuestros semejantes y con la familia, porque a veces a quien más queremos es a quien más herimos; y porque en el momento más inesperado podemos convertirnos en sus perpetradores, títeres malévolos que esparcen por doquier el agrio tufo y sabor de esta pandemia.

Hoy, en el siglo XXI, muchos creerían que hace tiempo se extinguieron los cromañones, pero basta oír a un hombre instando a su hijo a emplear cualquier recurso para no dejarse “mangonear” por nadie en la escuela, para repensar dicho planteamiento. Los mejores antídotos serán el amor filial,  el enfrentamiento a dichas conductas y el destierro de frases como: “¡No haces nada bien!” o ¡“Aprende de Fulano”!

Escuchemos la filosofía pacifista de Gandhi, mediante la que se podía, se puede y se podrá crear un mundo mejor, donde no existan los cavernícolas. Es hora de detener el retorno de la civilización a la barbarie.

¿TELENOVELAS ROSAS O AMARILLAS?

¿TELENOVELAS ROSAS O AMARILLAS?

DARÍO ALEJANDRO ALEMÁN CAÑIZARES,
estudiante de primer año de Periodismo,  
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Como buenos cubanos, gustamos del debate abierto, el que se lleva en las esquinas, en la parada de la guagua o en el centro de trabajo. Nos apasionamos en la conversación: gesticulamos como si quisiéramos agarrar la verdad que está dispersa en el aire e, incluso, llegamos a subir bastante el volumen del diálogo. Los temas pueden ser infinitamente variados, sin embargo, en los últimos tiempos son comunes las disertaciones populares acerca de un nuevo fenómeno suscitado dentro de nuestra cultura: los doramas.

Estas novelas coreanas de poco más de dieciocho capítulos han captado la atención de las generaciones más jóvenes y de otras no tanto, que crecieron con los teleteatros, “La esclava Isaura” y con Raquel Revuelta haciendo la “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos. Resulta extraño que un producto tan exótico esté causando furor en nuestro país, si tenemos en cuenta los contrastes idiosincrásicos existentes entre Corea del Sur y Cuba.

Están quienes han dejado a un lado a Brad Pitt y a Jennifer López, íconos de belleza hollywoodense, para adoptar a un tal Lee Min Ho o a cierta señorita llamada Choi Ji Woo. También los hay que se aprenden algunas frases en coreano para soltarlas en cualquier conversación a manera de curiosidad o como símbolo de su sapiencia políglota.

Pero, ¿qué pasó con el espacio de la telenovela cubana que ha perdido tanto público para cederlo a los doramas? Todo es resultado, a mi entender, de la baja factura de los dramatizados nacionales, los cuales solo denotan malas actuaciones y pésimos guiones.

A diferencia de dichos productos cubanos, los coreanos no son tan extensos –no siguen la fórmula de los culebrones a la que nos hemos acercado alargando tramas sin sentido- y mantienen generalmente la ecuación inmutable del happy ending, la cual estuvo antecedida por una historia ausente de la violencia (física y verbal) y las escenas de sexo explícito que no pocas veces asaltan nuestras pequeñas pantallas. Podemos sumarles, además, la escasez de personajes negativos, haciendo de la situación problemática cuestiones referidas a tabúes y malentendidos.

Otra de las razones que conspiran a favor de las exóticas producciones asiáticas puede ser la diferencia cultural existente entre ambas naciones. Lo aparentemente extraño de esta importación de dramatizados que se da de memoria flash en memoria flash, es en verdad la causa de su éxito. Hay quien, ante la telenovela cubana, apaga su televisor alegando que “para ver desgracias y problemas ya tiene los suyos”, y así las coreanas se vuelven una especie de escapatoria a la agitada y difícil realidad del cubano trabajador, común y corriente.

Los doramas son relax y pasatiempo para muchas personas. La eterna sonrisa perfecta de sus actores es imitada inconscientemente por los televidentes, quienes ven en tales historias el paradigma de sus vidas: todos son ricos, y el que no lo es, al menos se gana la lotería en los últimos capítulos; nadie queda sin pareja. Los malentendidos se arreglan y no existen preocupaciones en un mundo de mansiones y galanes delgaduchos, amarillos pálidos, simpáticos y con envidiables moldes de cabello.

Debe de andarse con paso corto y vigilantes. Es muy probable que dentro de no mucho tiempo estén de moda los saludos reverenciados, los ojos rasgados y los palillos chinos. Al ritmo de tal proceso de transculturación, La Habana podría llegar a llamarse Nueva Seúl, así que: mucho cuidado (En coreano: 많은 걱정).